Los túneles coloniales de Maldonado no son sólo una tradición oral. También hay vestigios arqueológicos que avalan su existencia. ¿Para qué sirvieron? ¿Dónde se encuentran? Una comisión intenta aclararlo desde hace más de un año.
Durante la época de la conquista española, Maldonado fue la segunda ciudad más importante del país. Fundada en 1757, luego que el primer gobernador de Montevideo, José Joaquín de Viana, trasladara un puñado de indios guaraníes a donde hoy se ubica el casco histórico de la ciudad, Maldonado nunca tuvo los imponentes fuertes que sí existieron en Montevideo.
Sin embargo, la Corona siempre se preocupó por el desarrollo de los fernandinos (gentilicio utilizado en homenaje a Fernando VI), lo que se constata en los edificios instalados alrededor de la plaza y en otras construcciones y baterías de cañones que fueron instaladas tanto en tierra como en la Isla Gorriti para repeler el asedio de potencias enemigas.
Mucho se ha escrito de la historia fernandina. Sin embargo, poco y nada se sabe del sistema de túneles que, al igual que en Montevideo, unió a varios edificios de la ciudad.
¿Por qué nadie habla de ello? Porque históricamente, los túneles tuvieron propósitos militares o clandestinos. Y porque actualmente se encuentran, ya sea en tramos transitables, tapiados o inundados, bajo edificios públicos como el Banco República y la jefatura de Policía de Maldonado.
Probablemente nadie llegue a través de ellos a las bóvedas del banco, o a escapar del calabozo de la Jefatura. Sin embargo, 200 años después, siguen siendo un tema tabú.
También existe un conflicto de intereses arqueológicos y patrimoniales, enfrentados a la imaginación e información ciudadana que aportan personas que han visitado e incluso fotografiado estas galerías.
LA COMISIÓN. Desde hace más de un año, la Comisión de Investigaciones Subterráneas ha estado estudiando la red de túneles, aljibes y bóvedas.
En todo este tiempo, recogió numerosos testimonios de personas a las que "les contaron" sobre las construcciones, o que estuvieron en ellas y aportan descripciones similares o casi idénticas.
La comisión cuenta con un archivo grabado, filmado y de fotografías de los lugares. Ha podido trabajar con un georradar (que detecta la topografía del subsuelo) y tiene el respaldo de la Dirección General de Cultura de la Intendencia de Maldonado.
Entre otras cosas, ha logrado ingresar a dos cámaras subterráneas que se encuentran bajo el Cuartel de Dragones, construido entre 1771 y 1797, que se supone podrían ser cámaras sépticas que sirvieron a ese asentamiento militar.
"Lo que hay es una aproximación, todavía no sistematizada, de los túneles que hay a nivel de tradición oral. Se está trabajando para dejar una información de lo que pueden ser leyendas urbanas, existan o no existan los túneles", declaró a El País la arqueóloga Carmen Curbelo, asesora de la comisión.
En el grupo de investigadores hay mucha expectativa. "No sabemos que sean cámaras sépticas, se está a determinar su función. Una de las bóvedas estaba inundada. La otra fue modificada probablemente cuando se hizo la reconstrucción del cuartel, porque tampoco existen planos. Poner en valor esas bóvedas sería muy interesante al turismo cultural", destacó Estela Baquet, alma mater de la comisión.
"La primera de las bóvedas mi padre la vio abrir en 1924. Sacaron empuñaduras de espada y monedas, bajaron con velas. A una de ellas la desagotamos nosotros", añadió Baquet.
EL MAPA. El investigador Andrés Barrera ha realizado varios trabajos independientes en Montevideo y recientemente viajó a Maldonado invitado por la comisión. Barrera señaló a El País que existen elementos para afirmar que alguna vez estuvieron conectados el Cuartel de Dragones con la Iglesia, la Jefatura de Policía, el actual Banco República y la antigua Casa del Gobernador.
También habría túneles en la zona de la Torre del Vigía, desde donde existía una perfecta visual del puerto y se podía identificar a las naves enemigas. Éstos se conectarían con el cuartel, que llegó a refugiar al general José Artigas.
Barrera no descartó que las bóvedas que están bajo el Cuartel de Dragones sean cámaras sépticas, aunque dijo que también podrían haber sido pensadas como refugios antibombas, pues se encuentran apartadas del cuerpo central del edificio, bajo la vereda.
"Si alguien bombardeaba el cuartel, apuntaba a las construcciones principales", explicó.
Sobre la iglesia, Baquet añadió: "Las fortificaciones más efectivas eran las iglesias, que eran de difícil acceso y de material. No olvidemos que estamos hablando de un Cuartel de Dragones de fajina y techo de paja que no le ofrecía resistencia a nadie".
La teoría de los aljibes conectados
El investigador Andrés Barrera explicó que a muchos de los túneles, tanto en Maldonado como en Montevideo, se ingresaba por aljibes. Por lo tanto, estos manantiales siguen siendo puertas a estos pasadizos subterráneos.
Se da el nombre de "aljibe" a todo conjunto formado por un brocal y una cisterna. El brocal es la parte superior, angosta y recta, y la cisterna la inferior, más expandida.
Este modelo de construcción hace que muchas veces parezca que los aljibes tienen grandes cantidades de agua, cuando en realidad no tienen más que 60 centímetros de profundidad. Lo necesario para que irrumpa el balde. También impiden que, desde la superficie, se pueda ver la entrada a los túneles que tenían sus puertas a un costado de la cisterna.
Estos pasadizos no sólo se construían para ser transitados, sino también para retirar el aire viciado hacia otro aljibe que actuaba como una ventilación. El sistema evitaba, además, que el agua se estancara y que los aljibes se rebasaran con las lluvias.
Y era una fuente de transmisión de enfermedades para todos los que tomaban de los pozos conectados por la red subterránea.
Entrada a la bóveda ( parte de un túnel) bajo la casa de Gorlero en Maldonado.
Interior de bóveda bajo la Casa de Gorlero
Entrada a la bóveda( ex túnel) del museo Uriburu
Pasaje subterráneo bajo el molino lavagna en San Carlos
Otro pasaje subterráneo bajo el molino lavagna
Vean el tamaño de estos ladrillos pegados con barro, y con doscientos cincuenta años de antigüedad por lo menos, se encuentran en una bóveda subterránea en la ciudad de Maldonado, siendo parte de un túnel que se dirigía hacia el sur y el norte
Durante la época de la conquista española, Maldonado fue la segunda ciudad más importante del país. Fundada en 1757, luego que el primer gobernador de Montevideo, José Joaquín de Viana, trasladara un puñado de indios guaraníes a donde hoy se ubica el casco histórico de la ciudad, Maldonado nunca tuvo los imponentes fuertes que sí existieron en Montevideo.
Sin embargo, la Corona siempre se preocupó por el desarrollo de los fernandinos (gentilicio utilizado en homenaje a Fernando VI), lo que se constata en los edificios instalados alrededor de la plaza y en otras construcciones y baterías de cañones que fueron instaladas tanto en tierra como en la Isla Gorriti para repeler el asedio de potencias enemigas.
Mucho se ha escrito de la historia fernandina. Sin embargo, poco y nada se sabe del sistema de túneles que, al igual que en Montevideo, unió a varios edificios de la ciudad.
¿Por qué nadie habla de ello? Porque históricamente, los túneles tuvieron propósitos militares o clandestinos. Y porque actualmente se encuentran, ya sea en tramos transitables, tapiados o inundados, bajo edificios públicos como el Banco República y la jefatura de Policía de Maldonado.
Probablemente nadie llegue a través de ellos a las bóvedas del banco, o a escapar del calabozo de la Jefatura. Sin embargo, 200 años después, siguen siendo un tema tabú.
También existe un conflicto de intereses arqueológicos y patrimoniales, enfrentados a la imaginación e información ciudadana que aportan personas que han visitado e incluso fotografiado estas galerías.
LA COMISIÓN. Desde hace más de un año, la Comisión de Investigaciones Subterráneas ha estado estudiando la red de túneles, aljibes y bóvedas.
En todo este tiempo, recogió numerosos testimonios de personas a las que "les contaron" sobre las construcciones, o que estuvieron en ellas y aportan descripciones similares o casi idénticas.
La comisión cuenta con un archivo grabado, filmado y de fotografías de los lugares. Ha podido trabajar con un georradar (que detecta la topografía del subsuelo) y tiene el respaldo de la Dirección General de Cultura de la Intendencia de Maldonado.
Entre otras cosas, ha logrado ingresar a dos cámaras subterráneas que se encuentran bajo el Cuartel de Dragones, construido entre 1771 y 1797, que se supone podrían ser cámaras sépticas que sirvieron a ese asentamiento militar.
"Lo que hay es una aproximación, todavía no sistematizada, de los túneles que hay a nivel de tradición oral. Se está trabajando para dejar una información de lo que pueden ser leyendas urbanas, existan o no existan los túneles", declaró a El País la arqueóloga Carmen Curbelo, asesora de la comisión.
En el grupo de investigadores hay mucha expectativa. "No sabemos que sean cámaras sépticas, se está a determinar su función. Una de las bóvedas estaba inundada. La otra fue modificada probablemente cuando se hizo la reconstrucción del cuartel, porque tampoco existen planos. Poner en valor esas bóvedas sería muy interesante al turismo cultural", destacó Estela Baquet, alma mater de la comisión.
"La primera de las bóvedas mi padre la vio abrir en 1924. Sacaron empuñaduras de espada y monedas, bajaron con velas. A una de ellas la desagotamos nosotros", añadió Baquet.
EL MAPA. El investigador Andrés Barrera ha realizado varios trabajos independientes en Montevideo y recientemente viajó a Maldonado invitado por la comisión. Barrera señaló a El País que existen elementos para afirmar que alguna vez estuvieron conectados el Cuartel de Dragones con la Iglesia, la Jefatura de Policía, el actual Banco República y la antigua Casa del Gobernador.
También habría túneles en la zona de la Torre del Vigía, desde donde existía una perfecta visual del puerto y se podía identificar a las naves enemigas. Éstos se conectarían con el cuartel, que llegó a refugiar al general José Artigas.
Barrera no descartó que las bóvedas que están bajo el Cuartel de Dragones sean cámaras sépticas, aunque dijo que también podrían haber sido pensadas como refugios antibombas, pues se encuentran apartadas del cuerpo central del edificio, bajo la vereda.
"Si alguien bombardeaba el cuartel, apuntaba a las construcciones principales", explicó.
Sobre la iglesia, Baquet añadió: "Las fortificaciones más efectivas eran las iglesias, que eran de difícil acceso y de material. No olvidemos que estamos hablando de un Cuartel de Dragones de fajina y techo de paja que no le ofrecía resistencia a nadie".
La teoría de los aljibes conectados
El investigador Andrés Barrera explicó que a muchos de los túneles, tanto en Maldonado como en Montevideo, se ingresaba por aljibes. Por lo tanto, estos manantiales siguen siendo puertas a estos pasadizos subterráneos.
Se da el nombre de "aljibe" a todo conjunto formado por un brocal y una cisterna. El brocal es la parte superior, angosta y recta, y la cisterna la inferior, más expandida.
Este modelo de construcción hace que muchas veces parezca que los aljibes tienen grandes cantidades de agua, cuando en realidad no tienen más que 60 centímetros de profundidad. Lo necesario para que irrumpa el balde. También impiden que, desde la superficie, se pueda ver la entrada a los túneles que tenían sus puertas a un costado de la cisterna.
Estos pasadizos no sólo se construían para ser transitados, sino también para retirar el aire viciado hacia otro aljibe que actuaba como una ventilación. El sistema evitaba, además, que el agua se estancara y que los aljibes se rebasaran con las lluvias.
Y era una fuente de transmisión de enfermedades para todos los que tomaban de los pozos conectados por la red subterránea.
Entrada a la bóveda ( parte de un túnel) bajo la casa de Gorlero en Maldonado.
Interior de bóveda bajo la Casa de Gorlero
Entrada a la bóveda( ex túnel) del museo Uriburu
Pasaje subterráneo bajo el molino lavagna en San Carlos
Otro pasaje subterráneo bajo el molino lavagna
Vean el tamaño de estos ladrillos pegados con barro, y con doscientos cincuenta años de antigüedad por lo menos, se encuentran en una bóveda subterránea en la ciudad de Maldonado, siendo parte de un túnel que se dirigía hacia el sur y el norte