El entrañable y tontorrón personaje de Winnie the Pooh realmente llegó a existir y fue una osa de color negro.
Todo comenzó cuando el 24 de agosto de 1914 un tren que transportaba tropas para luchar en Europa y que provenía de Winnipeg (Manitoba, Canadá) se detuvo en White River (Ontario). El teniente veterinario H. Colebourn (1887-1947), un británico afincado en Canadá, salió del tren para despejarse un poco y vio a un trampero que, después de matar a una osa, se había quedado con una cría suya. Colebourn (foto de la izquierda) pagó 20 dólares al trampero por la osezna, a la que decidió llamar Winnie, en honor a su ciudad adoptiva, Winnipeg.
El militar decidió dejar a Winnie en el Zoo de Londres (el 9 de diciembre de 1914) para que se ocupasen de ella mientras él luchaba en el frente. Por su carácter cariñoso y dócil, Winnie se convirtió pronto en la favorita del público que acudía al Zoo. Más tarde, al acabar la guerra en 1918, Colebourn volvió al Zoo a recogerla pero, viendo el afecto que había despertado en todos, decidió dejarla allí.
Un niño, llamado Christopher Robin Milne, visitó el Zoo cuando tenía cinco años y conoció a Winnie. No tardaron mucho en hacerse amigos e, incluso, los cuidadores le dejaban pasar dentro del recinto de la osa para jugar con ella o darle de comer (curiosamente no le daba miel sino leche condensada, que le encantaba).
Christopher Robin dándole leche condensada a Winnie
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