InicioInfoBandidos Rurales - Parte 1
Aca les dejo algunos bandidos rurales argentinos, son personas que dejaron su nombre en la historia argentina.
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y esta es la Parte 2: link

EL GAUCHO LEGA (Olegario Alvarez)


El gaucho olegario alvarez, conocido como "Gaucho Lega", nació en Saladas en 1871. Preso y condenado por asesinato, logra evadirse de la Penitenciaria de la capital correntina en 1904. A partir de allí, integró una gavilla de matreros famosos en la región , junto al mentado Aparico Altamirano (otro "santo".

Convertido en gaucho matrero desde su temprana juventud, Olegario álvarez cosechó amores y odios.

La escritora Silvia Miguens narra la vida de este hombre que transitó un camino de rebeldía, signado por la violencia, y se hizo leyenda al amparo de la mitología correntina.

Cuando Nicolás Toledo y Paulina Álvarez engendraron a su hijo, el aire andaba enrarecido por el polvo que alzaban las tropas de Argentina, de Brasil y de Uruguay, que cabalgaban por los alrededores de Saladas, a 100 kilómetros de Mburucuyá, para embestir a las de Paraguay, durante la Guerra de la Triple Alianza. Nueve meses más tarde, corriendo ya el año 1871, el primer encantamiento de Olegario fueron los ojos de su madre. Tal vez por aquella primaria visión del mundo siempre se dio a conocer con el apellido materno, o puede que Nicolás Toledo no fuera más que uno de esos hombres de a caballo que van de paso. Para cuando Olegario nació, el aire no estaba enrarecido por las tropelías de las milicias. Inspiró profundo una oleada de heroísmo de esa tierra de héroes, y no sólo de los héroes que deambulaban por la zona, pues también en Saladas había nacido el sargento Cabral, que en el combate de San Lorenzo salvó de la muerte al general San Martín, otro correntino de ley.

Muchos niños, igual que Olegario, fueron forjados por las narraciones de sus mayores, susurradas en torno al fogón de las mateadas nocturnas. Acunado por mitos y leyendas, a la vera de los espíritus errantes y de los entreveros con las tropas de Rosas, nació y creció Olegario Álvarez, quien muy pronto, en su juventud, se convirtió en el Gaucho Lega, o Leguita. Imposible permanecer ajeno a ese caudillismo que convertía al entorno en un corral de riñas. Inquinas y resquemores eran parte del paisaje. La traición, la crueldad, los muertos devenidos en semidioses, mártires o delincuentes, según la corriente o la necesidad política. Muy de cerca le tocó ver un alzamiento en que la represión y el castigo fueron utilizados como escarmiento, la Matanza de Saladas, en octubre de 1891, que culminó poco después cuando, con el fin de conciliar la paz, se decretó una amnistía. Por esos días Lega tenía 18 años, y supo de inmediato de qué manera el grupo político vencido pasaba de la amnistía al degüello. Y del degüello al mito. Al año de la matanza era sargento de policía, y pertenecía al Partido Colorado.

Olegario fue parte de esa clase social marginada y pueblerina, de activos militantes políticos que se ganaban continuas persecuciones que terminaban llevándolos al pillaje, para sobrevivir. Tal vez porque se rebeló contra el vasallaje de los señores feudales de la zona, esa actitud desafiante y libertaria hizo que fuera considerado de un valor sin límite. Y, como sucedió con el Gauchito Gil y con Altamirano, todos piragües, es decir colorados, los estandartes, claveles, cintas y elementos de culto con que le rinden homenaje y se adornan los santuarios, son rojos. Por su filiación autonomista. Claro que también existen "santos celestes", del Partido Liberal, como Francisco José López en la zona de Esquina. Pero en el caso de Lega, era colorado y fue en uno de esos confusos episodios de comité cuando mató a un hombre. Poco después, en un duelo criollo, dio muerte a otro gaucho, a quien llamaban Poncho Café.

Fue apresado en Curuzú Laurel, entre San Miguel y Loreto, enviado a los Tribunales de Corrientes y sentenciado a cadena perpetua. En la cárcel se relacionó con Aparicio Altamirano y con Adolfo Silva. Los tres se volvieron inseparables hasta que, un martes de carnaval de 1904, huyeron aprovechando una fuga masiva de presos. Al poco tiempo se les atribuía, entre otros delitos, el de asaltar una estancia, asesinar al propietario, su esposa e hijos, y colgar sus cabezas del alambrado. Y así continuaron sus días, en estado de rebeldía. Fueron épocas de corridas y dicen que de transmutaciones, a la sombra y al reparo de los quebrachales y de los pastos que bordean los esteros. Muy de a poco sus andanzas se volvieron parte de la mitología guaraní. Puede que no hayan sido pocas las veces en que se lo vio, convertido en un yaguareté que va olisqueando los alrededores en busca de la presa y con sed de venganza, mientras atraviesa el bosque húmedo y las palmeras de Yatay, en las cercanías de Saladas, Concepción, San Roque y Mburucyá, propiciando igual que siempre lo que está a su alcance para ayudar a la gente.

En cuanto al amor, Lega tampoco se quedó corto con la leyenda y el romanticismo. Un atardecer, amparado por las sombras y el canto de los primeros pájaros nocturnos, dejó su caballo detrás de la casa de un tal Lafuente, oficial primero de policía, y como un yaguareté que ha tomado las mañas de su perseguidor, un cazador de aguada, esperó que el oficial vaciara la botella de ginebra y, sólo cuando notó que la autoridad se había dormido, Olegario sigilosamente fue al rescate de su novia, Ángela Alegre. La muchacha permanecía recluida desde que Lega escapó de la cárcel. La sola sonrisa y el beso de Ángela justificaron la imprudencia de acercarse de nuevo a Saladas, donde era buscado y fácilmente reconocible. Dicen que Ángela se quedó junto a él hasta el mismito momento, el 2 mayo de 1906, en que una partida policial terminó con la vida de Olegario Álvarez, y también con la de Adolfo Silva, en el paraje denominado Juru'i, en Rincón de Luna. Aparicio Altamirano pudo escapar y fue muerto en 1932.

Muy de a poco sus andanzas se volvieron parte de la mitología guaraní.

Leguita, con apenas 35 años fue acribillado a balazos por la Policía, que dio cuenta de su muerte con gran alarde. Como contrapartida, de inmediato Lega renació como mártir legendario y gaucho milagroso. La imaginación pueblerina fue dando fe de sus milagros. Los motivos para su devoción empiezan justamente ese día, porque cuando la Policía bajó el cadáver, atado al caballo, el cuerpo emitió unos quejidos, tal vez por el aire aún en los pulmones y expulsado, o tal vez porque así estaba escrito. Se dijo que aún estaba vivo. En el patio de la comisaría, sólo después del largo traslado de su cuerpo a lomo de caballo, le quitaron el Kurundu, un amuleto con forma de campana confeccionado por el abá payé (hechicero). Según cuenta la leyenda guaraní, gracias al payé y pese a haber sufrido heridas de gravedad en muchas ocasiones, Lega no moriría hasta que se lo quitaran. Él mismo, dicen, pidió a sus captores que se lo sacaran para poder morir en paz. Lo que no les dijo era en qué momento lanzaría su último aliento

FACÓN GRANDE ( José Font )


Las huelgas Patagónicas.

En los años 1921 y 1922 se producen en la Patagonia dos huelgas rurales por reclamos de sociales por las duras condiciones de trabajo de los trabajadores rurales.

En la primera de ellas son violentamente reprimidos por la policía y por la "Liga patriótica", civiles armados por los estancieros de la Sociedad Rural, y el gobierno envía al ejército, que cumpliendo una especie de “función mediadora”, logra un convenio entre las partes. Retirado el ejército la patronal no cumple en absoluto el convenio, lo que desencadena la segunda huelga al año siguiente.

El gobierno envía nuevamente al ejército, que fue recibido por los huelguistas como el “mediador” que “venía a hacer cumplir el convenio del año anterior”, pero esta vez no llegará como “mediador”, sino que desencadena una feroz represión, con el fusilamiento de dirigentes huelguistas y de miles de pobres paisanos, sin juicio ni motivo, inocentes o culpables. Al finalizare la revuelta, el teniente coronel Varela, jefe de la operación militar, fue homenajeado en la Sociedad Rural con una cena, al final de la cual escuchó cantar a los presentes: “he is a really good feller” y “Good save the queen” .

Un gaucho noble,llamado Facón Grande

El noble "Facón Grande".

En la zona de de Puerto Deseado, los huelguistas había elegido como dirigente a José Font, un gaucho entrerriano, domador, que por esa época se desempañaba en la Patagonia como “carrero”, transportando mercadería por cuenta propia en aquellas inmensas distancias.

Jose Font no era “un revoltoso”. De gran ascendiente entre la gente humilde por su condición natural “hombre de palabra”, lo llamaban “Facón Grande” por su costumbre de llevar un cuchillo cruzado en su faja.

Cuando Facón Grande reconoce que no tenía enfrente a la policía si no al ejercito, acepta el “arreglo” propuesto por un mediador, y se entrega con toda su gente, sus armas y sus caballadas.

Al entregarse Facón Grande ante el teniente coronel Varela, le extiende la mano presentándose, pero Varela desprecia el saludo y en cambio lo hace apartar y lo llevan a un galpón donde lo golpean y manean con alambre. No iba a permitirse Varlela trato con un “civilacho”.

Facón grande es luego cargado atado a la caja de un camión y llevado a poca distancia es fusilado son más trámite. Para mayor escarmiento y degradación, le quitan la faja para que, al ser fusilado, se le caigan las bombachas que inútilmente trataba de sostener con sus manos atadas, para tapar su vergüenza.

Así muere como tantos otros, uno de nuestros paisanos.

JOSÉ FONT, "FACÓN GRANDE"( por Osvaldo Bayer, Página/12, 9/10/93)

José Font era un hombre de buen pasar económico: era el dueño de una tropa de carros laneros que transportaban los fardos de lana de las estancias desde la precordillera a puerto Deseado y a San Julián. Sin embargo, su único lujo era un facón que llevaba cruzado en la espalda.

Cuando algunos peones rurales se presentaron frente a Facón Grande para que los representara sindicalmente, el gaucho no dudó un minuto en hacerlo: en ese momento, Yrigoyen ya había mandado al Teniente Coronel Varela a reprimir a los revolucionarios patagónicos, y Gran Bretaña también había amenazado con enviar buques desde las Islas Malvinas para defender las propiedades de los estancieros.

Varela había recibido la información de que la columna de Facón Grande acampaba en Tehuelches, y allí le ordena a sus soldados una descarga cerrada contra ellos, aunque el gaucho los enfrenta y hace que las tropas se retiren rápidamente hacia Jaramillo. En esa hecho mueren tres huelguistas y un soldado.

Varela, entonces, hace atraer a Facón grande hacia Jaramillo con la propuesta de negociar las condiciones de la huelga. Cuando se encuentra, el militar ordena su detención. Facón Grande siempre le reprochó a Varela su falta de hombría por la forma en que lo detuvieron.

Tiempo después, en 1921, Facón Grande es llevado junto a un grupo de compañeros a un cañadón de la estancia de Cimadevilla, y allí son fusilados. Ese lugar es recordado con el nombre "cañadón de la muerte." Por su parte, Varela envía un comunicado diciendo que Facón Grande fue muerto en combate, y sus pertenencias fueron dadas en administración al Estado, aunque a algunos administradores, "se les pierden" algunas cosas.

Años después, dos chatas de Facón quedaron abandonadas en el camino y sirvieron para la orientación de viajeros. Junto a ellas, el herrero Kuney levantó una herrería, y ese lugar será el pueblo de "Cañadón León", aunque oficialmente lleva el nombre de un militar de la Década Infame: Gobernador Gregores.

Buscando huellas en la ruta patagónica (Por Mariano Blejman)

Con 80 años recién cumplidos Osvaldo Bayer volvió a los sitios de los fusilamientos del ’21.

El escritor recorrió Comodoro Rivadavia, Jaramillo, Piedra Buena, Río Gallegos, Calafate y San Julián.

"A los caídos por la liberta", decía la única cruz que quedaba en una fosa común patagónica donde se enterró a un centenar de obreros patagónicos fusilados en 1921, durante el gobierno de Hipólito Yrigoyen por el teniente coronel Varela, con la anuencia de los estancieros británicos. El escritor y periodista Osvaldo Bayer encontró esa cruz hace ya tres décadas, pero sigue recordando la frase cada vez que puede como esas marcas indelebles de la historia que, al fin y al cabo, terminaría convirtiéndose en su propia cruz (mal que le pese a este hombre agnóstico). Es una frase que le gusta repetir: cruz, justamente ésta, la que se llevaron de recordatorio a Jaramillo, cuenta Bayer, otro de los pueblos del sur argentino que vivieron en carne propia las huelgas patagónicas que dieron pie a la sólida obra de Bayer sobre la Patagonia Trágica. Y ahora vuelve al lugar, con 80 años recién cumplidos, como protagonista del documental La vuelta de Osvaldo Bayer y propone dejar una réplica de esa cruz en uno de los lugares del hecho.

Pero lo de la cruz y su recuerdo es apenas una anécdota. Los datos fríos hablan de 1500 peones rurales fusilados por las fuerzas del gobierno de Yrigoyen y el estímulo de los estancieros ingleses (acostumbrados al fin y al cabo a tratar como esclavos a sus empleados) para aplicar la ley marcial contra los insubordinados, mayoritariamente anarquistas. Y la presencia de un hombre capaz de cambiar la historia convierte el viaje en una potente cuatro por cuatro en una postal de la coherencia y la perseverancia. La propuesta fue realizar junto a Bayer un recorrido profundo por aquellos lugares que él había comenzado a recorrer en 1968, cuando todavía vivían varios testigos de la matanza de obreros patagónicos que luchaban por mejores condiciones laborales.

En noviembre de 2006, Bayer recorrió Comodoro Rivadavia, Jaramillo, Piedra Buena, Río Gallegos, Calafate y San Julián; y visitó –junto al doctor Suárez Samper, médico y estanciero, que ayudó a Bayer con su investigación– los archivos gráficos, sonoros y de imagen, tanto públicos como privados, relatando para la cámara su versión en los escenarios donde sucedieron los hechos. Además de los antecedentes históricos, Bayer cuenta en la filmación anécdotas de la investigación y también del rodaje de la película La Patagonia rebelde, filmada en el ’73 y el ’74 por Héctor Olivera y estrenada en 1974, mientras Perón todavía ejercía su tercera presidencia. Entrevista también al ex gobernador de la provincia Jorge Cepernic, que ayudó a la filmación de la película, a pesar de recibir presiones de las Fuerzas Armadas para que no se siguiera rodando, y que luego estaría preso ocho años, la mayoría durante la última dictadura militar. Como es sabido, Bayer tuvo que exiliarse en Alemania.

La tenacidad del escritor ha dado sus frutos. Como producto de la investigación de Bayer hay un monumento a José Font y un colegio agropecuario con su nombre, en Río Gallegos hay una calle que lleva el nombre de Antonio "El Gallego" Soto (Bayer entrevista también a su hija Isabel, quien supo gracias al escritor de la existencia de otra familia de Soto), y también una calle con el nombre de Facón Grande, que luchó contra las fuerzas militares. En la tumba masiva de La Anita se hizo una escultura y en Jaramillo la vieja estación de trenes, escenario de enfrentamientos, será próximamente el Museo Facón Grande.

Además de las entrevistas históricas al nieto del soldado Gabino Pérez, Sebastián Cifuentes; la nieta del vasco Zurutuza, compañero de Soto, Liliana Zurutuza; la hija del capitán Viñas Ibarra, Elvira Viñas Ibarra; hay acaso, tantos años después, dos momentos de interesante tensión en el documental: uno sucede cuando Bayer encuentra al historiador Osvaldo Topcic y le pregunta sobre el destino de los archivos oficiales, fuente de Bayer para sus investigaciones. Topcic cuenta que fue un juez federal de Río Gallegos quien se los dio y los pone a disposición de Bayer "para cuando los necesite". Acto seguido, Bayer visita el archivo de Río Gallegos y pide que restituyan a su lugar de origen los archivos que cambiaron de "dueño" durante la dictadura. Pero Bayer no se agota en la denuncia y ya mismo propone (ésa ha sido la metodología del impaciente historiador: denunciar y proponer) que sean excavadas las tumbas masivas de la Estancia La Anita en el Calafate.

Y entonces aprovecha la ocasión para entrevistar a Federico Braun, descendiente de la familia Braun Menéndez, actual dueño de La Anónima Exportadora e Importadora del Sur y de Estancia la Anita, cuyos antecesores fueron responsables –o al menos instigadores– de tantas muertes. Dentro del marco de la corrección política, la conversación entre Federico Braun y Bayer no tiene desperdicio. Braun asegura que en su familia jamás fue un tema presente, que él compró la estancia a una parte de su familia hace unos años, y que por lo tanto no tiene por qué tener culpa alguna sobre lo sucedido. Bayer le pregunta si estaría dispuesto a organizar a los trabajadores, a lo que Braun se niega y Bayer le sugiere que hay que "trabajar y repartir". Braun le dice, justamente, que el año pasado pagaron 100 millones de pesos en impuestos, y que ésa es una forma de contribuir a la distribución de la riqueza. "Bueno... –le responde Bayer, al gentil hombre de traje–, hay formas y formas".(Página/12, 20/02/07)

LAS UNICAS DIGNAS

"... Cumplida la carnicería, el paternal Varela consideró pertinente, para solaz y esparcimiento de sus subordinados, enviarlos de visita a los prostíbulos de la zona. Paulina Rovira, encargada de la casa de tolerancia "La Catalana" en San Julián recibe el aviso. Pero, las cinco pupilas del establecimiento se le rebelan. Llegada la tropa, las mujeres esgrimen palos y escobas y al grito de: "¡Asesinos. Cabrones. No nos acostamos con asesinos!" rechazan a los soldados.

Van presas.Son las únicas voces de repudio en medio del silencio de la sociedad cómplice. Temiendo que el episodio se difundiera se las deja en libertad... total ... era la opinión de cinco pobres mujeres..." Sus nombres: Consuelo García, Ángela Fortunato, Amalia Rodríguez, María Juliache y Maud Foster.
(De "La Patagonia Rebelde" de Osvaldo Bayer)

Testimonio sobre Facón Grande
(Reportaje hecho a Prudencio Moreno, poblador patagónico)

Don Prudencio Moreno llegó de España en 1920. Venía desde Barcelona - España. Había nacido con el siglo. Falleció en Gobernador Gregores - Santa Cruz - en el año 1996. Nosotros lo entrevistamos y filmamos en su domicilio a mediados de 1995. Su casa era un verdadero museo ... desde sus muebles hasta sus cuadros y dibujos.

Nos habló bastante sobre la figura de José Font. El material completo de esta entrevista se encuentra disponible en nuestro incipiente centro de información. Compartimos con ustedes fragmentos de esta entrevista.-

"¡ Qué mal estoy ¡ (se lamenta por su salud y su memoria). Estoy prevenido (mientras saca un ayudamemoria o "machete" de su bolsillo)."

"Yo llegué en el año ’20 y entré a trabajar aquí en la sucesión. Yo era el ovejero que tenía que recorrer el campo y también por arriba de la meseta. Parece que les pagaban muy poco. Se abusaban mucho de la gente. Entonces por eso es que fue general en toda la parte sur de Santa Cruz. Pagaban mal y les daban cueros nomás para que durmieran. Si hubieran sido cueros limpios no era nada ... No desinfestaban (sic) nada.

La cuestión que se formalizó una huelga para el año 1920.

El grupo que agarraron aquí en la Isla Fea (estancia Bella Vista) era de seiscientos hombres, y se habían juntado en la zona de Puerto Santa Cruz y Piedra Buena. La desgracia de ellos fue que quisieron enfrentar a la tropa. Quisieron arreglar ... ¡qué arreglar! Si ya habían entrado allá en el Lago Argentino. Los huelguistas querían meterse en la cordillera, pero no les dieron lugar. Los de la tropa eran mejores tiradores. Entre los huelguistas también había buenos tiradores. Como había que vivir en la campaña todos tenían sus winchester ... era algo vulgar y corriente. No había hombre de campo que no tuviese su revólver Colt o Smith & Wethson. Así que ahí se agarraron a tiros. Los soldados traían el arma último modelo."

"¡ Facón Grande !(sobrenombre de José Font). Estaba junto con el herrero ... eran muy amigos con Kuney. Antes de venir aquí habían trabajado en la zona de Deseado. Facón Grande siempre fue hombre de la huella. Él fleteaba con tres chatas.

Muy buen hombre era Facón Grande. A él lo mataron en la huelga en Jaramillo. Se fue con dos peones que tenía y se fue como jefe del grupo. Era fiel. Nunca se abusó de un hombre. Y si era de poco espíritu menos... aunque le hubiera hecho algún daño. Él tenía la costumbre de usar un facó

EL GAUCHITO ANTONIO "CURUZÚ" GIL


Nos cuenta Félix Coluccio que el gaucho Antonio Mamerto Gil Núñez, o Antonio Gil, o Curuzú Gil (Cruz en guaraní)tenía a mediados del siglo pasado, una banda que "despojaba de dinero a los ricos para dárselo a los pobres". La denominación "curuzú" significa cruz.

Se cree que nació en el departamento correntino de Mercedes (antes denominado Pay Ubre), en cuyo cementerio se encuentra su cuerpo; murió un 8 de enero de 1878.

Su mayor trascendencia transcurrió entre 1840 y 1860, época de caudillos y montoneras. Su vida está envuelta en mil enredos, se dice que fue peón explotado que se volvió matrero, también que actuó en la Guerra del Paraguay bajo las órdenes del General Madariaga, y que fue ejecutado por desertor.

Según contaba doña Anabel Miraflores, su madre Estrella Díaz de Miraflores, una rica estanciera, tuvo amoríos con Gil, y a la vez era pretendida por el comisario del pago. Esta situación, más el odio que le tenían los hermanos de la estanciera, hizo que el Curuzú huyera de Pay Ubre y se fuera a alistarse en la Guerra del Paraguay.

Los federales litoraleños, después de la caída de Rosas, se dividieron en Rojos (tradicionales de la divisa punzó o autonomistas) y Celestes (liberales), según cuentan las historias, Gil fue reclutado por los celestes del coronel Juan de la Cruz Salazar, y como el gauchito era netamente colorado, aprovechó un descuido y se dio a la fuga con el mestizo Ramiro Pardo y el criollo Francisco Gonçalvez; compañeros a los que el derrotero convirtió en cuatreros famosos. Sus compinches fueron muertos a tiros de trabuco y el gaucho fue detenido y llevado a Goya. A pesar de la intercesión del Coronel Velázquez, en el camino, fue colgado cabeza abajo desde un algarrobo (en camino a Goya, a unos 8 kilómetros de Mercedes) y degollado.

Aparentemente fue colgado de esa forma para evitar los supuestos poderes hipnóticos que tenía y para que no influyera el payé de San la Muerte que tenía colgado al cuello.

Su primer acto milagroso sucedió momentos antes de su muerte. El dijo a su futuro verdugo que una vez que le diera muerte, iba a ir a su casa y encontraría a su hijo muy enfermo, pero que si lo invocaba, sanaría. Una vez decapitado, el comandante llevó la cabeza en sus alforjas a Goya, y el verdugo no dejó el cuerpo a las alimañas, dándole sepultura. Este mismo sargento-verdugo al llegar a su casa vió que sucedía lo que dijo el gauchito, entonces, volvió al lugar de la ejecución y puso una cruz de espinillo (algunos dicen que de ñandubay); al poco tiempo la gente comenzó a visitar el algarrobo y la tumba, dejando ex-votos y velas encendidas.

Los dueños del campo, de apellido Speroni, al ver el peligro que significaban las velas encendidas en el campo, hicieron trasladar la tumba al cementerio de Mercedes... pero al poco tiempo cayó gravemente enfermo con un mal que degeneró en locura, los médicos lo desahuciaron y él, en un momento de lucidez, prometió que si el gauchito lo sacaba de la cruel y desconocida enfermedad, le haría un monumento fúnebre... al momento curó y edificó un pequeño santuario de piedra que aún hoy se puede observar... de allí en más fueron varios lo milagros del gaucho y su culto se expandió por gran parte del territorio argentino. Actualmente compite cabeza a cabeza con otra creencia popular de magnitud: la Difunta Correa.
n grande en la cintura. Y como andaba sin saco, ahí se le veía que atravesaba un tremendo facón.

Era bravo. Cuando tenía razón era bravo. Pero no mató a nadie ... ni con facón grande ni con facón chico. Era un trabajador.

Era valiente. No le habían puesto de gusto el nombre.

La cosa que a Facón Grande fue una muerte criminal la que le dieron. Él mismo fue a buscar la muerte. Él pensaba que iba a arreglar."
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