Sevilla111Cómo se hizo / La elección del lugar Desde el comienzo del proyecto, a principios de marzo del 2010, teníamos claro que lo prioritario era encontrar un lugar desde el que tener las vistas más espectaculares de la ciudad para poder mostrar todo su esplendor y belleza. Sevilla es una ciudad que apenas tiene lugares de elevada altura, bien situados y adecuados para llevar a cabo este propósito. El único lugar con una altura realmente apreciable, con unos 150 metros de altura, es el Puente Del Alamillo, pero al encontrarse en el extremo norte de la ciudad, nos ofrecía un punto de vista excesivamente lejano que no se ajustaba a nuestras expectativas. El segundo punto más alto de la ciudad es La Giralda, con una altura de unos 98 metros, y cuyo campanario se encuentra en pleno centro de la ciudad, parecía a priori el mejor lugar, aunque tenía dos grandes inconvenientes: el primero, que desde la Giralda apenas se divisaba el Río Guadalquivir, y el segundo, que si la fotografía se tomase desde la torre de La Catedral de Sevilla, este monumento emblemático no aparecería en la foto; y la verdad es que una fotografía de Sevilla sin dos de sus iconos más importantes perdería mucho de su esencia. Finalmente el lugar escogido fue la Torre Schindler, una torre mirador de más de 60 metros de altura construida para la Expo'92. Esta torre elevada a orillas del propio Río Guadalquivir era ideal para nuestro proyecto, ya que todo el núcleo de población se encuentra en un radio de unos 5 Km de distancia. Desde este emplazamiento tendríamos unas vista privilegiadas tanto de la ciudad como del río. La Torre Schindler se levanta directamente desde el rio y cuenta con una amplia plataforma en la parte superior. La Torre Schindler cuenta con dos ascensores panorámicos y otro de gran capacidad, pero para nuestro pesar en el momento de realizar la producción se encontraban en pleno proceso de renovación, por lo que cada vez que subimos las 16 plantas que hay hasta la terraza superior, tuvimos que cargar con todo el equipo fotográfico a pie (no se puede tener todo). En la parte superior la amplia terraza cuenta con una sólida barandilla que nos permitió colocar y fijar el artilugio fotográfico para obtener un amplio campo de visión horizontal (unos 290 grados). Justo lo que necesitábamos. La captura de imágenes Un proyecto de estas dimensiones sólo es posible si se cuenta con algún tipo de robot que se encargue de automatizar el proceso lo máximo posible. Tras analizar los diferentes dispositivos comerciales, no estábamos satisfechos con las prestaciones que estos ofrecían, sobre todo porque tras las primeras pruebas realizadas ya intuíamos que íbamos a tener que ser muy imaginativos a la hora de controlar la cámara. Finalmente decidimos que lo mejor era construir nuestro propio robot fotográfico, el cual podríamos adaptar a nuestras necesidades según fueran surgiendo y así poder tener un control total. Por fin, a comienzos de abril, llego "el día D". Todo estaba listo para empezar. Tras subir y preparar todo el material, nos encontramos con nuestro primer obstáculo, descubrimos que nuestro diseño tenia un error fatal. La electrónica de control estaba integrada en el propio robot, por lo que la pantalla y los pulsadores, cuando la cámara estaba girada hacia algunos de los extremos, quedaban fuera de nuestro alcance. El robot estaba montado sobre un soporte que lo sacaba 20 cm por fuera de la barandilla de la torre. Finalmente, ese día decidimos montar el soporte en un trípode para no irnos con las manos vacías e hicimos una prueba de unas 2.000 fotografías, cubriendo unos 160 grados de horizonte. El primer prototipo integraba toda la electronica en el propio soporte. El diseño definitivo mucho mas ligero y con menos resistencia al viento. Otro hecho inquietante fue descubrir que las ráfagas de viento que se levantaban eran capaces de hacer volar el café desde dentro de nuestro vaso. Tras visualizar las imágenes en el ordenador descubrimos con horror que la mayor parte estaban movidas a pesar de disparar con una velocidad de 1/2000. La solución pasó por construir otro soporte con la electrónica independiente y rediseñar la estructura haciéndola mucho más delgada, de modo que ofreciera menos resistencia al viento. A partir de aquí vinieron una serie de intentos para conseguir nuestro objetivo, que en los comienzos de nuestro proyecto era de unas 7.000 fotografías. Nuestra velocidad de disparo era de una imagen cada 4 segundos, que unidos al tiempo de enfoque necesario en cada línea y el cambio de tarjeta y baterías, nos daba una velocidad real de 4,8 segundos por imagen, lo que implicaba más de 10 horas sin interrupción para tomar todas las fotografías necesarias. En el mes de mayo Sevilla cuenta con una buena iluminación natural hasta las ocho de la tarde, por lo que no teníamos que madrugar, bastaba con empezar sobre las diez de la mañana. Tras varios intentos, pese a estar al tanto de las previsiones meteorológicas y al estudio sistemático del viento, no conseguíamos todas las imágenes necesarias para un resultado óptimo. A veces era sólo el sol, que se ocultaba de repente bajo las nubes, o la lluvia que llegaba de repente, pero sobre todo eran las ráfagas de viento que hacían su aparición en cualquier momento y sin aviso previo, a veces durante algunos segundos y otras por varios minutos, lo que nos obligaba a detener el proceso. A finales de junio, hicimos un último intento pero el viento tampoco quiso que tuviéramos éxito. La temperatura ambiente ya superaba los 35 grados y el calor podía verse flotando en el horizonte, por lo que no podíamos continuar hasta después del verano. El viento y el calor los mayores enemigos para este tipo de fotografias. Gracias al anemómetro epezamos a controlar el viento. Cambio de estrategia video linkhttp://www.sevilla111.com/comosehizo.htm te aseguro q esto sorprende entra aquihttp://www.sevilla111.com/
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