InicioInfoAccidentes Radiológicos
El conocimiento de los efectos tóxicos de las sustancias radioactivas data desde hace poco menos de una centuria. Ya en la época en que Madame Curie realizaba sus experimentos con este tipo de sustancias, no existía sospecha alguna de que estas pudieran ser nocivas para los seres humanos, fue debido a su labor científica que Curie tuvo que afrontar abortos y una leucemia que acabó con su vida y también la de una de sus hijas, que continuó con sus investigaciones -y hasta el día de hoy sus manuscritos se encuentran contaminados con radioactividad razón por la cual deben ser manipulados con extrema precaución-. Pocos aseveraban entonces el carácter ponzoñosos de tales elementos, tal es el caso de los empleadores de las “Chicas Radioactivas”, aquellas trabajadoras de una fábrica de diales que inocentemente se envenenaron con pinturas hechas con radio a comienzos del siglo pasado en Estados Unidos. Sus patrones nunca dudaron en tomar recaudos cuando tomaban contacto con ese material venenoso, aunque nunca se lo advirtieron a sus obreras quienes sufrieron no solo la pérdida de dientes, cabello, uñas y mandíbulas sino también la vida en medio de terribles dolores. A saber los cuerpos de estas mujeres descansan en ataúdes de plomo, a varios metros de profundidad ya que continúan emitiendo radiación todavía y se asegura que lo seguirán haciendo después de siglos. Los peligros de la radiación recién tuvieron conocimiento mundial desde que fueron arrojadas las bombas nucleares en el Japón durante la guerra y ni que hablar luego del desastre de Chernobil y de otras plantas nucleares y sus basureros de escaso conocimiento masivo. Pero en realidad es poco lo que se sabe en relación a las precauciones que uno debe tomar cuando se trabaja y se toma contacto con equipos de radiología médica o industrial y máquinas usadas para radioterápia por ejemplo. Esto suele ser ignorado aún por los técnicos que trabajan con estos equipos cayendo a veces en descuidos que después les cuestan los dedos, manos, piernas o tumores y leucemias. En Yanago, Perú, en 1999, se tuvo noticia que un ayudante de gammagrafía industrial fue seriamente afectado por iridio que se emplea en para descubrir fallas en tuberías. Parece ser que éste se encontró con una capsula que contenía tal material, lo abrió por curiosidad y se llevó su contenido a su casa como si se tratara de una baratija más. El técnico encargado del equipo al notar su desaparición se desesperó puesto que sabía que consecuencias podía traer un material peligroso como el iridio 192 aunque es uno de los menos nocivos. Buscaron y buscaron en el lugar hasta que dieron con el ayudante. Este hombre, que estaba de lo más tranquilo en su hogar ni siquiera se percataba lo que le esperaba. Declaró, luego que solo había sentido una comezón en la pierna que se transformó en un dolor más agudo pero para ese entonces todavía no sabía de que se tratara de envenenamiento por radiación, creía que era la picadura de un mosquito. Al llegar el personal de seguridad a su casa rápidamente aislaron el material que unas horas antes estaba en un bolsillo de su pantalón sobre el cual la mujer del ayudante se había sentado para amamantar a su bebé. Tal vez a ellos no les habrá pasado nada porque solo hay noticia del padre de la familia: fue trasladado a un hospital para ser tratado por su contacto por el Iridio 192 pero el mal ya estaba hecho, cuando comenzó a empeorar, los médicos pidieron que lo trasladaran a Francia para que continúe con sus curaciones, no obstante a pesar de los continuos injertos de piel a los que lo sometieron en ese lugar igual sufrió las amputaciones de piernas y una severa infección en toda las zonas aledañas de su cuerpo expuestas a la radiación al mermar sus defensas. Si ven las fotos de este caso, notaran las terribles consecuencias de uno de los materiales radiactivos menos nocivos, no cómo pueden ser de tratarse de otros más peligrosos como uranio o plutonio. Lo más probable es que este pobre desgraciado haya fallecido hace tiempo, no creo que haya sobrevivido a tamaña infección. Otro caso de envenenamiento por radiación ocurrió en Brasil a mitad de los 80´ en la ciudad de Goiana donde un grupo de vándalos accedió a un hospital abandonado donde todavía habían maquinas para el tratamiento contra el cáncer. Los equipos estaban inutilizables en ese hospital debido a que se encontraban en litigio al disolverse la sociedad a cargo del hospital. Con el pasar del tiempo habían sido “olvidados” en ese lugar ´-en realidad no puedo creer la falta de responsabilidad de dejar material radiactivo en esas maquinarias, tan así a la intemperie-. Sucedió que estos vándalos desconociendo la existencia de material peligroso se llevaron parte del equipo que lo contenía con el objetivo de vender el metal a un ojalatero de la zona, quien también desconocía su peligrosidad. Ya en su casa, el ojalatero abrió a golpes lo que los vándalos le vendieron, se trataba de una especie de dispositivo de seguridad hecho de plomo que contenía dentro un elemento altamente radiactivo empleado para el servicio de braquiterapia. Naturalmente al tratarse de personas casi analfabetas, plenamente ignorantes de sus terribles efectos, el ojalatero mostró a todos los que pudo la llamativa piedra azul que había hallado dentro del dispositivo. Lo que les llamaba más la atención fue el hecho en cómo esta exótica piedra emitía destellos fosforescentes en la oscuridad. Fue así como terminaron todos en su familia contaminados con Cesio 137. Y lo peor del suceso fue que su hija más pequeña llegó a ser uno de los más terribles casos de contaminación por radiación documentados que se tiene en la historia de la medicina ya que la niña momentos antes de ingerir alimentos había tocado con sus manos esa roca, llevándoselas luego a la boca al comer un bocadillo. Las consecuencias no esperaron en aparecer, al poco tiempo varios miembros de la familia comenzaron a mostrar signos del envenamiento, el hospital donde fueron atendidos tuvo que llamar a expertos para atender a los enfermos y para que se hagan cargos del material peligroso. También atendieron a cientos de personas que se encontraban contaminadas producto del contacto con los enfermos y el material, pues restos de este fueron hallados en diferentes partes de la ciudad. Desafortunadamente como era de esperar el deceso del ojalatero y sus parientes -entre ellos su pequeña hija- se produjeron a los pocos días. Los sobrevivientes de la familia prácticamente no pudieron despedirse de ellos. Los habitantes de Goiana reunidos en una multitud se agolparon para esperar los ataúdes de los difuntos y los apedrearon tratando de que no fuesen enterrados cerca de ellos puesto que tenían temor de la radiación motivo por el cual el gobierno decidió sepultarlos en un lugar oculto dentro de féretros de metal. Después se dispuso demoler lo que quedaba del edificio del hospital y la humilde vivienda de las víctimas por razones de seguridad dado que se habían registrado considerables niveles de radiación. Un dato increíble es que luego de esta siniestro nadie hay sido declarado culpable; la Sociedad que había sido dueña del equipo se había disuelto hacía años y los socios alegaron no ser responsables por la negligencia de haber abandonado tal material ya que en el momento de producirse el hecho, este se encontraba bajo la guarda de la justicia por causa del embargo. Por otra parte el gobierno apeló a su inocencia al declarar que los entes encargados de vigilar estos equipos no fueron avisados para hacerse caso de ellos. En resumen, todos se pasaban el fardo molesto de un lado a otro. Otro caso de negligencia en relación a equipos utilizados para tratamientos contra el cáncer ocurrió a comienzos de los 90´en una clínica de Zaragoza en España. Un técnico encargado por la firma General Electric realizó el mantenimiento en los equipos, sin advertir que incurrió errores en el calibrado de una de las máquinas en un descuido, el resultado de esto fue que al realizar los eventuales tratamientos en enfermos de cáncer está irradió más de lo que debería haber hecho. Esta falla solo fue notada a meses posteriores de la reparación cuando los médicos, encargados del seguimiento de los pacientes, notaron agravamientos en la condición de estos y el fallecimientos de otros. El equipo fue analizado nuevamente pero esta vez por una comisión de energía atómica de España donde se constató el grave error. Se llevó a juicio a la compañía encargada del mantenimiento, ya que la clínica no era responsable de esta falla, pero la empresa General Electric fácilmente se desentendió del asunto porque la según ellos la culpabilidad la recaía en el técnico quien no siguió al pie de la letra el protocolo de reparación así como sus advertencias. Fue este operario quien realmente fue juzgado y encontrado culpable por tal delito. Por este error se reportaron aproximadamente veinticinco muertes según cifras oficiales, ya que en los enfermos tratados con este equipo averiado el cáncer devino en una etapa terminal. Actualmente, todas las víctimas han muerto. A nosotros solo nos queda una enseñanza: que el hombre aún con sus adelantos todavía no puede controlar la fuerza nociva de mal invisible al que llamamos radioactividad.
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