Hace casi un siglo, el reverendo Edwin Abott escribió un libro llamado Flatland (País Llano). Flatland era un mundo de dos dimensiones, una superficie llana donde vivían seres de diversas formas geométricas incapaces de abandonar su mundo ni imaginar que pudiera existir algo diferente.
La vida transcurría plácidamente hasta que un día, un habitante común, un cuadrado, tuvo una experiencia paranormal: una visita de un ser del Más Allá. Y lo que vio fue un ser tridimensional, una esfera, pero cuando el objeto penetró en Flatland solo percibió su sección transversal, es decir, un círculo. El visitante abrió así los ojos del cuadrado haciéndole ver por primera vez la superficie llana en que vivía y la posibilidad de la existencia de una tercera dimensión.
Cuando el cuadrado volvió a su casa nadie quiso creerle y fue encarcelado, porque vieron en él una amenaza para la sociedad. Muchos científicos medievales y no pocos investigadores modernos han pasado por situaciones semejantes.
Otras Dimensiones trata de recoger aquellos sucesos, lugares y experimentos que escapan a nuestra Tercera Dimensión. Desde el Triángulo de las Bermudas, el Mar del Diablo, personas tragadas por puertas dimensionales, apariciones y desapariciones imposibles, el experimento Filadelfia y muchos más.
LA COMBUSTIÓN DEL DOCTOR BENTLEY
El doctor J.Bentley, médico retirado, vivía en la planta baja de un edificio en Coudersport, Pennsylvania. En la mañana del 5 de diciembre de 1966, Don Gosnelí entró en el sótano del edificio para leer el contador del gas. En el sótano flotaba un humo azul claro de olor extraño.
Gosnelí descubrió por casualidad, en un rincón, un montón de cenizas. Nadie había respondido a su saludo al entrar, de modo que decidió ir a echar un vistazo al anciano. En el dormitorio había el mismo humo extraño, pero ni rastro de Bentley. Gosnelí miró en el cuarto de baño y se enfrentó con una visión que no olvidará nunca.
El suelo estaba quemado y en él se abría un enorme hoyo por donde se veían las tuberías y vigas que había quedado al descubierto. Al borde del hoyo vio una pierna marrón, desde la rodilla hasta abajo, como la de un maniquí. ¡No miró más! Gosnelí huyó del edificio a toda prisa, y fue a dar parte de su macabro descubrimiento.
FUEGO INTERIOR
El bombero Jack Stacey, acudió al incendio de un inmueble abandonado de Londres. La casa no tenía señales de daños por fuego, pero cuando Stacey examinó su interior, se encontró el cuerpo en llamas de un vagabundo al que conocía como Bailey. Tenía una hendidura de unos diez centímetros en el abdomen -recuerda Stacey-. Las llamas salían por ella con fuerza, como un soplete. Para apagar esta violenta llama, Stacey dirigió el chorro de la manguera al cuerpo del vagabundo, extinguiendo -dijo- la llama en su origen. No hay duda de que el fuego se inició en el interior del cuerpo.
No llegó a saberse la causa real del incendio. En el edificio no había gas ni electricidad, y no se encontraron cerillas. Incluso en el caso de que el vagabundo hubiese dejado caer un cigarrillo encendido sobre sí mismo, se ha demostrado que no habría sido suficiente para producir una llama tan destructora.
SOBREVIVIENTE QUEMADO
Unos recientes informes forenses demuestran que las víctimas de la CHE habían inhalado grandes cantidades de humo, sugiriendo que solo se producía en personas vivas. Afortunadamente, las víctimas parecían adormecerse al iniciarse la combustión. El caso de Jack Angel parece ser una prueba de ello.
En 1974, en Georgia, Estados Unidos, Angel se fue a dormir y despertó cuatro días mas tarde con unas quemaduras tan horribles que fue necesario amputarle el antebrazo derecho. Por otra parte, el pijama y las sabanas de la cama estaban intactos y no sintió ningún dolor hasta varias horas después de haber recuperado la conciencia. Angel no pudo recordar como se hizo las lesiones, incluso bajo regresión hipnótica.
Gracias por pasar por mi post
La vida transcurría plácidamente hasta que un día, un habitante común, un cuadrado, tuvo una experiencia paranormal: una visita de un ser del Más Allá. Y lo que vio fue un ser tridimensional, una esfera, pero cuando el objeto penetró en Flatland solo percibió su sección transversal, es decir, un círculo. El visitante abrió así los ojos del cuadrado haciéndole ver por primera vez la superficie llana en que vivía y la posibilidad de la existencia de una tercera dimensión.
Cuando el cuadrado volvió a su casa nadie quiso creerle y fue encarcelado, porque vieron en él una amenaza para la sociedad. Muchos científicos medievales y no pocos investigadores modernos han pasado por situaciones semejantes.
Otras Dimensiones trata de recoger aquellos sucesos, lugares y experimentos que escapan a nuestra Tercera Dimensión. Desde el Triángulo de las Bermudas, el Mar del Diablo, personas tragadas por puertas dimensionales, apariciones y desapariciones imposibles, el experimento Filadelfia y muchos más.
LA COMBUSTIÓN DEL DOCTOR BENTLEY
El doctor J.Bentley, médico retirado, vivía en la planta baja de un edificio en Coudersport, Pennsylvania. En la mañana del 5 de diciembre de 1966, Don Gosnelí entró en el sótano del edificio para leer el contador del gas. En el sótano flotaba un humo azul claro de olor extraño.
Gosnelí descubrió por casualidad, en un rincón, un montón de cenizas. Nadie había respondido a su saludo al entrar, de modo que decidió ir a echar un vistazo al anciano. En el dormitorio había el mismo humo extraño, pero ni rastro de Bentley. Gosnelí miró en el cuarto de baño y se enfrentó con una visión que no olvidará nunca.
El suelo estaba quemado y en él se abría un enorme hoyo por donde se veían las tuberías y vigas que había quedado al descubierto. Al borde del hoyo vio una pierna marrón, desde la rodilla hasta abajo, como la de un maniquí. ¡No miró más! Gosnelí huyó del edificio a toda prisa, y fue a dar parte de su macabro descubrimiento.
FUEGO INTERIOR
El bombero Jack Stacey, acudió al incendio de un inmueble abandonado de Londres. La casa no tenía señales de daños por fuego, pero cuando Stacey examinó su interior, se encontró el cuerpo en llamas de un vagabundo al que conocía como Bailey. Tenía una hendidura de unos diez centímetros en el abdomen -recuerda Stacey-. Las llamas salían por ella con fuerza, como un soplete. Para apagar esta violenta llama, Stacey dirigió el chorro de la manguera al cuerpo del vagabundo, extinguiendo -dijo- la llama en su origen. No hay duda de que el fuego se inició en el interior del cuerpo.
No llegó a saberse la causa real del incendio. En el edificio no había gas ni electricidad, y no se encontraron cerillas. Incluso en el caso de que el vagabundo hubiese dejado caer un cigarrillo encendido sobre sí mismo, se ha demostrado que no habría sido suficiente para producir una llama tan destructora.
SOBREVIVIENTE QUEMADO
Unos recientes informes forenses demuestran que las víctimas de la CHE habían inhalado grandes cantidades de humo, sugiriendo que solo se producía en personas vivas. Afortunadamente, las víctimas parecían adormecerse al iniciarse la combustión. El caso de Jack Angel parece ser una prueba de ello.
En 1974, en Georgia, Estados Unidos, Angel se fue a dormir y despertó cuatro días mas tarde con unas quemaduras tan horribles que fue necesario amputarle el antebrazo derecho. Por otra parte, el pijama y las sabanas de la cama estaban intactos y no sintió ningún dolor hasta varias horas después de haber recuperado la conciencia. Angel no pudo recordar como se hizo las lesiones, incluso bajo regresión hipnótica.
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