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Info1/9/2011


LA PIPA

La pipa, en un principio, no tuvo relación con el tabaco. Fue a partir del siglo XVI, sobre todo en la Europa occidental, cuando quedó estrechamente vinculada a dicha planta.

Los hallazgos arqueológicos remontan el origen de dicho utensilio a la Prehistoria, evolucionando desde entonces hasta nuestros días en forma y materiales (piedra, marfil, caña, metal, arcilla, espuma de mar, maíz, madera, etc.).

Probablemente, el origen de las primeras pipas proviene de las llamadas de “suelo” o “brasero”, confeccionadas con un montoncito de tierra en el que se introducía cáñamo o alguna hierba aromática (espliego, corteza de sauce); al quemarse desprendía humo, el cual se aspiraba por una serie de aberturas introduciendo un tubo o acercando la boca directamente. Carlos Armero, gran coleccionista de pipas, indica que “ Cuando el hombre pudo hacer pequeños braseros transportables en los que se introducían cañas para humear por ellas, construyó la más antigua y rudimentaria pipa. Se tiene información de su existencia en las tribus de África Central y, posiblemente, estas pipas de tubo ya eran conocidas por los mayas de América Central, del mismo modo que posteriormente los aztecas practicaron también la costumbre de fumar ”.







arece ser que tanto los griegos como los romanos utilizaron las pipas para fumar hierbas con fines terapéuticos y de época medieval se conocen representaciones escultóricas que muestran personajes con su pipa en la boca. Pero fue la llegada de los europeos a América el acontecimiento que impulsó la costumbre de fumar en el viejo continente, propiciando el uso de pipas de arcilla. A partir de entonces, a su vez, el tabaco se introdujo por toda Europa.

Rodrigo de Jérez, marinero de Ayamonte que acompañó a Colón en su primer viaje a América, introdujo en España la costumbre de fumar tabaco, hecho que le costó diez años de cárcel. Al fumar en público por Barcelona, fue encarcelado por la Inquisición que consideró su actitud demoníaca. A pesar de ello, un siglo después se estableció en Sevilla la primera fábrica de tabaco del mundo.

A través de los marineros que regresaban de las expediciones americanas, el tabaco se conoció pronto en Portugal.

En Francia, su uso se generalizó desde que la reina Catalina de Médicis, lo consumiera en forma de rapé, para curar sus dolores de cabeza.

La anécdota sucedida a Sir Walter-Raleigh, fundador en Estados Unidos de la colonia de Virginia y uno de los personajes que contribuyó a la introducción de la moda de fumar en Inglaterra, no deja de ser curiosa vista desde nuestro tiempo; estaba fumando una pipa cuando su ayuda de cámara, al verle echar humo, le arrojó agua al creer que se estaba quemando.

Frente a los usos médicos atribuidos al tabaco en los siglos XVI y XVII : “ 1) Para curar el dolor de cabeza. 2) Dolores reumáticos. 3) Otros dolores. 4) En el mal de madre. 5) Para las lombrices. 6) Para el dolor de muelas. 7) Como purgante. 8) Contra los flemones. 9) Para descargar la cabeza y aguzar la vista. 10) Para curar el mal de piedra. 11) Contra el asma ”, surgieron también sus detractores, como el Duque Carlos de Lorena, que prohibió su cultivo en 1628, o los decretos de Jaime I de Inglaterra prohibiendo fumar. A pesar de ello, el consumo del tabaco se fue convirtiendo en un hábito generalizado y cotidiano, estrechamente ligado al aumento de la producción de pipas de arcilla.

Inglaterra inició a finales del siglo XVI la fabricación de pipas de arcilla. Tras la muerte en 1603 de la reina Isabel, le sucedió en el trono Jaime I, quién además de odiar la costumbre de fumar, fue tristemente conocido por sus persecuciones religiosas, razón por la cual muchos ingleses huyeron a Holanda y Francia, llevando consigo sus conocimientos sobre la fabricación de pipas; de esta forma nació en ambos países dicha industria. Durante la guerra de los treinta años (1618-1648), las pipas holandesas adquirieron un verdadero auge al extenderse por toda Europa.

Numerosos autores, relacionan el tamaño de la cazoleta con el precio del tabaco. Debido al elevado coste de éste, las primeras pipas de arcilla tenían cazoletas muy pequeñas pero conforme se abarata el tabaco, las cazoletas se agrandan.

A diferencia de Inglaterra, Holanda y Francia, en España la pipa de arcilla no se fabricó hasta el siglo XVIII, siendo en las comunidades del País Vasco, Cataluña y Baleares donde antes se populariza.

Juan Bonet Nadal, al referirse a la pipa balear, nos indica lo siguiente: “ Quién más quien menos gusta de tener en su colección alguna de estas pipas mallorquinas, generalmente pequeñas, toscas y con cánulas de caña, así como alguna menorquina -ciutadellenca- de formas más estilizadas, más finas, con más cabida y boquillas de arce. Hubo un tiempo en que se hacían pipas de barro en casi todas las alfarerías isleñas ”.

Con respecto a las pipas de arcilla vascas, destacan los trabajos de Enrike Ibabe que señala a la alfarería de la familia Heppe en Uribarri (Bizkaia), como único centro productor de estas pipas, proporcionando una minuciosa información del proceso de fabricación que se siguió en dicho taller, tres de cuyos moldes se encuentran en la actualidad en el Museo Vasco de Bilbao.
Molde de hierro








Las pipas de arcilla se caracterizaron por su fragilidad y por ser un producto barato. Los fabricantes enviaban 15 piezas por docena a los comerciantes que las vendían, para compensarles por las numerosas roturas que se producían en su transporte. Un fumador solía romper un promedio de cuatro pipas por semana. La popularidad que alcanzaron fue tal que en las tabernas y cafés se servía junto con la jarra de cerveza. Cuando el proceso de fabricación se mecanizó (siglos XIX y XX), una parte de la producción se destinó a los niños usándolas como juguetes para hacer pompas de jabón.




Otra cualidad de este tipo de pipas era que, al estar confeccionadas con un material neutro, el tabaco conservaba su verdadero sabor; por ello, los profesionales de la S.E.I.TA. (Tabacalera francesa) las utilizaban para la degustación.

Para Joachim Franck, la pipa de arcilla “ se convierte en el prototipo de la pipa europea. Sus formas y sus dimensiones (cortas, de 10 a 30 cms.; medianas, de 30 a 50 cms.; tres cuartos, de 50 a 80 cms.; y largas, de más de 80 cms.) fueron determinantes para todas las pipas posteriores ”.

La sencillez de los primeros momentos dio paso a formas más complicadas, con cazoletas producidas en el siglo XIX representando una gran variedad de personajes (políticos, actores, religiosos, etc.). Se produjeron pipas como propaganda publicitaria de comercios que, en Londres, se ofrecían en los descansos de las obras de teatro. También se utilizaron en las campañas electorales de diversos candidatos políticos o como instrumento de reivindicación; es el caso de la pipa fabricada en 1913 cuya cazoleta presentaba un 8 en favor de la jornada laboral de ocho horas.

La pipa de arcilla, aunque con un uso muy selectivo, aún se fabrica en diversos países (Holanda, Francia, Inglaterra...); en el País Vasco, Blanca Gómez de Segura, las realiza en el taller de alfarería del Museo de Ollerías (Álava), utilizando uno de los moldes procedente de los fondos del Museo Vasco de Bilbao.














ESTA ES RARA








Las Tres Pipas




Una vez, un miembro de la tribu se presentó furioso ante su jefe para informarle que estaba decidido a tomar venganza de un enemigo que lo había ofendido gravemente. Quería ir inmediatamente y matarlo sin piedad.

El jefe lo escuchó atentamente y luego le propuso que fuera a hacer lo que tenía pensado, pero antes de hacerlo llenara su pipa de tabaco y la fumara con calma al pie del árbol sagrado del pueblo.

El hombre cargó su pipa y fue a sentarse bajo la copa del gran árbol.
Tardó una hora en terminar la pipa. Luego sacudió las cenizas y decidió volver a hablar con el jefe para decirle que lo había pensado mejor, que era excesivo matar a su enemigo pero que sí le daría una paliza memorable para que nunca se olvidara de la ofensa.
Nuevamente el anciano lo escuchó y aprobó su decisión, pero le ordenó que ya que había cambiado de parecer, llenara otra vez la pipa y fuera a fumarla al mismo lugar.

También esta vez el hombre cumplió su encargo y gastó media hora meditando. Después regresó a donde estaba el cacique y le dijo que consideraba excesivo castigar físicamente a su enemigo, pero que iría a echarle en cara su mala acción y le haría pasar vergüenza delante de todos. Como siempre, fue escuchado con bondad pero el anciano volvió a ordenarle que repitiera su meditación como lo había hecho las veces anteriores.

El hombre medio molesto pero ya mucho más sereno se dirigió al árbol centenario y allí sentado fue convirtiendo en humo, su tabaco y su bronca. Cuando terminó, volvió al jefe y le dijo: “Pensándolo mejor, veo que la cosa no es para tanto. Iré donde me espera mi agresor para darle un abrazo. Así recuperaré un amigo que seguramente se arrepentirá de lo que ha hecho”.

El jefe le regaló dos cargas de tabaco para que fueran a fumar juntos al pie del árbol, diciéndole: “Eso es precisamente lo que tenía que pedirte, pero no podía decírtelo yo, era necesario darte tiempo para que lo descubrieras vos mismo”.





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