

No, no tienes que beber ocho vasos de agua al día
El autor de un libro sobre mitos médicos explica por qué este se resiste a morir
Si hay un mito sobre la salud que se niega a desaparecer, es este: hay que beber ocho vasos de agua al día.
Es sencillamente falso. No hay ninguna evidencia científica que lo respalde.
Y, sin embargo, todos los veranos nos inundan con noticias en los medios de comunicación que nos advierten de que la deshidratación es peligrosa y que está por todas partes.
Estas noticias crean el temor a que haya adultos y niños, por lo demás sanos, que van por ahí deshidratados, e incluso de que la deshidratación ha alcanzado proporciones de epidemia.
Muchos creen que el origen de este mito es una recomendación del Consejo de Alimentación y Nutrición de 1945 que decía que las personas necesitan unos 2,5 litros de agua al día. Pero pasa por alto la frase que aparecía a renglón seguido: “La mayor parte de esta cantidad está contenida en alimentos preparados”.
El agua está presente en la fruta y en la verdura. Está en el zumo, en el cromo, en la cerveza, e incluso en el té y en el café. Y antes de que alguien me escriba para decirme que el café deshidrata, que sepa que las investigaciones demuestran que eso tampoco es cierto.
Aunque recomendaba el agua como la mejor bebida que se puede consumir, no hay duda de que no es la única fuente de hidratación. No tenemos que consumir toda el agua que necesitamos a través de bebidas. Tampoco hay que preocuparse tanto por no tener nunca sed. El cuerpo humano está perfectamente equipado para indicarnos que tenemos que beber mucho antes de que lleguemos realmente a deshidratarnos.
Los estudios prospectivos no encuentran beneficios para la función renal o para la mortalidad por cualquier tipo de causa cuando las personas sanas aumentan su consumo de fluidos. Los ensayos controlados aleatorios tampoco encuentran beneficios, con la excepción de algunos casos específicos, como, por ejemplo, prevenir la reaparición de algunas clases de piedras del riñón. La deshidratación real, cuando el cuerpo ha perdido una cantidad importante de agua debido a alguna enfermedad, o al ejercicio o el sudor excesivos, o por una incapacidad para beber, es un problema grave. Pero las personas que sufren deshidratación clínica casi siempre muestran síntomas de algún tipo.
Un importante número de anunciantes y de noticias de los medios de comunicación intentan convencernos de lo contrario. El número de personas que llevan agua encima cada día parece aumentar año tras año. Y las ventas de agua embotellada siguen subiendo
Nada de esto ha frenado la oleada de recomendaciones para que bebamos más agua, e incluso ha formado parte de la campaña Drink Up
de Michelle Obama. En 2013, Sam Kass, entonces asesor de política nutricional de la Casa Blanca, declaraba: “El 40% de los estadounidenses bebe menos de la mitad de la cantidad recomendada de agua a diario”.
No existe una recomendación formal respecto a la cantidad de agua diaria que las personas necesitan. Esa cantidad, obviamente, varía en función de lo que come la gente, de dónde vive, de su peso y de lo que está haciendo. Pero como la gente en Estados Unidos vive más tiempo que nunca, y supuestamente puede acceder a las bebidas más libremente que prácticamente en cualquier época de la historia humana, simplemente no es cierto que estemos todos deshidratados

