Peronismo Revolucionario
El peronismo revolucionario es una vanguardia que busca reconciliar la política del Movimiento con el verdadero papel que éste tiene en el enfrentamiento de las fuerzas sociales. Puesto que las masas no absorben el
conocimiento como una pura teorética sino mezclado con la acción, la nuestra no es una obra de mera predicación sino de militancia combativa y de difusión de las verdades esenciales que eleven el nivel de conciencia
de los sectores que tienen la misión de construir la nueva sociedad en un país liberado. La política revolucionaria es acción esclarecida por el pensamiento crítico; una permanente indagación sobre una realidad fluida
que no se somete a ninguna sabiduría inmóvil centelleando verdades definitivas.
Mientras el peronismo no se estructure como "partido revolucionario" —es decir, con una política revolucionaria entendida como unidad de teoría, acción y métodos organizativos, seguirá librado al espontaneísmo, a la
yuxtaposición de tácticas que no se integran como estrategia, a los callejones sin salida en que sucesivamente
lo meten los dirigentes burocráticos que no conciben otra salida que los frentismos electorales o los falsos
atajos del golpismo.
Porque golpismo y electoralismo pitagórico no constituyen vías antagónicas sino que son dos hipótesis de una
misma concepción que implica la renuncia a la toma del poder. Expresan la incapacidad de transformar nuestro número en fuerza, al poner el número al servicio de quienes detentan la fuerza; es decir, aceptan la "integración", que además es de una imposibilidad histórica. Porque el peronismo es la expresión de esa crisis integral del régimen burgués argentino.
El régimen tiene fuerza para subsistir pero no puede institucionalizarse porque el peronismo obtendría el poder, y aunque no formule un programa anticapitalista, la obtención de satisfacciones mínimas compatibles con
las expectativas populares y las exigencias de autodeterminación llevarían a la alteración del orden social existente. El peronismo, por su parte, jaquea al régimen, agudiza su crisis y lo obliga a sobrevivir a costa de la
flagrante violación de sus presupuestos ideológicas con que, nos definen los voceros de la burguesía, equilibrio inestable se manifiesta la irreductible incompatibilidad entre régimen y peronismo, signando el fracaso de
todas las tentativas para integrarnos a las estructuras del statu quo, y de todas las líneas políticas del peronismo que busquen la "conciliación", la paz social, la pausa política, etc., etc.
Es preciso que demos el paso de la rebeldía a la revolución, que no se produce espontáneamente o por revelaciones que automáticamente surjan de la práctica de las masas, sino por la elaboración teórica que en parte
substancial de la conducción. Nuestro déficit en este aspecto viene de lejos, y estamos pagando las consecuencias. Porque si negamos las frivolidades sociológicas con que nos definen los voceros de la burguesía, tampoco el convencimiento de nuestra trascendental razón de ser histórica puede confundirse con los paraísos artificiales de la autocomplacencia que nos hace depositarios de un destino providencial. El peronismo, como estructura del nucleamiento de la masa popular (política, administrativa, sindical, etc.) siempre ha estado por
debajo de su calidad como movimiento de masas. Esta contradicción, mientras persista, nos condena no romper la adversa correlación de fuerzas que soportamos.
Al mismo tiempo, la orgullosa seguridad que el Movimiento ha opuesto a la denigración, el escarnio y las
persecuciones, no puede hacernos incurrir en la ilusión de que somos los predestinados poseedores del devenir. Nuestra importancia es también nuestra responsabilidad, y si afirmamos ser uno de los polos de la antítesis
político-social contemporánea no lo es a título exclusivo, sino como eje de un frente de la nacionalidad en
lucha contra la explotación interna e internacional. El recíente golpe militar confirma que nuestra posición era
correcta, pues significa un simple reajuste del régimen que desnuda sus títulos violentos y cierra los falsos
caminos que nos presentaba el conformismo reformista.La magnitud de la tarea, sus dificultades y peligros, convocan a la verdadera unidad, que es la del combate por
la libertad real de nuestra patria y de nuestro hombre.
La calidad de revolucionario es la que sirve de base a esa solidaridad activa, haciendo desaparecer las diferencias secundarias en que se entretienen los que están alienados a la superestructura del intolerable orden burgués que nos oprime.
John William Cooke
Buenos Aires, octubre de 1966.
NESTOR VIVE EN EL PUEBLO. CRISTINA 2011.