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La repetición de conductas delimita el trastorno de lenguaje

Salud Bienestar•4/14/2017





Los avances en la identificación de síntomas, caracterización y seguimiento de trastornos neuropsicolingüísticos están proporcionando los primeros conocimientos sobre la frontera entre deficiencias específicas del lenguaje y desorden autístico; dos trastornos que permanecían englobados bajo el común denominador de los trastornos genéricos del desarrollo, según han destacado los expertos reunidos en Salamanca en el Congreso Internacional de Foniatría, Audiología, Logopedia y Psicología del Lenguaje, en homenaje al doctor Jorge Perelló Gilbergá.




Los principales resultados en este campo los ha presentado Dorothy Bishop, catedrática de Neuropsicología del Desarrollo de la Universidad de Oxford, que tras cinco años trabajando sobre la línea divisoria entre trastorno del lenguaje y autismo ha explicado que "se puede identificar una serie de síntomas que antes no estaban tan claros".

Entre ellos ha destacado que la perseverancia y repetición de conductas no sociales y sin contenido es uno de los que determinan la diferencia entre el espectro autístico y el ámbito lingüístico. No es el único factor, pero sí uno de los más importantes, ha añadido Miguel Serra Raventós, catedrático de Psicolingüística de la Universidad de Barcelona, que también considera como un parámetro indicativo "el aislamiento y la falta de interés específicamente por lo humano" que se observa en los pequeños con autismo.

Entre los niños con deficiencias del desarrollo del lenguaje, los que se expresan mal debido a un trastorno básicamente lingüístico, y los pequeños que padecen desórdenes de vertiente poco comunicativa (no miran a las personas, no hablan, están aislados, no prestan atención, etc.) hay un límite muy borroso.

Comportamientos
En este punto, Bishop ha detectado que en el espectro autista confluyen una serie de comportamientos (perseverancia, repetición y ritualización de conductas) distintos a los observados en trastornos del lenguaje. Desde su punto de vista, los autistas se encuentran en un extremo, los que padecen trastornos específicos del lenguaje en otro, y en la frontera están los trastornos específicos del lenguaje de tipo pragmático, que no conocen el aspecto comunicativo.

El desorden autístico se observa, según Serra, en niños con dificultades cognitivas que "no entienden lo que está ocurriendo. Se dice que tienen una dificultad en la teoría de la mente, no saben intuir lo que quieres de ellos, no saben lo que tú sabes, y cuando hablan, si es que lo hacen, no te tienen en cuentan". Son comportamientos con tres manifestaciones: aislamiento, dificultad de comunicación y lingüística, y falta de interés por el mundo de las personas, aunque no del de los objetos porque siempre están repitiendo, mirando, jugando...

En cuanto a la diferenciación clínica, Bishop ha señalado que "la repetición de conductas y el aislamiento injustificado no se dan en los trastornos del lenguaje, que es un problema de carácter básicamente psicolingüístico, mientras que en el extremo autístico cada día tenemos más datos de que se trata de un problema de coordinación sensorial".

Control
El seguimiento, según Serra Raventós, será el que determine el trastorno que padece el niño, y durante este proceso tanto profesionales médicos como padres y personal docente deben "comunicarse de forma correcta con los niños, porque atendiendo, escuchando y hablando se llega a conocer lo que les pasa".

En cuanto al tratamiento, el especialista ha explicado que la atención al pequeño autista es global, mientras que en los trastornos del lenguaje se dirige a que se expresen y entiendan lo que se comunica.

El trastorno del desarrollo del lenguaje, ha añadido, se detecta "en niños inteligentes, aparentemente normales, en los que no se encuentra ningún síntoma neurológico, auditivo, ni de otro tipo, pero que no empiezan a hablar ni a expresarse. Hablan pero al hacerlo reducen, omiten y dejan fuera del discurso muchas partes, que, aunque nosotros sepamos lo que quieren decir, significa que no construyen bien".

Estos síntomas detectados durante el primer o segundo año de vida no implican una gravedad relevante, pero "si al tercer o cuarto continúan con ello, puede tener efectos devastadores para el aprendizaje", ha añadido Serra, que cifra entre el 1 y el 5 por ciento el porcentaje de niños de tres años que padecen estas deficiencias lingüísticas. De ellos, un 70 por ciento logran recuperarse con el apoyo necesario en un periodo de año y medio o dos años.




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