TODOS CONOCEMOS ESTA HISTORIA TOMADA DEL ANTIGUO TESTAMENTO, PERO QUIZÁ NO HEMOS REFLEXIONADO LO SUFICIENTE SOBRE CÓMO UN PADRE PUEDE SER EL ORIGEN
DF.L CONFLICTO ENTRE SUS HIJOS. LA HISTORIA DE CAÍN Y ABEL TRATA DE LO QUF, SE CONOCE COMO "RIVALIDAD ENTRE HERMANOS"; ES DECIR, LOS CELOS Y LA COMPETENCIA QUE EXISTE ENTRE HERMANOS Y HERMANAS. ESTA RIVALIDAD ES TAN NATURAL E INEVITABLE COMO EL SOL QUE NOS ALUMBRA, Y TAN ANTIGUA. SI ES ESCASA, PUEDE PRODUCIR UN AUTODESARROLLO SALUDABLE; EN DEMASÍA, PUEDE CREAR DOLOR Y GENERAR UN COMPORTAMIENTO DESTRUCTIVO DENTRO DE LA FAMILIA.
Adán y Eva tuvieron dos hijos. El más joven, Abel, era pastor, mientras que su hermano mayor, Caín, trabajaba en el campo. En cierta ocasión ambos le hicieron ofrendas a Dios. Caín le ofreció una parte de sus cosechas, el fruto de los campos, mientras que Abel decidió ofrecerle la mejor y más grande de sus ovejas. Dios quedó complacido con la ofrenda de Abel, mas no con la de Caín. Y como Caín no pudo encontrar ninguna razón para este favoritismo, se sintió muy enojado y amargado con Dios y con su hermano, Abel.
Dios vio la ira de Caín, y dijo:
-¿Por qué estás tan enojado? Si trabajas duramente, triunfarás. Si no lo haces, la culpa será tuya.
Pero Caín no se tranquilizó con estas palabras. La ira creció en su interior. Sin embargo, como no era prudente estar enfadado con Dios, dirigió su furia contra su hermano menor. Siguió a Abel cuando este se dirigía al campo, y allí lo atacó y asesinó.
-Caín, ¿dónde está tu hermano? -le dijo Dios.
-No lo sé -replicó Caín. No soy el guardián de mi hermano. Pero Dios, por supuesto, sabía lo que había sucedido.
-¿Por qué has cometido un acto tan horrendo? -le dijo Dios a Caín-. La sangre de tu hermano se escucha desde la tierra con voz que clama venganza. Yo te maldigo; nunca más labrarás la tierra. Ella ha absorbido la sangre de tu hermano como si hubiese abierto su boca para recibirla cuando lo mataste. Cuando vuelvas a labrar la tierra, no producirá nada. Andarás por la tierra errante y sin hogar.
Y Caín le dijo a Dios:
-No puedo soportar este castigo. Me estás arrojando de la tierra y me privas de tu presencia. Seré un proscrito, y cualquiera que me encuentre me matará. A lo que Dios le respondió:
-No. Si alguien te matara, será siete veces castigado.
Entonces Dios puso una señal en la frente de Caín, para advertir a todos los que lo encontrasen que no lo mataran. Y Caín se alejó de la presencia de Dios y se fue a vivir a una tierra llamada Nod, que significa "Errante", al oriente del Edén.
COMENTARIO:
Los que tengan una inclinación religiosa de carácter ortodoxo, probablemente no cuestionarán la dudosa moralidad de esta historia. Pero si consideramos el relato cuidadosamente, es muy posible que nos preguntemos por qué Dios favorece a Abel, aun cuando Caín actúa con la misma devoción. Está claro que no hay ecuanimidad en el juicio de Dios. Cada hermano ofrece lo mejor de lo que produce; Caín no puede ofrecer ovejas porque su vocación es labrar la tierra. Aquí podemos vislumbrar alusiones a una dinámica familiar demasiado común: la rivalidad entre hermanos, que surge citando uno de los padres favorece a un hijo más que a otro. Caín no puede hallar razón alguna para ser rechazado por Dios, y su ira, considerada objetivamente, está bien justificada. Sin embargo, no puede descargar su ira directamente sobre Dios, de igual forma que un hijo no puede desahogarse de su enfado sobre unos padres poderosos. La ira exhibida hacia Dios podría terminar en aniquilación. Los hijos tienen un temor profundo y arquetípico de sus padres, no necesariamente porque los padres se lo merezcan, sino porque un padre o una madre son imágenes divinas en la psique de un niño, y ejercen un poder de vida y muerte
Debido a esto, Caín dirige su ira hacia su hermano. Esta suele ser la consecuencia cuando sentimos temor de desplegar nuestra ira contra alguien a quien amamos o tememos. Se proyecta, sobre el hermano que aparentemente ha acaparado el amor de los padres, y aun cuando la mayoría de las veces conduce a una forma más sutil de asesinato (de frialdad y rencor), a veces puede terminar en violencia física, incluso en el seno de familias "normales".
La clave de esta historia no es, en definitiva, la rivalidad entre hermanos, sino una deidad que muestra un favoritismo basado en sus gustos personales. Evidentemente, Dios prefiere ovejas a trigo; en consecuencia, es Caín y no Abel el rechazado. ¡Un vegetariano tendría razón en cuestionar esta preferencia! Cuando observamos la dinámica familiar, las razones para el favoritismo residen en el perfil psicológico propio de cada uno de los padres. El padre que prefiere los deportes a la creación artística puede inclinarse por un hijo atlético con preferencia a otro con disposición para la música; la madre que se preocupa por las apariencias, puede preferir una hija bella a una estudiosa pero poco atractiva. La vida, lo mismo que las familias, es "injusta".
En este relato el conflicto planteado no llega a resolverse; a Caín se le priva del hogar y se le convierte en proscrito. No obstante, Dios no prescinde de él. Quizá Dios se siente un tanto culpable, porque la raíz de esta rivalidad entre hermanos está en él. En la vida familiar, puede llegarse a una resolución del conflicto, pero esta solo puede materializarse si los hermanos contendientes son suficientemente honestos como para dialogar entre ellos y averiguar dónde está la verdadera herida, y si el dañado o rechazado puede reconocer conscientemente su ira ante el padre causante del problema.
Quizá la mayor responsabilidad reside en el padre que, al igual que Dios en esta historia, pudo haber tenido un comportamiento abiertamente injusto e irracional, sin la suficiente reflexión interior. Puede que Dios tenga el derecho de comportarse de esta forma, pero los padres no lo tienen. La rivalidad entre hermanos reflejada en la historia de Caín y Abel no surge de la antipatía innata entre los hermanos; la genera la compleja dinámica familiar. Si somos emocionalmente generosos y suficientemente honestos como para llegar hasta el núcleo, puede que seamos capaces de erradicar la señal de Caín de nuestra frente y de la de nuestros hijos.
Perseo.
Perseo era hijo de una mujer mortal, Dánae, y del gran dios Zeus, el rey de cielo. El padre de Dánae, el rey Acrisio, había sabido por un oráculo que algún día su nieto lo mataría y, aterrorizado, apresó a su hija y expulsó a todos sus pretendientes. Pero Zeus era un dios y quería a su hija Dánae. Entró en la prisión disfrazado de aguacero de lluvia de oro, y el resultado de su unión fue Perseo. Al descubrir Acrisio que, a pesar de sus precauciones, tenía un nieto, metió a Dánae y a su hijo en un arcón de madera y lo arrojó al mar, esperando que se ahogaran.
Pero Zeus envió vientos suaves para que empujaran a madre e hijo a través del mar hasta la orilla. El arcón llegó a tierra en una isla donde lo encontró un pescador. El rey que gobernaba en la isla recibió a Dánae y a Perseo y les ofreció refugio. Perseo creció allí fuerte y valiente, y cuando su madre se sintió incómoda por las insinuaciones que no deseaba del rey, el joven aceptó el desafío que lanzó este molesto pretendiente. El desafío consistía en traerle la cabeza de la Medusa Gorgona.
Perseo no aceptó esta peligrosa misión porque deseara adquirir gloria personal, sino porque amaba a su madre y estaba dispuesto a arriesgar su vida para protegerla.
La Medusa Gorgona era tan horrorosa que sólo con mirarle a la cara convertía en piedra al observador. Perseo necesitaba la ayuda de los dioses para vencerla; y Zeus, su padre, se aseguró de que le ofrecieran esa asistencia. Hades, el rey del inframundo, le prestó un casco que hacía invisible al portador; Hermes, el Mensajero divino, lo proveyó de sandalias aladas, y Atenea le dio la espada y un escudo especial pulido con tanto brillo que servía como espejo. Con este escudo, Perseo pudo ver el reflejo de Medusa, y de ese modo le cortó la cabeza sin mirar directamente a su horrible rostro.
Con esta cabeza monstruosa, convenientemente oculta en una bolsa, volvió para casa. Durante el viaje vio a una doncella hermosa encadenada a una roca que había en la playa, esperando la muerte a manos de un terrible monstruo marino. Supo que se llamaba Andrómeda y que la estaban sacrificando al monstruo porque su madre había ofendido a los dioses. Conmovido por su situación y por su hermosura, Perseo se enamoró de ella y la liberó, convirtiendo al monstruo en piedra con la cabeza de la Medusa Gorgona. Después, regresó con Andrómeda para presentársela a su madre que, en su ausencia, se había sentido muy atormentada por las insinuaciones del malvado rey, hasta el punto que, desesperada, tuvo que buscar refugio en el templo de Atenea.
Una vez más, Perseo sostuvo en el aire la cabeza de la Medusa, convirtiendo en piedras a todos los enemigos de su madre. Después le entregó la cabeza a Atenea, que la montó en su escudo, con lo que en adelante se convirtió en su emblema. También devolvió los otros dones a los dioses que se los habían dado.
Andrómeda y él vivieron en paz y armonía desde entonces y tuvieron muchos hijos. Su único pesar fue que, cierto día, mientras tomaban parte en unos juegos atléticos, lanzó un disco que llegó demasiado lejos impulsado por una ráfaga de viento, y accidentalmente golpeó y mató a un anciano. Este hombre era Acrisio, el abuelo de Perseo. Al final, de esta forma se cumplió el oráculo que el difunto anciano tanto se había esforzado por evitar. Pero en Perseo no había ningún espíritu de rencor ni de venganza y, debido a esta muerte accidental, no quiso seguir gobernando su legítimo reino. En consecuencia, intercambió los reinos con su vecino, el rey Argos, y construyó para sí una ciudad poderosa, Micenas, en la que vivió largo tiempo con su familia en amor y honor.
Comentario:
La historia de Perseo es un relato de amor y de coraje en la batalla contra el odio y el temor, y refleja el modo en que lo divino está presente en toda su progenie.
La lucha y el sacrificio que requieren el obrar apropiado conducen al cese del conflicto y a la creación de una persona superior. Pero el héroe no persigue esta búsqueda conscientemente. Muy pocos jóvenes son verdaderamente conscientes de la necesidad de ser consciente y de obrar apropiadamente, de andar el camino espiritual; de lo que normalmente se dan cuenta es de la necesidad de hacer mejor las cosas.
Perseo comienza por salvar a su propia madre; sin embargo, acaba haciendo mucho más de lo que se había propuesto originalmente. La historia de Perseo comienza, con temor. Acrisio teme que se cumpla la profecía del oráculo e intenta deshacerse de su hija y del pequeño nieto. El argumento del viejo que teme al joven nos es familiar en el mito, y Acrisio encarna la actitud negativa que el ser humano viejo puede tener hacia el joven. El nombre de Perseo, que significa “destructor”, describe su papel como asesino de la Medusa; pero Acrisio ve la destrucción únicamente en relación consigo mismo. En esta historia, el dios Zeus juega el papel de padre bondadoso que ampara a su hijo, guiando y protegiendo invisiblemente a madre e hijo para que sus vidas no corran en realidad peligro.
Zeus ama a Dánae y ella ama y quiere a su hijo, a pesar del mal carácter de su propio padre. Perseo responde al amor de Dánae, al amor de su madre, arriesgando con gusto la vida por ella. Cuando su madre está desesperada por la persecución agresiva del rey, Perseo decide dejar el hogar y derrotar a cualquier monstruo que amenace su seguridad. Se ve impelido hacia el mundo, más por el deseo de proteger a alguien que es muy preciado para él que por buscar el significado de la vida. Aunque los dioses le ayudan, utiliza esa ayuda sabia y modestamente. Es ingenioso y valiente al acabar con la Medusa y, cuando se enamora, es indómito al defender a su amada de los enemigos. Aunque abandona a su madre, se apoya en su relación positiva con ella para realizar hechos valerosos, a diferencia de otros héroes, que rompieron sus lazos con el hogar de forma abrupta con el fin de encontrarse a sí mismos.
Perseo es siempre decente y caballeroso. Perseo es una imagen de algo que hay en nuestro interior y que puede alcanzar metas sin hacer que sufran los que no tienen culpa. Castiga sólo a los que merecen castigo y siempre honra y respeta a los dioses. Devuelve sus dones, porque sabe que es mortal y no tiene ningún derecho a exigir atributos divinos. Ya al final de la historia se comporta con sensibilidad, renunciando a su reino de pleno derecho, a causa de la desgraciada muerte de su abuelo. Es capaz de perdonar a Acrisio por su odio corrosivo y no se siente obligado a buscar venganza. Quizá por eso viva mucho tiempo y felizmente con su madre, su esposa y sus hijos, que es algo poco usual en el mito griego.
Perseo.
Perseo era hijo de una mujer mortal, Dánae, y del gran dios Zeus, el rey de cielo. El padre de Dánae, el rey Acrisio, había sabido por un oráculo que algún día su nieto lo mataría y, aterrorizado, apresó a su hija y expulsó a todos sus pretendientes. Pero Zeus era un dios y quería a su hija Dánae. Entró en la prisión disfrazado de aguacero de lluvia de oro, y el resultado de su unión fue Perseo. Al descubrir Acrisio que, a pesar de sus precauciones, tenía un nieto, metió a Dánae y a su hijo en un arcón de madera y lo arrojó al mar, esperando que se ahogaran.
Pero Zeus envió vientos suaves para que empujaran a madre e hijo a través del mar hasta la orilla. El arcón llegó a tierra en una isla donde lo encontró un pescador. El rey que gobernaba en la isla recibió a Dánae y a Perseo y les ofreció refugio. Perseo creció allí fuerte y valiente, y cuando su madre se sintió incómoda por las insinuaciones que no deseaba del rey, el joven aceptó el desafío que lanzó este molesto pretendiente. El desafío consistía en traerle la cabeza de la Medusa Gorgona.
Perseo no aceptó esta peligrosa misión porque deseara adquirir gloria personal, sino porque amaba a su madre y estaba dispuesto a arriesgar su vida para protegerla.
La Medusa Gorgona era tan horrorosa que sólo con mirarle a la cara convertía en piedra al observador. Perseo necesitaba la ayuda de los dioses para vencerla; y Zeus, su padre, se aseguró de que le ofrecieran esa asistencia. Hades, el rey del inframundo, le prestó un casco que hacía invisible al portador; Hermes, el Mensajero divino, lo proveyó de sandalias aladas, y Atenea le dio la espada y un escudo especial pulido con tanto brillo que servía como espejo. Con este escudo, Perseo pudo ver el reflejo de Medusa, y de ese modo le cortó la cabeza sin mirar directamente a su horrible rostro.
Con esta cabeza monstruosa, convenientemente oculta en una bolsa, volvió para casa. Durante el viaje vio a una doncella hermosa encadenada a una roca que había en la playa, esperando la muerte a manos de un terrible monstruo marino. Supo que se llamaba Andrómeda y que la estaban sacrificando al monstruo porque su madre había ofendido a los dioses. Conmovido por su situación y por su hermosura, Perseo se enamoró de ella y la liberó, convirtiendo al monstruo en piedra con la cabeza de la Medusa Gorgona. Después, regresó con Andrómeda para presentársela a su madre que, en su ausencia, se había sentido muy atormentada por las insinuaciones del malvado rey, hasta el punto que, desesperada, tuvo que buscar refugio en el templo de Atenea.
Una vez más, Perseo sostuvo en el aire la cabeza de la Medusa, convirtiendo en piedras a todos los enemigos de su madre. Después le entregó la cabeza a Atenea, que la montó en su escudo, con lo que en adelante se convirtió en su emblema. También devolvió los otros dones a los dioses que se los habían dado.
Andrómeda y él vivieron en paz y armonía desde entonces y tuvieron muchos hijos. Su único pesar fue que, cierto día, mientras tomaban parte en unos juegos atléticos, lanzó un disco que llegó demasiado lejos impulsado por una ráfaga de viento, y accidentalmente golpeó y mató a un anciano. Este hombre era Acrisio, el abuelo de Perseo. Al final, de esta forma se cumplió el oráculo que el difunto anciano tanto se había esforzado por evitar. Pero en Perseo no había ningún espíritu de rencor ni de venganza y, debido a esta muerte accidental, no quiso seguir gobernando su legítimo reino. En consecuencia, intercambió los reinos con su vecino, el rey Argos, y construyó para sí una ciudad poderosa, Micenas, en la que vivió largo tiempo con su familia en amor y honor.
Comentario:
La historia de Perseo es un relato de amor y de coraje en la batalla contra el odio y el temor, y refleja el modo en que lo divino está presente en toda su progenie.
La lucha y el sacrificio que requieren el obrar apropiado conducen al cese del conflicto y a la creación de una persona superior. Pero el héroe no persigue esta búsqueda conscientemente. Muy pocos jóvenes son verdaderamente conscientes de la necesidad de ser consciente y de obrar apropiadamente, de andar el camino espiritual; de lo que normalmente se dan cuenta es de la necesidad de hacer mejor las cosas.
Perseo comienza por salvar a su propia madre; sin embargo, acaba haciendo mucho más de lo que se había propuesto originalmente. La historia de Perseo comienza, con temor. Acrisio teme que se cumpla la profecía del oráculo e intenta deshacerse de su hija y del pequeño nieto. El argumento del viejo que teme al joven nos es familiar en el mito, y Acrisio encarna la actitud negativa que el ser humano viejo puede tener hacia el joven. El nombre de Perseo, que significa “destructor”, describe su papel como asesino de la Medusa; pero Acrisio ve la destrucción únicamente en relación consigo mismo. En esta historia, el dios Zeus juega el papel de padre bondadoso que ampara a su hijo, guiando y protegiendo invisiblemente a madre e hijo para que sus vidas no corran en realidad peligro.
Zeus ama a Dánae y ella ama y quiere a su hijo, a pesar del mal carácter de su propio padre. Perseo responde al amor de Dánae, al amor de su madre, arriesgando con gusto la vida por ella. Cuando su madre está desesperada por la persecución agresiva del rey, Perseo decide dejar el hogar y derrotar a cualquier monstruo que amenace su seguridad. Se ve impelido hacia el mundo, más por el deseo de proteger a alguien que es muy preciado para él que por buscar el significado de la vida. Aunque los dioses le ayudan, utiliza esa ayuda sabia y modestamente. Es ingenioso y valiente al acabar con la Medusa y, cuando se enamora, es indómito al defender a su amada de los enemigos. Aunque abandona a su madre, se apoya en su relación positiva con ella para realizar hechos valerosos, a diferencia de otros héroes, que rompieron sus lazos con el hogar de forma abrupta con el fin de encontrarse a sí mismos.
Perseo es siempre decente y caballeroso. Perseo es una imagen de algo que hay en nuestro interior y que puede alcanzar metas sin hacer que sufran los que no tienen culpa. Castiga sólo a los que merecen castigo y siempre honra y respeta a los dioses. Devuelve sus dones, porque sabe que es mortal y no tiene ningún derecho a exigir atributos divinos. Ya al final de la historia se comporta con sensibilidad, renunciando a su reino de pleno derecho, a causa de la desgraciada muerte de su abuelo. Es capaz de perdonar a Acrisio por su odio corrosivo y no se siente obligado a buscar venganza. Quizá por eso viva mucho tiempo y felizmente con su madre, su esposa y sus hijos, que es algo poco usual en el mito griego.
Osiris, Isis y Horus. El hijo divino trae esperanza eterna.
ESTE RELATO DEL ANTIGUO EGIPTO NOS HABLA DEL NIÑO COMO IMAGEN DE ESPERANZA Y RENOVACIÓN, Y NOS BRINDA EL CORAJE NECESARIO PARA SUPERAR LOS OBSTÁCULOS Y CONQUISTAR LA PAZ Y LA ALEGRÍA.
OSIRIS, ISIS Y HORUS HAN SIDO COMPARADOS POR ALGUNOS ERUDITOS CON LA TRINIDAD CRISTIANA, DEBIDO AL NIÑO DIVINO
QUE ES RESCATADO DEL SUFRIMIENTO Y DERROTA AL MAL. DESDE EL PUNTO DE VISTA PSICOLÓGICO, ESTA FAMILIA DIVINA NOS PUEDE DECIR MUCHO ACERCA DEL SENTIDO DE ESPERANZA Y DE SIGNIFICADO QUE EXPERIMENTAMOS A TRAVÉS DE NUESTROS HIJOS.
Osiris era el hijo primogénito del Padre Tierra y de la Madre Cielo. El joven dios hacía gala de un buen semblante y era mucho más alto que los seres humanos. Tomó por esposa a su hermana Isis, diosa de la Luna. Juntos enseñaron al pueblo de Egipto la fabricación de utensilios agrícolas y la elaboración de pan, vino y cerveza. Isis enseñó a las mujeres a moler el maíz, hilar el lino y tejer el paño. Osiris edificó los primeros templos y esculpió las primeras imágenes divinas, enseñando de este modo a los seres humanos lo que eran los dioses. Le llamaban "El bueno" porque era enemigo de la violencia, y dio a conocer su voluntad únicamente por medio de la benevolencia.
Pero no transcurrió mucho tiempo antes de que Osiris fuera víctima de un complot por parte de su malvado hermano menor, Set, que estaba celoso de su poder. Set era rudo y salvaje; había provocado su salida prematura del vientre de su madre y estaba determinado a gobernar el mundo en lugar de Osiris. Invitó a Osiris a un banquete y después lo asesinó, encerrando el cadáver en un arcón que después arrojó al Nilo.
Cuando Isis oyó la noticia de que Osiris había sido asesinado, quedó abrumada por el dolor. Se cortó el cabello, rasgó sus vestiduras y, de inmediato, se lanzó a la búsqueda del cofre. Este había sido llevado mar adentro y arrastrado por las olas hasta Biblos, yendo a parar bajo las ramas de un tamarisco. El árbol creció tan rápidamente que el cofre quedó totalmente rodeado por el tronco. Entre tanto, el rey de Biblos había ordenado que el árbol fuera talado para que sirviera de soporte al techo de su palacio. Una vez ejecutada la orden, el maravilloso árbol esparció un aroma tan exquisito que su reputación llegó a oídos de Isis. Esta, de inmediato, comprendió su significado. Sin demora, se puso en camino de Biblos, sacó el cofre del tronco y lo llevó de regreso a Egipto. Pero Set, conociendo lo que se estaba tramando, fue en busca del arcón al pantano donde Isis lo había escondido, lo abrió y descuartizó el cadáver de su hermano en catorce pedazos, esparciéndolos después por todas partes.
Isis no se sintió desalentada. Buscó los preciados fragmentos de su esposo y los encontró todos excepto el falo, que se lo había tragado un pez del Nilo.
Como bruja poderosa que era, la diosa reconstruyó entonces el cuerpo de Osiris uniendo todos los fragmentos y haciendo un nuevo falo de arcilla. Después realizó los ritos de embalsamamiento para que el dios asesinado pudiera regresar a la vida eterna. Mientras éste dormía aguardando su renacimiento, Isis se acostó con él y concibió al divino hijo Horus, quien al nacer fue comparado con un halcón cuyos ojos brillaban con la luz del Sol y la Luna.
Resucitado y liberado desde entonces de la amenaza de la muerte, Osiris podría haber recuperado el gobierno del mundo. Pero se sintió entristecido por el poder del mal que había experimentado en la tierra y se retiró al inframun-do, para dar la bienvenida en forma efusiva a las almas de los justos y reinar
sobre los muertos.
Correspondió a Horus, el hijo de Osiris, tomar venganza del acto salvaje que había desembocado en la muerte y desmembramiento de su padre. Horus fue criado en reclusión, pues su madre temía las maquinaciones de Set. Era extremadamente débil al nacer, y solo gracias a la ayuda de los poderes mágicos de su madre pudo escapar a los peligros que lo amenazaban. Eue mordido por bestias salvajes, picado por escorpiones, quemado y padeció dolores de vientre; todo ello obra de Set. No obstante, creció con fortaleza, a pesar de todos estos sufrimientos, y Osiris se le aparecía con frecuencia y le daba instrucciones acerca del uso de las armas, con la intención de que estuviera pronto dispuesto a hacerle la guerra a Set, reclamar su herencia y vengar a su padre.
Cuando Horus llegó a la edad adulta, inició una prolongada guerra para derrotar a sus enemigos y logró destruir a muchos de ellos. Pero Set no podía ser vencido únicamente por la fuerza de las armas, debido a que era sumamente astuto. A fin de terminar con el inacabable derramamiento de sangre, los otros dioses convocaron un tribunal y llamaron ante ellos a los dos adversarios. Set alegó que Horus era ilegítimo, concebido después de que Osiris había sido asesinado; pero Horus demostró con éxito la legitimidad de su nacimiento. Los dioses condenaron al usurpador, restauraron la herencia de Horus y lo nombraron gobernante de Egipto.
Horus reinó de forma pacífica sobre el cielo y la tierra, y, junto con su padre y su madre, fue adorado por todo el territorio. Intercalaba las tareas de gobierno con visitas frecuentes a su padre en el inframundo, conduciendo a los difuntos ante la presencia de, "El Bueno", y presidiendo la ceremonia del pasaje del alma.
COMENTARIO:
Ningún hijo puede redimir la vida de sus padres. Pero existe una esperanza en el futuro y una fe en la innata bondad e inocencia de la niñez, capaces de transformar una vida tediosa y carente de significado en una vida que valga la pena y que dé significado al sufrimiento pasado. El mito de Osiris, Isis y Horus nos muestra la razón más profunda que nos motiva a crear una familia. No es solo para la continuidad de la vida biológica; también es porque el nacimiento de un hijo augura un nuevo comienzo y la posibilidad de que el dolor sufrido pueda ser curado. Lo que buscamos en nuestra descendencia es tanto la continuidad del espíritu como la del cuerpo.
La familia de Osiris es arquetípica y, por lo tanto, refleja patrones que existen en toda familia. La dedicación de Isis es un tema importante. A pesar de los obstáculos que Set coloca en su camino, ella está determinada a encontrar y rehabilitar el cuerpo descuartizado de su esposo. Esta lealtad absoluta es uno de los aspectos redentores del relato y, en la vida cotidiana, puede ser expresado por una persona que esté dispuesta a respaldar a su pareja, incluso ante el aparente fracaso y la derrota que pudiera sobrevenirle. La pareja que continúa siendo leal y animosa cuando el compañero o compañera se queda sin trabajo, o pasa por momentos de depresión o mala salud, puede verse reflejada en la dedicación de Isis. Ante semejante proceder humano podemos experimentar el tema arquetípico de la redención en su forma más profunda, tal y como nos la presenta este mito.
Otro elemento importante en la historia es la concepción de Horus, que tiene lugar cuando las cosas pasan por su peor momento. Isis concibe a su hijo divino cuando Osiris está durmiendo y aguardando la resurrección. ¿Qué significa esto en términos de una vida familiar corriente? Quizá nos diga algo de los momentos en los que más ansiamos tener hijos; pues es frecuente que los hijos proporcionen una fuente de esperanza cuando las circunstancias se presentan más difíciles. No siempre es el éxito y la satisfacción lo que nos inspira para crear una familia. A veces la dura lucha por la vida nos hace buscar un hueco para poner un pie en el futuro y un propósito para nuestra existencia.
La niñez de Horus fue muy precaria, y sufrió muchas vicisitudes antes de alcanzar su plena fortaleza. Esto también nos puede decir algo del patrón de lavida, pues tener unos comienzos débiles y vulnerables suele ser un motivo suficiente como para que realicemos nuestros esfuerzos más fuertes y creativos. Isis se las arregla para proteger a su hijo de Set. Al igual que necesitamos proteger a nuestros hijos vulnerables, de ese mismo modo necesitamos proteger aquello que es más vulnerable e incipiente en nosotros, a fin de que pueda crecer hasta dar fruto.
Horus comprende que debe poner fin al sufrimiento de su padre; el propio Osiris ya no desea permanecer en la tierra para seguir soportando la lucha. En un momento dado, puede que necesitemos confiar en que nuestros hijos se enfrentarán al futuro, pues, a medida que envejecemos, es posible que perdamos la energía o el coraje de batallar con la vida. En esta parte podemos apreciar ecos de otras historias míticas: los celos que Teseo siente de Hipólito, por ejemplo, reflejan su incapacidad para confiar en que su hijo tome las riendas y tenga su oportunidad en la vida. Por otra parte, Osiris se enfrenta a ese desafío con éxito. La resolución del conflicto llega no en razón de una conquista individual, sino debido a que los dioses, como grupo, deciden que Horus merece la recuperación de su herencia.
Al final, puede que también nosotros debamos permitir que la vida complete lo que hemos dejado sin terminar, y que debamos tener confianza en lo que sea que entendamos por Dios o el espíritu en nosotros para lograr lo que estamos tratando de alcanzar. Si lo que buscamos es justo y equitativo, como es el caso de Horus, es posible que el mal no sea derrotado para siempre, pero puede lograrse que se vuelva impotente para destruir aquello que es bueno. En el seno familiar, confiar en que el tiempo y la rectitud interior conducirán a un equilibrio y serenidad finales nos puede ser útil para aceptar las situaciones que no podemos cambiar, para perdonar a quienes pensemos que nos han ofendido y para mantener nuestra fe en el futuro.
DF.L CONFLICTO ENTRE SUS HIJOS. LA HISTORIA DE CAÍN Y ABEL TRATA DE LO QUF, SE CONOCE COMO "RIVALIDAD ENTRE HERMANOS"; ES DECIR, LOS CELOS Y LA COMPETENCIA QUE EXISTE ENTRE HERMANOS Y HERMANAS. ESTA RIVALIDAD ES TAN NATURAL E INEVITABLE COMO EL SOL QUE NOS ALUMBRA, Y TAN ANTIGUA. SI ES ESCASA, PUEDE PRODUCIR UN AUTODESARROLLO SALUDABLE; EN DEMASÍA, PUEDE CREAR DOLOR Y GENERAR UN COMPORTAMIENTO DESTRUCTIVO DENTRO DE LA FAMILIA.
Adán y Eva tuvieron dos hijos. El más joven, Abel, era pastor, mientras que su hermano mayor, Caín, trabajaba en el campo. En cierta ocasión ambos le hicieron ofrendas a Dios. Caín le ofreció una parte de sus cosechas, el fruto de los campos, mientras que Abel decidió ofrecerle la mejor y más grande de sus ovejas. Dios quedó complacido con la ofrenda de Abel, mas no con la de Caín. Y como Caín no pudo encontrar ninguna razón para este favoritismo, se sintió muy enojado y amargado con Dios y con su hermano, Abel.
Dios vio la ira de Caín, y dijo:
-¿Por qué estás tan enojado? Si trabajas duramente, triunfarás. Si no lo haces, la culpa será tuya.
Pero Caín no se tranquilizó con estas palabras. La ira creció en su interior. Sin embargo, como no era prudente estar enfadado con Dios, dirigió su furia contra su hermano menor. Siguió a Abel cuando este se dirigía al campo, y allí lo atacó y asesinó.
-Caín, ¿dónde está tu hermano? -le dijo Dios.
-No lo sé -replicó Caín. No soy el guardián de mi hermano. Pero Dios, por supuesto, sabía lo que había sucedido.
-¿Por qué has cometido un acto tan horrendo? -le dijo Dios a Caín-. La sangre de tu hermano se escucha desde la tierra con voz que clama venganza. Yo te maldigo; nunca más labrarás la tierra. Ella ha absorbido la sangre de tu hermano como si hubiese abierto su boca para recibirla cuando lo mataste. Cuando vuelvas a labrar la tierra, no producirá nada. Andarás por la tierra errante y sin hogar.
Y Caín le dijo a Dios:
-No puedo soportar este castigo. Me estás arrojando de la tierra y me privas de tu presencia. Seré un proscrito, y cualquiera que me encuentre me matará. A lo que Dios le respondió:
-No. Si alguien te matara, será siete veces castigado.
Entonces Dios puso una señal en la frente de Caín, para advertir a todos los que lo encontrasen que no lo mataran. Y Caín se alejó de la presencia de Dios y se fue a vivir a una tierra llamada Nod, que significa "Errante", al oriente del Edén.
COMENTARIO:
Los que tengan una inclinación religiosa de carácter ortodoxo, probablemente no cuestionarán la dudosa moralidad de esta historia. Pero si consideramos el relato cuidadosamente, es muy posible que nos preguntemos por qué Dios favorece a Abel, aun cuando Caín actúa con la misma devoción. Está claro que no hay ecuanimidad en el juicio de Dios. Cada hermano ofrece lo mejor de lo que produce; Caín no puede ofrecer ovejas porque su vocación es labrar la tierra. Aquí podemos vislumbrar alusiones a una dinámica familiar demasiado común: la rivalidad entre hermanos, que surge citando uno de los padres favorece a un hijo más que a otro. Caín no puede hallar razón alguna para ser rechazado por Dios, y su ira, considerada objetivamente, está bien justificada. Sin embargo, no puede descargar su ira directamente sobre Dios, de igual forma que un hijo no puede desahogarse de su enfado sobre unos padres poderosos. La ira exhibida hacia Dios podría terminar en aniquilación. Los hijos tienen un temor profundo y arquetípico de sus padres, no necesariamente porque los padres se lo merezcan, sino porque un padre o una madre son imágenes divinas en la psique de un niño, y ejercen un poder de vida y muerte
Debido a esto, Caín dirige su ira hacia su hermano. Esta suele ser la consecuencia cuando sentimos temor de desplegar nuestra ira contra alguien a quien amamos o tememos. Se proyecta, sobre el hermano que aparentemente ha acaparado el amor de los padres, y aun cuando la mayoría de las veces conduce a una forma más sutil de asesinato (de frialdad y rencor), a veces puede terminar en violencia física, incluso en el seno de familias "normales".
La clave de esta historia no es, en definitiva, la rivalidad entre hermanos, sino una deidad que muestra un favoritismo basado en sus gustos personales. Evidentemente, Dios prefiere ovejas a trigo; en consecuencia, es Caín y no Abel el rechazado. ¡Un vegetariano tendría razón en cuestionar esta preferencia! Cuando observamos la dinámica familiar, las razones para el favoritismo residen en el perfil psicológico propio de cada uno de los padres. El padre que prefiere los deportes a la creación artística puede inclinarse por un hijo atlético con preferencia a otro con disposición para la música; la madre que se preocupa por las apariencias, puede preferir una hija bella a una estudiosa pero poco atractiva. La vida, lo mismo que las familias, es "injusta".
En este relato el conflicto planteado no llega a resolverse; a Caín se le priva del hogar y se le convierte en proscrito. No obstante, Dios no prescinde de él. Quizá Dios se siente un tanto culpable, porque la raíz de esta rivalidad entre hermanos está en él. En la vida familiar, puede llegarse a una resolución del conflicto, pero esta solo puede materializarse si los hermanos contendientes son suficientemente honestos como para dialogar entre ellos y averiguar dónde está la verdadera herida, y si el dañado o rechazado puede reconocer conscientemente su ira ante el padre causante del problema.
Quizá la mayor responsabilidad reside en el padre que, al igual que Dios en esta historia, pudo haber tenido un comportamiento abiertamente injusto e irracional, sin la suficiente reflexión interior. Puede que Dios tenga el derecho de comportarse de esta forma, pero los padres no lo tienen. La rivalidad entre hermanos reflejada en la historia de Caín y Abel no surge de la antipatía innata entre los hermanos; la genera la compleja dinámica familiar. Si somos emocionalmente generosos y suficientemente honestos como para llegar hasta el núcleo, puede que seamos capaces de erradicar la señal de Caín de nuestra frente y de la de nuestros hijos.
Perseo.
Perseo era hijo de una mujer mortal, Dánae, y del gran dios Zeus, el rey de cielo. El padre de Dánae, el rey Acrisio, había sabido por un oráculo que algún día su nieto lo mataría y, aterrorizado, apresó a su hija y expulsó a todos sus pretendientes. Pero Zeus era un dios y quería a su hija Dánae. Entró en la prisión disfrazado de aguacero de lluvia de oro, y el resultado de su unión fue Perseo. Al descubrir Acrisio que, a pesar de sus precauciones, tenía un nieto, metió a Dánae y a su hijo en un arcón de madera y lo arrojó al mar, esperando que se ahogaran.
Pero Zeus envió vientos suaves para que empujaran a madre e hijo a través del mar hasta la orilla. El arcón llegó a tierra en una isla donde lo encontró un pescador. El rey que gobernaba en la isla recibió a Dánae y a Perseo y les ofreció refugio. Perseo creció allí fuerte y valiente, y cuando su madre se sintió incómoda por las insinuaciones que no deseaba del rey, el joven aceptó el desafío que lanzó este molesto pretendiente. El desafío consistía en traerle la cabeza de la Medusa Gorgona.
Perseo no aceptó esta peligrosa misión porque deseara adquirir gloria personal, sino porque amaba a su madre y estaba dispuesto a arriesgar su vida para protegerla.
La Medusa Gorgona era tan horrorosa que sólo con mirarle a la cara convertía en piedra al observador. Perseo necesitaba la ayuda de los dioses para vencerla; y Zeus, su padre, se aseguró de que le ofrecieran esa asistencia. Hades, el rey del inframundo, le prestó un casco que hacía invisible al portador; Hermes, el Mensajero divino, lo proveyó de sandalias aladas, y Atenea le dio la espada y un escudo especial pulido con tanto brillo que servía como espejo. Con este escudo, Perseo pudo ver el reflejo de Medusa, y de ese modo le cortó la cabeza sin mirar directamente a su horrible rostro.
Con esta cabeza monstruosa, convenientemente oculta en una bolsa, volvió para casa. Durante el viaje vio a una doncella hermosa encadenada a una roca que había en la playa, esperando la muerte a manos de un terrible monstruo marino. Supo que se llamaba Andrómeda y que la estaban sacrificando al monstruo porque su madre había ofendido a los dioses. Conmovido por su situación y por su hermosura, Perseo se enamoró de ella y la liberó, convirtiendo al monstruo en piedra con la cabeza de la Medusa Gorgona. Después, regresó con Andrómeda para presentársela a su madre que, en su ausencia, se había sentido muy atormentada por las insinuaciones del malvado rey, hasta el punto que, desesperada, tuvo que buscar refugio en el templo de Atenea.
Una vez más, Perseo sostuvo en el aire la cabeza de la Medusa, convirtiendo en piedras a todos los enemigos de su madre. Después le entregó la cabeza a Atenea, que la montó en su escudo, con lo que en adelante se convirtió en su emblema. También devolvió los otros dones a los dioses que se los habían dado.
Andrómeda y él vivieron en paz y armonía desde entonces y tuvieron muchos hijos. Su único pesar fue que, cierto día, mientras tomaban parte en unos juegos atléticos, lanzó un disco que llegó demasiado lejos impulsado por una ráfaga de viento, y accidentalmente golpeó y mató a un anciano. Este hombre era Acrisio, el abuelo de Perseo. Al final, de esta forma se cumplió el oráculo que el difunto anciano tanto se había esforzado por evitar. Pero en Perseo no había ningún espíritu de rencor ni de venganza y, debido a esta muerte accidental, no quiso seguir gobernando su legítimo reino. En consecuencia, intercambió los reinos con su vecino, el rey Argos, y construyó para sí una ciudad poderosa, Micenas, en la que vivió largo tiempo con su familia en amor y honor.
Comentario:
La historia de Perseo es un relato de amor y de coraje en la batalla contra el odio y el temor, y refleja el modo en que lo divino está presente en toda su progenie.
La lucha y el sacrificio que requieren el obrar apropiado conducen al cese del conflicto y a la creación de una persona superior. Pero el héroe no persigue esta búsqueda conscientemente. Muy pocos jóvenes son verdaderamente conscientes de la necesidad de ser consciente y de obrar apropiadamente, de andar el camino espiritual; de lo que normalmente se dan cuenta es de la necesidad de hacer mejor las cosas.
Perseo comienza por salvar a su propia madre; sin embargo, acaba haciendo mucho más de lo que se había propuesto originalmente. La historia de Perseo comienza, con temor. Acrisio teme que se cumpla la profecía del oráculo e intenta deshacerse de su hija y del pequeño nieto. El argumento del viejo que teme al joven nos es familiar en el mito, y Acrisio encarna la actitud negativa que el ser humano viejo puede tener hacia el joven. El nombre de Perseo, que significa “destructor”, describe su papel como asesino de la Medusa; pero Acrisio ve la destrucción únicamente en relación consigo mismo. En esta historia, el dios Zeus juega el papel de padre bondadoso que ampara a su hijo, guiando y protegiendo invisiblemente a madre e hijo para que sus vidas no corran en realidad peligro.
Zeus ama a Dánae y ella ama y quiere a su hijo, a pesar del mal carácter de su propio padre. Perseo responde al amor de Dánae, al amor de su madre, arriesgando con gusto la vida por ella. Cuando su madre está desesperada por la persecución agresiva del rey, Perseo decide dejar el hogar y derrotar a cualquier monstruo que amenace su seguridad. Se ve impelido hacia el mundo, más por el deseo de proteger a alguien que es muy preciado para él que por buscar el significado de la vida. Aunque los dioses le ayudan, utiliza esa ayuda sabia y modestamente. Es ingenioso y valiente al acabar con la Medusa y, cuando se enamora, es indómito al defender a su amada de los enemigos. Aunque abandona a su madre, se apoya en su relación positiva con ella para realizar hechos valerosos, a diferencia de otros héroes, que rompieron sus lazos con el hogar de forma abrupta con el fin de encontrarse a sí mismos.
Perseo es siempre decente y caballeroso. Perseo es una imagen de algo que hay en nuestro interior y que puede alcanzar metas sin hacer que sufran los que no tienen culpa. Castiga sólo a los que merecen castigo y siempre honra y respeta a los dioses. Devuelve sus dones, porque sabe que es mortal y no tiene ningún derecho a exigir atributos divinos. Ya al final de la historia se comporta con sensibilidad, renunciando a su reino de pleno derecho, a causa de la desgraciada muerte de su abuelo. Es capaz de perdonar a Acrisio por su odio corrosivo y no se siente obligado a buscar venganza. Quizá por eso viva mucho tiempo y felizmente con su madre, su esposa y sus hijos, que es algo poco usual en el mito griego.
Perseo.
Perseo era hijo de una mujer mortal, Dánae, y del gran dios Zeus, el rey de cielo. El padre de Dánae, el rey Acrisio, había sabido por un oráculo que algún día su nieto lo mataría y, aterrorizado, apresó a su hija y expulsó a todos sus pretendientes. Pero Zeus era un dios y quería a su hija Dánae. Entró en la prisión disfrazado de aguacero de lluvia de oro, y el resultado de su unión fue Perseo. Al descubrir Acrisio que, a pesar de sus precauciones, tenía un nieto, metió a Dánae y a su hijo en un arcón de madera y lo arrojó al mar, esperando que se ahogaran.
Pero Zeus envió vientos suaves para que empujaran a madre e hijo a través del mar hasta la orilla. El arcón llegó a tierra en una isla donde lo encontró un pescador. El rey que gobernaba en la isla recibió a Dánae y a Perseo y les ofreció refugio. Perseo creció allí fuerte y valiente, y cuando su madre se sintió incómoda por las insinuaciones que no deseaba del rey, el joven aceptó el desafío que lanzó este molesto pretendiente. El desafío consistía en traerle la cabeza de la Medusa Gorgona.
Perseo no aceptó esta peligrosa misión porque deseara adquirir gloria personal, sino porque amaba a su madre y estaba dispuesto a arriesgar su vida para protegerla.
La Medusa Gorgona era tan horrorosa que sólo con mirarle a la cara convertía en piedra al observador. Perseo necesitaba la ayuda de los dioses para vencerla; y Zeus, su padre, se aseguró de que le ofrecieran esa asistencia. Hades, el rey del inframundo, le prestó un casco que hacía invisible al portador; Hermes, el Mensajero divino, lo proveyó de sandalias aladas, y Atenea le dio la espada y un escudo especial pulido con tanto brillo que servía como espejo. Con este escudo, Perseo pudo ver el reflejo de Medusa, y de ese modo le cortó la cabeza sin mirar directamente a su horrible rostro.
Con esta cabeza monstruosa, convenientemente oculta en una bolsa, volvió para casa. Durante el viaje vio a una doncella hermosa encadenada a una roca que había en la playa, esperando la muerte a manos de un terrible monstruo marino. Supo que se llamaba Andrómeda y que la estaban sacrificando al monstruo porque su madre había ofendido a los dioses. Conmovido por su situación y por su hermosura, Perseo se enamoró de ella y la liberó, convirtiendo al monstruo en piedra con la cabeza de la Medusa Gorgona. Después, regresó con Andrómeda para presentársela a su madre que, en su ausencia, se había sentido muy atormentada por las insinuaciones del malvado rey, hasta el punto que, desesperada, tuvo que buscar refugio en el templo de Atenea.
Una vez más, Perseo sostuvo en el aire la cabeza de la Medusa, convirtiendo en piedras a todos los enemigos de su madre. Después le entregó la cabeza a Atenea, que la montó en su escudo, con lo que en adelante se convirtió en su emblema. También devolvió los otros dones a los dioses que se los habían dado.
Andrómeda y él vivieron en paz y armonía desde entonces y tuvieron muchos hijos. Su único pesar fue que, cierto día, mientras tomaban parte en unos juegos atléticos, lanzó un disco que llegó demasiado lejos impulsado por una ráfaga de viento, y accidentalmente golpeó y mató a un anciano. Este hombre era Acrisio, el abuelo de Perseo. Al final, de esta forma se cumplió el oráculo que el difunto anciano tanto se había esforzado por evitar. Pero en Perseo no había ningún espíritu de rencor ni de venganza y, debido a esta muerte accidental, no quiso seguir gobernando su legítimo reino. En consecuencia, intercambió los reinos con su vecino, el rey Argos, y construyó para sí una ciudad poderosa, Micenas, en la que vivió largo tiempo con su familia en amor y honor.
Comentario:
La historia de Perseo es un relato de amor y de coraje en la batalla contra el odio y el temor, y refleja el modo en que lo divino está presente en toda su progenie.
La lucha y el sacrificio que requieren el obrar apropiado conducen al cese del conflicto y a la creación de una persona superior. Pero el héroe no persigue esta búsqueda conscientemente. Muy pocos jóvenes son verdaderamente conscientes de la necesidad de ser consciente y de obrar apropiadamente, de andar el camino espiritual; de lo que normalmente se dan cuenta es de la necesidad de hacer mejor las cosas.
Perseo comienza por salvar a su propia madre; sin embargo, acaba haciendo mucho más de lo que se había propuesto originalmente. La historia de Perseo comienza, con temor. Acrisio teme que se cumpla la profecía del oráculo e intenta deshacerse de su hija y del pequeño nieto. El argumento del viejo que teme al joven nos es familiar en el mito, y Acrisio encarna la actitud negativa que el ser humano viejo puede tener hacia el joven. El nombre de Perseo, que significa “destructor”, describe su papel como asesino de la Medusa; pero Acrisio ve la destrucción únicamente en relación consigo mismo. En esta historia, el dios Zeus juega el papel de padre bondadoso que ampara a su hijo, guiando y protegiendo invisiblemente a madre e hijo para que sus vidas no corran en realidad peligro.
Zeus ama a Dánae y ella ama y quiere a su hijo, a pesar del mal carácter de su propio padre. Perseo responde al amor de Dánae, al amor de su madre, arriesgando con gusto la vida por ella. Cuando su madre está desesperada por la persecución agresiva del rey, Perseo decide dejar el hogar y derrotar a cualquier monstruo que amenace su seguridad. Se ve impelido hacia el mundo, más por el deseo de proteger a alguien que es muy preciado para él que por buscar el significado de la vida. Aunque los dioses le ayudan, utiliza esa ayuda sabia y modestamente. Es ingenioso y valiente al acabar con la Medusa y, cuando se enamora, es indómito al defender a su amada de los enemigos. Aunque abandona a su madre, se apoya en su relación positiva con ella para realizar hechos valerosos, a diferencia de otros héroes, que rompieron sus lazos con el hogar de forma abrupta con el fin de encontrarse a sí mismos.
Perseo es siempre decente y caballeroso. Perseo es una imagen de algo que hay en nuestro interior y que puede alcanzar metas sin hacer que sufran los que no tienen culpa. Castiga sólo a los que merecen castigo y siempre honra y respeta a los dioses. Devuelve sus dones, porque sabe que es mortal y no tiene ningún derecho a exigir atributos divinos. Ya al final de la historia se comporta con sensibilidad, renunciando a su reino de pleno derecho, a causa de la desgraciada muerte de su abuelo. Es capaz de perdonar a Acrisio por su odio corrosivo y no se siente obligado a buscar venganza. Quizá por eso viva mucho tiempo y felizmente con su madre, su esposa y sus hijos, que es algo poco usual en el mito griego.
Osiris, Isis y Horus. El hijo divino trae esperanza eterna.
ESTE RELATO DEL ANTIGUO EGIPTO NOS HABLA DEL NIÑO COMO IMAGEN DE ESPERANZA Y RENOVACIÓN, Y NOS BRINDA EL CORAJE NECESARIO PARA SUPERAR LOS OBSTÁCULOS Y CONQUISTAR LA PAZ Y LA ALEGRÍA.
OSIRIS, ISIS Y HORUS HAN SIDO COMPARADOS POR ALGUNOS ERUDITOS CON LA TRINIDAD CRISTIANA, DEBIDO AL NIÑO DIVINO
QUE ES RESCATADO DEL SUFRIMIENTO Y DERROTA AL MAL. DESDE EL PUNTO DE VISTA PSICOLÓGICO, ESTA FAMILIA DIVINA NOS PUEDE DECIR MUCHO ACERCA DEL SENTIDO DE ESPERANZA Y DE SIGNIFICADO QUE EXPERIMENTAMOS A TRAVÉS DE NUESTROS HIJOS.
Osiris era el hijo primogénito del Padre Tierra y de la Madre Cielo. El joven dios hacía gala de un buen semblante y era mucho más alto que los seres humanos. Tomó por esposa a su hermana Isis, diosa de la Luna. Juntos enseñaron al pueblo de Egipto la fabricación de utensilios agrícolas y la elaboración de pan, vino y cerveza. Isis enseñó a las mujeres a moler el maíz, hilar el lino y tejer el paño. Osiris edificó los primeros templos y esculpió las primeras imágenes divinas, enseñando de este modo a los seres humanos lo que eran los dioses. Le llamaban "El bueno" porque era enemigo de la violencia, y dio a conocer su voluntad únicamente por medio de la benevolencia.
Pero no transcurrió mucho tiempo antes de que Osiris fuera víctima de un complot por parte de su malvado hermano menor, Set, que estaba celoso de su poder. Set era rudo y salvaje; había provocado su salida prematura del vientre de su madre y estaba determinado a gobernar el mundo en lugar de Osiris. Invitó a Osiris a un banquete y después lo asesinó, encerrando el cadáver en un arcón que después arrojó al Nilo.
Cuando Isis oyó la noticia de que Osiris había sido asesinado, quedó abrumada por el dolor. Se cortó el cabello, rasgó sus vestiduras y, de inmediato, se lanzó a la búsqueda del cofre. Este había sido llevado mar adentro y arrastrado por las olas hasta Biblos, yendo a parar bajo las ramas de un tamarisco. El árbol creció tan rápidamente que el cofre quedó totalmente rodeado por el tronco. Entre tanto, el rey de Biblos había ordenado que el árbol fuera talado para que sirviera de soporte al techo de su palacio. Una vez ejecutada la orden, el maravilloso árbol esparció un aroma tan exquisito que su reputación llegó a oídos de Isis. Esta, de inmediato, comprendió su significado. Sin demora, se puso en camino de Biblos, sacó el cofre del tronco y lo llevó de regreso a Egipto. Pero Set, conociendo lo que se estaba tramando, fue en busca del arcón al pantano donde Isis lo había escondido, lo abrió y descuartizó el cadáver de su hermano en catorce pedazos, esparciéndolos después por todas partes.
Isis no se sintió desalentada. Buscó los preciados fragmentos de su esposo y los encontró todos excepto el falo, que se lo había tragado un pez del Nilo.
Como bruja poderosa que era, la diosa reconstruyó entonces el cuerpo de Osiris uniendo todos los fragmentos y haciendo un nuevo falo de arcilla. Después realizó los ritos de embalsamamiento para que el dios asesinado pudiera regresar a la vida eterna. Mientras éste dormía aguardando su renacimiento, Isis se acostó con él y concibió al divino hijo Horus, quien al nacer fue comparado con un halcón cuyos ojos brillaban con la luz del Sol y la Luna.
Resucitado y liberado desde entonces de la amenaza de la muerte, Osiris podría haber recuperado el gobierno del mundo. Pero se sintió entristecido por el poder del mal que había experimentado en la tierra y se retiró al inframun-do, para dar la bienvenida en forma efusiva a las almas de los justos y reinar
sobre los muertos.
Correspondió a Horus, el hijo de Osiris, tomar venganza del acto salvaje que había desembocado en la muerte y desmembramiento de su padre. Horus fue criado en reclusión, pues su madre temía las maquinaciones de Set. Era extremadamente débil al nacer, y solo gracias a la ayuda de los poderes mágicos de su madre pudo escapar a los peligros que lo amenazaban. Eue mordido por bestias salvajes, picado por escorpiones, quemado y padeció dolores de vientre; todo ello obra de Set. No obstante, creció con fortaleza, a pesar de todos estos sufrimientos, y Osiris se le aparecía con frecuencia y le daba instrucciones acerca del uso de las armas, con la intención de que estuviera pronto dispuesto a hacerle la guerra a Set, reclamar su herencia y vengar a su padre.
Cuando Horus llegó a la edad adulta, inició una prolongada guerra para derrotar a sus enemigos y logró destruir a muchos de ellos. Pero Set no podía ser vencido únicamente por la fuerza de las armas, debido a que era sumamente astuto. A fin de terminar con el inacabable derramamiento de sangre, los otros dioses convocaron un tribunal y llamaron ante ellos a los dos adversarios. Set alegó que Horus era ilegítimo, concebido después de que Osiris había sido asesinado; pero Horus demostró con éxito la legitimidad de su nacimiento. Los dioses condenaron al usurpador, restauraron la herencia de Horus y lo nombraron gobernante de Egipto.
Horus reinó de forma pacífica sobre el cielo y la tierra, y, junto con su padre y su madre, fue adorado por todo el territorio. Intercalaba las tareas de gobierno con visitas frecuentes a su padre en el inframundo, conduciendo a los difuntos ante la presencia de, "El Bueno", y presidiendo la ceremonia del pasaje del alma.
COMENTARIO:
Ningún hijo puede redimir la vida de sus padres. Pero existe una esperanza en el futuro y una fe en la innata bondad e inocencia de la niñez, capaces de transformar una vida tediosa y carente de significado en una vida que valga la pena y que dé significado al sufrimiento pasado. El mito de Osiris, Isis y Horus nos muestra la razón más profunda que nos motiva a crear una familia. No es solo para la continuidad de la vida biológica; también es porque el nacimiento de un hijo augura un nuevo comienzo y la posibilidad de que el dolor sufrido pueda ser curado. Lo que buscamos en nuestra descendencia es tanto la continuidad del espíritu como la del cuerpo.
La familia de Osiris es arquetípica y, por lo tanto, refleja patrones que existen en toda familia. La dedicación de Isis es un tema importante. A pesar de los obstáculos que Set coloca en su camino, ella está determinada a encontrar y rehabilitar el cuerpo descuartizado de su esposo. Esta lealtad absoluta es uno de los aspectos redentores del relato y, en la vida cotidiana, puede ser expresado por una persona que esté dispuesta a respaldar a su pareja, incluso ante el aparente fracaso y la derrota que pudiera sobrevenirle. La pareja que continúa siendo leal y animosa cuando el compañero o compañera se queda sin trabajo, o pasa por momentos de depresión o mala salud, puede verse reflejada en la dedicación de Isis. Ante semejante proceder humano podemos experimentar el tema arquetípico de la redención en su forma más profunda, tal y como nos la presenta este mito.
Otro elemento importante en la historia es la concepción de Horus, que tiene lugar cuando las cosas pasan por su peor momento. Isis concibe a su hijo divino cuando Osiris está durmiendo y aguardando la resurrección. ¿Qué significa esto en términos de una vida familiar corriente? Quizá nos diga algo de los momentos en los que más ansiamos tener hijos; pues es frecuente que los hijos proporcionen una fuente de esperanza cuando las circunstancias se presentan más difíciles. No siempre es el éxito y la satisfacción lo que nos inspira para crear una familia. A veces la dura lucha por la vida nos hace buscar un hueco para poner un pie en el futuro y un propósito para nuestra existencia.
La niñez de Horus fue muy precaria, y sufrió muchas vicisitudes antes de alcanzar su plena fortaleza. Esto también nos puede decir algo del patrón de lavida, pues tener unos comienzos débiles y vulnerables suele ser un motivo suficiente como para que realicemos nuestros esfuerzos más fuertes y creativos. Isis se las arregla para proteger a su hijo de Set. Al igual que necesitamos proteger a nuestros hijos vulnerables, de ese mismo modo necesitamos proteger aquello que es más vulnerable e incipiente en nosotros, a fin de que pueda crecer hasta dar fruto.
Horus comprende que debe poner fin al sufrimiento de su padre; el propio Osiris ya no desea permanecer en la tierra para seguir soportando la lucha. En un momento dado, puede que necesitemos confiar en que nuestros hijos se enfrentarán al futuro, pues, a medida que envejecemos, es posible que perdamos la energía o el coraje de batallar con la vida. En esta parte podemos apreciar ecos de otras historias míticas: los celos que Teseo siente de Hipólito, por ejemplo, reflejan su incapacidad para confiar en que su hijo tome las riendas y tenga su oportunidad en la vida. Por otra parte, Osiris se enfrenta a ese desafío con éxito. La resolución del conflicto llega no en razón de una conquista individual, sino debido a que los dioses, como grupo, deciden que Horus merece la recuperación de su herencia.
Al final, puede que también nosotros debamos permitir que la vida complete lo que hemos dejado sin terminar, y que debamos tener confianza en lo que sea que entendamos por Dios o el espíritu en nosotros para lograr lo que estamos tratando de alcanzar. Si lo que buscamos es justo y equitativo, como es el caso de Horus, es posible que el mal no sea derrotado para siempre, pero puede lograrse que se vuelva impotente para destruir aquello que es bueno. En el seno familiar, confiar en que el tiempo y la rectitud interior conducirán a un equilibrio y serenidad finales nos puede ser útil para aceptar las situaciones que no podemos cambiar, para perdonar a quienes pensemos que nos han ofendido y para mantener nuestra fe en el futuro.