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Harry Potter y Las reliquias de la Muerte Capitulo 1

Info1/5/2011
Buenas chicos y chicas de T!, hoy les traigo Harry Potter y las Reliquias de la Muerte Empezemos

Capítulo 1: El ascenso del señor Tenebroso





Los dos hombres aparecieron de la nada, a unas yardas de
distancia en un sendero angosto e iluminado por la luna. Por un
segundo se quedaron quietos, apuntándose con las varitas el
uno al pecho del otro: luego, habiéndose reconocido, las
guardaron bajo sus capas y se pusieron a caminar, lado a lado,
en la misma dirección.
- ¿Alguna novedad?-preguntó el más alto de los dos.
-La mejor.-respondió Snape.
El sendero estaba bordeado a la izquierda por matorrales
silvestres de lento crecimiento, a la derecha con un alto y
pulcramente recortado seto. Las largas capas de los hombres
flameaban alrededor de sus tobillos mientras marchaban.
-Aunque podría ser tarde, -dijo Yaxley, sus rasgos fofos
entraban y salían de la vista cuando las ramas de los árboles
colgantes interrumpían la luz de la luna-. Fue un poco más
engañoso de lo que pensaba. Pero espero que esté satisfecho.
Pareces confiar en que tu recepción será buena.
Snape asintió, pero no se explicó. Giraron a la derecha, a un
amplio camino de acceso en el que desembocaba el sendero. El
alto seto se curvaba alejándose de ellos, extendiéndose en la
distancia más allá del par de impresionantes verjas de hierro
que interrumpían el camino de los hombres. Ninguno de ellos
dio un paso; en silencio ambos alzaron sus brazos izquierdos en
una especie de saludo y pasaron a través del metal oscuro que
era humo.
Los arbustos amortiguaban el sonido de los pasos de los
hombres. Se oyó un susurró en algún lugar a su derecha; Yaxley
sacó su varita, de nuevo probó no ser nada más que un pavo
real blanco, pavoneándose majestuosamente a lo largo de lo
alto del seto.
-Lucius siempre se lo tuvo muy creído. Pavos reales… -Yaxley
metió su varita de vuelta bajo su capa con un resoplido.
Una hermosa casa solariega surgió en la oscuridad al final del
recto camino, con luces destellando en las ventanas con forma
de diamante del piso inferior. En algún lugar del oscuro jardín
más allá del seto una fuente estaba en funcionamiento. La grava
crujió bajo sus pies cuando Snape y Yaxley se apresuraron hacia
la puerta principal, que se abrió hacia adentro ante su
aproximación, aunque no había nadie visible que la abriera.
El vestíbulo era grande, pobremente iluminado, y
suntuosamente decorado, con una magnífica alfombra que
cubría la mayor parte del suelo de piedra. Los ojos de los
retratos de caras pálidas en las paredes siguieron a Snape y
Yaxley mientras los pasaban a grandes zancadas. Los dos
hombres se detuvieron ante una pesada puerta de madera que
conducía a la siguiente habitación, dudando durante el espacio
de un latido de corazón, entonces Snape giró la manilla de
bronce.
El estudio estaba lleno de gente silenciosa, sentada a lo largo de
una mesa ornamentada. El mobiliario usual de la habitación
había sido empujado descuidadamente contra las paredes. La
iluminación provenía de un rugiente fuego bajo una hermosa
chimenea de mármol trasmontada por una ventana dorada.
Snape y Yaxley se demoraron un momento en el umbral. Cuando
sus ojos se acostumbraron a la falta de luz, fueron atraídos
hacia adelante por los extraños rasgos de la escena de una
figura humana aparentemente inconsciente que colgaba
bocabajo sobre la mesa, revolviéndose lentamente como
suspendida por una cuerda invisible, y reflejada en el espejo y
en la desnuda y pulida superficie de la mesa de abajo. Ninguna
de las personas sentadas bajo esta singular visión estaba
mirándola excepto por un joven pálido sentado casi
directamente bajo ella. Parecía incapaz de evitar mirar hacia
arriba a cada minuto o así.
-Yaxley, Snape, -dijo una voz alta y clara desde la cabecera de
la mesa-. Llegáis convenientemente tarde.
El que hablaba estaba sentado directamente ante el fuego, así
que fue difícil, al principio, para los recién llegados divisar algo
más que su silueta. Cuando se acercaron, sin embargo, su cara
brilló a través de las sombras, sin pelo, con aspecto de
serpiente, con rajas por nariz y brillantes ojos rojos cuyas
pupilas eran verticales. Estaba tan pálido que parecía emitir un
brillo perlado.
-Severus, aquí, -dijo Voldemort, señalando el asiento a su
inmediata derecha-. Yaxley… junto a Dolohov.
Los dos hombres ocuparon sus lugares asignados. La mayoría de
los ojos alrededor de la mesa siguieron a Snape, y estaban
posados en él cuando Voldemort habló primero.
-¿Y?
-Mi Señor, La Orden del Fénix tiene intención de trasladar a
Harry Potter de su actual lugar seguro el próximo sábado, al
anochecer.
El interés alrededor de la mesa se agudizó palpablemente.
Algunos se tensaron, otros se inquietaron, todos miraban
fijamente a Snape y Voldemort.
-Sábado… al anochecer, -repitió Voldemort. Sus ojos rojos se
fijaron en los negros de Snape con tanta intensidad que algunos
de los observadores apartaron la mirada, aparentemente
temerosos de que ellos mismos resultaran quemados por la
ferocidad de la mirada. Snape, sin embargo, devolvió la mirada
tranquilamente a la cara de Voldemort y, después de un
momento o dos, la boca sin labios de Voldemort se curvó en algo
parecido a una sonrisa.
-Bien. Muy bien. Y esta información proviene de…
-… de la fuente que hemos discutido, -dijo Snape.
-Mi Señor.
Yaxley se había inclinado hacia adelante para mirar mesa abajo
hacia Voldemort y Snape. Todas las caras se giraron hacia él.
-Mi Señor, yo he oído algo diferente.
Yaxley esperó, pero Voldemort no habló, así que siguió,
-A Dawlish, el Auror, se le escapó que Potter no será trasladado
hasta el día treinta, la noche antes de que el chico cumpla
diecisiete.
Snape estaba sonriendo.
-Mi fuente me dijo que plantarían un falso rastro; este debe ser.
Ni dudo de que Dawlish esté bajo un Encantamiento Confundus.
No sería la primera vez; se sabe que es susceptible.
-Te aseguro, mi Señor, que Dawlish parecía bastante seguro, -
dijo Yaxley.
-Si estaba Confundido, naturalmente que estaría seguro, -dijo
Snape-. Yo te aseguro, Yaxley, que la Oficina de Aurores no
tomará parte en la protección de Harry Potter. La Orden cree
que tenemos infiltrados en el Ministerio.
-La Orden tiene razón en algo entonces, ¿verdad? -dijo un
hombre bajo y grueso sentado a corta distancia de Yaxley; soltó
una risita silbante que resonó allí y a lo largo de la mesa.
Voldemort no rió. Su mirada había vagado hacia arriba hasta el
cuerpo que se revolvía lentamente en lo alto, y parecía estar
perdido en sus pensamientos.
-Mi señor, -siguió Yaxley-. Dawlish cree que toda una partida de
Aurores se ocupará de trasladar al chico…
Voldemort alzó una larga mano blanca, y Yaxley se calló al
instante, observando resentido como Voldemort volvía a girarse
hacia Snape.
-¿Dónde van a ocultar al chico a continuación?
-En la casa de un miembro de la Orden, -dijo Snape-. El lugar,
según la fuente, ha sido equipado con cada protección que la
Orden y el Ministerio juntos han podido proporcionar. Creo que
habrá poca oportunidad de cogerle una vez esté allí, mi Señor, a
menos, por supuesto, que el Ministerio haya caído antes del
próximo sábado, lo cual podría darnos la oportunidad de
descubrir y deshacer los suficientes encantamientos como para
romper el resto.
-Bien, ¿Yaxley? -llamó Voldemort mesa abajo, la luz del fuego
iluminaba extrañamente sus ojos rojos-. ¿Habrá caído el
Ministerio para el próximo sábado?
Una vez más, todas las cabezas se giraron. Yaxley cuadró los
hombros.
-Mi Señor, tengo buenas noticias sobre ese punto. He… con
dificultad y después de grandes esfuerzos… tenido éxito al
colocar una Maldición Imperius sobre Pius Thircknesse.
Muchos de los sentados alrededor de Yaxley parecieron
impresionados; su vecino, Dolohov, un hombre con una larga y
retorcida cara, le palmeó la espalda.
-Es un comienzo, -dijo Voldemort-. Pero Thicknesse es solo un
hombre. Scrimgeour debe estar rodeado por nuestra gente
antes de que yo actúe. Un atentado fallido contra la vida del
Ministro me hará retroceder un largo tramo del camino.
-Si… mi Señor, eso es cierto… pero ya sabe, como Jefe del
Departamento de Refuerzo de la Ley Mágica, Thicknesse tiene
contacto regular no solo con el propio Ministro, sino también
con los Jefes de todos los demás departamentos del Ministerio.
Será, creo yo, fácil ahora que tenemos a un oficial de tan alto
rango bajo nuestro control, subyugar a los otros, y después
podemos trabajar todos juntos para someter a Scrimgeour.
-Mientras nuestro amigo Thicknesse no sea descubierto antes de
convertir al resto, -dijo Voldemort-. En cualquier caso, parece
improbable que el Ministerio vaya a ser mío antes del próximo
sábado. Si no podemos tocar al chico en su destino, debemos
hacerlo mientras viaja.
-Tenemos ventaja ahí, mi Señor, -dijo Yaxley, que parecía
decidido a recibir alguna porción de aprobación-. Ahora
tenemos a varias personas plantadas dentro del Departamento
de Transporte Mágico. Si Potter se Aparece o utiliza la Red Flu,
lo sabremos inmediatamente.
-No harán ninguna de las dos cosas, -dijo Snape-. La Orden está
esquivando cualquier forma de transporte que esté controlada o
regulada por el Ministerio; desconfían de todo lo que tenga que
ver con ellos.
-Todavía mejor, -dijo Voldemort-. Tendrá que salir a campo
abierto. Más fácil de tomar, con mucho.
De nuevo Voldemort levantó la mirada hacia el cuerpo que se
revolvía lentamente mientras seguía,
-Me ocuparé del chico en persona. Se han cometido demasiados
errores en lo que a Harry Potter concierne. Algunos de ellos han
sido míos. Que Potter viva se debe más a mis errores que a sus
triunfos.
La compañía alrededor de la mesa observaba a Voldemort
aprensivamente, cada uno de ellos, por su expresión, temiendo
que pudieran ser culpados por la continuada existencia de Harry
Potter. Voldemort, sin embargo, parecía estar hablando más
para sí mismo que para ninguno de ellos, todavía dirigiéndose al
cuerpo inconsciente sobre él.
-He sido descuidado, y así me he visto frustrado por la suerte y
la oportunidad, demoledoras de nada más y nada menos que de
los planes mejor trazados. Pero ahora soy más listo. Entiendo lo
que no entendía antes. Debo ser yo quien mate a Harry Potter,
y lo haré.
Ante esas palabras, aparentemente en respuesta a ellas, sonó
un repentino aullido, un terrible y desgarrador grito de miseria
y dolor. Muchos de los sentados ante la mesa miraron hacia
abajo, sobresaltados, por el sonido que había parecido surgir de
debajo de sus pies.
-Colagusano, -dijo Voldemort, sin cambiar su tono tranquilo y
pensativo, y sin apartar los ojos de cuerpo que se removía
arriba-. ¿No te he dicho que mantuvieras a nuestro prisionero
tranquilo?
-Si, m…mi Señor, -jadeó un hombrecillo en mitad de la mesa,
que había estado sentado tan abajo en su silla que ésta había
parecido, a primera vista, estar desocupada. Ahora se revolvió
en su asiento y salió a toda prisa de la habitación, no dejando
tras él nada más que un curioso brillo plateado.
-Como estaba diciendo, -continuó Voldemort, mirando de nuevo
a las caras tensas de sus seguidores-. Ahora soy más listo,
necesitaré, por ejemplo, tomar prestada la varita de uno de
vosotros antes de ir a matar a Potter.
Las caras a su alrededor no mostraron nada menos que
sorpresa; podría haber anunciado que quería coger prestado
uno de sus brazos.
-¿Ningún voluntario? -dijo Voldemort-. Dejadme ver… Lucius, no
veo razón para que sigas teniendo una varita.
Lucius Malfoy levantó la mirada. Su piel parecía amarillenta y
cerosa a la luz del fuego, y sus ojos estaban hundidos y
sombríos. Cuando habló, su voz era ronca.
-¿Mi Señor?
-Tu varita, Lucios. Exijo tu varita.
-Yo…
Malfoy miró de reojo a su esposa, que estaba mirando
directamente hacia adelante, tan pálida como él, su largo pelo
rubio colgaba por su espalda, pero bajo la mesa sus dedos
esbeltos se cerraron brevemente sobre la muñeca de su esposo.
Ante su toque, Malfoy metió la mano en la túnica, retirando una
varita, y pasándosela a Voldemort, que la sostuvo en alto
delante de sus ojos rojos, examinándola atentamente.
-¿Qué es?
-Olmo, mi Señor, -susurró Malfoy.
-¿Y el centro?
-Dragón… nervio de corazón de dragón.
-Bien, -dijo Voldemort. Sacó su propia varita y comparó sus
longitudes. Lucius Malfoy hizo un movimiento involuntario;
durante una fracción de segundo pareció como si esperara
recibir la varita de Voldemort a cambio de la suya. El gesto no le
pasó por alto a Voldemort, cuyos ojos se abrieron
maliciosamente.
-¿Darte mi varita, Lucius? ¿Mi varita?
Algunos de los miembros de la multitud rieron.
-Te he dado tu libertad, Lucius, ¿no es suficiente para ti? Pero
he notado que tú y tu familia parecéis menos felices que antes…
¿Qué hay de mi presencia en tu casa que te disguste, Lucius?
-Nada… ¡nada, mi Señor!
-Que mentiroso, Lucius…
La suave voz pareció sisear incluso después de que la cruel boca
hubiera dejado de moverse. Uno o dos de los magos apenas
reprimieron un estremecimiento cuando el siseo creció en
volumen; algo pesado podía oírse deslizándose por el suelo bajo
la mesa.
La enorme serpiente emergió para escalar lentamente por la
silla de Voldemort. Se alzó, pareciendo interminable, y fue a
descansar sobre los hombros de Voldemort; su cuello era más
grueso que el muslo de un hombre; sus ojos, con sus rajas
verticales por pupilas, no parpadeaban. Voldemort acarició a la
criatura ausentemente con largos dedos finos, todavía mirando
a Lucius Malfoy.
-¿Por qué los Malfoy parecen tan infelices con su suerte? ¿No es
mi retorno, mi ascenso al poder, lo que profesaban desear
durante tantos años?
-Por supuesto, mi Señor, -dijo Lucius Malfoy. Su mano temblaba
cuando se limpió el sudor del labio superior-. Lo deseábamos…
lo deseamos.
A la izquierda de Malfoy su esposa hizo un extraño y rígido
asentimiento, sus ojos evitaban a Voldemort y a la serpiente. A
su derecha, su hijo, Draco, que había estado mirando fijamente
hacia arriba al cuerpo inerte en lo alto, miró rápidamente hacia
Voldemort y apartó la mirada una vez más, aterrado de hacer
contacto ocular.
-Mi Señor, -dijo una mujer oscura en mitad de la mesa, su voz
sonaba consternada por la emoción-, es un honor tenerte aquí,
en la casa de nuestra familia. No puede haber mayor placer.
Sentada junto a su hermana, tan diferente a ella en aspecto,
con su pelo oscuro y ojos pesadamente perfilados, como lo era
en aguante y comportamiento; donde Narcissa se sentaba rígida
e impasible, Bellatrix se inclinaba hacia Voldemort, como si las
meras palabras no pudieran demostrar su anhelo de estar más
cerca.
-No hay más alto placer, -repitió Voldemort, su cabeza se
inclinó un poco a un lado mientras evaluaba a Bellatrix-. Eso
significa mucho, Bellatrix, viniendo de ti.
La cara de ella se llenó de color, sus ojos se inundaron de
lágrimas de deleite.
-¡Mi Señor sabe que no digo mas que la verdad!
-No hay más alto placer… ¡ni siquiera comparado con el feliz
evento que, según he oído, ha tenido lugar esta semana en tu
familia!
Ella le miró, con los labios separados, evidentemente confusa.
-No sé lo que quieres decir, mi Señor.
-Estoy hablando de tu sobrina, Bellatrix. Y la vuestra, Lucius y
Narcissa. Se acaba de casar con el hombrelobo, Remus Lupin.
Debéis estar orgullosos.
Hubo una explosión de risas socarronas alrededor de la mesa.
Muchos se inclinaron hacia adelante para intercambiar miradas
divertidas, unos pocos golpearon la mesa con los puños. La gran
serpiente, disgustada por el disturbio, abrió la boca de par en
par y siseó furiosamente, pero los mortífagos no lo oyeron, tan
jubilosos como estaban ante la humillación de Bellatrix y los
Malfoy. La cara de Bellatrix, tan recientemente ruborizada de
felicidad, se había vuelto de un feo y manchado rojo.
-No es prima nuestra, mi Señor, -gritó sobre el regocijo-.
Nosotros… Narcissa y yo… nunca volvimos a ver a nuestra
hermana desde que se casara con el sangre sucia. Esa mocosa no
tiene nada que ver con ninguna de nosotras, ni ninguna bestia
con la que se haya casado.
-¿Qué dices tú, Draco? -preguntó Voldemort, y aunque su voz
era queda, fue llevada claramente a través de silbidos y
risotadas-. ¿Harás de canguro a los engendros?
El regocijo creció; Draco Malfoy miraba aterrorizado a su padre,
que bajaba la mirada a su propio regazo, entonces captó la
mirada de su madre. Ella sacudió la cabeza casi
imperceptiblemente, después reasumió su propia mirada
impasible hacia la pared opuesta.
-Ya basta, -dijo Voldemort, acariciando a la furiosa serpiente-.
Ya basta.
Y la risa murió al instante.
-Muchos de nuestros más antiguos árboles familiares se han
vuelto un poco descuidados con el paso del tiempo, -dijo cuando
Bellatrix le miró fijamente, sin aliento e implorante-. ¿Qué
debes podar y qué no para mantenerlo saludable? Cortas
aquellas partes que amenazan la salud del resto.
-Si, mi Señor, -susurró Bellatrix, y sus ojos se inundaron de
nuevo con lágrimas de gratitud-. ¡A la primera oportunidad!
-Debes hacerlo, -dijo Voldemort-. Y en tu familia, al igual que
en el mundo… debemos cortar el cáncer que nos infecta hasta
que solo los de la sangre auténtica permanezcan…
Voldemort alzó la varita de Lucius Malfoy, apuntándola
directamente a la figura que se revolvía lentamente suspendida
sobre la mesa, y le dio una pequeña sacudida. La figura volvió a
la vida con un gemido y empezó a luchar contra ataduras
invisibles.
-¿Reconoces a nuestra invitada, Severus? -preguntó Voldemort.
Snape alzó los ojos a la cara que estaba bocabajo. Todos los
mortífagos estaban mirando hacia la cautiva ahora, ya que se les
había dado permiso para mostrar curiosidad. Cuando volvió la
cara hacia la luz del fuego, la mujer dijo con voz rota y
aterrada.
-¡Severus! ¡Ayúdame!
-Ah, si, -dijo Snape cuando la prisionera volvió a girar
lentamente hacia otro lado.
-¿Y tú, Draco? -preguntó Voldemort, acariciando el hocico de la
serpiente con la mano libre de la varita. Draco sacudió la cabeza
tirantemente. Ahora que la mujer había despertado, parecía
incapaz de seguir mirándola.
-Pero no tendrás que asistir a sus clases, -dijo Voldemort-. Para
aquellos de vosotros que no lo sepáis, nos reunimos aquí esta
noche por Charity Burbage quien, hasta recientemente,
enseñaba en la Escuela Hogwarts de Magia y Hechicería.
Se produjeron pequeños ruidos de comprensión alrededor de la
mesa. Una mujer ancha y encorvada con dientes puntiagudos
cacareó.
-Si… la profesora Burbage enseñaba a los hijos de brujas y magos
todo sobre los muggles…. como no son tan diferentes a
nosotros…
Uno de los mortifagos escupió en el suelo. Charity Burbage
volvió la cara de nuevo hacia Snape.
-Severus… por favor… por favor.
-Silencio, -dijo Voldemort, con otro golpe de la varita de Malfoy
Charity cayó en silencio como amordazada-. No me alegra la
corrupción y contaminación de las mentes de niños magos, la
semana pasada la Profesora Burbage escribió una apasionada
defensa de los sangresucia en el Profeta. Los magos, dijo, deben
aceptar a ladrones de su conocimiento y magia. La mengua de
los purasangre es, dice la Profesora Burbage, una circunstancia
de lo más deseable…. Haría que todos nosotros nos
emparejáramos con muggles… o, sin duda, con hombreslobo…
Nadie rió esta vez. No había duda de la furia y el descontento
en la voz de Voldemort. Por tercera vez, Charity Burbage se
revolvió para enfrentar a Snape. Corrían lágrimas desde sus ojos
hasta su pelo. Snape le devolvió la mirada, impasible, mientras
ella giraba otra vez lentamente.
-Avada Kedavra.
El destello de luz verde iluminó cada esquina de la habitación.
Charity cayó con un resonante golpe sobre la mesa de abajo,
que tembló y se partió. Varios de los mortífagos saltaron hacia
atrás en sus sillas. Draco cayó fuera de la suya hasta el suelo.
-La cena, Nagini, -dijo Voldemort suavemente, y la gran
serpiente se balanceó y se deslizó de su hombro hasta el suelo
pulido.
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