Guerra del Golfo (17 enero 1991-24 febrero 1991):
Desde su llegada al poder en 1979 Saddam Hussein se convirtió en uno de los hombres más ricos del mundo. Además de llevar a cabo persecuciones y matanzas de kurdos y shiíes, embarcó a su pueblo en una cruzada suicida. La población iraquí derivó hacia una situación crítica tanto en el aspecto ideológico como material, carente de lo básico para una vida digna. La acumulación de armas de destrucción masiva inquietaba la comunidad internacional. En agosto de 1990 las tropas iraquíes invadieron Kuwait. El transfondo del ataque son las históricas reivindicaciones de algunos territorios, aunque tiene más peso el asegurarse un acceso, de gran importancia estratégica, al golfo Pérsico. Los principales motivos que provocan la invasión son de tipo político y económico: la aspiración de Saddam Hussein a convertir Irak en una gran potencia en la región, así como la mala situación económica tras el fin de una ruinosa guerra contra Irán que generó a Irak una deuda de 86.000 millones de dólares. Kuwait disponía de más de 120.000 millones de dólares de reservas en el extranjero. Con la posesión de los ricos campos petrolíferos kuwaitíes Irak se convertiría en el cuarto mayor productor de petróleo. Detrás de la URSS, EE.UU. y Arabia Saudí. En una violación sin precedentes del derecho internacional, Saddam intenta asegurarse el botín. Todos los extranjeros que se encuentran en Irak y Kuwait son retenidos como rehenes y utilizados como escudos humanos contra posibles ataques. Se suceden en la ONU numerosas resoluciones: condena de la invasión el 2 de agosto, embargo económico el 6 de agosto, el bloqueo militar el 25 de agosto y el 29 de noviembre la autorización del uso de la fuerza que permitió la creación de una amplia alianza y una rápida guerra.
Vencido el ultimátum de la ONU, el ataque de las fuerzas aliadas comenzó el 17 de enero de 1991 a las 2.44 horas de la madrugada y el primer objetivo fue Bagdad. Se inició un nuevo tipo de ataque aplicando tecnología avanzada. Se contaba con una unanimidad internacional bastante amplia. La primera fase tenía como objetivo debilitar al máximo las defensas iraquíes, destruir la infraestructura, desmoralizar al Ejército y desbaratar las comunicaciones. La aviación aliada, especialmente la de EEUU, Gran Bretaña y Arabia Saudí, realizó más de 100.000 salidas desde sus bases en los países de la zona y desde los portaaviones que navegaban por el Golfo. Bombarderos B-52 llegados desde Europa, repostados en vuelo, a sus objetivos en Irak. A pesar de que Saddam Hussein, intentaba provocar el inicio de la ofensiva terrestre aliada, el jefe de las fuerzas occidentales Schwarzkopf, repetía que ésta llegaría cuando la capacidad de respuesta de Irak fuera mínima. Se arrojaron 88.500 toneladas de bombas; de éstas sólo 6.250 correspondían a las llamadas "bombas inteligentes". Al final se consiguió un escaso índice de precisión del 25 por ciento. Entre las fuerzas aliadas formadas por 745 mil soldados resultaron muertos en combate 179 y en accidentes 77. Los heridos fueron 320. El 22 de enero Saddam ordena que se prenda fuego a los pozos petrolíferos y a las instalaciones de extracción de petróleo de Kuwait. Cada día arden unas 220.000 toneladas de crudo. También desvían 500 millones de litros de petróleo hacia el golfo Pérsico. La vida marina de la zona sufre daños irreparables. El emirato está al borde de una catástrofe ecológica. Se llega a temer un catástrofe climática mundial.
El ejército iraquí:
El calificado como cuarto Ejército del mundo fue sometido a un bombardeo continuado, con gran variedad de medios, incluso de napalm. Desde el principio de los ataques había quedado patente que Irak no podía hacer frente a la maquinaria de guerra aliada, que gozaba de una superioridad logística, numérica y tecnológica. La aviación iraquí, dotada de Mig y Sujoi soviéticos y Mirage franceses, apenas realizó operaciones defensivas. No llegó a derribar ni un solo avión enemigo. Más de cien aparatos renunciaron a combatir y se refugiaron en aeropuertos iraníes. Cuando George Bush ordenó el comienzo de la ofensiva definitiva los soldados iraquíes, exhaustos por los bombardeos y la falta de alimentos, no ofrecieron resistencia. Seis meses de permanencia en las trincheras había sido una prueba demasiado dura. Las defensas iraquíes fueron sorteadas sin dificultad por las occidentales que avanzaron por varios frentes. El ejército iraquí perdió 50.000 hombres y gran parte de sus carros de combate y piezas de artillería. Los misiles antimisiles Patriot resultaron ser de gran efectividad utilizados contra los Scud iraquíes.
Sucesos tras la derrota iraquí:
Con la reconquista de Kuwait y la neutralización del poder de Bagdad, EE.UU. y la ONU acrecentaron su prestigio. Por primera vez ha sido posible crear una alianza contra un agresor árabe. Sin embargo no se consiguió la caída de Saddam. Dos días después de la invasión de Kuwait se impuso un embargo. En 1992 el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la confiscación de los haberes del país en el extranjero para sufragar los gastos de la guerra. La coalición internacional volvió a bombardear diversos objetivos en enero de 1993. En mayo de 1995 Irak aceptó las condiciones de la ONU para ser autorizado a exportar cantidades limitadas de petróleo, a cambio de comprometerse a destinar las divisas así obtenidas a comprar alimentos y medicinas y a pagar las reparaciones de guerra derivadas de su invasión de Kuwait en 1990-91. Tras varias dilaciones en la concreción de los detalles, el embargo fue levantado parcialmente y el 10 de diciembre se comenzó a exportar 350.000 barriles diarios. En agosto de 1995 dos yernos de Saddam huyeron a Jordania, junto con sus esposas, el 23 de febrero regresaron y fueron inmediatamente ejecutados. En septiembre de 1996 se produjo un nuevo bombardeo norteamericano para responder al ataque iraquí sobre los kurdos. El 16 de enero de 1997 la ONU informaba que había recibido los primeros fondos para las reparaciones de guerra. A finales de 1997 Irak puso obstáculos para impedir el acceso de los inspectores a "instalaciones presidenciales o soberanas", lo cual incluía diversos edificios gubernamentales, almacenes y otras instalaciones, además de algunos de los palacios de Saddam Hussein. La Unscom fue acusada de estar controlada por los EEUU y el Reino Unido.
Consecuencias para Irak de la guerra y el bloqueo:
No se sabe el número exacto de las víctimas iraquíes, que algunos cifran en cien mil y que sin duda alcanzaron de manera indiscriminada a la población civil. La guerra destruyó la red de transportes, telecomunicaciones y la industria. Se produjo una gran escasez de productos de primera necesidad. Las restricciones eléctricas son continuas. El programa "Petróleo por alimentos" apenas alcanzó para paliar mínimamente los efectos del embargo. La mala nutrición y las infecciones son las principales causas de las muertes infantiles. Faltan medicamentos para tratar las enfermedades de fácil curación. En los primeros años después del conflicto, según informa Naciones Unidas murieron más de un millón de personas, de las cuales la mitad eran niños menores de cinco años. También incrementó la mortalidad infantil los casos de cáncer consecuencia del uranio empobrecido dispersado por los misiles aliados. Los resultados positivos del bloqueo son muy difíciles de ver. El régimen se fortificó y se volvió más duro.
Al-Qaeda, creada en la década de 1980 desarrolló su organización durante los combates en Afganistán. Canalizó entre 12.000 y 20.000 voluntarios árabes, financiados con sus propios fondos y las donaciones paquistaníes, saudíes y norteamericanas. A partir de 1992 realizó acciones terroristas para liberar el suelo saudí de las tropas norteamericanas instaladas durante la guerra. Fue responsable de una serie de atentados contra instalaciones de EE.UU. entre los que destacan los realizados contra el cuartel de Dahran en 1996 (19 muertos), contra las embajadas norteamericanas en Kenya y Tanzania en 1998 (257 muertos), y contra el destructor USS Cole en 2000 (17 muertos). Diversos servicios de inteligencia estimaban que ese año al-Qaeda contaba con 5.000 activistas organizados en células durmientes dotadas de cierta autonomía. Colaboraba con numerosas organizaciones islamistas en Argelia, Egipto, Palestina, Líbano, Pakistán, Filipinas, Asia central y países del golfo Pérsico, con el propósito de implantar la ley islámica en su vertiente más fundamentalista y de destruir el poderío de los países occidentales.
Invasión de Irak (29/03/2003):
En 1998 los inspectores de la ONU habían abandonado Iraq por las obstrucciones a su labor. En enero de 2001 Colin Powell tomó posesión de la secretaría de Estado en el gobierno de Bush. Considerado representante de la tendencia moderada en el seno del equipo presidencial. Había dimitido como presidente del comité de jefes de estado mayor, en desacuerdo con el presidente Clinton (1993). Sostuvo la necesidad de limitar las intervenciones exteriores de EE.UU. y a la vez, de llevarlas a cabo con el amparo de coaliciones internacionales. Así se hizo contra el régimen talibán afgano con el respaldo de la OTAN, de aliados europeos e islámicos. El 20 de septiembre de 2001 en una carta abierta al presidente, un grupo de intelectuales conservadores como Francis Fukuyama, William Kristol, Charles Krauthammer, Richard Perle, Norman Podhoretz y la ex embajadora ante la ONU Jeane Kirkpatrick, pedían a Bush que acabara con el régimen de Saddam Husein, aunque no fuese posible probar su conexión con el 11-S. Durante todo 2002 la administración había intentantado vincularlo con Bin Laden. Rumsfeld afirmó que había agentes de Al Qaeda en el norte de Irak. Colin Powell presentó como prueba una cinta con la presunta voz del jefe terrorista que exhortaba a la defensa de Irak. El 8 de noviembre de 2002 el consejo de seguridad concluye una serie de duras gestiones norteamericanas con Francia, Rusia y China aprobando la resolución 1441, que conminaba a Saddam Husein a que entregara su arsenal o demostrara a los inspectores que carecía de armas de destrucción masiva.
Nuevas inspecciones (noviembre 2002):
En diciembre de 2002 los inspectores de la ONU retoman las investigaciones en Irak. En los tres meses siguientes pareció cada vez más evidente que EE.UU. apoyado en el consejo de seguridad de la ONU por Gran Bretaña y España, veía como inevitable una intervención militar, al considerar que el trabajo de los inspectores no daría resultado alguno, dada la escasa colaboración del régimen iraquí. A pesar de que los máximos responsables del equipo de inspectores, Hans Blix y El Baradei, pidieron en sucesivas ocasiones más tiempo para concluir su misión, EE.UU., Gran Bretaña y España presentaron el 24 de febrero de 2003 el borrador de una segunda resolución que autorizaba el uso de la fuerza. Ante las reticencias presentadas por Francia y Rusia, que el 10 de marzo anunciaron su decisión de vetar cualquier resolución que autorizara una acción militar.
División de la UE:
A principios de 2003 el canciller alemán Gerhard Schröeder promete en una campaña electoral que lo mantendría por escaso margen en el poder, que Alemania no participaría en la guerra ni la aprobaría, con resolución de la ONU o sin ella. En febrero se refuerza el eje Francia-Alemania que Rumsfeld llamó con desdén la vieja Europa. Blair, Aznar, Berlusconi y otros cinco líderes del resto de la UE firmaban una carta de apoyo a la estrategia de Bush. En el marco de los preparativos de la guerra contra Irak, el gobierno norteamericano decidió la entrega de ayuda militar especial a Turquía, lo que generó una crisis en la OTAN al oponerse Alemania, Bélgica y Francia a un aumento de la ayuda militar a Ankara. Estos países consideraban que aceptar la propuesta de EE.UU. suponía comprometer la Alianza en el previsible ataque a Irak, acción que ellos reprobaban. Tras varias reuniones infructuosas se llegó a una solución de compromiso: el 19 de febrero, el comité de planificación de la defensa, organismo de la OTAN del que Francia no forma parte, acordó emplazar en Turquía aviones de radar Awacs, misiles Patriot y unidades de defensa frente a ataques químicos y biológicos. A cambio, a instancias de Alemania y Bélgica, se aprobó una resolución por la cual los aliados apoyaban los esfuerzos de la ONU en busca de una salida pacífica a la crisis.
Turquía:
Francia, Alemania y Bélgica vetaban la movilización de la OTAN para apoyar el despliegue militar norteamericano en Turquía. Erdogan, ante los planes de invasión de Irak, cambió la postura adoptada por Gül, y ofreció en febrero la cooperación militar a EE.UU., en el marco de la OTAN, organización a la que pertenece Turquía. Se había negociado una notable contraprestación económica. Sin embargo, su propio partido lo rechazó en la Gran Asamblea Nacional (Parlamento). A finales de febrero EE.UU. había desplegado 150.000 soldados en Qatar, Kuwayt y Arabia Saudí. Esperaban desplegarse en Anatolia junto a los norteamericanos, 40.000 británicos y 2.000 australianos. El 20 de marzo, momentos antes del inicio de la invasión, la Gran Asamblea Nacional aprobó la ayuda a las tropas estadounidenses. Tres días más tarde, Erdogan era elegido formalmente primer ministro por la cámara legislativa. Ya en octubre, logró que la Gran Asamblea aprobara el envío de 10.000 soldados turcos a Irak, aunque un mes más tarde, su gobierno decidió no mandarlos ante la negativa del Consejo provisional iraquí.
Los atacantes pusieron cerco a Bagdad el 3 de abril. En el frente norte, aunque Turquía negó el permiso de paso a los norteamericanos para la invasión de Irak, los guerrilleros kurdos avanzaron sobre Mosul y Kirkuk apoyados por fuerzas especiales de EE.UU. El 9 de abril Bagdad era ocupada y el régimen iraquí se derrumbó. Contra el parecer de Kofi Anan y el de varios países, partidarios de que la transición a un nuevo régimen fuera supervisada por la ONU, el gobierno norteamericano se arrogó ese derecho y limitó la función de la ONU a tareas humanitarias.
Proceso de construcción de instituciones democráticas:
El 15 de octubre de 2005 se sometió a referéndum el texto del proyecto constitucional, que obtuvo el voto afirmativo de algo más del 78% de los electores. La fórmula consensuada por chiitas y kurdos fue la de Estado republicano, parlamentario, democrático y federal; reconocimiento de la pluralidad nacional, confesional y cultural del país; definición del islam como religión oficial del Estado y una fuente básica de legislación), a la que se oponía la minoría suní. El 22 de febrero de 2006, un atentado destruye en Samarra la cúpula dorada de la mezquita de Al Askari, uno de los principales santuarios de los chiitas iraquíes. Se desencadenó una espiral de violencia iniciada por las represalias contra los suníes. En abril la Asamblea Nacional reeligió como presidente del país a Talabani, que encomendó la formación de ejecutivo al chiita Nuri al Maliki. El 30 de diciembre de 2006 Saddam fue ejecutado en la horca, en cumplimiento de una sentencia del Alto Tribunal por la muerte de 148 chiitas en la aldea de Dujail (1982). El 22 de enero de 2007 un doble atentado con coches bomba en Bagdad produjo más de un centenar de muertos.
Juicio, condena y ejecución de Saddam Hussein (2005-2006):
Detenido a mediados de diciembre de 2003 por fuerzas estadounidenses y kurdas (iraquíes), el líder iraquí, humillado tras la publicación en mauyo de 2005 de unas imágenes (tomadas en su prisión de máxima seguridad presumiblemente por el ejército estadounidense) en las que se le veía en ropa interior, pero también considerado todavía por muchos como un símbolo del orgullo árabe frente a la prepotencia de EE.UU., fue sometido a juicio el 19 de octubre por un tribunal especial iraquí, entre excepcionales medidas de seguridad. Sobre el ex dictador pesaban alrededor de 500 cargos, aunque en principio sólo iba a ser juzgado por doce de ellos. En el primer y tormentoso proceso fue juzgado, junto a otros siete ex altos cargos del Gobierno, por la muerte de 143 chiitas, asesinados en 1982, en la localidad de Dujail, en represalia por un atentado frustrado contra el propio Hussein. Otros casos documentados por los que iba a ser juzgado eran el empleo de armas químicas sobre ciudadanos kurdos, nuevas represiones contra chiitas y la invasión de Kuwait. El proceso se llevó a cabo según el procedimiento y la actual legislación iraquí, más rígida que la estadounidense. Como era previsible, el juicio contra Hussein levantó una enorme controversia e, incluso, provocó protestas no sólo de organizaciones árabes sino de algunas ONG occidentales, como Human Rights Watch y Amnistía Internacional, que denunciaron la ausencia de garantías procesales suficientes para el acusado. También se produjeron incidentes con el equipo internacional encargado de la defensa, del que dimitió el abogado jefe por discrepancias con los letrados estadounidenses, al tiempo que uno de sus miembros fue secuestrado y asesinado en Bagdad poco antes del juicio. Finalmente, el propio juicio (cuya celebración supone un incómodo antecedente para la nutrida nómina de los dictadores y caciques árabes) tuvo que ser suspendido y aplazado hasta finales de noviembre de 2005, al no presentarse los testigos, temerosos de sufrir represalias por parte de los antiguos baazistas y otros partidarios de Saddam que integraron los grupos de la insurgencia. Tras un año de juicio, en el que Saddam se mantuvo retador en todo momento y acusó al tribunal de falta de legitimidad para juzgarle, el 5 de noviembre de 2006 fue condenado a morir en la horca. La sentencia del Alto Tribunal Penal iraquí era esperado con gran expectación en todo el país, en el que el Gobierno había tomado grandes medidas de seguridad, entre ellas el toque de queda en Bagdad y otras grandes ciudades, que no impidieron la celebración de numerosas manifestaciones a favor y en contra de la condena. Otros dos acusados fueron igualmente sentenciados a la pena capital, mientras que sobre los cinco restantes recayeron diferentes penas de prisión. Dos días después se inició un segundo proceso judicial por la campaña militar de Al Anfal, en la que murieron alrededor de 180.000 kurdos, entre los años 1986 y 1988. Fue ejecutado en la madrugada del 30 de diciembre de 2006. Su muerte fue acogida con explosiones de alegría entre las comunidades chiitas y kurdas, y con violentas protestas por parte de sus partidarios sunitas baazistas. Las indignas condiciones en que fue ajusticiado, aireadas a través de diversas filmaciones realizadas con teléfonos móviles, causaron un gran impacto en la opinión pública mundial y muchos analistas alertaban sobre las imprevisibles consecuencias que prodrían derivarse del grave error político de convertirlo en un mártir para un amplio sector del mundo árabe.
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Desde su llegada al poder en 1979 Saddam Hussein se convirtió en uno de los hombres más ricos del mundo. Además de llevar a cabo persecuciones y matanzas de kurdos y shiíes, embarcó a su pueblo en una cruzada suicida. La población iraquí derivó hacia una situación crítica tanto en el aspecto ideológico como material, carente de lo básico para una vida digna. La acumulación de armas de destrucción masiva inquietaba la comunidad internacional. En agosto de 1990 las tropas iraquíes invadieron Kuwait. El transfondo del ataque son las históricas reivindicaciones de algunos territorios, aunque tiene más peso el asegurarse un acceso, de gran importancia estratégica, al golfo Pérsico. Los principales motivos que provocan la invasión son de tipo político y económico: la aspiración de Saddam Hussein a convertir Irak en una gran potencia en la región, así como la mala situación económica tras el fin de una ruinosa guerra contra Irán que generó a Irak una deuda de 86.000 millones de dólares. Kuwait disponía de más de 120.000 millones de dólares de reservas en el extranjero. Con la posesión de los ricos campos petrolíferos kuwaitíes Irak se convertiría en el cuarto mayor productor de petróleo. Detrás de la URSS, EE.UU. y Arabia Saudí. En una violación sin precedentes del derecho internacional, Saddam intenta asegurarse el botín. Todos los extranjeros que se encuentran en Irak y Kuwait son retenidos como rehenes y utilizados como escudos humanos contra posibles ataques. Se suceden en la ONU numerosas resoluciones: condena de la invasión el 2 de agosto, embargo económico el 6 de agosto, el bloqueo militar el 25 de agosto y el 29 de noviembre la autorización del uso de la fuerza que permitió la creación de una amplia alianza y una rápida guerra.
Vencido el ultimátum de la ONU, el ataque de las fuerzas aliadas comenzó el 17 de enero de 1991 a las 2.44 horas de la madrugada y el primer objetivo fue Bagdad. Se inició un nuevo tipo de ataque aplicando tecnología avanzada. Se contaba con una unanimidad internacional bastante amplia. La primera fase tenía como objetivo debilitar al máximo las defensas iraquíes, destruir la infraestructura, desmoralizar al Ejército y desbaratar las comunicaciones. La aviación aliada, especialmente la de EEUU, Gran Bretaña y Arabia Saudí, realizó más de 100.000 salidas desde sus bases en los países de la zona y desde los portaaviones que navegaban por el Golfo. Bombarderos B-52 llegados desde Europa, repostados en vuelo, a sus objetivos en Irak. A pesar de que Saddam Hussein, intentaba provocar el inicio de la ofensiva terrestre aliada, el jefe de las fuerzas occidentales Schwarzkopf, repetía que ésta llegaría cuando la capacidad de respuesta de Irak fuera mínima. Se arrojaron 88.500 toneladas de bombas; de éstas sólo 6.250 correspondían a las llamadas "bombas inteligentes". Al final se consiguió un escaso índice de precisión del 25 por ciento. Entre las fuerzas aliadas formadas por 745 mil soldados resultaron muertos en combate 179 y en accidentes 77. Los heridos fueron 320. El 22 de enero Saddam ordena que se prenda fuego a los pozos petrolíferos y a las instalaciones de extracción de petróleo de Kuwait. Cada día arden unas 220.000 toneladas de crudo. También desvían 500 millones de litros de petróleo hacia el golfo Pérsico. La vida marina de la zona sufre daños irreparables. El emirato está al borde de una catástrofe ecológica. Se llega a temer un catástrofe climática mundial.
El ejército iraquí:
El calificado como cuarto Ejército del mundo fue sometido a un bombardeo continuado, con gran variedad de medios, incluso de napalm. Desde el principio de los ataques había quedado patente que Irak no podía hacer frente a la maquinaria de guerra aliada, que gozaba de una superioridad logística, numérica y tecnológica. La aviación iraquí, dotada de Mig y Sujoi soviéticos y Mirage franceses, apenas realizó operaciones defensivas. No llegó a derribar ni un solo avión enemigo. Más de cien aparatos renunciaron a combatir y se refugiaron en aeropuertos iraníes. Cuando George Bush ordenó el comienzo de la ofensiva definitiva los soldados iraquíes, exhaustos por los bombardeos y la falta de alimentos, no ofrecieron resistencia. Seis meses de permanencia en las trincheras había sido una prueba demasiado dura. Las defensas iraquíes fueron sorteadas sin dificultad por las occidentales que avanzaron por varios frentes. El ejército iraquí perdió 50.000 hombres y gran parte de sus carros de combate y piezas de artillería. Los misiles antimisiles Patriot resultaron ser de gran efectividad utilizados contra los Scud iraquíes.
Sucesos tras la derrota iraquí:
Con la reconquista de Kuwait y la neutralización del poder de Bagdad, EE.UU. y la ONU acrecentaron su prestigio. Por primera vez ha sido posible crear una alianza contra un agresor árabe. Sin embargo no se consiguió la caída de Saddam. Dos días después de la invasión de Kuwait se impuso un embargo. En 1992 el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la confiscación de los haberes del país en el extranjero para sufragar los gastos de la guerra. La coalición internacional volvió a bombardear diversos objetivos en enero de 1993. En mayo de 1995 Irak aceptó las condiciones de la ONU para ser autorizado a exportar cantidades limitadas de petróleo, a cambio de comprometerse a destinar las divisas así obtenidas a comprar alimentos y medicinas y a pagar las reparaciones de guerra derivadas de su invasión de Kuwait en 1990-91. Tras varias dilaciones en la concreción de los detalles, el embargo fue levantado parcialmente y el 10 de diciembre se comenzó a exportar 350.000 barriles diarios. En agosto de 1995 dos yernos de Saddam huyeron a Jordania, junto con sus esposas, el 23 de febrero regresaron y fueron inmediatamente ejecutados. En septiembre de 1996 se produjo un nuevo bombardeo norteamericano para responder al ataque iraquí sobre los kurdos. El 16 de enero de 1997 la ONU informaba que había recibido los primeros fondos para las reparaciones de guerra. A finales de 1997 Irak puso obstáculos para impedir el acceso de los inspectores a "instalaciones presidenciales o soberanas", lo cual incluía diversos edificios gubernamentales, almacenes y otras instalaciones, además de algunos de los palacios de Saddam Hussein. La Unscom fue acusada de estar controlada por los EEUU y el Reino Unido.
Consecuencias para Irak de la guerra y el bloqueo:
No se sabe el número exacto de las víctimas iraquíes, que algunos cifran en cien mil y que sin duda alcanzaron de manera indiscriminada a la población civil. La guerra destruyó la red de transportes, telecomunicaciones y la industria. Se produjo una gran escasez de productos de primera necesidad. Las restricciones eléctricas son continuas. El programa "Petróleo por alimentos" apenas alcanzó para paliar mínimamente los efectos del embargo. La mala nutrición y las infecciones son las principales causas de las muertes infantiles. Faltan medicamentos para tratar las enfermedades de fácil curación. En los primeros años después del conflicto, según informa Naciones Unidas murieron más de un millón de personas, de las cuales la mitad eran niños menores de cinco años. También incrementó la mortalidad infantil los casos de cáncer consecuencia del uranio empobrecido dispersado por los misiles aliados. Los resultados positivos del bloqueo son muy difíciles de ver. El régimen se fortificó y se volvió más duro.
Al-Qaeda, creada en la década de 1980 desarrolló su organización durante los combates en Afganistán. Canalizó entre 12.000 y 20.000 voluntarios árabes, financiados con sus propios fondos y las donaciones paquistaníes, saudíes y norteamericanas. A partir de 1992 realizó acciones terroristas para liberar el suelo saudí de las tropas norteamericanas instaladas durante la guerra. Fue responsable de una serie de atentados contra instalaciones de EE.UU. entre los que destacan los realizados contra el cuartel de Dahran en 1996 (19 muertos), contra las embajadas norteamericanas en Kenya y Tanzania en 1998 (257 muertos), y contra el destructor USS Cole en 2000 (17 muertos). Diversos servicios de inteligencia estimaban que ese año al-Qaeda contaba con 5.000 activistas organizados en células durmientes dotadas de cierta autonomía. Colaboraba con numerosas organizaciones islamistas en Argelia, Egipto, Palestina, Líbano, Pakistán, Filipinas, Asia central y países del golfo Pérsico, con el propósito de implantar la ley islámica en su vertiente más fundamentalista y de destruir el poderío de los países occidentales.
Invasión de Irak (29/03/2003):
En 1998 los inspectores de la ONU habían abandonado Iraq por las obstrucciones a su labor. En enero de 2001 Colin Powell tomó posesión de la secretaría de Estado en el gobierno de Bush. Considerado representante de la tendencia moderada en el seno del equipo presidencial. Había dimitido como presidente del comité de jefes de estado mayor, en desacuerdo con el presidente Clinton (1993). Sostuvo la necesidad de limitar las intervenciones exteriores de EE.UU. y a la vez, de llevarlas a cabo con el amparo de coaliciones internacionales. Así se hizo contra el régimen talibán afgano con el respaldo de la OTAN, de aliados europeos e islámicos. El 20 de septiembre de 2001 en una carta abierta al presidente, un grupo de intelectuales conservadores como Francis Fukuyama, William Kristol, Charles Krauthammer, Richard Perle, Norman Podhoretz y la ex embajadora ante la ONU Jeane Kirkpatrick, pedían a Bush que acabara con el régimen de Saddam Husein, aunque no fuese posible probar su conexión con el 11-S. Durante todo 2002 la administración había intentantado vincularlo con Bin Laden. Rumsfeld afirmó que había agentes de Al Qaeda en el norte de Irak. Colin Powell presentó como prueba una cinta con la presunta voz del jefe terrorista que exhortaba a la defensa de Irak. El 8 de noviembre de 2002 el consejo de seguridad concluye una serie de duras gestiones norteamericanas con Francia, Rusia y China aprobando la resolución 1441, que conminaba a Saddam Husein a que entregara su arsenal o demostrara a los inspectores que carecía de armas de destrucción masiva.
Nuevas inspecciones (noviembre 2002):
En diciembre de 2002 los inspectores de la ONU retoman las investigaciones en Irak. En los tres meses siguientes pareció cada vez más evidente que EE.UU. apoyado en el consejo de seguridad de la ONU por Gran Bretaña y España, veía como inevitable una intervención militar, al considerar que el trabajo de los inspectores no daría resultado alguno, dada la escasa colaboración del régimen iraquí. A pesar de que los máximos responsables del equipo de inspectores, Hans Blix y El Baradei, pidieron en sucesivas ocasiones más tiempo para concluir su misión, EE.UU., Gran Bretaña y España presentaron el 24 de febrero de 2003 el borrador de una segunda resolución que autorizaba el uso de la fuerza. Ante las reticencias presentadas por Francia y Rusia, que el 10 de marzo anunciaron su decisión de vetar cualquier resolución que autorizara una acción militar.
División de la UE:
A principios de 2003 el canciller alemán Gerhard Schröeder promete en una campaña electoral que lo mantendría por escaso margen en el poder, que Alemania no participaría en la guerra ni la aprobaría, con resolución de la ONU o sin ella. En febrero se refuerza el eje Francia-Alemania que Rumsfeld llamó con desdén la vieja Europa. Blair, Aznar, Berlusconi y otros cinco líderes del resto de la UE firmaban una carta de apoyo a la estrategia de Bush. En el marco de los preparativos de la guerra contra Irak, el gobierno norteamericano decidió la entrega de ayuda militar especial a Turquía, lo que generó una crisis en la OTAN al oponerse Alemania, Bélgica y Francia a un aumento de la ayuda militar a Ankara. Estos países consideraban que aceptar la propuesta de EE.UU. suponía comprometer la Alianza en el previsible ataque a Irak, acción que ellos reprobaban. Tras varias reuniones infructuosas se llegó a una solución de compromiso: el 19 de febrero, el comité de planificación de la defensa, organismo de la OTAN del que Francia no forma parte, acordó emplazar en Turquía aviones de radar Awacs, misiles Patriot y unidades de defensa frente a ataques químicos y biológicos. A cambio, a instancias de Alemania y Bélgica, se aprobó una resolución por la cual los aliados apoyaban los esfuerzos de la ONU en busca de una salida pacífica a la crisis.
Turquía:
Francia, Alemania y Bélgica vetaban la movilización de la OTAN para apoyar el despliegue militar norteamericano en Turquía. Erdogan, ante los planes de invasión de Irak, cambió la postura adoptada por Gül, y ofreció en febrero la cooperación militar a EE.UU., en el marco de la OTAN, organización a la que pertenece Turquía. Se había negociado una notable contraprestación económica. Sin embargo, su propio partido lo rechazó en la Gran Asamblea Nacional (Parlamento). A finales de febrero EE.UU. había desplegado 150.000 soldados en Qatar, Kuwayt y Arabia Saudí. Esperaban desplegarse en Anatolia junto a los norteamericanos, 40.000 británicos y 2.000 australianos. El 20 de marzo, momentos antes del inicio de la invasión, la Gran Asamblea Nacional aprobó la ayuda a las tropas estadounidenses. Tres días más tarde, Erdogan era elegido formalmente primer ministro por la cámara legislativa. Ya en octubre, logró que la Gran Asamblea aprobara el envío de 10.000 soldados turcos a Irak, aunque un mes más tarde, su gobierno decidió no mandarlos ante la negativa del Consejo provisional iraquí.
Los atacantes pusieron cerco a Bagdad el 3 de abril. En el frente norte, aunque Turquía negó el permiso de paso a los norteamericanos para la invasión de Irak, los guerrilleros kurdos avanzaron sobre Mosul y Kirkuk apoyados por fuerzas especiales de EE.UU. El 9 de abril Bagdad era ocupada y el régimen iraquí se derrumbó. Contra el parecer de Kofi Anan y el de varios países, partidarios de que la transición a un nuevo régimen fuera supervisada por la ONU, el gobierno norteamericano se arrogó ese derecho y limitó la función de la ONU a tareas humanitarias.
Proceso de construcción de instituciones democráticas:
El 15 de octubre de 2005 se sometió a referéndum el texto del proyecto constitucional, que obtuvo el voto afirmativo de algo más del 78% de los electores. La fórmula consensuada por chiitas y kurdos fue la de Estado republicano, parlamentario, democrático y federal; reconocimiento de la pluralidad nacional, confesional y cultural del país; definición del islam como religión oficial del Estado y una fuente básica de legislación), a la que se oponía la minoría suní. El 22 de febrero de 2006, un atentado destruye en Samarra la cúpula dorada de la mezquita de Al Askari, uno de los principales santuarios de los chiitas iraquíes. Se desencadenó una espiral de violencia iniciada por las represalias contra los suníes. En abril la Asamblea Nacional reeligió como presidente del país a Talabani, que encomendó la formación de ejecutivo al chiita Nuri al Maliki. El 30 de diciembre de 2006 Saddam fue ejecutado en la horca, en cumplimiento de una sentencia del Alto Tribunal por la muerte de 148 chiitas en la aldea de Dujail (1982). El 22 de enero de 2007 un doble atentado con coches bomba en Bagdad produjo más de un centenar de muertos.
Juicio, condena y ejecución de Saddam Hussein (2005-2006):
Detenido a mediados de diciembre de 2003 por fuerzas estadounidenses y kurdas (iraquíes), el líder iraquí, humillado tras la publicación en mauyo de 2005 de unas imágenes (tomadas en su prisión de máxima seguridad presumiblemente por el ejército estadounidense) en las que se le veía en ropa interior, pero también considerado todavía por muchos como un símbolo del orgullo árabe frente a la prepotencia de EE.UU., fue sometido a juicio el 19 de octubre por un tribunal especial iraquí, entre excepcionales medidas de seguridad. Sobre el ex dictador pesaban alrededor de 500 cargos, aunque en principio sólo iba a ser juzgado por doce de ellos. En el primer y tormentoso proceso fue juzgado, junto a otros siete ex altos cargos del Gobierno, por la muerte de 143 chiitas, asesinados en 1982, en la localidad de Dujail, en represalia por un atentado frustrado contra el propio Hussein. Otros casos documentados por los que iba a ser juzgado eran el empleo de armas químicas sobre ciudadanos kurdos, nuevas represiones contra chiitas y la invasión de Kuwait. El proceso se llevó a cabo según el procedimiento y la actual legislación iraquí, más rígida que la estadounidense. Como era previsible, el juicio contra Hussein levantó una enorme controversia e, incluso, provocó protestas no sólo de organizaciones árabes sino de algunas ONG occidentales, como Human Rights Watch y Amnistía Internacional, que denunciaron la ausencia de garantías procesales suficientes para el acusado. También se produjeron incidentes con el equipo internacional encargado de la defensa, del que dimitió el abogado jefe por discrepancias con los letrados estadounidenses, al tiempo que uno de sus miembros fue secuestrado y asesinado en Bagdad poco antes del juicio. Finalmente, el propio juicio (cuya celebración supone un incómodo antecedente para la nutrida nómina de los dictadores y caciques árabes) tuvo que ser suspendido y aplazado hasta finales de noviembre de 2005, al no presentarse los testigos, temerosos de sufrir represalias por parte de los antiguos baazistas y otros partidarios de Saddam que integraron los grupos de la insurgencia. Tras un año de juicio, en el que Saddam se mantuvo retador en todo momento y acusó al tribunal de falta de legitimidad para juzgarle, el 5 de noviembre de 2006 fue condenado a morir en la horca. La sentencia del Alto Tribunal Penal iraquí era esperado con gran expectación en todo el país, en el que el Gobierno había tomado grandes medidas de seguridad, entre ellas el toque de queda en Bagdad y otras grandes ciudades, que no impidieron la celebración de numerosas manifestaciones a favor y en contra de la condena. Otros dos acusados fueron igualmente sentenciados a la pena capital, mientras que sobre los cinco restantes recayeron diferentes penas de prisión. Dos días después se inició un segundo proceso judicial por la campaña militar de Al Anfal, en la que murieron alrededor de 180.000 kurdos, entre los años 1986 y 1988. Fue ejecutado en la madrugada del 30 de diciembre de 2006. Su muerte fue acogida con explosiones de alegría entre las comunidades chiitas y kurdas, y con violentas protestas por parte de sus partidarios sunitas baazistas. Las indignas condiciones en que fue ajusticiado, aireadas a través de diversas filmaciones realizadas con teléfonos móviles, causaron un gran impacto en la opinión pública mundial y muchos analistas alertaban sobre las imprevisibles consecuencias que prodrían derivarse del grave error político de convertirlo en un mártir para un amplio sector del mundo árabe.
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