Generalmente se asocia el consumo de paco con las clases bajas. Se trata de los pibes de las villas que estàn en "situaciòn de pasillo", incultos y hambrientos, que consumirìan pasta base por ignorancia.`Bueno, malas noticias. El consumo de este veneno se expande a todas las clases sociales. Y si no, vean el caso de la doctora Leticia del Valle Gimenez, distinguida abogada y madre de tres hijas, que se volviò adicta al paco y viviò un infierno del que pudo salir por fortuna. Y ahora, cuenta su historia para que sirva a otros como ayuda o advertencia.
En dos años, su vida se destruyó. Llegó a gastar hasta 2000 pesos por día en dosis de pasta base de cocaína, o "paco", como se conoce a este flagelo que afecta a cada vez más sectores de la sociedad argentina.
Se trata de Letizia del Valle Giménez, una abogada penalista que se animó a romper el silencio y admitir públicamente su adicción. "Con el paco abrí las puertas del infierno", contó a lanacion.com.
Letizia, de 46 años, tiene tres hijas. Comenzó a consumir paco a los 40. Hace unos meses, tocó fondo y decidió poner todas sus fuerzas para salir del infierno en el que se había metido.
Su caso refutó un prejuicio que vino aparejado con el surgimiento del paco. Lo que se suponía era un flagelo de las clases pobres, cada vez se expande más y no diferencia edad ni poder adquisitivo.
"En Tribunales hay delivery , como en todos lados; la diferencia es que las clases medias y altas se hacen traer la droga, no van a comprarla a la villa", explicó Letizia, y dijo que hoy "mueren diez adictos al paco por día".
Sin distinciones. Cada vez más organismos denuncian el avance de esta droga por los distintos estratos de la sociedad.
"Es verdad que el paco se ha instalado en distintos mercados como una opción. La diferencia es que la gente de clase media tiene más recursos para poder salir adelante, en cambio para los más carenciados esos recursos son inexistentes y se transforma en una droga de exterminio", indicó Rubén González, presidente de la Federación de Organizaciones No Gubernamentales de la Argentina para la Prevención y el Tratamiento del abuso de drogas (Fonga).
Alicia Dongi, directora del programa de actualización en clínica de adicciones de la Facultad de Psicología de la UBA, coincidió en que el fenómeno no es exclusivo de las clases pobres. "Lo que advertimos es que a los chicos más pudientes les venden el paco como si fuera cocaína y como es un mercado totalmente clandestino, los pibes terminan consumiendo algo mucho más peligroso", detalló la psicóloga.
Por su parte, Alejandro Corda, miembro del equipo de investigación de Intercambios Asociacion Civil a cargo de la investigación "El paco bajo la lupa", dijo que desde 2006 se advierte que el consumo de pasta base no es exclusivo de los barrios carenciados. Su expansión genera mucha preocupación. "El tema de la pasta base merece un tratamiento especial porque genera mas daños que las drogas que usualmente conocíamos", dijo Corda.
Dura rehabilitación. Salir de la adicción al paco es un proceso largo y difícil. "Fue horrible; me golpeaba la cabeza contra la pared, lloré todo el día durante cinco meses y lo peor de todo es el sentimiento de culpa que te genera", contó Letizia.
Según explicó Luis Alberto Suárez, presidente de la Fundación Vida Nueva , el paco tiene una particularidad: quema una zona frontal del cerebo, donde se encuentra la moral, y genera un gran sentimiento de culpa. "Ese sentimiento hace que el adicto vuelva a consumir", añadió Suárez.
La Fundación Vida Nueva es una entidad dedicada a ayudar a la rehabilitación del drogadicto. "Tenemos todo en regla para la habilitación, pero desde hace dos meses esperamos que nos llamen para establecer el convenio para poder trabajar normalmente. Por una serie de cuestiones burocráticas todo el proceso se está demorando", contó Suárez. "Mientras tanto, los pibes se están muriendo y nosotros tenemos 17 camas vacías", agregó.
La Fundación trabaja con su propio sistema de becas, por el cual la familia del adicto que puede pagar la rehabilitación paga el doble y de esa manera beca al que no tiene recursos. Pero con la crisis y el aumento de personas que requieren de un programa de rehabilitación complica el funcionamiento de la ONG, según explicó Suárez.
Críticas al fallo. Letizia recibió con mucho dolor la noticia de la decisión de la Corte Suprema, que ayer declaró inconstitucional la penalización de la tenencia de marihuana para consumo personal. "Estamos liberando el comercio minorista; no se trata sólo de un Estado ausente, sino de algo mucho peor: un Estado que acepta las reglas del narcotráfico", dijo la abogada y ex adicta.
"La excusa de que se está respetando el artículo 19 de la Constitución es una vergüenza, porque el adicto sí afecta a terceros; después de este fallo, va a haber mucho más víctimas de la droga", agregó Letizia.
También Suárez se manifestó en contra del fallo. "Todos los chicos que nosotros atendemos empezaron consumiendo porro; con este fallo y la posibilidad de un aval por ley, el Estado está desamparando a los grupos en situación de riesgo", se quejó Suárez. "Es hora de que se haga un trabajo serio en prevención y tratamiento; no se entiende de dónde sale tanto interés por la despenalización", añadió.
“Es mentira que el paco es la droga de los pobres, los pibes de la villa la toman con tetrabrik, nosotros con Johnnie Walker etiqueta negra”. La frase pertenece a Letizia del Valle Giménez, una prestigiosa abogada penalista con experiencia internacional (egresada de la Universidad Nacional de Córdoba y doctorada en Derecho), que a los 46 años tomó una valiente decisión: reconocer su adicción a la pasta base e iniciar un tratamiento de recuperación. “Yo sé que voy a ser adicta toda mi vida, pero tengo que intentarlo, porque mi vida se arruinó cuando probé esta basura y quiero tratar de recuperarla”, relata en diálogo con Crítica de la Argentina. La profesional reconoce que “llegó a gastar 2.000 pesos diarios en paco” y que “a muchos colegas les traen la droga al Palacio de Tribunales como si fuera un delivery” hasta el interior mismo de los juzgados.
Pero sus palabras, sin embargo, no son un testimonio más. Plantean un nuevo aspecto en la discusión sobre el flagelo de esta droga, la llamada droga de los pobres. Y extirpan al paco, si se quiere, de su escenario habitual: la órbita de la pobreza y la marginalidad.
–¿Cuándo fue la primera vez que probó paco?
–Fue a mi regreso de un viaje a Marbella, a mediados de 2004. Mis amigos me hicieron una fiesta de recepción y uno de ellos me ofreció paco. Lo fumé pensando que era como el crack y que lo iba a poder manejar. De hecho fui consumidora social de otras drogas y nunca me había transformado en adicta. Pero no fue así. El paco me atrapó y me arruinó la vida.
–¿Qué otras drogas había probado?
–En realidad fui adicta toda mi vida, creo que hay un componente genético que nos transforma en más propensos a ciertas adicciones. Lo primero fue el alcohol, después otro tipo de estimulantes, en Europa llegué a probar el hachís, pero jamás algo que provoque la sensación de angustia y desesperación que genera la pasta base.
–¿Por qué es tan terrible?
–Primero porque te provoca una adicción incontrolable que te lleva a consumir una dosis tras otra para mantener el efecto que genera. Después porque provoca alucinaciones terribles. Llegué a hacer cosas muy feas bajo los efectos del paco, una vez casi prendo fuego mi casa en medio de un ataque de delirio. Es la droga del demonio.
–¿Conoce gente de clase media alta que consuma paco?
–Adictos al paco hay en todos los ámbitos. Pero le aseguro que está lleno de personas de mi clase que toman pasta base, gente de muy buen nivel socioeconómico y cultural, abogados, médicos, todos ellos muy prestigiosos. Por ejemplo en el Palacio de Tribunales hay muchos colegas que toman y se sabe, pero nadie hace nada. He visto a muchos colegas consumir en los juzgados. Pero lo que ocurre es que se oculta que esta droga ya atrapó a la clase media y alta por el estigma que representa reconocer la adicción al paco. Pero tenemos que sacarnos la careta y admitir que estamos enfermos. Los pibes de la villa toman paco con tetrabrik, nosotros con Johnnie Walker etiqueta negra.Y no vamos a comprar la pasta a los barrios pobres, la pedimos por teléfono y nos traen la droga a casa, al despacho, es un delivery que los más ricos nos podemos dar el lujo de pagar.
–Existe el prejuicio de que el paco es una droga barata y que por eso la consumen los más pobres.
–Eso es una gran mentira. Cuando recién empezó a distribuirse en Argentina, la regalaban, después empezaron a venderla por uno o dos pesos, pero ahora cuesta mucho más cara, no conseguís una dosis por menos de diez o quince pesos, es casi tan cara como la cocaína. Con un agravante: el paco te obliga a consumir muchas dosis en poco tiempo. Yo me he llegado a gastar 2.000 pesos en un día en pasta base. Yo me los podía gastar, pero no todo el mundo tiene mi condición económica. Por eso los chicos de la villa que no tienen recursos para bancar la adicción, entran en un espiral delictivo que no pueden frenar para conseguir la plata.
–¿Qué está haciendo para tratar de zafar de su adicción?
–Ahora estoy en proceso de recuperación, con diferentes tratamientos psicológicos, no estoy empastillada, pero hago terapia de grupo. Paso entre 4 y 6 horas diarias con asistencia profesional.
–¿Por qué se decidió a hablar?
–Es muy difícil dar la cara, pero yo me cansé de estar careteando todo el tiempo la situación. Tengo tres hijas mayores que me acompañan en este difícil proceso de recuperación, me costó admitir ante ellas mi adicción, pero no me arrepiento de habérselo contado. No me avergüenza reconocer que soy una enferma que está tratando de recuperarse, pero esta adicción es incurable. Fui una estúpida, nunca imaginé que esto fuera tan horrible, es un verdadero infierno. Las madres de clase media deben estar muy atentas porque éste no es un problema sólo de los más pobres, nuestros hijos también consumen. El Gobierno está gastando una fortuna para prevenir la gripe porcina y no tenemos una puta víctima de esta enfermedad, mientras se nos están muriendo cientos de pibes por el paco y nadie hace nada.