Biografía.
David Sánchez Juliao, es colombiano nacido el 24 de noviembre de 1945 en Lorica, departamento de Córdoba y murió hoy 9 de febrero de 2011 en la capital colombiana. Tenia formación en literatura, comunicaciones y sociología, con doctorados en la Universidad Simón Bolívar y la Universidad de Córdoba, y con estudios en CIDOC, Cuernavaca, México, en donde luego se desempeñó como profesor. Publico novelas, cuentos, fábulas, historias para niños y testimonios escritos y grabados de viva voz con prestigiosas editoriales de Colombia y otros países. Fue varias veces premio nacional de cuento, lo mismo que de libro de cuentos y Premio Nacional de Novela Plaza y Janés con Pero sigo siendo el rey. De esta novela, como de otras de sus obras, se ha hecho una versión para televisión difundida ampliamente en muchas lenguas. Sus historias grabadas han merecido 5 galardones de Disco de Platino Sonolux y Disco de Oro M.T.M y las adaptaciones de sus obras para cine y televisión han merecido 17 Premios India Catalina en el Festival de Cine de Cartagena. Sánchez Juliao fue traducido a doce idiomas y residió, por razones académicas y diplomáticas, en cuatro continentes. Fue profesor invitado en universidades de Norte y Sur América, Europa, Asia, África y Oceanía, continentes en los cuales residió por años.
Fue embajador de Colombia en la India y en Egipto entre 1991 y 1995, países en los que, mientras ejercía sus funciones de Jefe de Misión Diplomática, se desempeñó como profesor universitario ad honorem. Obtuvo el Premio Internacional Dulcinea 2000 otorgado por la Asociación Cervantina de Barcelona. La Fundación Libros y Letras le otorgó el Premio Nacional de Literatura 2003 por Vida y Obra.
OBRA ESCRITA
Cachaco, Palomo y Gato
Primera novela de David Sánchez Juliao, publicada por Plaza y Janés, Bogotá-Barcelona, y que contó con una versión para televisión dirigida por Jaime Botero Gómez y transmitida por Caracol Televisión (Colombia) en su espacio “Teatro Popular Caracol”. La serie, de diez capítulos de una hora, fue transmitida en muchos otros países.
Pero sigo siendo el Rey (Premio de novela Plaza y Janés)
“Esta novela está acorde con las corrientes contemporáneas de la narrativa latinoamericana, pues tiene proyección universal y encaja dentro de un tratamiento de masas que logra combinar magistralmente lo lírico y lo épico. En ella el autor rescata para la literatura el cancionero popular mexicano, música sentida en todos los países de habla hispana”
CUENTOS
EL PARGO ROJO
Magdalena Santiago vive –sigue viviendo-- de comprar, limpiar y desescamar pescados a la orilla del mar. Se levanta con los primeros ardores del alba y se va al puerto a esperar el retorno de los pescadores. Allí canta, invariablemente, todos los días a idéntica hora, la misma canción; una tonadilla de aliento africano cuya letra, ella lo ignora, tiene origen en el romancero español: Rey que sabe/leer y contar/dime cuántas olas/manda la mar. Acaso aquella liturgia es, además de una orden de su porción de sangre negada, la expresión del sueño incumplido de ser alfabeta. Porque, por el contrario del rey del estribillo, Magdalena ni sabe leer ni sabe contar. Pero tiene un don especial: cuando ha cantado, sin contarlas, diez veces el estribillo, señala en el horizonte las primeras canoas. Magdalena nada sabe de números o letras, pero el cantar le otorga un acertado manejo del tiempo.
No es el único don que posee. También carga claro en la cabeza que, comprando los pescados al precio del puerto y vendiéndolos de puerta en puerta pueblo adentro, el dinero sobra en casa. Magdalena llama “el milagro de la vida” a aquella elemental abstracción, como de impuros logaritmos Pese a asistir día a día a ese milagro, dice no entender nada pero lo entiende todo. Por ejemplo: es madre de seis hijos de tres padres diferentes; y no sabiendo al cabo de los años adónde han ido a parar los padres luego del abandono, se llama a sí misma “viuda triple de muertos vivos”. Sus hijos, ya crecidos, trabajan allí en Tolú o en otros pueblos del Caribe en forma marginal: cargando bultos o vendiendo baratijas a los turistas de la playa, hoy; cocinando en una casa de familia, mañana; y después, tal vez...
Magdalena, sin embrago, se dice feliz; aunque desde los días en que el cinematógrafo llegó a Tolú, a ratos ni ella misma lo cree. La noche en que fue a ver por primera vez una película, recuerda, empezó a sospechar –sin que lograra volver razones las sospechas— que el meridiano de la felicidad pasaba por lo cotidiano. Entonces, “Muy fácil –dice con frecuencia--: dejé de ir al cine y ya está, volví a vivir contenta”. Además, ¿qué otra cosa quiere? --se pregunta en sus noches de hamaca. Conoce un oficio, produce con qué comer, guarda plácidos recuerdos de cada marido en cada cama –del segundo, sobre una mesa--, es amada por sus hijos y estimada por los pescadores y la gente del barrio. Y lo más importante: ninguna de sus hijas le ha salido vagabunda, y ninguno de sus hijos ha estado en la cárcel. “Son muy unidos”, comenta: “Cada uno es capaz de quitarse el pan de la boca para dárselo al otro”. Y no se queda en la superficie, pues agrega: “Ojalá nunca sean ricos; porque poco dinero, evita preocupaciones; mucho dinero, las trae”. Y remeta: “Dios quiera que nunca vayan al cine”.
Magdalena vive –continúa viviendo allí, aun después del incidente— en una calle a la que la gente bautizó como “Bocagrande”. Su nombre oficial tiene que ver con un héroe de la Independencia, Francisco de Paula Santander. Pero los desocupados de la plaza lo han cambiado por aquel más sonoro, debido a que en esa calle las vecinas riñen a diario en insultos que se vociferan de acera a acera, con frases cargadas de dobles sentidos e imprecaciones.
En la misma calle de “Bocagrande”, puerta seguida a la casa de Magdalena, vivió una vez una mujer adinerada que odiaba a los pescadores y a las revendedoras. No es extraño que estas cosas sucedan en la América Hispana, puesto que en sus pequeños pueblos conviven príncipes y mendigos, ricos y pobres en una misma calle, en una constante ebullición de la vida que ante todo los ricos niegan disfrutar. En estos poblados, los modernos barrios residenciales jamás tuvieron futuro, pues no tardaron en convertirse, de tan tediosos, en una antesala de la muerte.
Aquella vecina –la del incidente— odiaba a Magdalena, en razón tal vez de lo que el profesor socialista de la escuela pública llamaba “marxismo al revés”; es decir, el desprecio de los de arriba por los de abajo. La vecina, sin embargo, amaba la lúdica del humilde vecindario, pero siempre deseó que su torrente de vida bullera, no allí sino en el barrio residencial de las afueras al que un día se mudó, hasta que se aburrió... por falta de vida. Cuando regresó a vivir al antiguo vecindario, continuó haciéndole la vida imposible a Magdalena: le corría la cerca del jardín, ordenaba a las sirvientas que desaguaran la cocina hacia el patio vecino, y sacaba en voz al sol ciertos trapos sucios que Magdalena prefería lavar en casa; como aquello de la triple viudez de muertos vivos, los seis hijos de tres maridos diferentes; y la pobreza y el mal vestir, cosas que Magdalena sobrellevaba con inadvertida dignidad.
La vecina insolente es viuda de verdad, y tiene tres hijos casados cuyas mujeres le desean la muerte para heredarle la hacienda que ha comprado en las mejores tierras del Sinú. Hoy, en los tiempos posteriores al incidente, la hacienda es manejada a distancia, mediante despachos de correo y llamadas telefónicas. Porque la que fue vecina de Magdalena, es ahora una mujer muy rica; y ya no vive en la calle de “Bocagrande” de Tolú, sino a muchas leguas de distancia, en un sector del mismo nombre que es parte de la hermosa Cartagena de Indias. Aun así, viviendo lejos, dos de las tres nueras han tratado de envenenarla, tres de sus hijos varones no la visitan, dos de ellos no le dirigen la palabra –ni siquiera por teléfono-- y el tercero, el menor, no le permite ver a los nietos los domingos.
Y todo, por culpa de Magdalena; al menos, eso comenta la gente. Magdalena es en extremo cuidadosa al respecto; jamás ha dicho que aquello es cierto, pero tampoco lo ha negado. Se limita, eso sí, a contar la historia tocada de un airecillo de satisfacción:
La historia es esta. Un día, mientras desescamaba pescados en las escalinatas del puerto, Magdalena vio que algo brillaba entre el espeso amarillo de las hueveras de un pargo rojo. Se trataba de un brillo poco común, como de estrella en el cielo, emitido por una piedrecilla de aristas pulidas con esmero. Magdalena jamás había visto uno en su vida, pero por lo que siempre escuchó, estuvo segura de que la piedrecilla no era tal... sino un diamante. Pensó de inmediato en sus hijos yendo al cine, en sus nueras tratando de envenenarla, en sus maridos regresando a buscarla uno a uno o los tres al tiempo, pero con la misma cara de arrepentimiento; pensó en ella misma, liviana y desafirmada, viviendo la muerte de un barrio residencial y comprando pescados en la puerta a sus compañeras de trabajo; y pensó, lo más grave, en no poder ver a sus nietos los domingos. En ese instante tomó la decisión de regalar el pargo rojo con todo y el diamante que el pez llevaba oculto en su vientre.
Alguien, cuenta ella, se ofreció a comprarlo en el puerto.
-- No está para la venta –dice Magdalena que dijo--. Lo tengo reservado para alguien muy especial.
Irrumpió en la casa de la vecina en el momento en que la mujer discutía con las tres nueras sobre qué cosa preparar para el almuerzo.
-- Perdonen si interrumpo –dice Magdalena que entró diciendo--, pero la pesca de hoy ha sido excelente y me he acordado con cariño de todas ustedes. Les he traído este hermoso pargo rojo para que lo disfruten en la santa paz de la familia.
FIN
FÁBULAS
ALMACOSARIO (O… COSAS CON ALMA)
1
1. ZAPATO ZAPATA
Zapato Zapata fue un zapatito que un lunes cualquiera decidió fugarse de la zapatería y salir a predicar de vitrina en vitrina, de almacén en almacén, de fábrica en fábrica, de taller en taller, pidiendo a zapatos, chanclas, sandalias, zuecos, pantuflas, tenis y botas que se fugaran como él de la vida ciudadana y se fueran al monte o a la clandestinidad urbana, no con el propósito de crear nuevos focos guerrilleros ni mucho menos con la intención de hacer la revolución, sino con el sólo objeto de que la gente, por fin, ante la ausencia de calzado, se viera forzada a poner los pies en la tierra.
2. ENTRE LÁPICES
En una fábrica de lápices para la exportación, dos lápices conversaban un día:
— ¿Y por qué fabrican aquellos colegas sin borrador?
— Es que esos van para la América Latina.
— ¿Y eso qué es?
— Una tierra lejana en donde nadie reconoce errores.
3. PARO CARDÍACO
Los corazones del mundo (todos) decidieron un día entrar en huelga. Habían sentido que estaban siendo usados para manifestar sentimientos contrarios a la bondad de la naturaleza humana. Fue así como en una asamblea general ordinaria de la A.M.C. –Asociación Mundial de Corazones— se decretó un paro cardíaco general. Fue el fin del mundo, acontecido de la manera más insólita y menos esperada. La gente fue cayendo al suelo en sus casas, en las calles y en todas partes. Y no hubo temblor de tierra, ni fuegos extraplanetarios, ni inundaciones, ni voladura de torres, ni catástrofes de ningún tipo. El mundo se acabó por donde más se sentía la maldad.
4. YA ERA TIEMPO
Nadie en la relojería pudo entender, ni mucho menos justificar, que las aspiraciones de aquel relojito humilde fueran las de llegar a ser reloj despertador, y las de aprender alpinismo, para así subirse al pico más alto de Los Andes, poner la alarma a las seis de la mañana y campanear, campanear y campanear, hasta que todo el Continente despertara de su sueño.
5. CAUSA ULTIMA
Un revólver Colt-45 agarró un día una pistola, se la llevó a la sien y se metió un tiro. Lo hizo por decepción amorosa: no había podido conseguir el amor de una 32-corto. Como sucede con el alma de todo suicida, sus balas no fueron al cielo ni al infierno sino que quedaron penando para siempre en un eterno errar por el mundo.
6. DON MOLINO DE LA MANCHA
En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivió un molino de esos de aspa de maderos, harina antigua y lúgubre interior. Un día comentó a su molino vecino:
— Mirad, señor, vienen allí caminando hacia nos... un par de bultos de trigo.
— ¡Que no son bultos de trigo, tontarrón –exclamó el vecino—. Que son un caballero andante y su escudero!
— Que son dos bultos de trigo, os digo. Los estoy viendo con mis propias ventanillas.
— A vos, señor —volvió a hablar el primer molino—, os ha empezado a afectar tanta lectura.
2
ALÓ... ALÓ !!
Un día un teléfono llamó por teléfono a otro teléfono.
—Oye —le dijo— me gustaría que discutiéramos sobre el problema del cruce de líneas, la interceptación de nuestros diálogos, la hosquedad de las operadoras y otras cosas de menor importancia, como eso del terrorismo y el...
— !No seas ingenuo! —le interrumpió el otro— !Cómo se nota tu inexperiencia en estos asuntos! ¿Cuántas veces te he dicho que estas cosas no son para comentarlas por teléfono sino personalmente!
NOTICIA
Erase una ciudad iluminada por luces de neón, faros de automóviles, avisos comerciales, calcomanías fosforescentes y señales de tráfico. Por ella, perdido entre callejones, deambulaba en las noches el fantasma de una triste lamparita de petróleo.
— Es una lámpara ciega —señalaban diarios y revistas, y periodistas de radio y televisión—. Es una lámpara ciega —insistían—, pues dice buscar a un hombre y no ve a todos los que andamos por las calles.
TELECONTAGIO
Un grupo de televisores que jamás había visto televisión se sentó un día en la sala de un amigo a mirar un programa en la pantalla de un colega de 24 pulgadas. Tomando conciencia de cuanto habían hecho a la Humanidad, fue un anciano PHILIPS holandés de patitas y con alma aún en blanco y negro, quien convenció a los compactos jóvenes japoneses de colores, alta resolución y control remoto... que bebieran la pócima de cicuta que habría de redimirlos en la muerte del imperdonable atentado contra el diálogo socrático.
LÓGICO
Hubo una vez un poeta que se acercó a un olmo a pedirle peras, y el olmo se las dio. Pero dejó claro que había hecho aquello para que el mundo entero supiera que la lógica botánica daba sus ramas a torcer ante una sola lógica: la lógica poética.
ASILO
Ayer en la tarde un semáforo se asiló en la embajada de un país amigo. La policía secreta había empezado a perseguirlo porque a partir de un mediodía se le dio por romper las convenciones y marcar el siga con rojo y el alto con verde. El país amigo, democrático también, decidió favorecerlo con el asilo político porque, a pesar de todo, el semáforo rebelde seguía pensando que la precaución se marcaba con amarillo.
NUMISMUNDO
Las monedas y los billetes de un coleccionista leyeron una vez a escondidas el prólogo de un manual de numismática en el cual se hablaba de un planeta en donde los hombres no usaban el dinero para comprar cosas; sino que, siendo monedas y billetes los reyes de la Creación, eran ellas y ellos quienes usaban a hombres y mujeres para echárselos al bolsillo y utilizarlos como unidades de cambio.
LA MANZANA
Una manzana que había sido expulsada de su casa por podrida, empezó a rodar tierra y encontró con el paso de los días que no estaba tan descompuesta como otros decían, sino madura, y que ese, el de ser roja, tierna y dulce era el estado natural de las manzanas; y que a partir de él, ella podía realizarse en la función de satisfacer y alimentar a la Humanidad. "Claro —pensó una noche, con madurez—, hasta mi propia especie ha caído en las garras del aforismo y las trampas del sofisma".
3
INSTANTÁNEA
Una cámara KODAK americana se echó al hombro un día una MINOLTA japonesa y salió a la calle a tomar fotografías. Extrañada observó que, luego de revelar el rollo, la gente aparecía en las fotos con los ojos angulados. "¿Y a qué se debe esto tan extraño –se preguntó—, será que en esta parte del mundo no miramos la realidad con ojos propios?".
PLÁ$TICO
Una noche, los VISA, una familia de tarjetas de crédito, decidieron salir a cenar a un restaurante. Al pedir la cuenta, papá VISA sacó del bolsillo una billetera en la que cargada hombrecitos, e intentó pagar con ellos.
— Ah, ah, ni hombrecitos ni mujercitas —aseveró el mesero—. Únicamente efectivo.
— ¡Pero... siempre los han recibido! –insistió papá VISA.
— Sí. Antes –acotó el mesero—. Últimamente la máquina los rechaza porque salen sin fondos, y con cierta falla en la banda magnética.
AUTOTEXTO
Un día, en la triste soledad de una biblioteca pública, un libro decidió abrir sus páginas, sentarse, encender una lámpara y leerse a sí mismo. Aprendió mucho, pues se trataba de un libro sobre los medios de comunicación en la era actual, entre los cuales, ellos, libros, eran de poco uso. De modo que el libro tuvo tiempo para releerse, subrayarse y analizarse, de la misma manera que tuvo tiempo para hacer lo propio con el resto de libros de la biblioteca. Tan sabio llegó a ser, que pronto fue ascendido a enciclopedia y pudo entender que, claro, vivía en un mundo de analfabetas en el cual los libros eran las únicas personas que leían cosas importantes y a conciencia. Pronto, convenció a sus colegas de que abandonaran las bibliotecas y se fueran a los parques de diversión, a los cines, a las calles, a los estadios deportivos, a los restaurantes de comida rápida, a los supermercados, a los centros comerciales, a las emisoras de radio, a las salas de belleza, a las playas y a las salas de televisión con el propósito de leer a la gente. "Hay tanto que aprender de ellos" –concluyeron– "que no habíamos caído en la cuenta de que el mundo es una enorme biblioteca –y se preguntaron—: "¿Por qué será que nos tenían encerrados?" –, a lo que un anciano Tratado de Ética respondió—: "Es que lo que se encierra es siempre lo peligroso".
UVAS VERDES
"Quiso una zorra hambrienta, al ver colgando de una parra hermosos racimos de uva, atraparlos con su boca..." (Esopo) , pero el más inteligente racimo pensó:
— Qué tonto fue Esopo y qué tonta ha sido la Humanidad, y hasta qué tontos han sido los propios racimos temerosos. !Ignorantes: las zorras no comen uvas!
LA HORA
Las campanas de la torre empezaron a tocar a rebato y por su cuenta. La gente entonces se congregó en la plaza, frente a la iglesia, y preguntó a las campanas:
— ¿A qué se debe tanto alboroto?
Las campanas respondieron:
— A que ya es la hora.
— ¿La hora de qué?
— Ah, ese es problema de ustedes. Nosotras nos encargamos sólo de dar la hora, ¡pero ya es la hora!
4
1. LA BALANZA (I)
Los jueces del Tribunal entraron un día a la Gran Sala y encontraron la Balanza de la Justicia un tanto cargada a la izquierda. La Balanza fue procesada, condenada y ejecutada.
2. LA BALANZA (II)
Los jueces del Tribunal entraron un día a la Gran Sala y encontraron la Balanza de la Justicia un tanto cargada a la derecha. La Balanza fue exaltada y elevada a dignidades objeto de emblema de la Patria. Al año... estaba peculando.
3. LA BALANZA (III)
Los jueces del Tribunal entraron un día a la Gran Sala y encontraron la Balanza de la Justicia en justo balance: perfectamente centrada. Se dictó contra ella entonces un auto de detención preventiva. Al año... se le permitió regresar a sus labores pero bajo fianza y libertad condicional.
4. LENGUAS DE FUEGO
(Al Trojatón)
Una vez, el fuego acabó con una hermosa colección de discos. La gente, lógico, se puso triste, muy triste. En cambio, un viejo y sabio Long Playing, que llevaba la música grabada en el alma, los tranquilizó:
—No se aflijan —les dijo—: lo que ardió fue el acetato. La música contenida en los discos sigue viva y está ensayando en el cielo, que es el lugar adonde van las notas cuando mueren o se olvidan. Así que muy pronto, cuando las están escuchando o bailando, esas notas descenderán sobre ustedes en forma de lenguas de fuego... a poseerlos como espíritus santos.
5. ABRELATAS
Hubo una vez un abreletas que se casó con una feminista del subdesarrollo.
6. NOCIÓN
Un espejo se miró a otro espejo y, reproduciéndose al infinito, ambos tuvieron por fin noción de la Eternidad. Hasta que otro espejo los usó a ambos para peinarse.
HUMOR
DON FEDERICO SANTODOMINGO
En cierta ocasión, el sociologo Abel Avila Guzmán me envió a Bogotá un libro con un amigo común que viajaba, llamado Federico Santodomingo Zárate, otro poeta. Mi secretaria en Bogotá le comunicó que yo me encontraba en una reunión de producción en las oficinas de Caracol Televisión. Hacía apenas pocos meses, el Grupo Santodomingo había comprado la mayoría de acciones de esa empresa; de modo que cuando quise hacer seguir a Federico a la Sala de Juntas para recibir personalmente el libro que me enviaba Abel, ya el poeta Santodomingo se encontraba instalado en la sala privada de recibo en el despacho de la presidencia, atendido por tres hermosas secretarias bogotanas que le ofrecían café, pastelillos y rebanadas de mango interiorano en platillos de porcelana, y le extendían, para que trinchara, un picaviandas de plata. El presidente de la compañía no se encontraba en su despacho, pero cuando la secretaria escuchó aquel apellido, Santodomingo, armó el alboroto y corrieron la mucama, los encargados de seguridad, la señora de los tintos y el muchacho de los mangos.
Claro que a todos extrañó la pinta del excéntrico millonario: pantalón azul desteñido, sandalias con calcetines, una chaqueta de cuero raído, el cabello alborotado como nido de oropéndola, y lo que más denunciaba su exótica bohemia: una mochila arawaka repleta de papeles, lápices y libros. “Es poeta, ¡cómo les parece, ala!”, murmuraban las secretarias en el claroscuro de los pasillos, y agregaban: “Tiene pinta de indigente”.
Para no hacer largo el cuento, como dicen los narradores orales, recibí el libro de manos de Federico y lo invité a que atravesáramos los pasillos de la empresa hasta la salida, en un medio-abrazo que me dio la oportunidad de presumir ante los bogotanos el hecho de que el autor de Gallito Ramírez --en furor por esos días-- era amigo íntimo de un Santodomingo. Bajamos a tomar café capuchino en el bistró más cercano y a festejar el malentendido.
No es la primera vez que cosas como aquella suceden al poeta Santodomingo, quien a duras penas tenía para montar en buseta antes de que lo nombraran Jefe de Prensa en las Empresas Públicas Municipales de Barranquilla, cargo que ocupa en la actualidad. Si uno lo cuenta, difícilmente le creen que cuando el poeta va a viajar en avión, las encargadas de reservas en Avianca --empresa perteneciente al grupo económico Santodomingo --le asignan la silla 1-A de la Clase Ejecutiva, y que ya en el aeropuerto, el poeta es conducido a la Sala de Personajes, de modo que el excéntrico millonario no tenga que hacer cola para el embarque, como sí la hace el resto de los mortales. Es cosa frecuente que el poeta comparta la primera fila de Clase Ejecutiva de la aeronave con un presidente de compañía, un miembro de junta directiva, un ministro o uno de los tantos alcaldes de Barranquilla.
En cierta ocasión, habiendo volado juntos de Barranquilla a Bogotá, uno de esos alcaldes llevó al poeta en su B.M.W. al “Bar Chispas” del Hotel Tequendama y luego se ofreció a acompañarlo hasta el hotel en donde después se alojaría el extravagante magnate. Y no pudo sobreponerse a la sorpresa cuando el poeta ordenó al conductor: “A la pensión Gutiérrez, por favor”. ¡Excentricidades de los dueños del poder, hastiados de ser sibaritas!-- pensó el mandatario.
Este año, Alvaro Pupo Pupo, presidente de Cervecería Aguila, empresa también de los Santodomingo, por fin se agarró al poeta en la jugada. Resulta que por estos días de diciembre, la Cervecería, embotella una cerveza especial, llamada Aguila Imperial, y que es regalada en cajas de dos docenas a personalidades y a amigos de la empresa. Es una cerveza de la mejor calidad, con el justo porcentaje de alcohol y un excelso proceso de maduración, fabricada para finos paladares y gustos delicados. Aprovechando la ausencia del presidente de la compañía por los días de Navidad, Federico Santodomingo acostumbraba todos los años tomar el teléfono y llamar la atención de las secretarias: “ Señorita --decía con voz cascada--, dígale al presidente de la compañía que este año se ha olvidado de mí; no me ha llegado la Imperial. Habla Federico Santodomingo”. Y, sin consultar con el presidente, o con cualquier otro directivo, la secretaria enviaba tres cajas a Don Federico, antes de que alguien la regañara.
Pero este año, Abel Avila cometió el error de enviar a Alvaro Pupo Pupo, el presidente de Cervecería Aguila, el libro que su Editorial Antillas había publicado al poeta Federico Santodomingo. De modo que al escuchar el nombre, Pupo exclamó:
--Jépa: ¿Y este no es aquel poeta peludo ? ¡No envíe nada, señorita.
Y hasta ahí llegaron las glorias del exéntrico y ‘multimillonario’ poeta Don Federico Santodomingo, quien, viéndolo bien, sí forma parte de un grupo económico, sí: un grupo de poetas supremamente económicos, pues es muy poco el dinero que tienen para gastar. Amén.
Hasta hoy estuvo con nosotros este gran hombre y lo que he tratado de mostrarles es muy poco para lo que hizo.
Algunas grabaciones y entrevistas.
El flecha
La tierra de juliao
Una despedida para aquel que alcanzo la perpetuación de la vida, que este final sea un nuevo comienzo en donde las cosas son mejores y duraderas, adiós... siempre te llevaremos en nuestros corazones.
David Sánchez Juliao, es colombiano nacido el 24 de noviembre de 1945 en Lorica, departamento de Córdoba y murió hoy 9 de febrero de 2011 en la capital colombiana. Tenia formación en literatura, comunicaciones y sociología, con doctorados en la Universidad Simón Bolívar y la Universidad de Córdoba, y con estudios en CIDOC, Cuernavaca, México, en donde luego se desempeñó como profesor. Publico novelas, cuentos, fábulas, historias para niños y testimonios escritos y grabados de viva voz con prestigiosas editoriales de Colombia y otros países. Fue varias veces premio nacional de cuento, lo mismo que de libro de cuentos y Premio Nacional de Novela Plaza y Janés con Pero sigo siendo el rey. De esta novela, como de otras de sus obras, se ha hecho una versión para televisión difundida ampliamente en muchas lenguas. Sus historias grabadas han merecido 5 galardones de Disco de Platino Sonolux y Disco de Oro M.T.M y las adaptaciones de sus obras para cine y televisión han merecido 17 Premios India Catalina en el Festival de Cine de Cartagena. Sánchez Juliao fue traducido a doce idiomas y residió, por razones académicas y diplomáticas, en cuatro continentes. Fue profesor invitado en universidades de Norte y Sur América, Europa, Asia, África y Oceanía, continentes en los cuales residió por años.
Fue embajador de Colombia en la India y en Egipto entre 1991 y 1995, países en los que, mientras ejercía sus funciones de Jefe de Misión Diplomática, se desempeñó como profesor universitario ad honorem. Obtuvo el Premio Internacional Dulcinea 2000 otorgado por la Asociación Cervantina de Barcelona. La Fundación Libros y Letras le otorgó el Premio Nacional de Literatura 2003 por Vida y Obra.
OBRA ESCRITA
Cachaco, Palomo y Gato
Primera novela de David Sánchez Juliao, publicada por Plaza y Janés, Bogotá-Barcelona, y que contó con una versión para televisión dirigida por Jaime Botero Gómez y transmitida por Caracol Televisión (Colombia) en su espacio “Teatro Popular Caracol”. La serie, de diez capítulos de una hora, fue transmitida en muchos otros países.
Pero sigo siendo el Rey (Premio de novela Plaza y Janés)
“Esta novela está acorde con las corrientes contemporáneas de la narrativa latinoamericana, pues tiene proyección universal y encaja dentro de un tratamiento de masas que logra combinar magistralmente lo lírico y lo épico. En ella el autor rescata para la literatura el cancionero popular mexicano, música sentida en todos los países de habla hispana”
CUENTOS
EL PARGO ROJO
Magdalena Santiago vive –sigue viviendo-- de comprar, limpiar y desescamar pescados a la orilla del mar. Se levanta con los primeros ardores del alba y se va al puerto a esperar el retorno de los pescadores. Allí canta, invariablemente, todos los días a idéntica hora, la misma canción; una tonadilla de aliento africano cuya letra, ella lo ignora, tiene origen en el romancero español: Rey que sabe/leer y contar/dime cuántas olas/manda la mar. Acaso aquella liturgia es, además de una orden de su porción de sangre negada, la expresión del sueño incumplido de ser alfabeta. Porque, por el contrario del rey del estribillo, Magdalena ni sabe leer ni sabe contar. Pero tiene un don especial: cuando ha cantado, sin contarlas, diez veces el estribillo, señala en el horizonte las primeras canoas. Magdalena nada sabe de números o letras, pero el cantar le otorga un acertado manejo del tiempo.
No es el único don que posee. También carga claro en la cabeza que, comprando los pescados al precio del puerto y vendiéndolos de puerta en puerta pueblo adentro, el dinero sobra en casa. Magdalena llama “el milagro de la vida” a aquella elemental abstracción, como de impuros logaritmos Pese a asistir día a día a ese milagro, dice no entender nada pero lo entiende todo. Por ejemplo: es madre de seis hijos de tres padres diferentes; y no sabiendo al cabo de los años adónde han ido a parar los padres luego del abandono, se llama a sí misma “viuda triple de muertos vivos”. Sus hijos, ya crecidos, trabajan allí en Tolú o en otros pueblos del Caribe en forma marginal: cargando bultos o vendiendo baratijas a los turistas de la playa, hoy; cocinando en una casa de familia, mañana; y después, tal vez...
Magdalena, sin embrago, se dice feliz; aunque desde los días en que el cinematógrafo llegó a Tolú, a ratos ni ella misma lo cree. La noche en que fue a ver por primera vez una película, recuerda, empezó a sospechar –sin que lograra volver razones las sospechas— que el meridiano de la felicidad pasaba por lo cotidiano. Entonces, “Muy fácil –dice con frecuencia--: dejé de ir al cine y ya está, volví a vivir contenta”. Además, ¿qué otra cosa quiere? --se pregunta en sus noches de hamaca. Conoce un oficio, produce con qué comer, guarda plácidos recuerdos de cada marido en cada cama –del segundo, sobre una mesa--, es amada por sus hijos y estimada por los pescadores y la gente del barrio. Y lo más importante: ninguna de sus hijas le ha salido vagabunda, y ninguno de sus hijos ha estado en la cárcel. “Son muy unidos”, comenta: “Cada uno es capaz de quitarse el pan de la boca para dárselo al otro”. Y no se queda en la superficie, pues agrega: “Ojalá nunca sean ricos; porque poco dinero, evita preocupaciones; mucho dinero, las trae”. Y remeta: “Dios quiera que nunca vayan al cine”.
Magdalena vive –continúa viviendo allí, aun después del incidente— en una calle a la que la gente bautizó como “Bocagrande”. Su nombre oficial tiene que ver con un héroe de la Independencia, Francisco de Paula Santander. Pero los desocupados de la plaza lo han cambiado por aquel más sonoro, debido a que en esa calle las vecinas riñen a diario en insultos que se vociferan de acera a acera, con frases cargadas de dobles sentidos e imprecaciones.
En la misma calle de “Bocagrande”, puerta seguida a la casa de Magdalena, vivió una vez una mujer adinerada que odiaba a los pescadores y a las revendedoras. No es extraño que estas cosas sucedan en la América Hispana, puesto que en sus pequeños pueblos conviven príncipes y mendigos, ricos y pobres en una misma calle, en una constante ebullición de la vida que ante todo los ricos niegan disfrutar. En estos poblados, los modernos barrios residenciales jamás tuvieron futuro, pues no tardaron en convertirse, de tan tediosos, en una antesala de la muerte.
Aquella vecina –la del incidente— odiaba a Magdalena, en razón tal vez de lo que el profesor socialista de la escuela pública llamaba “marxismo al revés”; es decir, el desprecio de los de arriba por los de abajo. La vecina, sin embargo, amaba la lúdica del humilde vecindario, pero siempre deseó que su torrente de vida bullera, no allí sino en el barrio residencial de las afueras al que un día se mudó, hasta que se aburrió... por falta de vida. Cuando regresó a vivir al antiguo vecindario, continuó haciéndole la vida imposible a Magdalena: le corría la cerca del jardín, ordenaba a las sirvientas que desaguaran la cocina hacia el patio vecino, y sacaba en voz al sol ciertos trapos sucios que Magdalena prefería lavar en casa; como aquello de la triple viudez de muertos vivos, los seis hijos de tres maridos diferentes; y la pobreza y el mal vestir, cosas que Magdalena sobrellevaba con inadvertida dignidad.
La vecina insolente es viuda de verdad, y tiene tres hijos casados cuyas mujeres le desean la muerte para heredarle la hacienda que ha comprado en las mejores tierras del Sinú. Hoy, en los tiempos posteriores al incidente, la hacienda es manejada a distancia, mediante despachos de correo y llamadas telefónicas. Porque la que fue vecina de Magdalena, es ahora una mujer muy rica; y ya no vive en la calle de “Bocagrande” de Tolú, sino a muchas leguas de distancia, en un sector del mismo nombre que es parte de la hermosa Cartagena de Indias. Aun así, viviendo lejos, dos de las tres nueras han tratado de envenenarla, tres de sus hijos varones no la visitan, dos de ellos no le dirigen la palabra –ni siquiera por teléfono-- y el tercero, el menor, no le permite ver a los nietos los domingos.
Y todo, por culpa de Magdalena; al menos, eso comenta la gente. Magdalena es en extremo cuidadosa al respecto; jamás ha dicho que aquello es cierto, pero tampoco lo ha negado. Se limita, eso sí, a contar la historia tocada de un airecillo de satisfacción:
La historia es esta. Un día, mientras desescamaba pescados en las escalinatas del puerto, Magdalena vio que algo brillaba entre el espeso amarillo de las hueveras de un pargo rojo. Se trataba de un brillo poco común, como de estrella en el cielo, emitido por una piedrecilla de aristas pulidas con esmero. Magdalena jamás había visto uno en su vida, pero por lo que siempre escuchó, estuvo segura de que la piedrecilla no era tal... sino un diamante. Pensó de inmediato en sus hijos yendo al cine, en sus nueras tratando de envenenarla, en sus maridos regresando a buscarla uno a uno o los tres al tiempo, pero con la misma cara de arrepentimiento; pensó en ella misma, liviana y desafirmada, viviendo la muerte de un barrio residencial y comprando pescados en la puerta a sus compañeras de trabajo; y pensó, lo más grave, en no poder ver a sus nietos los domingos. En ese instante tomó la decisión de regalar el pargo rojo con todo y el diamante que el pez llevaba oculto en su vientre.
Alguien, cuenta ella, se ofreció a comprarlo en el puerto.
-- No está para la venta –dice Magdalena que dijo--. Lo tengo reservado para alguien muy especial.
Irrumpió en la casa de la vecina en el momento en que la mujer discutía con las tres nueras sobre qué cosa preparar para el almuerzo.
-- Perdonen si interrumpo –dice Magdalena que entró diciendo--, pero la pesca de hoy ha sido excelente y me he acordado con cariño de todas ustedes. Les he traído este hermoso pargo rojo para que lo disfruten en la santa paz de la familia.
FIN
FÁBULAS
ALMACOSARIO (O… COSAS CON ALMA)
1
1. ZAPATO ZAPATA
Zapato Zapata fue un zapatito que un lunes cualquiera decidió fugarse de la zapatería y salir a predicar de vitrina en vitrina, de almacén en almacén, de fábrica en fábrica, de taller en taller, pidiendo a zapatos, chanclas, sandalias, zuecos, pantuflas, tenis y botas que se fugaran como él de la vida ciudadana y se fueran al monte o a la clandestinidad urbana, no con el propósito de crear nuevos focos guerrilleros ni mucho menos con la intención de hacer la revolución, sino con el sólo objeto de que la gente, por fin, ante la ausencia de calzado, se viera forzada a poner los pies en la tierra.
2. ENTRE LÁPICES
En una fábrica de lápices para la exportación, dos lápices conversaban un día:
— ¿Y por qué fabrican aquellos colegas sin borrador?
— Es que esos van para la América Latina.
— ¿Y eso qué es?
— Una tierra lejana en donde nadie reconoce errores.
3. PARO CARDÍACO
Los corazones del mundo (todos) decidieron un día entrar en huelga. Habían sentido que estaban siendo usados para manifestar sentimientos contrarios a la bondad de la naturaleza humana. Fue así como en una asamblea general ordinaria de la A.M.C. –Asociación Mundial de Corazones— se decretó un paro cardíaco general. Fue el fin del mundo, acontecido de la manera más insólita y menos esperada. La gente fue cayendo al suelo en sus casas, en las calles y en todas partes. Y no hubo temblor de tierra, ni fuegos extraplanetarios, ni inundaciones, ni voladura de torres, ni catástrofes de ningún tipo. El mundo se acabó por donde más se sentía la maldad.
4. YA ERA TIEMPO
Nadie en la relojería pudo entender, ni mucho menos justificar, que las aspiraciones de aquel relojito humilde fueran las de llegar a ser reloj despertador, y las de aprender alpinismo, para así subirse al pico más alto de Los Andes, poner la alarma a las seis de la mañana y campanear, campanear y campanear, hasta que todo el Continente despertara de su sueño.
5. CAUSA ULTIMA
Un revólver Colt-45 agarró un día una pistola, se la llevó a la sien y se metió un tiro. Lo hizo por decepción amorosa: no había podido conseguir el amor de una 32-corto. Como sucede con el alma de todo suicida, sus balas no fueron al cielo ni al infierno sino que quedaron penando para siempre en un eterno errar por el mundo.
6. DON MOLINO DE LA MANCHA
En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivió un molino de esos de aspa de maderos, harina antigua y lúgubre interior. Un día comentó a su molino vecino:
— Mirad, señor, vienen allí caminando hacia nos... un par de bultos de trigo.
— ¡Que no son bultos de trigo, tontarrón –exclamó el vecino—. Que son un caballero andante y su escudero!
— Que son dos bultos de trigo, os digo. Los estoy viendo con mis propias ventanillas.
— A vos, señor —volvió a hablar el primer molino—, os ha empezado a afectar tanta lectura.
2
ALÓ... ALÓ !!
Un día un teléfono llamó por teléfono a otro teléfono.
—Oye —le dijo— me gustaría que discutiéramos sobre el problema del cruce de líneas, la interceptación de nuestros diálogos, la hosquedad de las operadoras y otras cosas de menor importancia, como eso del terrorismo y el...
— !No seas ingenuo! —le interrumpió el otro— !Cómo se nota tu inexperiencia en estos asuntos! ¿Cuántas veces te he dicho que estas cosas no son para comentarlas por teléfono sino personalmente!
NOTICIA
Erase una ciudad iluminada por luces de neón, faros de automóviles, avisos comerciales, calcomanías fosforescentes y señales de tráfico. Por ella, perdido entre callejones, deambulaba en las noches el fantasma de una triste lamparita de petróleo.
— Es una lámpara ciega —señalaban diarios y revistas, y periodistas de radio y televisión—. Es una lámpara ciega —insistían—, pues dice buscar a un hombre y no ve a todos los que andamos por las calles.
TELECONTAGIO
Un grupo de televisores que jamás había visto televisión se sentó un día en la sala de un amigo a mirar un programa en la pantalla de un colega de 24 pulgadas. Tomando conciencia de cuanto habían hecho a la Humanidad, fue un anciano PHILIPS holandés de patitas y con alma aún en blanco y negro, quien convenció a los compactos jóvenes japoneses de colores, alta resolución y control remoto... que bebieran la pócima de cicuta que habría de redimirlos en la muerte del imperdonable atentado contra el diálogo socrático.
LÓGICO
Hubo una vez un poeta que se acercó a un olmo a pedirle peras, y el olmo se las dio. Pero dejó claro que había hecho aquello para que el mundo entero supiera que la lógica botánica daba sus ramas a torcer ante una sola lógica: la lógica poética.
ASILO
Ayer en la tarde un semáforo se asiló en la embajada de un país amigo. La policía secreta había empezado a perseguirlo porque a partir de un mediodía se le dio por romper las convenciones y marcar el siga con rojo y el alto con verde. El país amigo, democrático también, decidió favorecerlo con el asilo político porque, a pesar de todo, el semáforo rebelde seguía pensando que la precaución se marcaba con amarillo.
NUMISMUNDO
Las monedas y los billetes de un coleccionista leyeron una vez a escondidas el prólogo de un manual de numismática en el cual se hablaba de un planeta en donde los hombres no usaban el dinero para comprar cosas; sino que, siendo monedas y billetes los reyes de la Creación, eran ellas y ellos quienes usaban a hombres y mujeres para echárselos al bolsillo y utilizarlos como unidades de cambio.
LA MANZANA
Una manzana que había sido expulsada de su casa por podrida, empezó a rodar tierra y encontró con el paso de los días que no estaba tan descompuesta como otros decían, sino madura, y que ese, el de ser roja, tierna y dulce era el estado natural de las manzanas; y que a partir de él, ella podía realizarse en la función de satisfacer y alimentar a la Humanidad. "Claro —pensó una noche, con madurez—, hasta mi propia especie ha caído en las garras del aforismo y las trampas del sofisma".
3
INSTANTÁNEA
Una cámara KODAK americana se echó al hombro un día una MINOLTA japonesa y salió a la calle a tomar fotografías. Extrañada observó que, luego de revelar el rollo, la gente aparecía en las fotos con los ojos angulados. "¿Y a qué se debe esto tan extraño –se preguntó—, será que en esta parte del mundo no miramos la realidad con ojos propios?".
PLÁ$TICO
Una noche, los VISA, una familia de tarjetas de crédito, decidieron salir a cenar a un restaurante. Al pedir la cuenta, papá VISA sacó del bolsillo una billetera en la que cargada hombrecitos, e intentó pagar con ellos.
— Ah, ah, ni hombrecitos ni mujercitas —aseveró el mesero—. Únicamente efectivo.
— ¡Pero... siempre los han recibido! –insistió papá VISA.
— Sí. Antes –acotó el mesero—. Últimamente la máquina los rechaza porque salen sin fondos, y con cierta falla en la banda magnética.
AUTOTEXTO
Un día, en la triste soledad de una biblioteca pública, un libro decidió abrir sus páginas, sentarse, encender una lámpara y leerse a sí mismo. Aprendió mucho, pues se trataba de un libro sobre los medios de comunicación en la era actual, entre los cuales, ellos, libros, eran de poco uso. De modo que el libro tuvo tiempo para releerse, subrayarse y analizarse, de la misma manera que tuvo tiempo para hacer lo propio con el resto de libros de la biblioteca. Tan sabio llegó a ser, que pronto fue ascendido a enciclopedia y pudo entender que, claro, vivía en un mundo de analfabetas en el cual los libros eran las únicas personas que leían cosas importantes y a conciencia. Pronto, convenció a sus colegas de que abandonaran las bibliotecas y se fueran a los parques de diversión, a los cines, a las calles, a los estadios deportivos, a los restaurantes de comida rápida, a los supermercados, a los centros comerciales, a las emisoras de radio, a las salas de belleza, a las playas y a las salas de televisión con el propósito de leer a la gente. "Hay tanto que aprender de ellos" –concluyeron– "que no habíamos caído en la cuenta de que el mundo es una enorme biblioteca –y se preguntaron—: "¿Por qué será que nos tenían encerrados?" –, a lo que un anciano Tratado de Ética respondió—: "Es que lo que se encierra es siempre lo peligroso".
UVAS VERDES
"Quiso una zorra hambrienta, al ver colgando de una parra hermosos racimos de uva, atraparlos con su boca..." (Esopo) , pero el más inteligente racimo pensó:
— Qué tonto fue Esopo y qué tonta ha sido la Humanidad, y hasta qué tontos han sido los propios racimos temerosos. !Ignorantes: las zorras no comen uvas!
LA HORA
Las campanas de la torre empezaron a tocar a rebato y por su cuenta. La gente entonces se congregó en la plaza, frente a la iglesia, y preguntó a las campanas:
— ¿A qué se debe tanto alboroto?
Las campanas respondieron:
— A que ya es la hora.
— ¿La hora de qué?
— Ah, ese es problema de ustedes. Nosotras nos encargamos sólo de dar la hora, ¡pero ya es la hora!
4
1. LA BALANZA (I)
Los jueces del Tribunal entraron un día a la Gran Sala y encontraron la Balanza de la Justicia un tanto cargada a la izquierda. La Balanza fue procesada, condenada y ejecutada.
2. LA BALANZA (II)
Los jueces del Tribunal entraron un día a la Gran Sala y encontraron la Balanza de la Justicia un tanto cargada a la derecha. La Balanza fue exaltada y elevada a dignidades objeto de emblema de la Patria. Al año... estaba peculando.
3. LA BALANZA (III)
Los jueces del Tribunal entraron un día a la Gran Sala y encontraron la Balanza de la Justicia en justo balance: perfectamente centrada. Se dictó contra ella entonces un auto de detención preventiva. Al año... se le permitió regresar a sus labores pero bajo fianza y libertad condicional.
4. LENGUAS DE FUEGO
(Al Trojatón)
Una vez, el fuego acabó con una hermosa colección de discos. La gente, lógico, se puso triste, muy triste. En cambio, un viejo y sabio Long Playing, que llevaba la música grabada en el alma, los tranquilizó:
—No se aflijan —les dijo—: lo que ardió fue el acetato. La música contenida en los discos sigue viva y está ensayando en el cielo, que es el lugar adonde van las notas cuando mueren o se olvidan. Así que muy pronto, cuando las están escuchando o bailando, esas notas descenderán sobre ustedes en forma de lenguas de fuego... a poseerlos como espíritus santos.
5. ABRELATAS
Hubo una vez un abreletas que se casó con una feminista del subdesarrollo.
6. NOCIÓN
Un espejo se miró a otro espejo y, reproduciéndose al infinito, ambos tuvieron por fin noción de la Eternidad. Hasta que otro espejo los usó a ambos para peinarse.
HUMOR
DON FEDERICO SANTODOMINGO
En cierta ocasión, el sociologo Abel Avila Guzmán me envió a Bogotá un libro con un amigo común que viajaba, llamado Federico Santodomingo Zárate, otro poeta. Mi secretaria en Bogotá le comunicó que yo me encontraba en una reunión de producción en las oficinas de Caracol Televisión. Hacía apenas pocos meses, el Grupo Santodomingo había comprado la mayoría de acciones de esa empresa; de modo que cuando quise hacer seguir a Federico a la Sala de Juntas para recibir personalmente el libro que me enviaba Abel, ya el poeta Santodomingo se encontraba instalado en la sala privada de recibo en el despacho de la presidencia, atendido por tres hermosas secretarias bogotanas que le ofrecían café, pastelillos y rebanadas de mango interiorano en platillos de porcelana, y le extendían, para que trinchara, un picaviandas de plata. El presidente de la compañía no se encontraba en su despacho, pero cuando la secretaria escuchó aquel apellido, Santodomingo, armó el alboroto y corrieron la mucama, los encargados de seguridad, la señora de los tintos y el muchacho de los mangos.
Claro que a todos extrañó la pinta del excéntrico millonario: pantalón azul desteñido, sandalias con calcetines, una chaqueta de cuero raído, el cabello alborotado como nido de oropéndola, y lo que más denunciaba su exótica bohemia: una mochila arawaka repleta de papeles, lápices y libros. “Es poeta, ¡cómo les parece, ala!”, murmuraban las secretarias en el claroscuro de los pasillos, y agregaban: “Tiene pinta de indigente”.
Para no hacer largo el cuento, como dicen los narradores orales, recibí el libro de manos de Federico y lo invité a que atravesáramos los pasillos de la empresa hasta la salida, en un medio-abrazo que me dio la oportunidad de presumir ante los bogotanos el hecho de que el autor de Gallito Ramírez --en furor por esos días-- era amigo íntimo de un Santodomingo. Bajamos a tomar café capuchino en el bistró más cercano y a festejar el malentendido.
No es la primera vez que cosas como aquella suceden al poeta Santodomingo, quien a duras penas tenía para montar en buseta antes de que lo nombraran Jefe de Prensa en las Empresas Públicas Municipales de Barranquilla, cargo que ocupa en la actualidad. Si uno lo cuenta, difícilmente le creen que cuando el poeta va a viajar en avión, las encargadas de reservas en Avianca --empresa perteneciente al grupo económico Santodomingo --le asignan la silla 1-A de la Clase Ejecutiva, y que ya en el aeropuerto, el poeta es conducido a la Sala de Personajes, de modo que el excéntrico millonario no tenga que hacer cola para el embarque, como sí la hace el resto de los mortales. Es cosa frecuente que el poeta comparta la primera fila de Clase Ejecutiva de la aeronave con un presidente de compañía, un miembro de junta directiva, un ministro o uno de los tantos alcaldes de Barranquilla.
En cierta ocasión, habiendo volado juntos de Barranquilla a Bogotá, uno de esos alcaldes llevó al poeta en su B.M.W. al “Bar Chispas” del Hotel Tequendama y luego se ofreció a acompañarlo hasta el hotel en donde después se alojaría el extravagante magnate. Y no pudo sobreponerse a la sorpresa cuando el poeta ordenó al conductor: “A la pensión Gutiérrez, por favor”. ¡Excentricidades de los dueños del poder, hastiados de ser sibaritas!-- pensó el mandatario.
Este año, Alvaro Pupo Pupo, presidente de Cervecería Aguila, empresa también de los Santodomingo, por fin se agarró al poeta en la jugada. Resulta que por estos días de diciembre, la Cervecería, embotella una cerveza especial, llamada Aguila Imperial, y que es regalada en cajas de dos docenas a personalidades y a amigos de la empresa. Es una cerveza de la mejor calidad, con el justo porcentaje de alcohol y un excelso proceso de maduración, fabricada para finos paladares y gustos delicados. Aprovechando la ausencia del presidente de la compañía por los días de Navidad, Federico Santodomingo acostumbraba todos los años tomar el teléfono y llamar la atención de las secretarias: “ Señorita --decía con voz cascada--, dígale al presidente de la compañía que este año se ha olvidado de mí; no me ha llegado la Imperial. Habla Federico Santodomingo”. Y, sin consultar con el presidente, o con cualquier otro directivo, la secretaria enviaba tres cajas a Don Federico, antes de que alguien la regañara.
Pero este año, Abel Avila cometió el error de enviar a Alvaro Pupo Pupo, el presidente de Cervecería Aguila, el libro que su Editorial Antillas había publicado al poeta Federico Santodomingo. De modo que al escuchar el nombre, Pupo exclamó:
--Jépa: ¿Y este no es aquel poeta peludo ? ¡No envíe nada, señorita.
Y hasta ahí llegaron las glorias del exéntrico y ‘multimillonario’ poeta Don Federico Santodomingo, quien, viéndolo bien, sí forma parte de un grupo económico, sí: un grupo de poetas supremamente económicos, pues es muy poco el dinero que tienen para gastar. Amén.
Hasta hoy estuvo con nosotros este gran hombre y lo que he tratado de mostrarles es muy poco para lo que hizo.
Algunas grabaciones y entrevistas.
El flecha
La tierra de juliao
Una despedida para aquel que alcanzo la perpetuación de la vida, que este final sea un nuevo comienzo en donde las cosas son mejores y duraderas, adiós... siempre te llevaremos en nuestros corazones.