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Mollo explica el disco "Narigón del siglo"

Info1/20/2011

¡Hola!, primeramente quisiera aclarar que sólo copio y pego información dada en el Facebook oficial de Divididos. Es una entrevista hecha por Pablo Schanton. A quien le interese, ni se fijará en la proligidad ni en la extensión de lo dicho. Para quienes amamos esta banda brinda cierta información. Aunque no es mi caso el "aceptar explicaciones" de una obra, ya sea musical/poética, teatral, dibujística, etcétera.

Divididos

"Narigón del Siglo"

Ricardo Mollo explicá cómo es el álbum de Divididos. Grabado en los célebres estudios Abbey Road...





"Casi estatua": A diferencia de los discos anteriores, antes de entrar a grabar en Abbey Road teníamos lista la estructura de las canciones pero sin ensayar, así que probamos mucho en el estudio. Por ejemplo, la parte medio hindú salió allá. Grabaron dos músicos de la India: uno tocó cítara y el otro, tabla. Y la guitarra está doblada, así que hay dos guitarras, la cítara y la guitarra del solo. Cuando grabo, a veces pienso en cómo voy a hacer después para tocar todo eso en vivo; éste sé que lo puedo hacer con una sola guitarra. La parte de la cítara también la toco en la guitarra: es un yeite que ya hice en La era de la boludez. Y la letra... en realidad puede ser dos cosas. Cuando dice "sueldo de héroe quincenal, estatua de estación", puede hablar de un obrero, el tipo que está en la estación esperando el tren para irse a su casa después de laburar todo el día... Y también habla de una situación social: antes era pan y circo; ahora es pan y circo y la cocó. "Dale soga, ponga humor a la verdad. Esta tierra, cero peso, no es real." Qué sé yo, en La Rioja se vendieron terrenos a 50 centavos la hectárea para hacer un safari turístico. Y entre todas esas tierras había un pueblo entero. Como si agarraran el barrio de Palermo y lo vendieran, y después viniera un tipo a decirte: "Este lugar es mío". Una locura.

"Par mil": Hay una balalaika –un instrumento que suena parecido al charango–, guitarras acústicas, y otra vez tablas de la India, pero tocadas de una manera distinta que se le ocurrió a Jorgito [Araujo, baterista]. Y esas notas que sobresalen están tocadas con un aparato muy viejo que se llama E-Bow. Lo usaban David Bowie, Genesis y grupos de la época; lo ponés sobre las cuerdas y las hace vibrar. La canción termina de definirse en la letra. Y como habla tanto de las luces, le pusimos "Par mil" [dos luces de mil watts]; no podíamos ponerle "Luz del alma" (risas).

"Tanto anteojo": Es el intelectual al pedo. En los 70, la frase "libro y Actemín" resumía al intelectual de la época. El Actemín era una pastilla que tomaban los estudiantes para no dormir; por eso dice: "Tanto anteojo, libro y Actemín. Tanto anteojo, charlatán del sexo de antes, Che de cafetín". Son tipos que hacen alarde de un conocimiento que debería ser tu patrimonio para ser mejor en la vida; para mí el conocimiento tiene que ver con ser más humilde, no con alardear. Más allá de esta canción, las letras son más abiertas; se entienden mucho más que en nuestros discos anteriores. Nos dan más trabajo que la música, porque no somos poetas: somos músicos. Yo empecé a escribir recién con este grupo. Diego [Arnedo, bajista] es el que escribe, desde hace diez años. Yo le tiro algo, él escribe y tira lo suyo y, entre recuerdos y situaciones, se arman las letras. Es superdivertido, son historias. En las letras, más que en la música, es donde queda claro el estilo de Divididos.

"¿Qué pasa conmigo?": Una canción en primera persona... es algo nuevo para nosotros. Este tema es más psicoanalítico; el tipo se pregunta qué le pasa. Dice: "Y ahí empiezo a entender que yo fui budín de pan, y que me agrando con un poco de amor". Al final, lo que todo el mundo quiere es amor (risas).

"Spaghetti rock": Todavía me mata cuando la escucho. Es una canción de amor, la que más me emociona. Está dedicada a ella [Erica García, ex pareja de Mollo]. Yo soy un tipo al que las cosas le pegan mucho. Y está bueno transformar en canciones todo lo que a uno le pasa. Es como un alivio. Fue un tema muy traicionero: la letra habla de otra cosa; o sea, cuando nos sentamos a escribir con Diego, aunque parezca difícil de creer, quisimos hablar de Luca . Pero la letra se fue torciendo. Fue inconsciente. Terminamos hablando de amor. Y nos dimos cuenta después. Por eso me emociona. Pienso: "Mirá lo que pasó, la puta madre...". Traicionero. Aunque no te atrevas a hacerlo de primera, el mensaje que necesitás dar se te aparece igual. Es muy fuerte. Ya me había pasado otras veces. Pero "Spaghetti..." no sólo habla de amor; también hace referencia a una situación que nos jodió. Lo de siempre: esos tipos que quieren remover el cajón de Luca, que vienen con el gran proyecto... La letra dice: "Cíclope de cristal devora ambición y vomita modelos de ficción". Es la cámara filmadora, que se come tu vida. Como dicen los indios, te chupa el espíritu y vomita una imagen plana, que perdió toda espiritualidad. Pero cuando dice: "Remontar el barrilete en esta tempestad", no hay dudas. "Que el ayer no es hoy y que el hoy es hoy, y que no soy actor de lo que fui." Ya está; tu vida es ahora. Decidimos ponerle cuerdas al tema. Y está menos gritado. A medida que pasan los discos voy bajando la distorsión en la voz. Cuanto más seguro estás, más dejás oir tu voz. Al principio ensayaba con delay y harmonizer juntos, así que nunca podías saber cómo cantaba. Y en vivo era una deformidad total. Ahora no uso efectos: el micrófono ahí, y dale con todo. La voz es lo más íntimo que tenés. Tiene un compromiso muy grande. Por eso me costó tanto empezar a cantar; cuando sólo tocaba la guitarra la pasaba bárbaro.

"Elefantes en Europa": Contrasta con la balada anterior; era necesario un corte. El orden de los temas es importante: con Diego teníamos más o menos definido un orden para masterizar, pero cuando llegamos a Londres fuimos a dar una vuelta. Compramos discos, música electrónica, y estuvimos escu- chándolos hasta la madrugada. Hasta que dijimos: "Mañana tenemos que definir la lista". Nos quedamos hasta las cinco de la mañana discutiendo, buscando el orden más interesante.

"Vida de topos": Habla de ese universo que tenés dentro tuyo. El interior es una línea de subte que te puede llevar desde el Paraíso hasta la estación Catedral. Salís a la calle y sos un anónimo más que anda por ahí con su mundo interior. Si cada ser humano se detuviera a mirar al otro y reconociera que dentro de ese otro hay un mundo igual al suyo, cambiarían algunas cosas... En cuanto a la música, en este tema hay como un loop; es una batería tocada, con unos efectos. Nos gusta meternos en esas cosas raras, pero a nuestra manera. Pero no hay demasiadas secuencias en el disco.

"La ñapi de mamá": Tiene que ver con este 2000 raro. ¿Qué pasó? Estamos todos iguales siguiendo nuestras vidas y se gastaron millones de dólares en pólvora. Es muy loco, porque dentro de mil años van a estudiar la pirotecnia del Año Nuevo del 2000 como si hubiera sido una ofrenda a algún dios. Así como antes se sacrificaba un cordero, ahora tiran cañitas voladoras. Y ésta es la otra canción que tiene un octeto de cuerdas. Nos encantó lo bien que logró acompañar la letra, eso de "mezcla rara de angustia y cañita voladora".

"Como un cuento": Es medio reggae, con contrabajo; uno de esos reggaes que hacemos nosotros, que no son muy tradicionales. Hay una guitarra y atrás hay otra, que parece un teclado, que marca el ritmo como en el reggae, pero el bajo y la batería hacen otra cosa. Salvo en el último tema, que es más en chiste, esta vez no hay canciones graciosas como en Gol de mujer. El humor está más repartido en todo el disco. Y en este tema, más allá de la cosa medio melancólica, está eso de "un chalchalero no es un rolling stone".

"Sopa de tortugas" y "Pasiones zurdas derechas": Uno tiene vértigo funk y el otro es fuerte, y juntos causan un efecto que me gustó.

"La gente se divierte": Atrás está lleno de voces, incluso algunas pasadas al revés. Es muy gracioso. Hay cosas que grabaron los hindúes. Fue divertido; mientras uno le pasaba al otro lo que tenía que tocar, cantaba una cosa buenísima. ¡Nos recagamos de risa! El tipo le pasaba la melodía y el otro cantaba en otro tono, y quedaba como el orto (risas). El tipo hacía "Ahhh", y movía las manitas como los hindúes, y salió tan bueno que lo pusimos. Quedaron así; son unos hindúes que cantan como el orto hasta que al final alguien termina pegándoles un tiro. Quedó gracioso.

"La firma del opa": Así termina el disco. Hay un steel drum, uno de esos tambores de 200 litros que tienen tonos, y tenés que buscar los tonos a martillazos. Y hay un charango. Son como dos culturas imposibles de juntar. Yo estoy muy contento. El disco tiene mucho power pero también tiene mucha canción; tiene un costado nuevo que nos abre la posibilidad de seguir investigando y seguir haciendo música. No rock: música. Que es lo más importante, ¿no? ¿Qué es "El arriero"? ¿Qué es "Qué ves"? Es música. Eléctrica… pero música.

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“Camino mi propia luz/ y me siento un haz de luz/ claridad del propio ser/ luz, luz del alma/ soy un hombre que espera el alba” ¿Quién firma estos versos? ¿Raúl Porchetto 73? ¿David Lebón ídem? ¿Miguel Abuelo 84?¿Spinetta 91? ¿Cerati 94? Ninguno: la respuesta es Ricardo Mollo 2000. Efectivamente, la garganta de Divididos atraviesa lo que se dice “un período de crisis positiva”. El mismo, sonriendo lozano, lo explica así: “Por suerte, estoy en crisis y esto no quiere decir “catástrofe”. Es como tener dos voces, una que dice: ‘Negro, se te abrió la piel, ¿qué hacemos?’; y otra: ‘Nada, dejala, a ver qué sale’. Y lo que sale es algo nuevo. Es el reciclamiento personal que en un momento necesitás, en tu cuerpo, en tu estética, en lo intelectual, en lo emotivo, en lo espiritual... Estoy en un estado de inquietud general y todo se está modificando en mí. Bajé el acelerador y ahora me pregunto: ‘¿Quién soy yo?‘. Espero que todo lo que me pase desde ahora tenga mucho de místico, de conexión espiritual”.
La escena de la confesión tiene lugar en un enorme garaje de Palermo Viejo reciclado como loft y futuro centro cultural más un jardín al fondo que es una delicia botánica. Atardece, pero el calor no mengua. Para esta noche, los diarios anuncian eclipse de luna. La ciudad amaneció con esos carteles oficiales contra la cocaína que a Maradona le dejó apenas 38 % de corazón. Ante lo cual, ahora la sonrisa de Mollo tuerce ironía y se pregunta: “Y esa propaganda, ¿cuánta guita costó?” A un mes de entrar en bateas, el título del sexto disco de Divididos completa el comentario: “Le pusimos Narigón del siglo porque los que marcaron los 80 y los 90 fueron los narigones, o sea, los mentirosos y los que toman cocaína. Lo de narigón es nuestro símbolo para hablar del vicio y la hipocresía de estos últimos años.” Por lo visto, el 2000 tocó año de balance para la banda de rock nacional y popular que testimonió la era del menemismo con más ironía que puteadas.
Interiormente purgado, renacido, luminoso, el Mollo 2000 también exhibe notorios cambios externos. “Estoy 30 kilos más flaco. Todo empezó en Inglaterra cuando no quería comer carne y empecé a alimentarme con arroz y frutas solamente, hasta que conseguí comidas alternativas piolas, con mucho potasio. Cuando llegué a casa y vi un asado, me agarró una cosa de decir ‘No te quiero adentro mío”. Ya puedo decir que soy vegetariano, y lo cierto es que me siento más oxigenado todo el tiempo y más vital. El otro día tocamos en Ramos Mejía con 43 de sensación térmica y al sentirme más liviano, tenía más fuerzas para tocar. Estar liviano tiene que ver con la necesidad de acercarse a la luz también, ¿no?”
Mollo está leyendo sobre Buda y proyecta tomar sesiones de yoga que le enseñen a respirar, ahora que estudia canto más metódicamente. Satori bautizaron los budistas a una especie de iluminación súbita. El ex Sumo experimentó dos satoris: uno en La Habana, para fin de año (“El 2000 llegó suavemente; yo estaba en una casa frente al mar con unos amigos y pude ver el amanecer paso a paso”), y el otro en Londres, cuando fue a grabar Narigón del siglo. “Londres me abrió la cabeza a nivel artístico. Yo venía de una época de no salir a la calle, de no ir a lugares, de no ver qué pasaba de nuevo. Creía que mis discos viejos eran todo. Recuperé el placer de comprar discos nuevos y sentarme a escuchar música después de 8 años. Antes, yo pensaba ‘¿Blur?’ y terminaba mirando tele. Ahora vivo con el televisor apagado. Estoy en un momento de mucha investigación, de absorber una información musical que, por ahí, para otro no es novedad, pero para mí, es fresca.”
Como será esta apertura que cuando el disc jockey argentino Javier Zúcker lo invitó a una discoteca londinense, el rocker Ricardo dijo sí. “Acá no puedo: se centra la atención en que soy un músico conocido y no puedo disfrutar porque me miran. De allá, me gustó la experimentación de la música electrónica y pensé que Zúcker podía hacernos unos remixes de canciones viejas de los Divididos, como “¿De qué diario sos?” que es una locura tremenda, con muchas máquinas. Por ahora, es otra de mis tantas inquietudes.”
En estos últimos años, Mollo se había transformado en el prócer del rock fuerte. Dentro del género, fue el productor más solicitado por el mainstream (La Renga), los más pesados (Almafuerte) y el under (Cienfuegos). Su forma de cantar, esos rugidos moldeados en el Luca Prodan que alguna vez gritó “Argentina” como ningún argentino, se volvió modismo de todo rocker barrial que se precie (de Chizzo a Iván Noble). La era de la boludez (1993) definió el sonido Divididos que se había insinuado en Acariciando lo áspero del 91 con los covers de “Cielito lindo” y “Voodoo Chile” (Hendrix): Marley pasado por el folclore, el folklore pasado por Hendrix y Hendrix pasado por la musculatura del funk modelo Living Colour/ Chilli Peppers. Todo tocado con todo. De todos modos, la aplanadora del Oeste , con Gil Solá en los tambores, fue víctima de su propio estilo. “Cuando escuché a Beck por primera vez no lo podía creer: hacía lo mismo que hacíamos nosotros con Diego cuando nos poníamos a jugar. Teníamos un tema del 93 que se llamaba “Nuestro hombre de la ambulancia” que habla de un tipo que maneja totalmente reventado llevando un muerto atrás. La música es como lo que le pasa al tipo por la cabeza, está hecha con contrabajo, batería electrónica, mi voz distorsionada y una guitarra como volando arriba. Nadie podría creer que lo compusimos nosotros.
– ¿No se animaron a sacarlo?
_ No, por prejuicio nuestro y porque todo se nos fue torciendo para el lado del power trío, como eso ya nos salía fácil. Teníamos una presión muy internalizada de cumplir con un dogma de lo que hay que ser. Y era interno, porque a mí nunca me importó lo que pudiera pedirme la discográfica. A la presión de la gente ya la superé, pero en una época sufría mensajes que me decían ‘Esto ya no es más Divididos’, que es como si me dijeran ‘Vos no sos más Ricardo’. Ya no me importa si pasan mi balada por la FM que sea, eso es cuestión de marketing y a mí me parece que la canción mata. A mí me gusta “Yesterday” y no me importa adónde me la hacen escuchar.”
A la distancia, uno descubre que Divididos ayudó a reconstruir una década mítica que no nos dejaron vivir en paz: los 70. El proyecto de folclore rockerizado de Arco Iris , el primer Pescado Rabioso, Yupanqui, la nacionalización de Hendrix, el anti-colonialismo, La Pesada , la jerga gauchesca y el lunfardo tanguero juntos, el populismo de izquierda estampado en las remeras de Gil Solá. Con este collage pre-Marzo del 76, Divididos unió a las generaciones y los gustos en un rock nacional (ista) de fronteras adentro a caballo de “Qué ves” y “El arriero”. Tendencia que, al autoparodiarla en un discazo injustamente arrumbado como Otroletravaladna (1995), capitalizaron La Renga y Los Piojos. “La gente se apropió de Divididos para expresar algo que estaba latente. Cuando nos pusimos un poncho o subimos un caballo al escenario fue para provocar, no para mostrar patriotismo. Pero había una necesidad de identidad y el nacionalismo termina siendo el de la z , el que busca que se muera el otro. A mí me angustió mucho que Mauro Viale pusiera “Qué ves” en su programa y mi reclusión también pasó porque no me quería hacer ver. El rock llegó a la izquierda cuando se puede, cuando ya nadie va a morir. Pero yo soy asistemático, creo que se tendría que terminar con esa boludez de izquierda contra derecha, para que empecemos a vivir de una vez por todas como humanos individuales. Tratar de juntar trae la confusión de que uno tiene que volverse igual a otro y eso no es bueno”. Mollo mira el reloj y se levanta del sofá. “Me tengo que ir, ya empieza el eclipse” anuncia y se termina la charla. La luna, mientras tanto, parece enmarcada en El Eternauta: un teloncito color borra de café la va oscureciendo lentamente.

Pablo Schanton



NARIGON DEL SIGLO, TEMA POR TEMA


1. “Casi estatua”: El primer corte que ya suena en las radios. Con un sitar que entra y sale, el trío resume estos años menemistas en la tríada “Pan y circo y la cocó”.

2. “Par mil”: El título cita la jerga de los iluminadores (2 luces de 1000 watts) para nombrar el año 2000. Es la canción del “iluminado” (aquella de la luz del alma). Acústica, en plan celta, muy Zeppelin III, guiada por la balaika (laúd ruso de tres cuerdas) y un solo sinfónico de guitarra tocado con E-Bow. Marca la mayor sorpresa del disco: la primera persona, tan confesional y mística, da la primera señal de un nuevo Divididos.

3. “Tanto anteojo”: “Narigón del siglo/ yo te dejo perfumado en la esquina para siempre” se repite en este rock’ n’ roll casi a punto de boogie que ya es bisnieto de “El 38”, nieto de “Rasputín” e hijo de “Sobrio a las piñas”. Hay un nuevo criterio de producción artística: la banda suena bien compacta en el ensamble.

4. “¿Qué pasa conmigo?”: Los Divididos todavía no abandonaron ese funk anabólico inaugurado en “¿Qué tal?” y, para Mollo, Hendrix sigue siendo un faro entre los guitarristas al momento de remar su solo.

5. “Spaghetti del rock”: ¡Los Divididos debutan en el género Balada Beatle! Sí, esta canción tan “Eleanor Rigby” hasta podría archivarse junto a “Un vestido y un amor” de Fito Páez. “Besos por celular/ las momias de este amor/ piden el actor de lo que fui” se oye en el estribillo y Mollo 2000 prefiere no aclarar si se la dedicó a su ¿ex? Erica García. “Tengo una relación de amor que va más allá de estar juntos o no; ella es un ser querido mío que va a estar en mi corazón para siempre, más allá de cualquier situación física”.

6. “Elefantes en Europa”: “La tormentosa soledad/ de estos elefantes en Europa” parece ser la metáfora elegida para sacarse a sí mismos una instantánea londinense. Ahora Mollo puede acercarse a Spinetta en imágenes como “Lágrimas de piel”.

7. “Vida de topos”: En la guitarra de Mollo, habitan dos fantasmas hendrixianos: el racimo de punteos de “Little wing” y el riff de “Purple haze”. Estamos ante el segundo caso en este funk al rescoldo que suena tan mántrico como épico.

8. “La ñapi de mamá”
“Hubo un tiempo que fui hermoso/ y fui preso de verdad” ironiza Mollo y sigue “Buenos Aires naufraga en Buenos Aires.com/ semental de balcón/ asma de libertad”. Estamos ante un caso de rock monolítico + orquesta de cuerdas. Los violines lanzan estocadas como si fueran saxos mientras Araujo repercute como un Bonham. Antológico.

9. “Como un cuento”: Por supuesto, no podía faltar el reggae slow tempo estilo “¿Qué ves?” y aquí los ánimos se ponen cool con tanto delay, contrabajo y escobillas sobre los tambores. La frase clave: “Un Chalchalero no es un Rolling Stone”

10. “Sopa de tortugas”: Otra vez cortes y quebradas de funk para una canción sobre los “cazadores y tasadores de canciones” cuya letra podría haber figurado en Recrudece de Virus. La voz suena más vívida y suelta (menos forzada la carraspera) que nunca.

11. “Pasiones zurdas derechas”: Moraleja: A la hora de rocanrolear, Divididos siempre va a tener años de cultura rock y habilidad instrumental a su favor con respecto a sus sucesores.

12. “La gente se divierte”: Otra aguafuerte sobre la decadencia del imperio menemista en un rockito a baño maría que de pronto bulle y llega a tocar cimas de sinfonismo queenesco.

13. “La firma del opa”: “Uán tú tri” marca la cuenta y adentro: viene el chiste folclórico con que cierra el disco a puro rasguido de charango. Se oyen más versos sobre el fin de la era “Pizza & champán”.

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