La izquierda no deja nunca de sorprenderme; desde mis años de facultad, cuando intercambiaba conceptos con algún militante en busca de votos, hasta mi trato diario como ser social, juro que no los entiendo.
El problema es siempre el mismo: la carga conceptual / ideológica y el modo ambiguo -al punto que rozar lo descarado- en que perciben la realidad.
La sensación es siempre la misma: de que carajo me están hablando? Es joda? Hace escasos días quedo en libertad Hugo Barreda, responsable de una espantosa masacre en la ciudad de La Plata, que cobró las jóvenes vidas de sus 2 hijas, de su esposa y de su suegra.
El asesino disparó a mansalva, pero de forma fría y metódica: 2 tiros a cada una. Después se fue a “descargar tensiones” a casa de su amante, a cenar y, por último, radicó la denuncia.
Fingió ser ajeno al hecho, hasta que un policía, astutamente le dijo: “quedate tranquilo que vos zafas” (por demencia), y lo hizo confesar.
La cara de piedra -tan propia de los psicópatas- en ningún momento dejo entrever arrepentimiento o la más mínima emoción humana –una lágrima- por el hecho.
Aún así, cuando se presentaba en la Facultad de Derecho a rendir finales, recibía aplausos y muestras de afecto y admiración??? de buena parte de los estudiantes; si, de esos mismos estudiantes que se llenan la boca hablando de la crueldad de la Dictadura Militar, de las monstruosidades que cometieron y de la falta de arrepentimiento de los represores.
Reventar a tiros a toda una familia y después salir de parranda con la loca de turno no es acaso una monstruosidad? El asesinato y la violación? Lo pregunto porque muchos de esos mismos pendejos, que en el pasado hicieron uso y abuso de la violencia como modo de expresión ideológica, hoy en día frecuentan las cárceles argentinas brindando consuelo a asesinos y violadores.
“No tuvieron oportunidad, son excluidos del sistema” alegan infantilmente cuando se les pregunta el por qué.
No se, es lo que siempre pienso y quería plantearlo.