La primarización exportadora otra vez
Eduardo Gudynas · · · · ·
23/01/11
23/01/11
El comercio exterior de América del Sur no solo no ha logrado romper la dependencia en exportar recursos naturales, sino que ésta se acentúa, alentada por factores como la crisis económico financiera, los altos precios de los commodities, y el insaciable apetito importador asiático.
El anuario estadístico de CEPAL, presentado semanas atrás en Santiago de Chile, muestra esta tendencia con indicadores sistematizados al año 2009. En la Comunidad Andina, el porcentaje de productos primarios en el total de exportaciones volvió a aumentar (del 81 por ciento en 2008 subió al 82,3 por ciento en 2009); y en el Mercosur el salto fue mayor (de 59,8 a 63,1 por ciento). Bolivia se ubica en el conjunto de países sudamericanos con la mayor "primarización" de sus exportaciones (92,9 por ciento en 2009), junto a Perú, Ecuador y Chile (y seguramente también Venezuela, aunque para este país no hay datos sistematizados). Los datos preliminares para 2010 concuerdan con este cuadro. Además, la tendencia es profundizar esta dependencia. En Bolivia, en los últimos cinco años, la participación de bienes primarios pasó del 89,4 por ciento en 2005, a casi el 93 por ciento actual.
Pero lo mismo ocurre en Brasil, un país que es presentado como un éxito económico, pero que en realidad esconde varias contradicciones que los analistas internacionales no se detienen a señalar. Por ejemplo, durante las dos presidencias consecutivas de Lula da Silva, la participación de los bienes primarios en las exportaciones pasó de 48,5 por ciento en 2003, al 60,9 por ciento en 2009. La idea de un Brasil industrializado debe ser tomada con pinzas, ya que ese Gobierno sigue profundizando las exportaciones de recursos naturales. Por lo tanto, habría que considerar con cuidado si la estrategia económica y productiva de Lula es realmente un ejemplo a imitar.
Las tentaciones para seguir esta estrategia primarizada son enormes. La demanda internacional es fuerte (especialmente desde Asia), los precios son atractivos (en 2010 aumentaron un 28 por ciento respecto a 2009 para los agroalimentos, un 30 por ciento en los minerales, según la UNCTAD, y el precio del petróleo sigue aumentando). Por si fuera poco, en varios países esos sectores permiten captar ingresos fiscales jugosos.
Pero bajo esa estrategia, el objetivo del desarrollo nacional, como "desarrollo endógeno", se pierde; la autonomía frente a los mercados globales se desvanece. Las industrias nacionales no se recuperan, en varios casos se reducen. Mientras que en el pasado, en varios países la izquierda acusaba a la derecha por favorecer las importaciones de bienes de consumo de Estados Unidos o Europa, en la actualidad, unas cuantas izquierdas gobernantes se entretienen con importaciones desde Asia. Cambian los destinos del comercio internacional, pero la asimetría entre la venta de bienes primarios y la compra de manufacturas, se mantiene.
El empleo generado es insuficiente, la productividad es suplantada por mayores volúmenes exportados, y la presión sobre los recursos naturales aumenta, y con ello, los conflictos sociales. Ingenuamente se espera que la pobreza se reduzca como consecuencia de las exportaciones. Aunque antes se festejaba la globalización, y hoy se duda de ella, esperar que las exportaciones de materias primas resuelvan todos nuestros problemas es ingenuo y carece de fundamento. Sigue siendo necesario generar estrategias de desarrollo endógenas y autónomas.
Eduardo Gudynas es Secretario Ejecutivo del CLAES (Centro Latino Americano de Ecología Social). Publicado originalmente en el blog PoliticayEconomia.com – miradas latinoamericanas heterodoxas.
Sin Permiso
Tres errores del BID a la hora de tomar el té
Mariela Buonomo
Son muchos los que celebran que casi toda América Latina está creciendo económicamente a un ritmo muy elevado. Especialistas de los bancos multilaterales, académicos, empresarios y políticos de las más diversas tendencias, festejan esa expansión que, según el FMI, habría promediado un 5,7 % en 2010, y llegará al menos a un 4 % en 2011 1.
A tono con ese optimismo, el actual presidente del BID, Luis Alberto Moreno, en una entrevista denominó como la "década de América Latina" al período iniciado en 2002, y ofreció una serie de fundamentos para explicar esta bonanza 2. Es posible imaginar que Moreno, como un buen gentleman, manejara esas ideas a la hora de tomar el té, revistiéndolas de algunos aromas y sabores que son atractivos, pero que de todas maneras merecen ser revisados críticamente. Examinemos tres de ellas como ejemplo.
Reformas eran las de antes
En primer lugar, el presidente del BID sostiene que las reformas realizadas por los países en los últimos 15 años han tenido un papel relevante, y son las que permitieron alcanzar estabilidad macroeconómica en la región, redujeron la inflación y el endeudamiento, y colaboraron para el logro de un balance fiscal en los diferentes países. Pero en realidad ese vínculo es, al menos, incierto. Muchos países económicamente exitosos, como Brasil o Argentina, han tomado caminos heterodoxos, con medidas muy distintas a las recomendadas por el BID y otros bancos multilaterales. Las propuestas que venían desde Washington de privatizar nuevos sectores, o desregular aún más los mercados, fueron desoídas por nuevas generaciones de ministros de economía. El regreso del Estado se inició primero bajo los gobiernos progresistas, y solo muy recientemente ha sido aceptado por el BID.
Tampoco debe olvidarse que las reformas que proponía el banco ni siquiera eran ideadas en América Latina, ya que el poder de votación en ese directorio sigue en manos de otras naciones. Las reformas promulgadas por el BID, en general, son producto de decisiones tomadas en un directorio donde cuenta el aporte de capital de cada país. El peso de cada uno de los latinoamericanos es menor al de otros países extrarregionales como Estados Unidos, por ejemplo. Esto da como resultado que ciertas reformas en nuestros países no sean necesariamente decisiones que toman los gobiernos en base a nuestras propias necesidades, sino que son más bien medidas que deben contemplar los requerimientos de los mercados globales 3.
Cada vez más atractivos
En segundo lugar, Moreno considera que ha sido un éxito la estricta regulación financiera adoptada por los gobiernos producto del aprendizaje de las crisis financieras del pasado, la acumulación de reservas para contener los impactos de la crisis, y la captación de inversión extranjera.
Pero la llegada de esos capitales si bien tiene aspectos positivos sobre el crecimiento económico, también encierra problemas y riesgos, como lo alerta Moreno en la entrevista. Los ingresos masivos pueden recalentar algunas economías nacionales, disparar fenómenos especulativos, crear burbujas en algunos sectores (como las inversiones inmobiliarias) o que desembocar en dependencia (como la compra de tierras). Pero por otro lado, una buena parte de la inversión extranjera en la región ha estado dirigida históricamente a la extracción y comercialización de recursos naturales, o a la compra de empresas nacionales. Por lo tanto, se incrementa la presión sobre los recursos naturales, y poco se gana en ampliar la base industrial.
Exitosos por naturaleza
En tercer lugar, Moreno celebra la "gran capacidad" en vender materias primas, sobre todo de Sudamérica, para exportarlas especialmente a China e India. El presidente del BID parece reconocer que el crecimiento de la región en buena medida se debe a la venta de recursos naturales y sus altos precios.
Celebrar esta situación es por lo menos alarmante, ya que es asumir una vez más que el papel del continente es vender bienes primarios, para luego comprar manufacturas. Mientras que en el pasado reciente se han buscado alternativas para romper con la dependencia exportadora primarizada y expandir la base propia de industrias, el BID, el Banco Mundial y hasta la CEPAL, parecen abandonar esas metas. Resignadamente asumen que seguiremos siendo abastecedores de minerales y petróleo, alimentos y maderas.
Es cierto que el comercio latinoamericano ha sufrido algunos cambios, pero la esencia de ellos reside en el destino de las exportaciones, y no necesariamente en el tipo de bienes que se exportan. Entre 1990 y 2008 las ventas hacia China pasaron del 0,8 % al 10 % de las exportaciones totales, mientras que las dirigidas a EE. UU. cayeron del 44 % al 37 % en el mismo período. Pero la participación de las materias primas en el total de ingresos por exportaciones se ha mantenido oscilante en el entorno del 50 % en ese mismo período. En 2008, las exportaciones de materias primas de las siete economías más grandes de América Latina y el Caribe, alcanzaron casi los US$ 400 mil millones, que representaron más de la mitad de las exportaciones totales (52, 9 %). Al tiempo que en el Mercosur su participación alcanzó un 59,8 %, y en la Comunidad Andina un absurdo 81 %.
Esperar, pero no sentados
Como puede observarse, las cuidadas afirmaciones de Moreno celebrando la "década de América Latina" tienen una contracara en la persistencia de diversos problemas. En estos años, el papel de muchos Estados sigue debilitado, sea porque en unos casos persisten en atender las indicaciones de organismos internacionales o en seguir los vaivenes de los capitales internacionales, o sea porque sólo son capaces de aprovechar la demanda y altos precios de los commodities. En términos económicos, especialmente en sus exportaciones, muchos países parecen dar pasos de gigante, pero los problemas ambientales y sociales persisten y se están agravando en tanto siguen desatendidos a nivel nacional y también por organismos como el BID.
Entretanto, la brecha entre los que tienen más y los que tienen menos se ha mantenido en el mejor de los casos, y si bien Moreno lo considera un tema central, a su juicio habrá que tener paciencia ya que sólo podrá resolverse en décadas. De las cuestiones ambientales y las consecuencias de la extracción de recursos naturales, ni siquiera aparecen menciones en la entrevista a Moreno que aquí se comenta.
Si estuviéramos con el presidente del BID, a la hora de tomar el té, habría que recordarle que la situación real del continente no es tan maravillosa como muchos suponen. Aunque si todos los países hubieran seguido las propuestas de reforma que el banco planteaba poco tiempo atrás, seguramente las circunstancias serían más graves. A su vez, asumir que el éxito económico se debe a que se siguen las indicaciones del BID, implicaría que los propios gobiernos latinoamericanos siguen sin poder controlar su propio desarrollo. Todavía estamos lejos de una "década de América Latina", especialmente en el área ambiental y social.
Notas:
1. Perspectivas de la economía mundial. Recuperación, riesgo y reequilibrio, FMI, Washington, octubre 2010.
2. "Esta va a ser la década de América Latina", entrevista de J. P. Velázquez-Gaztelu a Luis A. Moreno, El País, 28 de noviembre 2010, Madrid.
3. Por un análisis más detallado puede consultarse BID: mucho más banco que interamericano, M. Buonomo, 2009. Disponible en http://www.integracionsur.com/americalatina/BuonomoBIDbanco.htm
4. Esta idea también ha sido apoyada desde el Banco Mundial hacia fines de 2010 en el informe anual sobre los Recursos Naturales en América Latina y el Caribe, donde en su presentación se sostuvo que la abundancia de materias primas que posee Latinoamérica representa "una llave a la prosperidad", y la comercialización de las materias primas con nuevos mercados continuará contribuyendo al crecimiento económico de la región. Los Recursos Naturales en América Latina y el Caribe. ¿Más allá de bonanzas y crisis? E. Sinnott, J. Nash, A. de la Torre, Banco Mundial, Washington, agosto 2010.
Mariela Buonomo es economista en CLAES (Centro Latino Americano de Ecología Social), Montevideo. Este artículo también está disponible en www.PoliticayEconomia.com
Sin Permiso
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