No existe persona alguna en este mundo que no sepa lo que quiere ser. Hay siempre en nuestra vida situaciones, lugares, y personas que nos hacen latir el corazón con más fuerza y nos despiertan sentimientos profundos. Cuando esto pasa, sabemos QUÉ queremos ser en la vida.
Los sentimientos no nos permiten mentirnos, ellos nos ponen frente a frente con nuestros verdaderos deseos.
Ahora bien, es aquí donde aparece nuestra maravillosa mente y comienza a organizar lo que estamos viviendo de acuerdo con nuestras creencias limitantes. La mente relaciona el momento con otros momentos vividos anteriormente, con lo que otros nos han contado sobre sus experiencias e inclusive con hechos que aún no han sucedido, pero que creemos que sucederán a partir de esto que nos está pasando.
El pensamiento nos genera un nuevo sentimiento al juzgar e interpretar la situación y como resultado tenemos un conflicto entre el primer sentimiento que fue mucho más espontáneo y que se vincula con nuestro Ser, y el segundo sentimiento, el cual es mucho más intelectual y está vinculado con nuestro ego.
Acostumbrados a razonar y no a sentir, terminaremos por actuar de acuerdo con el sentimiento que nació de nuestro “lógico” pensamiento. El problema está en que pensamos siguiendo ciertos patrones que jamás en la vida nos hemos puesto a analizar.
Tal cosa esta bien, tal otra está mal. Esto es blanco aquello negro. Esto me gusta, esto no me gusta.
Así que más que razonar reaccionamos siguiendo un esquema, un método que limita enormemente nuestra capacidad de conocer cosas nuevas y crecer como personas. Otra veces esto genera una gran barrera entre nosotros y lo que deseamos.
Llegamos al río y al no ver el puente nos lamentamos de nuestra suerte y de lo bonito que hubiera sido cruzar al otro lado, mientras unos metros más allá hay una balsa lista para cruzar. O directamente ignoramos el hecho de que el rio tiene un metro y medio de ancho y solo hay que pegar un saltito.
El segundo sentimiento, aquel que se generó a partir de nuestras creencias y el modo en que interpretamos la situación, puede ser cambiado y de ese modo evitar el conflicto con nuestro primer sentimiento.
Para esto será necesario observar nuestras creencias y el modo en que organizados nuestros pensamientos.
Vamos a tener que poner nuestras ideas en tela de juicio y muchas veces admitir que están equivocadas, que no tienen relación con lo que realmente nos está sucediendo, o que no nos sirven más. Esto lo notamos perfectamente cuando otras personas nos cuentan sus problemas, que para ellos son complicadísimos, y a nosotros nos parece que ni son tan graves ni tan difíciles de resolver. Es más, podemos decirle a esa persona que debería hacer para resolverlo ya que es muy sencillo. En ese momento él o ella nos explicaran las razones por la que no sirve nuestra solución y esas razones serán el reflejo de las creencias de esa persona. Entonces podemos ver con claridad como lo que creemos determina como pensamos y en definitiva el tipo de vida que tenemos.
La verdad es que esa persona tiene problemas graves y de difícil solución y nosotros nada ganamos diciéndole que hacer. Sus problemas se resolverán cuando aprenda a cambiar el modo en que ve lo que le está sucediendo. Eso es así para todos nosotros.
Pero puede ser difícil asumir que muchas de las cosas que nos han enseñado durante nuestra educación son equivocadas. Decir que una idea está mal y ya no nos interesa es muchas veces vivido como una ofensa a quienes nos la han enseñado.
Podes llegar a sentirte mal porque tus padres te enseñaron algo EQUIVOCADO, ello estaban EQUIVOCADOS. La realidad es que lo que te enseñaron, la mayoría de las veces con mucho amor, no está equivocado, es solo que no te sirve a ti, no ahora, no en este momento de tu vida.
Además, si lo que te enseñaron no es cierto ¿qué es cierto entonces?
De repente estamos frente a la tarea de tener que pensar por nosotros mismos que es lo correcto y que no. Esto supone una tarea nueva y que muchos juzgan como dificilísima.
Pero te cuento que no es una tarea complicada, pues los sentimientos nos ayudan y guían. Además la observación y reinterpretación de las situaciones es una gran herramienta que no facilita el trabajo.
Somos capaces de sufrir muchísimo con tal de no admitir que nos equivocamos. Te pueden estar mostrando tu error con lujo de detalles pero tú sigues negándolo y pagando las consecuencias.
- sí, tenés razón, yo estaba equivocado-
No cualquiera dice estas palabras sin sentir un nudo en la garganta.
Por otro lado, si comenzamos a conducirnos por la vida de acuerdo a lo que nosotros hemos decidido que es lo correcto y en lo que creemos, ¿a quién le vamos a echar la culpa cuando algo nos salga mal? Porque es fácil decir POR TU CULPA me fue mal, por hacerte caso a ti mira lo que me paso.
Asumir lo que queremos y guiarnos por nuestras propias ideas y sentimientos supone ser completamente responsable e independiente, y eso da miedo al principio, pero luego nos libera de un modo que no conocíamos antes.
Espero les haya gustado. Dejo otros post que pueden ser de interés.