
Ello , Yo y Superyo

El ello es la parte que instintiva de la personalidad de los humanos, es todo lo que corresponde a sexo, al hambre, la sed, la agresividad y todo lo irracional. Esta de manera pura en el inconciente y se presenta con el nacimiento. Es el generador de los pensamientos y de los comportamientos de las personas. El ello en concreto es todo lo que busca la satisfacción sin utilizar ningún tipo de razonamiento o de conciencia. Es solamente la satisfacción de las necesidades básicas, como por ejemplo ante la presencia del apetito se satisface mediante la ingesta de alimentos.
El Yo es cumple los pedidos del Ello , pero lo hace teniendo en cuenta a la realidad, y este va cambiando con el paso de los años, utiliza a la razón. El Yo debe luchar entre los mandatos del ello y las censuras del Superyo. Todo lo que hacemos está controlado por nuestro Yo, y a la vez podemos reconocer nuestros actos y también nos hace seres selectivos.
El Superyo es toda la parte moral y ética que nos inculcan desde que nacemos, es algo que varia dependiendo de la sociedad en la que vivamos, se trata de lo moralmente correcto y aceptado.
La realidad psicológica freudiana empieza con el mundo lleno de objetos. Entre ellos, hay uno especial: el cuerpo. El cuerpo (Nos referiremos a cuerpo como vocablo para traducir “organism”, ya que en psicología es más aceptado el término. N.T.) es especial en tanto actúa para sobrevivir y reproducirse y está guiado a estos fines por sus necesidades (hambre, sed, evitación del dolor y sexo).
Una parte (muy importante, por cierto) del cuerpo lo constituye el sistema nervioso, del que una de sus características más prevalentes es la sensibilidad que posee ante las necesidades corporales. En el nacimiento, este sistema es poco más o menos como el de cualquier animal, una “cosa”, o más bien, el Ello . El sistema nervioso como Ello , traduce las necesidades del cuerpo a fuerzas motivacionales llamadas pulsiones (en alemán “Triebe”). Freud también los llamó deseos. Esta traslación de necesidad a deseo es lo que se ha dado a conocer como proceso primario.
El Ello tiene el trabajo particular de preservar el principio de placer, el cual puede entenderse como una demanda de atender de forma inmediata las necesidades. Imagínese por ejemplo a un bebé hambriento en plena rabieta. No “sabe” lo que quiere, en un sentido adulto, pero “sabe” que lo quiere…¡ahora mismo!. El bebé, según la concepción freudiana, es puro, o casi puro Ello . Y el Ello no es más que la representación psíquica de lo biológico.
Pero, aunque el Ello y la necesidad de comida puedan satisfacerse a través de la imagen de un filete jugoso, al cuerpo no le ocurre lo mismo. A partir de aquí, la necesidad solo se hace más grande y los deseos se mantienen aún más. Usted se habrá percatado de que cuando no ha satisfecho una necesidad, como la de comer por ejemplo, ésta empieza a demandar cada vez más su atención, hasta que llega un momento en que no se puede pensar en otra cosa. Este sería el deseo irrumpiendo en la consciencia.
Menos mal que existe una pequeña porción de la mente a la que nos referimos antes, el consciente, que está agarrado a la realidad a través de los sentidos. Alrededor de esta consciencia, algo de lo que era “cosa” se va convirtiendo en Yo en el primer año de vida del niño. El Yo se apoya en la realidad a través de su consciencia, buscando objetos para satisfacer los deseos que el Ello ha creado para representar las necesidades orgánicas. Esta actividad de búsqueda de soluciones es llamada proceso secundario.
El Yo, a diferencia del Ello , funciona de acuerdo con el principio de realidad, el cual estipula que se “satisfaga una necesidad tan pronto haya un objeto disponible”. Representa la realidad y hasta cierto punto, la razón.
No obstante, aunque el Yo se las ingenia para mantener contento al Ello (y finalmente al cuerpo), se encuentra con obstáculos en el mundo externo. En ocasiones se encuentra con objetos que ayudan a conseguir las metas. Pero el Yo capta y guarda celosamente todas estas ayudas y obstáculos, especialmente aquellas gratificaciones y castigos que obtiene de los dos objetos más importantes del mundo de un niño: mamá y papá. Este registro de cosas a evitar y estrategias para conseguir es lo que se convertirá en Superyo. Esta instancia no se completa hasta los siete años de edad y en algunas personas nunca se estructurará.
Hay dos aspectos del Superyo: uno es la consciencia, constituida por la internalización de los castigos y advertencias. El otro es llamado el Ideal del Yo, el cual deriva de las recompensas y modelos positivos presentados al niño. La consciencia y el Ideal del Yo comunican sus requerimientos al Yo con sentimientos como el orgullo, la vergüenza y la culpa.
Es como si en la niñez hubiésemos adquirido un nuevo conjunto de necesidades y de deseos acompañantes, esta vez de naturaleza más social que biológica. Pero, por desgracia, estos nuevos deseos pueden establecer un conflicto con los deseos del Ello . Ya ve, el Superyo representaría la sociedad, y la sociedad pocas veces satisface sus necesidades.

El Ello
Es la parte oculta de la personalidad y intelecto; viene siendo la primera manifestación de la mente humana, es decir, el estado mental del recién nacido; más información adquirida (por ejemplo alguien puede no recordar conscientemente algo, que aún tiene en la memoria en el inconsciente). En esta división no son válidas las leyes lógicas del pensamiento consciente, el ello sólo busca la satisfacción de los impulsos orgánicos, no se halla aquí prácticamente noción del tiempo y no hay noción de lo que está bien o mal. Es una "máquina de crear impulsos para su ego.
Aquí se encuentran todos los datos almacenados desde que hemos nacido, y hasta incluso algunos recuerdos del vientre de la madre, y del momento del parto, momento bastante determinante en el desarrollo posterior del niño o futuro adulto, según algunos psicólogos opinan. En esta división de la mente al no haber noción del bien y el mal, no se encuentran conflictos, lo único que hay aquí son impulsos (que algunos pueden ser conflictivos), y gran cantidad de información. Aquí es donde se comienzan a formar nuestros pensamientos, que son en su momento inicial tan sólo impulsos a satisfacer una necesidad del organismo.

El Yo
Es lo que está en contacto con la realidad, viene siendo algo así como la parte consciente del ello , o una parte más exterior, o la que se ha modificado por estar en contacto con la realidad presentada. Es así por ejemplo que si nos encontramos en el medio de un almacén comprando productos, y nuestro cuerpo pide renovar energías, el ello lo notará y comenzará a mandar impulsos para comer, porque sabe que estamos rodeados de comida. El yo y la próxima división que veremos que es el "súper yo" como se encuentran en contacto con la realidad, saben que si no pasamos antes por la caja registradora para pagar, no se puede agarrar y abrir un paquete para comer, porque no esta permitido. Tal es así que el yo le envía continuamente información al ello "como tratando de hacerle entender la realidad". El yo domina la descarga de los impulsos que envía el ello generalmente.

El Superyo
Es la parte ética y moral que ha sido desarrollada en el hombre. Esta parte ética y moral se fue formando por enseñanzas de nuestros padres o cuidadores, y por las creencias religiosas que nos inculcan valores; el nombre un poco lo dice: es algo más que el yo, es un yo moral o religioso. Volviendo al ejemplo sencillo del almacén: una persona que no tenga desarrollado el súper yo como sabe que no esta permitido comer sin antes pagar, se escondería en donde pueda para saciar su necesidad; ahora bien esa persona con un poquito más de ética sabe que podría comer inmediatamente y sin pagar, no lo hará porque sabe que esta mal, es incorrecto (tiene más desarrollado el súper yo). Si todos tuviéramos más desarrollada nuestra parte moral o religiosa todos estaríamos mejor de tener una buen moral y ética.

Represión
Es como una barrera entre el ello y el yo; para que no todos los impulsos del ello afloren al yo. Un ejemplo, supongamos que alguien no nos agrada, porque nos mató un perro que le molestaba. Nuestro impulso, que es obviamente proveniente del ello será querer matarlo a él que tal cosa hizo, porque queríamos al perro. Como sabemos que no tenemos el derecho de quitarle la vida a alguien, y menos por matar un perro que le molestaba (hecho no justificable). El pensamiento de darle muerte a esa persona será inmediatamente reprimido (salvo en personas desequilibradas). Se provocará entonces lo que se denomina en psicología sublimación: el ello intentará de nuevo pero de forma tal que lo permita la "represión" y aflorarán al consciente posiblemente el deseo primitivo de querer matar, pero ahora cambiado en forma de insulto, tal vez largando una maldición. La represión sólo permitirá aflorar al consciente pensamientos para el individuo mínimamente aprobables. Si vamos más lejos, en el caso de un hombre muy moral, o un sabio educador, o un hombre o mujer de iglesia consagrado a Dios, la represión será tal que se producirá un cambio muy grande en lo que seria el impulso primitivo o no desarrollado; y la persona ni siquiera lo insultaría o maldeciría, reprendería su mal acto con palabras suaves (las más efectivas, y más difíciles de pronunciar en tales momentos) de forma tal que afecten directamente al súper yo del receptor, activando a este, o "despertándolo" de forma tal que se forme en el receptor lo que se denomina "sentido de culpa".


