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Leyendas urbanas

Info1/9/2011
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La abuela fallecida

Una familia normal y corriente decide, como tantas otras, marcharse de vacaciones en verano a un pequeño pueblecito perdido en la montaña. Para no dejarla sola todo el mes, la familia se lleva a la abuela con ellos, que además desde que se quedó viuda está muy triste y a cer si con los nietos se anima un poco

Todo transcurre sin problemas durante la mayor parte de la estancia, los niños disfrutando del aire libre, los padres de la tranquilidad y la abuelita de sus paseos a la puesta del sol; pero un mal día, a pocas fechas de la vuelta, la abuela no se levantó de la cama porque la pobre había pasado a mejor vida.

Como enviar un coche funerario a recoger el cadáver a un pueblo perdido de la mano de Dios les iba a salir por un ojo de la cara, porque la finada nunca había querido hacerse un seguro con una funeraria, decidieron buscarse la vida para trasladar a la abuela de vuelta a la ciudad hasta su última morada.

Por supuesto los niños no debían enterarse de nada hasta que no fuera el momento, así que en un principio pensaron en llevar a la pobre mujer en el asiento de detrás y decirles a los hijos que estaba durmiendo. Pero luego pensaron que al enterarse de la noticia, el hecho de haber viajado juento a su abuela fallecida podría provocarles un terrible trauma, así que ni cortos ni perezosos decidieron envolverla en unas mantas, subirla a la baca del coche y llevarla atada con unas cuerdas todo el viaje.

A los niños les contaron que la abuela se había quedado a pasar el resto del verano con unas amigas nuevas que había hecho en el pueblo, así que no sospecharon nada en absoluto. Parecía que todo iba a salir sin mayores complicaciones hasta que tuvieron que parar en una gasolinera para echar gasolina, tomar unos refrescos y vaciar sus vejigas. El caso es que tardaron bastante en regresar al automóvil y se dan cuenta horrorizados de que ¡Les han robado a la abuela! Imaginad la cara de los incautos ladrones que, esperando encontrar el equipaje de la familia repleto de cosas de valor se encuentran con el "regalito". El susto tuvo que ser de los que hacen afición

Por supuesto la policía tuvo que tomar cartas en el asunto, porque la desaparición de un cadáver es un tema serio, y el asunto está ahora mismo en manos de los tribunales.
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Muerte en el microondas
La leyenda urbana que quiero compartir ocurrió en Cuzco. Me la contó mi mejor amigo y el tipo es digno de credibilidad. Le ocurrió a una vecina de la compañera de habitación que tuvo su su prima una vez que la operaron de apendicitis

La muchacha en cuestión estudiaba medicina y vivía una vida agitada repartida entre sus estudios y cuidar a la hermanita de 6 años. Un día se pegó la gran borrachera con sus amigos de clase y terminó acostándose con un tipo de su agrado.

Al día siguiente, entre las nubes de la resaca, la muchacha recordó de repente que su madre estaba a punto de regresar de su guardia en el hospital, donde trabajaba en el turno de noche hasta las 8 de la mañana, por lo cual la pobre apenas sí tuvo tiempo de despedirse del sujeto y volar a su casa para que cuando la madre llegara encontrara todo sin novedad, la casa ordenada, la nena desayunándose a tiempo, y ella lista para ir a clases.

El problema fue la ducha... Faltaban ya sólo unos minutos para que la madre regresara y la chica, que gozaba de una abundante cabellera, la tenía toda mojada. Para variar, el secador se había averiado...

No sé si se debió a los efectos tardíos del alcohol o al nerviosismo que le causaba la madre, muy histérica para estas cosas, el caso es que a la chica no se le ocurrió mejor manera de secar su cabello que meter su hermosa melena al microondas. Con un poco de esfuerzo lo consiguió y programó al máximo el aparato. En cuestión de minutos, se secó completamente el cabello justo cuando la madre entró saludando a todo el mundo sin darse cuenta de nada.

Cuando nuestra amiga llegó a la facultad, estaba medio demacrada, con cara de no haber dormido nada, y tambaleándose de un lado para otro. Demasiado incluso para la resaca que podía provocar botella y media de whisky con hielo

Mi amigo estaba presente. Me contó que apenas subió las escaleras para entrar al edificio, se desplomó como un saco de patatas. Estaba muerta...

Los doctores, al realizar la autopsia,no le encontraron nada malo en el cuerpo, ni enfermedad ni razón alguna para tal muerte súbita; y hubiese quedado así de no ser porque la hermanita le contó a mamá que antes de que ella llegara se había secado el pelo en el microondas. Los doctores, practicando entonces una autopsia craneal, encontraron su cerebro totalmente abrasado.
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Macarras en apuros

En cada barrio de nuestras ciudades existe una panda de muchachos que son algo peligrosos para el resto de la gente de la barriada.

Pues bien, esta es la historia, acontecida teóricamente en Madrid, de una de estas pandillas de macarras, y de cómo su afán por demostrar su presunta hombría acabó con ellos en el hospital...después de leer la leyenda comprenderéis que si dieron con sus huesos en urgencias fue por su propia inconsciencia, que en este caso raya en la pura y simple tontería.

Un amigo de mi tío, que vivía en un barrio de la periferia de una gran ciudad, jura y perjura conocer a testigos del suceso.


La historia es, ni más ni menos, la siguiente:

A los macarras del barrio les gustaba ir de machotes intimidando a la gente y repartiendo alguna que otra galleta cuando el número de posibles victimas era inferior a dos. La cuestión es que la moda de las punteras de acero en las botas estaban en auge en aquella época, así que tenían un curioso juego: cada vez que un coche pasaba a su lado metían el pie bajo la rueda y esta le pasaba por encima sin, por supuesto, hacerles el más mínimo daño.

Debía de ser bastante divertido pues lo repetían con asiduidad. Los conductores y pasajeros de los veículos no se atrevían a decirles nada. Ya sabían como se las gastaban esos niñatos. Pero una noche, cuando volvían de borrachera al barrio, la gracia les salió cara. Caminaban por la calle derribando a su paso cubos de basura y papeleras con sus bonitas botas mientras esperaban ver pasar algún coche para hacer la gracieta de marras. De pronto a los cinco energúmenos se les iluminó la cara. A pocos metros un camión de basura arrancaba para proseguir su ruta después de haber recogido unos cuantos cubos esparcidos por el suelo. Los cinco jóvenes se acercaron a la acera y plantaron el pie en el asfalto. La rueda del camión paso sobre cuatro de ellos mientras el quinto retiraba el pie a tiempo. Segundos más tarde varios vecinos se despertaron al escuchar los gritos de los cuatro energúmenos. Había ocurrido. Sus bonitas punteras de acero habían cedido ante el tonelaje del camión. El conductor del camión se asomó por la ventanilla de la cabina del camión y después de ver el percal avisó a la ambulancia desde la radio.

Pasado un rato una ambulancia recogió a los cinco gamberros y los llevó al hospital. Una vez allí los medicos tardaron casi cuatro horas en quitarles las botas. Dos de ellos acabaron mutilados perdiendo los 5 dedos del pie derecho. Otro perdió tres dedos mientras que el cuarto perdio sólo el dedo gordo puesto que las botas le venían grandes. Al quinto elemento tuvieron que reanimarle tras sufrir una bajada de tensión. A ninguno de los cinco se les volvió a ver por la zona.
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