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Ines de Castro, la reina muerta!

Info1/9/2011
Cuando en el año 1.320 nace en la comarca gallega de A Limia una niña a la que le ponen de nombre Inés de Castro nadie podía imaginar que entraría en la historia, años más tarde, como la mujer que reinó después de muerta, ni que sería la protagonista de una de la más bella historia de amor que se pueda conocer.
Hija natural de Pedro Fernández de Castro y Aldonza Soares de Valladares, emparentada con la familia real castellana queda huérfana de madre siendo muy niña por lo que es llevada a Valladolid, en concreto al castillo de Peñafiel, donde creció en compañía de Constanza Manuel, la que más tarde sería su rival.




Ines de Castro.

Inés de Castro vivió con Constanza Manuel, hija del duque y prima suya. Constanza se había negado varias veces a contraer matrimonio, hasta que decidió casarse con Pedro, infante de Portugal y posteriormente rey. Constanza nombró a Inés su Primera Dama, para que pudiera acompañarla. En el momento de su llegada a la corte de Alfonso IV, se encendió una gran pasión en Pedro, el heredero al trono. Inés de Castro, amada apasionadamente por Pedro, se dio cuenta de que ella también estaba enamorada del joven heredero. Pero, tras casarse este con su prima Constanza, decidió por un tiempo mantenerse al margen; al principio, Pedro de Portugal se entregó a sus deberes sexuales con su esposa, hasta que el deseo fue más fuerte. En sus Diarios, Inés de Castro confiesa:
“Lentamente acercó sus labios a mi blanca piel y me desvistió. Como amantes, nos olvidamos de todo: de Constanza, del rey, de los criados que caminaban silenciosos. Jamás existió músico alguno capaz de componer melodía tan dulce, tan perfecta”.

Lo cierto es que los amores de Inés y de Pedro desataron los celos de Constanza, quien finalmente quedó embarazada. La relación con su prima fue enfriándose, pues su esposo prefería la compañía de su amante que la de su esposa. Constanza dio a luz a tres hijos: el primero murió a los pocos días de nacer; el segundo viviría y llevó el nombre de Fernando; en su tercer parto, Constanza dio a luz a una niña; sin embargo, murió a consecuencia del parto el 13 de noviembre de 1345.


Constanza Manuel.

Pedro de Portugal lloró a su esposa; guardó el luto y después se dedicó a amar a Inés de Castro. No consideraban prudente que la desposara, pero ella era, de facto, la esposa del príncipe. Inés y Pedro tuvieron varios hijos: Alfonso, Beatriz, Juan y Dionisio.
Nueve años después de la muerte de Constanza, Pedro se casó por fin con la que había sido durante tanto tiempo su amante, santificando su unión ante el obispo de Guarda y de algunos servidores; pero si la unión fue bendecida, ningún documento pudo presentarse que lo probara; nada especificó los derechos que adquirían la nueva esposa y sus hijos.


Pedro de Prtugal
En 1355, el rey Alfonso IV “El Bravo”, padre de Pedro, había trasladado su corte a Montemor-o-Velho. Varios personajes influyentes, enemigos de la familia De Castro, persuadieron al rey de que era preciso disminuir las pretensiones de aquella casa poderosa que se hacía temer tanto en Castilla como en Portugal. El rey prestó oídos a los conspiradores, quienes le dijeron que el medio más seguro era asesinar a Inés, quien terminaría por subir al trono de Portugal. Los principales instigadores de este atentado fueron tres hombres: Alonso Gonçálvez, Pedro Coelho y Diego López Pacheco. Dudó el rey Alfonso, pues sabía que eso pondría en peligro a su nieto, el hijo de la difunta Constanza, y además consideraba cruel matar a una mujer inocente, que además era su nuera, y a quien su hijo adoraba.
El 7 de enero de 1355, el rey aprovechó que su hijo Pedro había organizado una cacería, y se dirigió al Monasterio de Santa Clara, , en Coimbra. Cuando Inés supo de su llegada y sus intenciones, se rodeó de sus hijos, a quien supo conmover con lágrimas y súplicas. El rey decidió marcharse, Gonzálvez, Coelho y López Pacheco, le suplicaron que los enviase a matarla. Presionado, el rey accedió.
Los hombres regresaron al convento, entraron donde estaba Inés y empezaron a apuñalarla delante de sus hijos. Como no moría, la arrastraron del cabello hasta los jardines del convento. Siguieron apuñalándola; Inés gritaba de dolor y luchaba por su vida. Sus hijos seguían observando la escena. Exhaustos, los hombres comenzaron a cortarle el cuello con sus cuchillos. Inés seguía debatiéndose y con cada grito y cada respiración, brotaba un chorro de sangre de su garganta. Entre los tres usaron sus armas hasta casi cercenar la cabeza de Inés. Bañados en sangre, montaron sus caballos y se marcharon.


La súplica de Ines.

Cuando Pedro regresó, se encontró con la terrible noticia: sus hijos estaban encerrados en una habitación y el cadáver de su esposa, destrozado, yacía en uno de los salones. Pedro de Portugal enloqueció de dolor. Juró ante el cuerpo vengarse.
Pedro de Portugal reunió a su ejército y partió a luchar contra su propio padre.
lfonso IV buscó la reconciliación; un tiempo pareció que eso ocurriría, pero en su hijo pesó más el odio por la muerte de su amada, y la guerra continuó. Agobiado por el peso del odio de su hijo, Alfonso IV murió en Lisboa en 1357.


Castillo.

Pedro ascendió entonces al trono de Portugal. Lo primero que hizo fue buscar y capturar a los asesinos de Inés; uno de ellos consiguió escapar. Los otros dos fueron capturados. Ordenó que a ambos se les torturara durante días en las mazmorras del Castillo. Una vez que sus cuerpos estaban rotos y sangrantes, Pedro Coelho y Diego López Pacheco fueron llevados a la plaza pública, donde expiaron de un modo terrible su crimen: al primero le fue arrancado el corazón por el pecho, y al segundo por la espalda. Una vez arrancado el corazón, cada uno tuvo aún unos segundos de vida para ver cómo, frente a ellos, el rey tomaba sus corazones y les propinaba un profundo mordisco. Luego, sus cuerpos fueron colgados hasta que se pudrieron. Esto le valió el sobrenombre con el que sería conocido: Pedro I “El Cruel”.
Ordenó exhumar el cadáver de Inés se inclinó sobre el ataúd y beso los labios descarnados; años después, este hecho sería retomado por Charles Perrault para escribir la historia de la Bella Durmiente del Bosque. Pero la realidad no tenía nada de hermoso: en un acto enfermizo, dio instrucciones de que vistieran el cadáver putrefacto con la ropa de gala que se utilizaba en la coronación real; esto incluía las costosas joyas de la corona. Pedro entonces la sentó en el trono de la reina, ubicado junto al suyo, y organizó una ceremonia donde la hizo coronar ante todos sus súbditos, que no daban crédito a lo que veían. El cuerpo podrido de Inés de Castro vestía de gala y el rey incluso se permitió el detalle de besar en los labios al cadáver.
Debido a que el hedor era insoportable, rodeó el cuerpo de Inés con numerosas vasijas llenas de incienso y perfumes exóticos. Por pudor, el rostro de la reina fue cubierto con un velo negro, pero esta tela no alcanzaba a ocultar las cuencas vacías, ni el rostro deforme y podrido del cadáver. Después obligó a los cortesanos a que le rindieran pleitesía a la muerta; todos tenían que darle los honores debidos a una reina, entre ellos besar su mano. El cadáver permaneció allí por años, ante la mirada horrorizada y asqueada de sus hijos y súbditos.



Inés de Castro, “La Reina Muerta”, en su trono.

Tras morir, Pedro de Portugal fue enterrado con los honores de un rey. Suntuosos fueron también los nuevos funerales que se hicieron a Inés, El rey dispuso antes de morir que los catafalcos se tocaran los pies: quería que el día de la resurrección, al levantarse, su primera imagen a contemplar fuera la de Inés.



Un tipo bastante enfermito!! Pero asi es el amor!

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