Lo que acontece en Castrillo de Murcia (Burgos), pequeña localidad de apenas 275 habitantes, es ciertamente singular. Lo organiza la cofradía del Santísimo Sacramento, también llamada archicofradía de Minerva, constituida en 1621.
Uno de sus miembros, necesariamente joven, ágil y resistente para poder desempeñar el honorífico papel, es elegido “Colacho“.
Se cubre el rostro con una máscara, que se quita para saltar; lleva en la mano izquierda un enorme castañuelón, y en la derecha, un palo rematado con una cola de caballo, y viste de vivos colores, con una chaquetilla con capucha.
Para algunos es la personificación del mismísimo “diablo”, de ahí que huya ante la presencia de Jesús en la Eucaristía; sin embargo, la acción que ejerce sobre los niños que han nacido de fiesta a fiesta es beneficiosa, ya que, según la creencia, al saltar sobre los colchones en los que están colocados los niños los libera de los malos espíritus, y más concretamente del mal de hernia, que en la Edad Media se atribuía al demonio.
Tras el salto del Colacho, niños y niñas de primera comunión lanzan pétalos de rosa, mientras los bebés reciben la bendición con el Santísimo. Sus madres, entonces,” respiran tranquilas”. Este singular salto se celebra el domingo del Corpus ante el asombro de unos y el fervor de otros.