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Concepto

Segun Unicef:
Las víctimas del maltrato infantil y el abandono son aquel segmento de la población conformado por niños, niñas y adolescentes hasta los 18 años que sufren ocasional o habitualmente actos de violencia física, sexual o emocional, sea en el grupo familiar o en las instituciones sociales. El maltrato puede ser ejecutado por omisión, supresión o trasgresión de los derechos individuales y colectivos, e incluye el abandono completo o parcial.

Segun el Comité de Derechos del Niño:
Todo castigo en el que se utilice la fuerza física y que tenga por objeto causar cierto grado de dolor o malestar, aunque sea leve. El castigo corporal es siempre degradante. El castigo corporal tiene la intención de corregir, disciplinar o castigar el comportamiento de un niño o niña e implica el empleo de la fuerza física. (Comité de Derechos del Niño. Observación general Nº 8. 2006)




Clasificación

Existen varias clasificaciones del maltrato infantil según su forma, quiénes y desde qué lugar lo ejercen.

Maltrato físico: Acción u omisión intencional que provoque daño físico o enfermedad en el niño, niña o adolescente. Se puede dar por acción que derive en lesiones internas o externas de las víctimas o por negligencia física y cuando las situaciones en las que las necesidades básicas no son atendidas por ninguna de las personas que conviven con ellos.
Maltrato emocional: Acción de carácter verbal o actitud que produzca daños psicológicos. Se manifiesta a través de la hostilidad verbal crónica (insultos, desprecio, crítica o amenaza de abandono) o constante bloqueo por parte de cualquier adulto del grupo familiar. Falta de respuesta a las señales y expresiones emocionales de los niños, niñas y adolescentes que buscan proximidad e interacción.




Según la Intensidad

Otra distinción se da para determinar el tipo de maltrato infantil en el ámbito familiar y la intensidad del mismo. Los autores del maltrato son familiares en primer grado del niño, la niña o adolescente.

Maltrato físico grave: Es cuando el niño o niña recibe golpes con un objeto (no en las nalgas) También se considera violencia física grave cuando se amenazó al niño o niña con un cuchillo o arma de fuego y cuando se pateó o se quemó al niño o niña.
Maltrato físico leve: Ocurre en el momento que el niño o niña recibe nalgadas con la mano o golpes con un objeto en las nalgas. Cuando el padre, madre o cuidador abofeteó al niño/a o le dio un golpe con la mano abierta en la cabeza. También cuando jaló el pelo y retorció la oreja del niño o niña. En algunos casos como poner pimienta en la boca del niño o niña o forzar al hijo/a a arrodillarse o permanecer en una posición incómoda se considera violencia física leve.
Maltrato psicológico o verbal: Si el niño o niña recibió gritos, insultos o amenazas se considera un maltrato verbal. También cuando el padre, la madre o cuidador maldijo o rehusó hablar con el niño o niña y cuando cerró la puerta y dejó fuera de la casa al hijo o la hija.
Cabe destacar prácticas disciplinarias no violentas que ocurre cuando la persona responsable al cuidado del niño o niña canceló prerrogativas, obligó al niño o niña a quedarse en un lugar o le dio al niño o niña algo que hacer.




Consecuencias

En Niños, Niñas y Adolescentes
Trae consigo dolorosas consecuencias en el desarrollo emocional y social de los niños y niñas, dañan su salud física y psicológica, lo que los predispondría a desarrollar trastornos en el área cognitiva, del aprendizaje y de las relaciones interpersonales que se manifiestan inmediatamente en etapas futuras del desarrollo de niños, niñas y adolescentes. Por ejemplo:
* Trastornos en la identidad: Pueden tener una mala imagen de sí mismos. Creen que son malos y por eso sus padres los castigan físicamente.
* Baja autoestima: Experimentan sentimientos de inferioridad e incapacidad. Son tímidos y miedosos, o por el contrario, agitados buscando llamar la atención de los demás.
* Sentimientos de soledad y abandono: Se sienten aislados y poco queridos.
* Exclusión del diálogo y la reflexión: Dificultad en la capacidad para encontrar modos alternativos para resolver conflictos de forma pacífica y dialogada.
* Ansiedad, angustia, depresión: Pueden sentir miedo por la presencia de un adulto que es agresivo o autoritario.
* Dificultades en la comunicación con sus padres y madres debilitando los vínculos emocionales.
* Sentimientos de rabia y ganas de alejarse del hogar
* Generación de más violencia enseñando que la violencia es un modo adecuado para resolver los problemas.
* Desafiar la autoridad, transgrediendo las pautas sociales de su comunidad.
* Sufrir daños físicos incluso la muerte.


En Padres, Madres y Cuidadores:
Convivir en un contexto de violencia podría generar a su vez en las madres, padres y cuidadores las siguientes consecuencias:

* Ansiedad y culpa, cuando se considere que el motivo del castigo físico o la humillación verbal es educativo y por el bien de los hijos e hijas.
* Sensaciones de frustración e impotencia por tener que usar el castigo para educar.
* Vivir episodios de ira y enojo de alta intensidad al momento de castigar físicamente o humillar a los hijos e hijas.
* Provocar más violencia.
* Disminución de autoestima como madres y padres.
* Deterioro de la comunicación con los hijos e hijas, debilitando los vínculos emocionales con los mismos.
* Pérdida de autoridad frente a los hijos, cuando ellos ven a sus padres fuera de control y responden por temor.




Situación en el Mundo

Informe Mundial Sobre la Violencia Contra los Niños y Niñas:
Todos los años, entre 133 y 275 millones de niñas y niños son víctimas de violencia dentro de sus hogares, según datos incluidos en el Informe mundial sobre la violencia contra los niños y niñas (ONU, 2006). Esto sucede, paradójicamente en aquel espacio que debiera ser de protección, de afecto y de resguardo de sus derechos.

Según este informe, los niños, niñas y adolescentes de menor edad son los que se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad. La tasa de homicidios de niños y niñas de 0 a 4 años es más del doble que la tasa de homicidios de niños y niñas de 5 a 14 años (5,2 frente a 2,1 por cada 100.000).


Para ver el Informe: http://www.unviolencestudy.org/spanish

América Latina
De acuerdo a estimaciones de UNICEF, en América Latina existen aproximadamente 6 millones de niños, niñas y adolescentes que son objeto de agresiones. A esto se le suman las cerca de 80 mil muertes por maltrato infantil dentro de las familias (ONU, 2006).






Educar


Cultura de Paz:
Proponer a los padres pautas de crianza sin violencia, implica convocarlos a una reflexión abierta y permanente del ejercicio de su rol y a invitarlos a que trabajen por la formación tanto de sus hijos e hijas como de su comunidad.

Por lo tanto, reflexionar sobre modos no violentos de educar a los hijos e hijas es una invitación-desafío para las madres y los padres a comprometerse con la construcción de una cultura basada en el diálogo que contribuirá a forjar sociedades más pacíficas y democráticas.


Poner Limites:

El amor es una responsabilidad de un yo por un tú



Para que la autoridad de madres y padres sea vivida y comprendida por los hijos e hijas como algo positivo – que no representa los modelos represores o autoritarios, ésta tiene que plantearse en vínculos que promuevan el apego emocional. Cuando esto ocurre, se produce un alejamiento de prácticas violentas ya que las madres y padres encuentran maneras de manejar sus emociones, reconocer y expresar su rabia, regular su agresividad y principalmente encontrar palabras.

A menudo las personas adultas golpean a sus hijos e hijas porque no tienen un lenguaje adecuado para hablarles

La convivencia familiar registra circunstancias tales como la hora de dormir, bañarse, las comidas, las tareas escolares, entre otras, donde aumenta la tensión cuando las cosas no suceden como la madre o el padre espera.

A menudo, esta tensión tiene la siguiente secuencia: “hablar-convencer-discutir-gritar-pegar”. Al llegar al último recurso de esta secuencia, la madre o el padre está en un clima emocional de desborde y violencia: todo parece ser una “batalla”.

Recuperar el clima emocional es fundamental para que las madres y padres puedan ejercer su autoridad y que los hijos e hijas se sientan seguros y protegidos. Con el lenguaje analógico – el tono de voz, la postura corporal y los gestos de la cara – se transmite el clima emocional.


Guia Para Prevenir El Maltrato Infantil En el Ambito Familiar:
Guia Metodológica para Realizar Talleres con Madres y Padres:




De Acuerdo A La Edad

Cada etapa de la vida del niño, niña o adolescente puede describirse observando sus necesidades y potencialidades, su capacidad de aprender, en un proceso constante y abierto, a partir de la imitación del ejemplo y del ensayo – error.
Es importante reconocer que los niños, niñas y adolescentes, de acuerdo a la etapa de desarrollo que viven tienen determinada capacidad de entendimiento o razonamiento y características particulares. No son pequeños adultos.
Entender esto es clave para las madres y los padres, pues no es posible exigir la misma capacidad de atención y comprensión a un niño de 2 años que a una niña de 5, ni tampoco es posible aplicar las mismas sanciones.
Conocer más acerca del desarrollo evolutivo de los hijos e hijas puede ayudar a las madres y padres a saber que esperar y que poder exigirles a la hora de educarles y ponerles límites.

Niñas y Niños de 0 a 9 meses
Los bebés no podrían sobrevivir sin una relación con la mamá, el papá y/o cuidadores, que los proteja integralmente a través de:

* La comunicación: necesitan estar en una permanente comunicación con su madre y padre a través de la mirada, las palabras, el sentido de su presencia (estando en brazos, sintiendo el calor corporal y el ritmo cardíaco).
* El contacto: necesitan estar lo más posible en contacto físico. Esto le permite al niño o niña primero fusionarse con el cuerpo de la madre (que lo acuna y lo contiene) y luego ir delimitando, muy lentamente, su propio cuerpo.
* La alimentación permanente: además del alimento, los bebés necesitan del clima afectivo en el que éste hecho sucede. Ellos sostienen la mirada con la madre, se sienten parte de ella mientras escuchan su voz amorosa que les habla o canta. El padre y/o cuidadores también pueden alimentar a los bebés en un clima afectivo amoroso.
Este proceso de apego no ocurre sólo con la madre, sino también con el padre y/o cuidadores.

En esta etapa, poner límites está relacionado con ir discriminando y ayudando a los bebés a entender qué les sucede. Por ejemplo, las madres y los padres van “interpretando” el llanto de sus hijos e hijas: “es un llanto porque tiene sueño, hambre, calor o quiere mimos”. Y de esta manera, respondiendo a las necesidades de los bebés, las madres y los padres van organizando una rutina que va siendo más estructurada a medida que van creciendo.

Niñas y Niños de 9 meses a 2 años
Los niños y niñas en esta etapa desarrollan paulatinamente mayor independencia física de las madres y los padres. A partir de los nueve meses, los bebés comienzan a gatear, pararse y alrededor de los doce meses, a caminar. Al mismo tiempo, empiezan a pronunciar las primeras palabras y frases. Al llegar a los 2 años, los niños y niñas construyen el significado de la palabra “yo”, aspecto que revela su primer sentido de independencia de la mamá.

Los límites en esta etapa están relacionados principalmente con dos aspectos: la rutina diaria y la seguridad integral de los niños y niñas.

Las madres y los padres deciden el horario para despertarse, comer, bañarse, jugar y el lugar donde estas actividades van a ser realizadas. Por ejemplo, comer en la mesa y no en el dormitorio o jugar en la sala y el patio pero no en la cocina. De esta manera, se proponen límites a partir de los cuales los niños y niñas aprenden las nociones de tiempo y espacio.

Cuando empiezan a caminar, los niños y niñas deambulan de un lado a otro, tocando todo aquello que está a su alcance, especialmente aquellas cosas riesgosas para ellos como parte de su aprendizaje. En estos momentos, algunas maneras de poner límites podrían ser:

* Guardar las cosas que representen un riesgo para los niños y niñas como objetos cortantes y líquidos tóxicos así como tapando los enchufes, etc.
* Hablar con los niños y niñas suavemente con palabras concretas y explicaciones breves como: “esto lastima”, “esto duele” o “esto quema”.
Otra manera de poner límites es enseñándoles a pronunciar las palabras. Es importante hablarles correctamente, evitando el uso de diminutivos. Burlarse de la mala pronunciación o corregirlos con castigos físicos puede hacer que el niño o niña se sienta descalificado.

Niñas y Niños entre 2 a 5 años
En esta etapa el lenguaje y la motricidad continúan su desarrollo con saltos cualitativos. Es el período de la vida donde el juego es la actividad principal. Empieza siendo una actividad más solitaria y egocéntrica hasta poder incluir a otros niños y niñas.

En esta etapa los niños y niñas aprenden a comer solos, a controlar sus esfínteres, a cambiarse la ropa con ayuda, señales que van confirmando su sentido de independencia y autonomía. Una manera característica de hacerlo, es a través de los berrinches o rabietas, donde los niños y niñas no pueden expresar sus deseos o necesidades de una manera en la que las madres y los padres puedan comprenderla, creándose así un clima emocional de alta intensidad.

Los niños y niñas podrían tener un berrinche cuando no se sienten mirados, atendidos, o no aceptan el límite que acaban de recibir. Podrían interpretar que ese “no” (por ejemplo, no te voy a comprar el autito ahora) es un “no” a él o a ella misma. A veces, los padres o cuidadores ceden frente a estos berrinches, haciendo que sus hijos e hijas identifiquen los mecanismos para desafiar las reglas de la familia, y perdiendo de esta manera autoridad. El niño o niña no se siente seguro, sino todo lo contario: encontró una manera de tener poder sobre su madre, padre o cuidadores.

Hacia los 4 y 5 años los niños y niñas son activos, se muestran más seguros en sus movimientos corporales como correr, saltar y empiezan a desarrollar su motricidad fina como pintar, dibujar, abotonar. Son imaginativos, espontáneos. A veces, confunden la realidad con la fantasía. Son curiosos, hacen muchas preguntas a los adultos. Pueden hablar de sus necesidades y emociones, pero les cuesta ponerse en el lugar del otro.

Esta es la etapa en la que reciben más castigo físico, conforme lo indican los estudios realizados en el país y a nivel internacional.

Niños y Niñas de 6 a 11 años
Es la etapa en la cual los niños y niñas entran al sistema escolar, con nuevas reglas, rutinas y responsabilidades.

Entre los 6 y 7 años los niños y niñas tienen mucha energía. Su coordinación sigue mejorando, pueden escribir y manipular mejor los objetos. Siguen teniendo un corto período de atención. Buscan actividades que involucran acción.

Entre los 7 y 11 años el pensamiento es concreto, los niños y niñas están ligados todavía a sus experiencias concretas, necesitando manipular objetos para comprender. Pueden resolver problemas. Tienen la coordinación necesaria para aprender destrezas físicas y los períodos de atención aumentan. Les gusta estar en grupos de su mismo sexo y empieza a ser muy importante lo que el grupo piense o haga.

En esta etapa las madres y padres pondrán mayor énfasis en:

* Organizar un tiempo para el estudio y las tareas escolares y el descanso.
* Organizar un tiempo para la Tv, Internet y jueguitos electrónicos, con control y restricciones.
* Organizar una dieta balanceada y con horarios.
* Expresar que las madres y los padres esperan buenas notas y buen comportamiento.
* Tener espacios permanentes de diálogo especialmente sobre los cambios físicos y emocionales, que aparecerán en la etapa de la adolescencia.
* Brindar información a los hijos e hijas sobre su cuerpo y el cuidado del mismo.
* Los adultos en el hogar, deberán ponerse de acuerdo en las reglas de convivencia familiar, así como sobre las consecuencias en caso de que los hijos e hijas no cumplan con las mismas.

Adolescentes de 11 a 18 años
Esta etapa podría dividirse en dos: pre-adolescencia y adolescencia. Ambas etapas se caracterizan por el desarrollo de un pensamiento cada vez más abstracto.

La pre-adolescencia es una etapa que se ubica entre la niñez y la adolescencia, comprendida entre los 11 y 13 años aproximadamente. Ésta se caracteriza por los primeros cambios físicos orientados a la madurez psico-sexual.

Los pre-adolescentes con respecto a la etapa anterior tienen más desarrollada la capacidad de mirar hacia el futuro y ver las consecuencias de sus acciones. En este período comienzan a enamorarse.

La adolescencia presenta grandes cambios físicos para niños y niñas, en altura y peso, así como a través de la aparición de las características sexuales propias de los varones y las mujeres. Es una etapa de cambios permanentes donde los hijos e hijas pueden mostrar inestabilidad en el estado de ánimo, desafiar a los adultos y sus creencias, priorizan las actividades y opiniones de su grupo.

La pre-adolescencia y la adolescencia no es sólo ocasionan una crisis vital que afecta a los hijos e hijas, toda la familia está envuelta en esta transformación.

Es importante que las madres y padres estén atentos a los cambios de sus hijos e hijas, no desde un lugar de control sino de acompañamiento. Es necesario conversar y convenir pautas y límites con los hijos e hijas respecto a temas tales como: el horario de estudio, de salidas, las fiestas, las compañías, el consumo de alcohol, tabaco y otras drogas, la conducción de vehículos y el cuidado sexual, entre otros. Es esperable que los adolescentes se cierren al diálogo con las madres y los padres, sintiéndose controlados por éstos.

En esta etapa, las madres y padres podrían ceder en aspectos que hacen a la independencia de los hijos e hijas, como el corte de pelo, la vestimenta y las preferencias musicales. Pero, al mismo tiempo, deberían ser firmes con las pautas y límites que dan seguridad y contención a los hijos e hijas, como en el caso de los temas relevantes mencionados en el párrafo anterior.




Consejos para Poner Limites sin Violencia

A continuación se proponen algunos recursos y técnicas que puede ayudar a madres y padres en la difícil tarea de educar y poner límites a sus hijos e hijas sin emplear la violencia. Estas recomendaciones pueden adaptarse a cada etapa del desarrollo del niño, niña y adolescente.

Parar, calmarse y pensar: Cuando el niño o la niña o adolescente está haciendo algo que no debe y no hace algo que sus madres y padres esperan, es muy fácil caer en la tentación de “pedir-hablar-gritar-pegar”. Para evitar esto, los adultos pueden detenerse, calmarse

respirando hondo, haciendo una pausa y pensar desde una visión diferente. Podrían hacerse algunas preguntas en ese momento:

* ¿Estoy esperando algo adecuado para la edad de mi hijo o hija?
* ¿Le estoy hablando claro y firme?
* ¿Le he mostrado con el ejemplo de mis acciones?
* ¿De qué otras maneras, tal vez más lúdicas, podría transmitirle el mensaje?
* ¿He sido consecuente con mis ideas y límites?
* ¿Cómo puedo evitar ceder a posibles chantajes de mi hijo o hija?
* ¿Qué emociones tengo? Estas emociones están relacionadas a la conducta de mi hijo o hija o están relacionadas con otras preocupaciones del trabajo, la pareja, etc.?
* ¿Qué emociones reconozco en mi hijo o hija en este momento? ¿Está pudiendo expresarlas? ¿Estoy facilitando que pueda hacerlo?
* ¿Está mi hijo o hija percibiendo que el límite es a la acción y no al afecto o a su identidad?


De esta manera, madres y padres podrían estar en un permanente proceso reflexivo acerca de cómo están ejerciendo su autoridad y como están siendo vistos por sus hijos e hijas.

Decirle al niño, niña o adolescente lo que debería hacer y lo que no: Los adultos deben ponerse de acuerdo entre sí primero sobre las conductas deseadas y decirle a los hijos lo que esperan que hagan o dejen de hacer, de manera serena, clara y firme.

Abrazar al niño, niña o adolescente: Uno de los mayores gestos de autoridad es el abrazo" y en todas las edades, madres y padres pueden ofrecer un abrazo como límite a los hijos e hijas. Al abrazarlos, pueden sentir el contacto del cuerpo con el otro: un cuerpo que mece y que acuna trae a la memoria emotiva el recuerdo físico de los brazos de la madre o de la figura “maternante”. El abrazo cálido y firme da un “contorno”, un límite, es un poderoso mensaje de “hasta acá podés”. Calma esa sensación de angustia y de no sentirse escuchado, que de alguna manera, los niños, niñas y adolescentes experimentan cuando se desbordan emocionalmente.


En los momentos de berrinches, característicos de los niños y niñas entre los 2 y 5 años, las madres y padres o cuidadores podrían entender que la necesidad del hijo o hija de ser mirado, atendido y escuchado es expresada de forma “¡¡¡quiero que me compres un juguete o un dulce!!!. A esta necesidad afectiva desplazada hacia el reclamo de un objeto -que a su vez tiene un significado afectivo- podrían responder con un abrazo y algunas palabras que contengan, sin ceder a comprar algo que, en definitiva, el niño o niña no desea.

Refuerzo verbal de conductas positivas: Las madres, padres o cuidadores, cuando el niño, niña o adolescente tiene un buen comportamiento, pueden emplear frases como: ¡Qué bien!; ¡Te felicito!; ¡Lo lograste!; ¡Estoy orgullosa de ti!; ¡Cómo estas creciendo!; ¡Mira todo lo que ya aprendiste!; ¿Has notado lo bien que hiciste tus tareas?, entre otras.

Estas palabras o expresiones confirman y validan al hijo o hija y sus logros, en el proceso de ir aprendiendo a vivir en el mundo que le rodea. Al escucharlas, comprenden lo que sus madres y padres esperan de ellos y se sienten estimulados a querer seguir haciéndolo, buscando su reconocimiento.

Dejar que asuman las consecuencias de sus actos: A medida que van creciendo, los niños, niñas y adolescentes van teniendo más responsabilidades en la casa, como cuidar y ordenar sus juguetes o su pieza y en la escuela, hacer las tareas. En este proceso de ejercicio de responsabilidad y autonomía, es importante que conozcan y asuman las consecuencias de lo que hacen o dejan de hacer, obviamente siempre y cuando esto no implique riesgos para su integridad o su salud. Para ello, las madres y los padres o cuidadores podrán decirles y anticiparles lo que va a ocurrir si no actúan debidamente, dejando que los niños, niñas y adolescentes enfrenten sus propias responsabilidades. A modo de ejemplo, si deciden no hacer su tarea o se olvidan, dejar que vayan al colegio sin la misma y reciban la sanción de la profesora o del profesor.

Luego, en un clima de calma y serenidad, podrían conversar juntos para reflexionar sobre la experiencia vivida y sacar aprendizajes de la misma.


Dialogar: A partir de conversaciones, las madres y los padres o cuidadores pueden guiar a sus hijos e hijas a imaginar y expresar los anhelos y metas para su vida. Así como, compartir momentos de reflexión acerca de las consecuencias de las acciones que realizan. Además, pueden ayudarlos a expresar sus emociones, hablar de los conflictos y encontrar maneras para solucionarlos.


El juego: A través del juego los adultos pueden compartir los mismos códigos con los niños y niñas logrando conectarse desde lo emotivo, lo que ayudará a que sus hijos e hijas pequeños les presten más atención sobre aquello que desean enseñarles.

A través del juego y las canciones, los niños y niñas pueden aprender a hacer cosas como ordenar sus juguetes.

Otra forma, puede ser mediante la lectura de cuentos. De estas maneras las madres y los padres pueden ir transmitiendo ideas acerca de sus concepciones del mundo, además de ir estimulando el lenguaje. Lo que a su vez, proporciona más elementos cognitivos y emotivos para que los niños y niñas comprendan lo que sus madres, padres y cuidadores esperan de ellos.

Con los niños y niñas mayores y adolescentes, los adultos podrían lograr una aproximación similar para dialogar mejor y obtener la atención de los mismos, conociendo y compartiendo algunas actividades de interés de los hijos e hijas, como sus programas favoritos de tv o jueguitos electrónicos, o temas musicales, por citar algunos ejemplos.


Suspenderles algo que les gusta: Esta forma de castigo o sanción se aplica avisándole al niño, niña o adolescente previamente que si no deja de actuar o hacer determinada cosa que está mal se le suspenderá una actividad que le agrada, por ejemplo va a dejar de ver la televisión por dos días o no va a poder ir a una fiesta. Las madres y padres tienen que prometer algo que puedan cumplir y luego cumplir con lo estipulado para no perder autoridad ante los hijos e hijas.


Tiempo de exclusión (time out): Este procedimiento se utiliza con la intención de reducir la frecuencia de un comportamiento que las madres y los padres o cuidadores consideren inadecuado, negándole al niño, niña o adolescente cualquier oportunidad de que refuerce el mismo, como por ejemplo “el querer ser siempre el centro de atención”. Las madres y padres envían al niño o niña a un lugar aparte a pensar sobre lo que hizo. El tiempo de exclusión debe ser acorde con la edad del hijo o hija. Si estamos hablando de un niño de 5 años, el tiempo no debe ser mayor de 5 minutos, si es un niño de 8 años, podría permanecer 8 minutos en un lugar pensando.

Este método, al igual que las variantes del mismo que se detallan a continuación, es apropiado para niños y niñas a partir de 2 años en adelante. Otra forma en que se aplica es cuando los cuidadores avisan al niño, niña o adolescente que están observando su conducta y le comunican que tendrá hasta tres oportunidades para cambiar de comportamiento. Si no lo hace, irá a otro lugar, por ejemplo su dormitorio, por un periodo de tiempo conforme con la edad. Esto ayuda a que tanto el padre y la madre como los niños, niñas y adolescentes estén en control de sus emociones, poniendo el foco en la acción que los hijos e hijas deben dejar de hacer. Este último método es también conocido como “1-2-3 Magia”.

Asimismo, los adultos podrían usar este “tiempo fuera o de exclusión del niño” para reflexionar y encontrar las palabras adecuadas para dialogar con su hijo o hija, en un clima emocional afectuoso, sobre el motivo por el cual es importante que él o ella deje de hacer aquello que se le pidió.


Variantes del tiempo de exclusión al momento de ser implementado:

Período de exclusión de la actividad: se le prohíbe al niño, niña o adolescente participar en una actividad entretenida en la que estaba participando. Por ejemplo: si el niño, niña o adolescente está jugando con la pelota afuera de la casa con otros amigos. La madre, padre o cuidadores dijeron antes de que comience el juego: “pueden jugar con la pelota afuera, adentro de la casa no”. De repente quiere entrar a la casa y seguir jugando con la pelota donde están los niños más pequeños y cosas que se pueden romper. En este ejemplo, se le obliga a dejar el juego de pelota con los amigos, mientras estos continúan, diciendo “ahora no vas a jugar a la pelota, quedáte afuera del partido pero podés mirar a tus amigos”.

Período de exclusión en otra habitación: Al niño, niña o adolescente se le prohíbe que participe en la actividad, y también que la observe, pero no se lo aísla totalmente. Por ejemplo, se queda adentro de la casa con los demás niños pequeños mientras los amigos juegan afuera a la pelota.

Período de exclusión en otro sitio: se le prohíbe que participe en la actividad, que observe y se lo envía a otro lugar como su dormitorio por un tiempo determinado conforme con la edad.



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