La verdad sobre el exterminio en la iglesia siro-católica. La eliminación de los cristianos objetivo primero de la ideología islamista. El Papa se reúne con los sobrevivientes. Y lanza un llamado al mundo

ROMA, 7 de diciembre del 2010 – En la foto arriba Benedicto XVI saluda y conforta a los cristianos iraquíes, siete hombres, dieciséis mujeres y tres niños, sobrevivientes de la masacre del 31 de octubre pasado en la catedral siro-católica de Bagdad, llegados a Roma para ser curados de las heridas.
Es el miércoles 1 de diciembre, al final de la audiencia general. Cuatro días después, en el Ángelus del domingo 5, el Papa Joseph Ratzinger volvió a rezar por las víctimas de los "continuos atentados que se verifican en Irak contra cristianos y musulmanes".
En los mismos días, el Papa mencionó también otras "situaciones de violencia, de intolerancia, de sufrimiento que existen en el mundo". Pero la insistente referencia a Irak pareció expresar una preocupación especial.
En efecto, los ataques a los cristianos en el país de Tigris y del Éufrates denotan un odio siempre más marcadamente religioso, islamista.
El ataque del 31 de octubre a la catedral siro-católica de Bagdad, con 58 muertos y muchas decenas de heridos, atacados mientras celebraban la misa, ha sido considerado en el Vaticano como un acontecimiento revelador.
La dinámica de la masacre no deja dudas. Los agresores usaban correas explosivas. Disparaban y tiraban bombas gritando: "se irán todos al infierno, mientras nosotros al paraíso. Alá es el más grande".
En las cinco horas del ataque, los terroristas rezaron dos veces, recitaron el Corán como en una mezquita.
Devastaron el altar, tiraron al blanco sobre el crucifijo, se ensañaron con los niños simplemente por ser "infieles".
Lo que ocurrió en esas cinco horas terribles se supo a distancia de días, poco a poco, gracias a los testimonios de numerosos heridos llevados a Roma y otras ciudades europeas para ser curados.
Otra preocupación del Papa y de los otros hombres de Iglesia se refiere al escaso interés que los gobiernos y la opinión pública occidental demuestran respecto a estos ataques anticristianos.
Se además se mira dentro del mundo musulmán, la indiferencia con la que se dejan hacer tales actos parece todavía mayor. Las voces de condena que se alzan son raras y débiles. El terrorismo islamista parece ser - en la opinión difundida - un simple exceso en vez de un crimen inaceptable.
En esto parece encontrar una ulterior confirmación la idea según la cual la violencia contra el infiel es algo intrínseco al Islam en general y no una alteración del mismo: idea que estuvo al centro de la lección de Ratisbona y que el Papa Ratzinger considera que es posible revertir sólo con una "revolución iluminista" por parte del mismo Islam.
Pero para retornar al ataque a la catedral siro-católica de Bagdad, a continuación se reporta una reconstrucción, publicada un mes después, el 30 de noviembre, en el diario italiano "Il Foglio".
Otro informe dramático, recogido de los sobrevivientes, fue publicado el mismo día por "Asia News", la agencia on line dirigida por el padre Bernardo Cervellera del Pontificio Instituto para las Misiones Extranjeras:
> "Provo a dimenticare, ma vedo sempre la chiesa insanguinata a Baghdad"
Mientras tanto, continúan en Bagdad y en otras localidades iraquíes los asesinatos de cristianos, atacados por ser tales: los dos últimos, una pareja de esposos asaltados en su casa, la noche del domingo 5 de diciembre.
Una célula de Al Qaida considerada responsable de la agresión a la catedral ha sido arrestada. Las autoridades iraquíes han prometido medidas de protección especiales. Pero el éxodo de los cristianos de Bagdad y de Mosul hacia el más seguro Kurdistán, en el extremo norte del país, continúa.