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Racing (el equipo fue bandera)2001+hecho histórico

Info1/3/2011


El equipo fue la bandera

El Racing del 2001 tuvo niveles superlativos en varios jugadores que, ni antes ni después de haber logrado la consagración en Vélez, repitieron el nivel. La solidez, el compromiso y el oportunismo fueron las mayores virtudes de un equipo que representó fielmente la historia contemporánea de la Academia.

El país era un fuego, el equipo también. Las calles se derretían por la furia de un pueblo que dijo basta; las canchas se pelaban por al arraso de un grupo de hombres que también dijeron basta. Argentina explotaba, el mundo Racing ni hablar. Mientras que en las callecitas de Buenos Aires aun retumbaban los golpes de cacerola, el obelisco se vestía de fiesta y una multitud gritaba que no se vaya nadie. Había fiesta para rato.

Es complejo resumir el Apertura logrado en 2001 cuando el torneo se dividió en distintas facetas. Al torneo lo arrancó Racing ante Argentinos en una noche de mucha lluvia y con una casaca atípica. Aunque la primera señal fue alentadora: cuando el partido entraba en la etapa de la tensión y el 1-1 perduraba, un cruce en falso de De Muner puso el 2-1 final. A pensar en el vecino. Rocha salió en busca de la gloria y quedó su historia como jugador a aquella salida en falso que permitió el cabezazo salvador del hasta ahí desconocido Gabriel Loeschbor. Un empate que valió un triunfo y otro signo de que la desdicha se había descuidado de nosotros.

La victoria trabajosa en Rosario determinó la fortaleza que poseía el equipo, retomó un lugar clave Chatruc, Bedoya debutó como titular y se cumplía con la máxima de que los campeones ganan en Rosario, Córdoba y Santa Fe. Cumplió con creces ante NOB en Avellaneda y Diego Milito mostraba de a ratos todo el potencial goleador que el mundo le conoce por estos días. Esa noche hizo ambos para el 2-1 final. En la quinta Talleres andaba de copas y nos recibió en el “Chateau” con pibes que rápidamente pasaron al desconocimiento. Un partido chivo que se abrió en el complemento con una gran aparición Loeschbor y se cerró con una estupenda definición de Leo Torres. Pasó el empate en cero ante Belgrano con un Cilindro repleto, buena victoria en Parque Patricios con el gol del mellizo y el primer escollo duro en casa: el San Lorenzo campeón y de los records, que dirigía Manuel Pellegrini.

Hasta ese momento, Mostaza se había decidido por el sistema de tres defensores, misma cantidad de volantes en línea, dos más ofensivos flotando y dos delanteros bien de punta con obligaciones para retroceder. Aunque el dibujo no contaba con intérpretes definidos. La goleada con baile incluido al campeón sirvió para confirmar que gran parte de los protagonistas se habían ganado su lugar entre los titulares y que se le otorgue definitivamente el mote de candidato. En aquel domingo lluvioso la Academia recuperó el lugar entre los grandes al derrotar 4-1 al Ciclón con goles desde todos los ángulos.

El trabajoso 2-0 ante Unión dejo al público en un clímax inaudito. Se venía un párate con los de Merlo 5 puntos encima del River de Ramón. Impensado.

En la vuelta de la actividad recuperó la memoria ante el invicto Colon de Fosatti. Maceratesi desde el banco puso el 2-1 para viajar hasta La Plata con todos los sueños en el tren de la ilusión. El equipo ya casi salía y jugaba de memoria, aunque no siempre lo hacia bien. Primero fue Juan Fernández y luego en contra que pusieron al pincha dos goles arriba. Increíble: Estévez, Estévez y Chatruc. Se lo dimos vuelta a los leones.

Había pasado poco más de la mitad del campeonato y había una certeza sobre el Racing de Merlo: no negociaba el esfuerzo. Desde el coraje y la ambición todo. Se podía cambiar algún intérprete, retocar el esquema, sin embargo su condición de equipo reñido no mutaba. El campeonato pintaba para que lo definan posiciones antagónicas. Iba a ser para el Racing de Merlo o el lujoso River de Ramón.

El Boca de Bianchi se iba de gira y adelantó el juego correspondiente a la fecha 15. Con un Riquelme inspirado, mas la astucia de Guillermo y Delgado, Boca sacó credenciales y se impuso 3-1, en la única derrota del torneo. Inmediatamente apareció el viejo Griguol, que armó un barullo en la mitad de la cancha, que rápidamente desenredo Chatruc. Pepe tuvo su tarde gloriosa ante GELP y nos alzamos con un 4-1 que no dejó lugar a dudas de que la cosa iba en serio.

Racing fue campeón y jugó el partido más apasionante del Apertura. En Vélez y a cancha llena empatamos 4-4 con Chicago tras levantarnos mutuamente el resultado. El gol de Serrano no opacó el aplauso final hacia el equipo por la entrega brindada.

Entrando en la última curva del torneo iban apareciendo jugadores que desde su lugar le daban variantes al equipo. El colombiano Viveros aportaba tenencia de pelota, Maceratesi esfuerzo y algún gol, Arano su juventud y amor a los colores para jugar como cualquiera de nosotros lo haría.

Chacarita apareció en la escena y Chanchi con un penal bien ejecutado liquidó el pleito, que tuvo su punto inflexión cuando Leo Ramos reventó el palo en los minutos finales. Ahora había que esperar que pasaba con River y armar todo para recibirlos en Avellaneda. Ganaron y el partido del año estaba en marcha.

Le juro que lo vi. Estaba unos metros abajo y a la derecha de la bandera de los Stones. No me olvidare mientras viva que luego de un rechazo corto Cardetti la envolvió de primera y paso a no menos de 10cm del palo izquierdo de Campagnuolo. Ya estábamos empardados por aquel imborrable zurdazo a la gloria de Bedoya. No pocos se codeaban y decían ya esta. Aunque el “Paso a paso” ya era un sello en el fútbol argentino.

Se empato en Huracán con Banfied y con Lanus el recibimiento al equipo tapó el sol de aquella tarde calurosa de domingo. Fue la primera vez en 35 años que fuimos campeones por un rato, ya que River no ganaba y nosotros lo hacíamos por el pecho de Maceratesi. Luego lo definió Chatruc, aunque River forzaba el desenlace a la última fecha.

Mientras la colas se encontraban en si misma en la noche de Avellaneda, el país se preparaba para la explosión. Cuando miles de racinguistas hacían cola para tener la entrada al cielo, otros tantos tomaban las riendas de ciudades en furia. Se suspendió la fecha, cientos de racinguistas protestaron en agremiados y se determinó que solo Racing-Vélez y River-Central tendrían su partido.

27 de diciembre de 2001, ¿le dice algo esa fecha? Salud.

Una hinchada comandada por el sentimiento

El 27 de diciembre del 2001, Racing Club se consagró campeón del fútbol argentino y desarrolló un hecho histórico que quedará en la memoria de todos: Llenó dos canchas a la vez, increíble.

Cuando uno se sienta a hablar con un compañero de laburo, familiar, amigo o enemigo que no comparte la pasión de tus colores las palabras son las mismas: Que hinchada que tienen.

Es una pasión inexplicable, un sentimiento que ningún filósofo podría explicar, el porque a esta locura, el aumento de la hormona futbolera, solamente hay una palabra para describir semejante amor: Racing.

Y ese campeonato sabíamos que había algo especial, había que cortar esa racha de llantos, broncas y peleas con medio país. Te acompañamos a todos lados Academia, no nos importó la lluvia, ni nuestras esposas o novias, solamente importabas VOS.

Pasamos finales, hambre y muchos nervios. Viste cuando te sentás a rendir un examen y te da ese cosquilleo en la pancita que solo un “aprobado” te lo puede sacar, acá pasaba algo muy distinto: Había que escuchar “Racing Campeón” sino más de uno se iba para arriba a saludar a nuestros seres queridos que no se encuentran en este mundo.

27 de diciembre del 2001. Tal vez el día más importante en la vida de algunos, el suceso más feliz, el momento que más soñó el pueblo racinguista, el día que La Academia se consagró campeón.

Y solo entiende mi locura quien comparte mi pasión, nos acercamos a verte en donde sea: La cancha de Vélez, el estadio de Racing, el obelisco, la casa de algún familiar, no podíamos no estar presentes, estábamos sólo por verte a VOS.

Dos canchas se llenaron de pasión, narraban los diarios en sus primeras páginas, la gente de Racing es distinta a todas, nadie en el mundo había completado dos estadios en un mismo día.

¿Locura? Llamalo como vos quieras, la retina de nuestros ojos quedaba maravillada al ver semejante espectáculo. Y llegó la primera alegría de la tarde: centro de Gerardo Bedoya, gol de Gabriel Loeschbor.

La historia comenzaba a escribir sus primeras páginas, los mufas se resignaban a la iluminación de un cabezazo que nadie pudo parar, miles de gargantas se quedaron en mute al gritar de una manera alocada ese tanto que significa un campeonato.

El partido continuó, pero los nervios eran cada vez más intentos, “Terminalo” gritaban eufóricos los hinchas de La Academia.

Pero como se dice siempre, al cuadro de Avellaneda (el de la pasión, no el amargo) le pasan cosas Increíbles y esa tarde no fue la excepción: Chirimbolo. Anda a cag.. diría más de uno, error de cálculos de Martín Vitali y gol de Vélez. El encuentro estaba 1 a 1, Racing, con este resultado seguía siendo el campeón.

No entraba más nadie en la cancha, en las filiales, todos los lugares donde se concentró la gente estaban colmados. Tampoco quedaba ni en espacio ya saben dónde, el cagazo de esos últimos minutos, fue de lo peor de nuestras vidas.

Pero como quien dice la cosa, es más lindo lo bueno cuando te va muy mal y, trasladando a este hecho histórico, fue increíble el desahogo después de tanta malaria.

Y el árbitro del encuentro, Gabriel Brazenas, tocó la melodía más linda que todos queríamos escuchar, unos segundos espero el pueblo racinguista para festejar (no sea cosa que estemos imaginando, confesaban).

Miles de sensaciones sintieron nuestros corazones en ese momento, pensamos en nuestros seres queridos, en todo lo que tuvimos que sufrir, en aquellos que se reían de nosotros, pero lo único que teníamos en mente era ese escudo celeste y blanco con la palabra “Racing” en la parte del norte.

Ese día, con todos los problemas políticos y cacerolazos, el equipo más grande llenaba los hogares de una luz de esperanza, la gente una vez finalizado el partido se dirigía al obelisco para festejar hasta altas horas de la madrugada del 31 de diciembre. Sí, nos íbamos a quedar 4 días festejando, tomando y celebrando.

Se escucha decir en muchos lados que la hinchada no ganas partidos, obvio que no gana encuentros pero sabes qué lindo que es volverte a tu casa sabiendo que hiciste TODO lo que vos podes hacer para que tu equipo se contagie, dejas el alma en la tribuna, recorriste miles de kilómetros solo para escuchar “Y DALE Y DALE Y DALE RACING DALE”, los hinchas de Racing tenemos otro pensamiento, no todos pero la gran mayoría, la nuestra es una hinchada distinta, una muchedumbre que se banca todo, unas personitas que marcan su propio destino al lado de un campo de juego, atrás del alambrado.

Muchas gracias a todos los que formaron parte de ese plantel, gracias a nosotros los hinchas, pero sobre todo muchas pero MUCHAS gracias a vos, porque sos lo mejor de nuestras vidas, porque teniéndote a vos no importa más nada, porque cuando todo va mal vos sos lo único que me mantiene vivo, GRACIAS RACING.
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