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Mientras tanto, en un oscuro rincon del imperio romano...

Info3/23/2011
Una mejor forma de entender las Pascuas

LA ÉPOCA DE AUGUSTO

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Sin embargo, el suceso más destacado del reinado de Augusto y, muy probablemente, el más importante de la historia civilizada, no fue una conquista o una derrota, una reorganización o una reforma, una obra de arte o de la literatura. Fue sencillamente el nacimiento de un oscuro individuo en un oscuro rincón del Imperio, hecho que pasó inadvertido en la época.
Al sur de Siria estaba Judea. Sus habitantes (los judíos) tenían una religión férreamente monoteísta que hacían remontar a casi dos mil años atrás, al patriarca Abraham. Durante cuatro siglos, del 1000 a.C. al 600 a.C., se enorgullecieron de tener un reino independiente, que había tenido cierto poder al principio, bajo el conquistador rey David, pero luego decayó gradualmente.
En 586 a.C. (166 A. U. C.), el reino fue destruido por los babilonios, menos de un siglo más tarde, los babilonios, a su vez, fueron conquistados por los persas, quienes permitieron a los judíos reconstruir su templo en su antigua capital, Jerusalén.
Los judíos permanecieron en Judea, bajo la dominación persa, sin rey y sin poder político o militar, pero aferrados a su religión y sus recuerdos de la pasada independencia. Los persas fueron sucedidos por el imperio de Alejandro Magno, y este por el Imperio Seléucida. En 168 a.C., el monarca seléucida Antíoco IV declaró ilegal al judaísmo y trató de convertir a los judíos, de una vez por todas, a la cultura y el modo de vida griegos. La alternativa era la extinción.
Los judíos se rebelaron y, bajo el liderazgo de Judas Macabeo y sus hermanos, conquistaron su independencia de los seléucidas. Durante casi un siglo, la mantuvieron bajo la dinastía de los macabeos, y Judea pudo gozar de un corto periodo de libertad, aunque bajo reyes que no eran de la reverenciada <<casa de David>>.
En 63 a.C., los romanos estaban poniendo en orden el Este. Por entonces, miembros de la familia macabea estaban luchando entre sí por el derecho a gobernar Judea, y el bando perdedor apeló a los romanos. El general romano pensó que lo más seguro era suprimir totalmente el reino macabeo y poner en el gobierno de Judea a alguien que fuese decididamente pro romano. Lo hizo poniendo a un cierto Antípatro en el gobierno de Judea.
La astucia de la medida estaba en que Antípatro no era realmente un judío, sino un idumen (o edomita, en el lenguaje de la Biblia). Idumea, o Edom, estaba inmediatamente al sur de Judea y, aunque la región había sido conquistada por los macabeos y sus habitantes fueron obligados a convertirse al judaísmo, había una tradicional enemistad entre los dos pueblos vecinos que se remontaba a más de mil años atrás. Los judíos pensaban que el idumen Antípatro era un extraño, por mucho que adhiriera al judaísmo, y se resentían de su gobierno, por muy justo y eficiente que tratase de hacerlo. Los romanos sabían, pues, que nunca podría contar con sus propios súbditos y tendría que depender totalmente de roma para su protección.
El segundo hijo de Antípatro era Herodes. En 37 a.C. subió al gobierno de Judea. Pero la región estaba agitada, y Herodes hallo difícil permanecer en el poder.
Trató de ganarse al pueblo judío practicando el judaísmo y mejorando el templo de Jerusalén hasta el punto de que superó al Templo original de Salomón. Pero era un hombre cruel y receloso que se casó unas diez veces y no tenía ningún escrúpulo en ordenar la ejecución de esposas e hijos a los que juzgaba peligrosos. (Se dice que Augusto, después de enterarse de una de esas ejecuciones, exclamó: <<Preferiría ser el cerdo de Herodes a ser el hijo de Herodes>>.)
Los judíos detestaban a Herodes, y entre ellos una esperanza había ido creciendo durante algún tiempo. A medida que los siglos pasaban y un pueblo tras otro –babilonios, persas, griegos y romanos– los tiranizaban, empezaron a soñar en que algún día un descendiente de David retornaría para convertirse en su rey y devolverles la independencia y su legítimo lugar en el mundo.
Puesto que los judíos consagraban a sus reyes ungiéndolos con aceites sagrados. Llamaban al rey <<el ungido>>, así como los modernos que consagran a sus reyes coronándolos los llaman <<testas coronadas>>. En hebreo la expresión <<el ungido>> es <<mesías>>. Los judíos, pues, esperaban la llegada del <<mesías>>.
Recordaban siempre el ejemplo de Judas Macabeo, que había derrotado a los reyes seléucidas cuando eso parecía imposible. Otro hombre semejante, más grande aún, podía derrotar a Roma.
Otros judíos, conscientes del hecho de que Roma era mucho más fuerte en tiempo de Augusto que el imperio Seléucida en la época de Antíoco IV, confiaban menos en una solución puramente militar. En cambio, empezaron a pensar en términos de un mesías místico y sobrenatural; un mesías que haría más que liberar solamente Judea y cuyo advenimiento iniciaría un nuevo reino de justicia y santidad en la Tierra, mientras todo el mundo rendiría culto al único Dios verdadero.
En la Judea de aquellos años, muchos individuos pretendían ser el mesías y siempre había quienes estaban dispuestos a creer en el carácter mesiánico de cualquiera que se lo atribuyese. Hubo revueltas bajo el liderato de tales hombres, todas las cuales fueron derrotadas. Herodes y los romanos estaban cautelosamente al acecho de todos esos supuestos mesías, pues los consideraban como una fuente invariable de todo género de problemas y perturbaciones.
Según el relato de Capitulo II del Evangelio según San Mateo, del nuevo testamento, el nacimiento de un niño llamado Jesús (forma griega de Josué) en Belén, a finales del reinado de Herodes cumplía las diversas profecías concernientes al mesías que aparecieran en varias partes de los libros del Antiguo Testamento. Herodes, al oír los rumores del nacimiento de tal niño, ordenó que fueran muertos todos los niños de Belén de menos de dos años, pero el niño Jesús logró escapar a Egipto.
No hay ningún testimonio de este suceso en ninguna parte excepto en el Nuevo Testamento, y lo menciono sólo porque es importante para establecer el tiempo del nacimiento de Jesús.
Unos cinco siglos después de la época de Herodes, un monje sirio llamado Dionisio Exiguo, después de hacer un cuidados estudio de la Biblia y de los testimonios históricos romanos, decidió que el nacimiento de Jesús había tenido lugar en 753 A.U.C. esto fue aceptado, en general, por el pueblo europeo, por lo que el 753 A.U.C. se convirtió en el año de la Era Cristiana, y la fundación de roma fue ubicada en el 753 a.C.
Pero Dionisio debe de haber cometido un error, porque es totalmente seguro que Herodes murió en el 749 A.U.C., que es, según el cálculo de Dionisio, el 4 a.C. Si Herodes se hubiese inquietado por las noticias del nacimiento de Jesús, entonces Jesús no puede haber nacido después del 4 a.C., y posiblemente hasta algunos años antes. (Es extraño pensar que Jesús nació cuatro años <<antes de Cristo>>, pero el cálculo de Dionisio está tan firmemente insertado en los libros y documentos históricos que es totalmente imposible e indeseable cambiarlo.)
Cuando Herodes murió aún quedaban tres hijos a los que no había llegado a ejecutar. Cada uno de ellos heredó parte de reino. Herodes Arquéalo gobernó sobre la misma Judea y Samaria, la región situada al norte de Judea. Herodes Antipas tuvo el gobierno de Galilea, al norte de Samaria, y de Perea, al este del río Jordán. Finalmente, Herodes Filipo gobernó Iturea, al noroeste de Galilea.
Los dos últimos, Antipas y Filipo, permanecieron en el poder durante una generación, pero no ocurrió lo mismo con Arquéalo. Este gobernaba el centro mismo de los dominios judíos, con su capital en la misma Jerusalén, y los judíos se quejaban constantemente a Roma por su mal gobierno. En el 6 fue depuesto por Augusto y exiliado a la Galia. Después, durante un tiempo Judea y Samaria fueron gobernadas por procuradores romanos nombrados por el Emperador.
Aunque se dice que Jesús nació en Belén, pequeña ciudad situada al sur de Jerusalén que –según la tradición– iba a ser el lugar de nacimiento del mesías (puesto que mil años antes había sido el lugar de nacimiento de David), su familia vivió en Nazaret, ciudad de Galilea. Fue en Galilea, pues, en el territorio de Antipas, donde creció Jesús. Al llegar a la edad adulta, reunió un grupo de discípulos devotos, pues sus enseñanzas adquirieron popularidad y su personalidad era magnética.
Algunos de sus discípulos empezaron a creer que era el Mesías (y ahora la palabra comienza a escribirse con mayúscula inicial, y lo mismo los pronombres referentes a Jesús, pues cientos de millones de hombres desde entonces han creído en la naturaleza mesiánica y divina de Jesús). La palabra griega que significa <<el ungido>> es <<Christos>>, de modo que lo que en hebreo habría sido <<Josué el Mesías>> se convirtió en la versión castellana de la forma griega: <<Jesucristo>>.
Las autoridades, tanto herodianas como romanas, seguramente vigilaron estrechamente a Jesús en busca de signos de tendencias mesiánicas que pudiesen dar origen a rebeliones y perturbaciones. Los jefes religiosos judíos también estaban alertas a tal posibilidad, pues comprendían cuan fácilmente podían estallar revueltas y provocar una reacción romana que destruyese completamente a la nación. (Esto fue exactamente lo que ocurrió medio siglo mas tarde, de modo que sus temores no eran en modo alguno absurdos.)
Cuando la popularidad de Jesús llegó a su apogeo, viajó a Jerusalén para celebrar allí la Pascua y, al hacerlo, aceptó tácitamente el papel de Mesías, pues entró cabalgando en un asno. Así era como un profeta del Antiguo testamento había predicho que el Mesías llegaría a Jerusalén, y la multitud comprendió el simbolismo.
Esto era demasiado, para las autoridades. Tan pronto como se presentó una oportunidad para arrestar a Jesús calladamente (para que no estallaran revueltas entre sus discípulos o entre los nacionalistas judíos, posiblemente con desastrosas consecuencias), fue detenido. Uno de los discípulos de Jesús, Judas Iscariote, reveló el lugar en que moraba e hizo posible su arresto calladamente, por lo que el nombre de Judas se ha convertido en sinónimo de traidor.
Para los líderes judíos, el crimen de Jesús era el de blasfemia: pretender ser el Mesías, cuando, en opinión de ellos, no lo era. Para los romanos, su crimen era puramente político. El Mesías era alguien a quien los Judíos reconocían como rey. Si Jesús pretendía ser el rey de los judíos, se estaba rebelando contra el emperador romano, el único que tenia derecho a nombrar reyes.
En 29 (782 A.U.C.), quizá Jesús fue llevado a juicio ante Poncio Pilato, el sexto procurador que gobernó Judea desde la deposición de Arquéalo. Había sido nombrado para ese cargo tres años antes. Según el relato bíblico, se mostró renuente a condenar a Jesús y sólo lo hizo bajo la presión de las autoridades religiosas judías, quienes pensaban que liberar a Jesús provocaría una rebelión nacionalista, seguida inevitablemente por una represión romana. Se dice en la Biblia que el Sumo Sacerdote Caifás afirmó: <<Es conveniente para nosotros que un hombre muera por el pueblo, y que no perezca toda la nación>>.
Pero si Pilato condenaba a Jesús, tenia que hacerlo por un crimines romano, pues su jurisdicción sólo se extendía a esa clase de crímenes. Por ello, Jesús fue condenado por traición a Roma, y un castigo común para la traición era la crucifixión, tipo de tortura común en el Este y en Roma, pero nunca usado por los judíos ni los griegos. Un ejemplo del uso romano de la crucifixión en gran cantidad fue el de la revuelta de los gladiadores en Italia, que fue extinguida en 71 a.C. A la sazón, no menos de seis mil de los rebeldes capturados fueron crucificados en cruces que se extendieron por kilómetros a todo lo largo de la Vía Apia, la principal ruta de Italia.
Así, Jesús fue crucificado sencillamente como un rebelde más que recibía el castigo habitual, y esto parecía ser todo. Ningún romano de la época podía haber imaginado en ese momento que esa crucifixión particular sólo sería un comienzo.

Isaac Asimov, Historia Universal de Asimov: El Imperio Romano ( 1967 by Isaac Asimov,  Ed. Cast.: Alianza Editorial, S. A. Madrid, 1981). Pág. 35-41.

ISAAC ASIMOV: Ha escrito alrededor de 500 libros sobre innumerables temas. Ha sido llamado «el Balzac de la Ciencia y la Ciencia-ficción» (Publisher's Weekly) y es, sin duda uno de los más prestigiosos autores de ciencia-ficción. Su «ingenio, sabiduría y sentido de lo maravilloso» (Washington Post) ha hecho que se vendiesen en todo el mundo más de diez millones de ejemplares de sus obras.
Nació el 2 de Enero de 1920 en Petrovichi (Rusia) en el seno de una familia judía. Hijo de Judah Asimov (1896-1969) y Anna Rachel Berman Asimov (1895-1973) recibió el nombre de Isaac por su abuelo materno, Isaac Berman, y fue el mayor de tres hermanos.
A la edad de tres años se trasladó, junto a su familia, a Estados Unidos. Ya desde niño mostró dotes para los estudios y la ciencia. En 1926, su padre compró una confitería, donde además se vendía prensa, y revistas de ciencia-ficción, artículos que despertaron su interés por la lectura, y posteriormente por la escritura. Comenzó sus estudios en 1925 en la escuela pública de Nueva York, continuó en East New York Junior High School donde se graduó en junio de 1930, entrando con diez años en la Boys High School, donde obtuvo el graduado en 1935. Asistió a la Universidad de Columbia donde, en 1939, se graduó en Química.
Su primera obra, Hermanitos, la escribió con 14 años. Trataba sobre su hermano pequeño, en clave de humor. Fue publicada en la revista de la escuela. En 1937 comenzó a escribir seriamente, momento en el que apareció un cuento titulado Tirabuzón Cósmico. Su segunda historia fue Polizón, publicada en Noviembre de 1939 con el nombre La amenaza de Calixto.
En tres años escribió 31 relatos, quizá reseñar que Razón fue el primero sobre robots positrónicos, con sus personajes de George Powell y Mike Donovan, y el siguiente fue Embustero en 1940, donde aparece la doctora Susan Calvin.
Se casó dos veces, la primera con Gertrude Blugerman el 26 de Julio de 1942, con la que tuvo dos hijos, David y Robin, se separaron en 1970, y se casó posteriormente con Janet Opal Jeppson.
En Mayo del 42 publicó La Fundación. En 1950 por fin aparece su primera novela, Un guijarro en el cielo. Continuó escribiendo relatos, al mismo tiempo que seguía con sus estudios. En 1946 vuelve a Columbia donde continuó su doctorado, que obtiene en 1948. Comenzó a dar conferencias y a escribir entre siete y ocho libros al año, tanto novelas, como libros de química, historia, etc, consiguiendo varios premios, entre ellos el premio Hugo en 1966 a la mejor serie de Ciencia Ficción por la Serie de La Fundación.
En 1973, consigue de nuevo este premio al igual que el Nebula. Entre sus muchas obras destacan: Anochecer y El Hombre Bicentenario Premio Hugo y Nebula en 1977 a la mejor novela corta y Los límites de la Fundación premios Hugo y Nebula de 1983 a la mejor novela. Además consiguió el Premio James el T. Grady de la Sociedad Química americana en 1965, tenía catorce doctorados honoris causa por diferentes universidades. Además de sus novelas de ciencia-ficción, se dedicó a escribir sobre temas históricos como La formación de Inglaterra o Los griegos, fantásticos como Viaje alucinante o Azazel, infantiles como la serie de Norby, Yo robot o a Lucky Starr, junto con una abundante obra de difusión científica, Adelantos de la ciencia, El reino de los números, Alpha Centauri, la estrella mas cercana, y multitud de ensayos científicos –sobre química, física, matemáticas, astronomía, biología, filosofía, ciencias sociales, etc–. Para la revista mensual The Magazine of Fantasy and Science Fiction. Durante 34 años ininterrumpidos.
Su último artículo para The Magazine of Fantasy and Science Fiction. Era un conmovedor "Farewell—Farewell" (Adiós, adiós) a todos sus «amables lectores». En él decía: «Siempre he ambicionado morir con las botas puestas, con la cabeza sobre un teclado y la nariz entre dos teclas, pero no es así como funcionan las cosas.»
Isaac Asimov falleció el 6 de Abril de 1992 a los 72 años, por una insuficiencia cardíaca y renal. Su cuerpo fue cremado y sus cenizas esparcidas. Sin embargo se han publicado algunos libros después de su muerte: Forward the Foundation ( su última novela sobre la Fundación, publicada en 1993), Gold (una antología sobre historias de ciencia–ficción, publicada en 1995) y otros títulos más.

La frase más excitante que se puede oír en ciencia, la que anuncia nuevos descubrimientos, no es "¡Eureka!" (¡Lo encontré!) Sino 'Es extraño...'.
Isaac Asimov
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