Biografía de Camilo Cienfuegos Gorriarán
El 6 de febrero de 1933, en una pequeña y humilde casa del barrio de Jesús del Monte, nació el tercer hijo varón del matrimonio Ramón Cienfuegos y Emilia Gorriarán al que nombraron Camilo.
Cuando llegó a la edad escolar asistió a la escuela “Félix Alpizar”; ya por entonces vivían en la barriada de Lawton. Contaba su maestro que era muy buen alumno y que sentía predilección por los estudios de Historia de Cuba. Admiraba a los grandes patriotas de nuestras guerras independentistas.
En la escuela, participó en la redacción del periódico “Lídice” nombre de una aldea checa destruida por los nazis. Gustaba del deporte, en especial del béisbol, y aunque era rechazado al principio por los compañeros de la novena debido a sus fallos, eliminó estos hasta hacerse apreciar y solicitar.
También contaba su maestro que su inclinación por la justicia lo llevaba a veces a pelear con otros muchachos para defender a uno más pequeño o más débil. A la modesta escuela asistían niños muy pobres a los cuales ayudaba una agrupación de alumnos con la venta de botellas y palos de escobas.
Camilo era uno de sus miembros. La escuela pública carecía de los más básicos materiales escolares y con el dinero recaudado se los compraban a los niños más necesitados.
Al terminar la enseñanza primaria, ingresa en la Escuela Superior No.13 de la Víbora, donde cursará el séptimo y octavo grados. A los 17 años ingresa en la Escuela Anexa de San Alejandro donde estudia escultura durante un año. Siendo estudiante de San Alejandro, comienza a trabajar en la tienda “El Arte” como aprendiz.
En el año 1953, viaja a los Estados Unidos, asqueado de la tiranía y en busca de mejor situación. Pronto lo indigna el ambiente y las circunstancias de la explotación en que se desarrolla la vida de los humildes y de los trabajadores en los Estados Unidos, y decide regresar.
En 1954 las luchas estudiantiles contra la tiranía arreciaban. Camilo se siente atraído por la rebeldía de la juventud que combatía a diario contra los esbirros del batistato. Comienza a asistir a los mítines, especialmente en la Universidad de La Habana. El 7 de diciembre de 1955, durante una manifestación, es herido de un tiro en un pie. En el hospital pide que atiendan a otros compañeros antes que a él porque “lo mío no es nada”, dice.
En diciembre de ese año, fichado por los cuerpos represivos, sin trabajo, y viendo la dispersión con que actuaban los opositores del régimen, no le quedaba otro camino que irse de nuevo al extranjero.
En Nueva York lee algunas declaraciones de Fidel sosteniendo la necesidad de la lucha armada, para librar al país de la tiranía de Batista. Decide trasladarse a México. Ingresa en el núcleo que, bajo la dirección de Fidel, gesta la liberación.
El 2 de diciembre de1956, figuraba entre los 82 expedicionarios del Granma. El día 5, llegan a Alegría de Pío, donde tienen que combatir duramente, y donde se produce la dispersión del grupo.
En el combate hay un hecho que simboliza su carácter: ante el débil grito de un compañero, entre la confusión y los disparos de "Estamos perdidos, hay que rendirse", se oyó una voz, la de Camilo que decía "¡Aquí no se rinde nadie, carajo!".
Después de largas jornadas, a mediados de diciembre, se reúne con un número de combatientes en torno a Fidel, y a finales del mes enfilan resueltamente hacia los picachos de la Sierra Maestra. En el combate de La Plata, siendo un soldado más del grupo, Camilo se distingue perfilando sus extraordinarias condiciones de combatiente, que se evidencian nuevamente en Palma Mocha y en los pequeños encuentros que van sosteniendo frente al enemigo. En el combate de El Uvero, tiene la responsabilidad de un pelotón, con el grado de teniente. Los combates de El Hombrito, Bueycito, Pino del Agua, tienen el sello de su coraje y de sus cualidades de estratega.
Luego de esporádicos encuentros, se ataca de nuevo a Pino del Agua. En este encuentro, Camilo superó cuanto había demostrado en valentía y arrojo. Llega hasta las mismas trincheras del enemigo. Casi le arrebata las armas de la mano y ataca con verdadera pasión. En medio del fragor cae seriamente herido en el vientre, otra bala le atraviesa el muslo y fragmentos de metralla lo hieren en la frente. En este trance da muestras de gallardía y nobleza. Al verlo herido su gente corre en su auxilio e improvisan una camilla para alejarlo de la acción. Pero Camilo observa al lado suyo a otro herido y ordena que se le atienda primero. Al ver que no se ataca su orden, dice: “O lo cargan ustedes, o lo cargo yo”. Y tuvieron que sacar primero al soldado herido.
Después de reponerse, Camilo participa en otras acciones, y al disponerse a llevar la guerra a otros frentes, toca a Camilo la tarea colosal de llevarla al llano. El 31 de marzo, deja la Sierra y al frente de una columna se dirige a la zona de Bayamo, donde asestará golpe tras golpe al ejército de Batista. En abril de 1958 es ascendido a comandante, y quedan bajo su responsabilidad las zonas de Bayamo, Mansanillo y Victoria de Las Tunas.
En los meses siguientes, Camilo participa en la contraofensiva que destruye totalmente las fuerzas lanzadas por Batista, en su empeño de barrer al Ejército Rebelde, y es eje de múltiples acciones que humillan y ridiculizan a la pomposa oficialidad del tirano.
El 18 de agosto, Fidel firma la orden militar que pone a las fuerzas rebeldes definitivamente a la ofensiva. Camilo y Che serán los encargados de dirigir y realizar la invasión a las provincias occidentales. La columna Antonio Maceo parte el 21 de agosto y al frente de la misma va Camilo, mientras el Che comanda la columna invasora numero 8, Ciro Redondo. El 7 de octubre, después de múltiples penalidades en que la tropa y su glorioso jefe dieron muestras de extraordinario heroísmo, la columna Antonio Maceo entró en Las Villas. Mayajigua, Placetas, Zulueta y el encarnizado combate de Yagüajay hicieron sentir a las fuerzas de la tiranía, la presencia arrolladora del Ejercito Rebelde.
Al producirse la fuga del tirano, las columnas invasoras reciben la orden de dirigirse hacia La Habana y tomar los campamentos militares de Columbia y La Cabaña. Camilo asume el mando de todas las fuerzas armadas. Aclamado por el pueblo como uno de sus héroes genuinos, Camilo es admirado profundamente por su espíritu de sacrificio, por su valentía y por su fidelidad a la Revolución. Al producirse la traición de Hubert Matos, Camilo cumple la orden de detenerlo. Habla al pueblo en Camagüey, condena enérgicamente la traición divisionista y expresa sus amplios conceptos de revolucionario genuino que ve en la unidad la fortaleza del pueblo y de su causa.
El 28 de octubre de 1959, cuando se dirigía de regreso a La Habana, el avión que lo conducía desapareció. La consternación del pueblo se volcó en su búsqueda incesante durante varios días. Tras la infructuosa jornada, el 12 de noviembre, el Primer Ministro del Gobierno Revolucionario, Comandante Fidel Castro, informaba al pueblo sobre la infatigable gestión. Sus palabras dejaron impresa para siempre los perfiles heroicos del combatiente extraordinario: “hombres como Camilo Cienfuegos surgieron del pueblo y vivieron para el pueblo. Nuestra única compensación ante la pérdida de un compañero tan allegado a nosotros es saber que el pueblo de Cuba produce hombres como él. Camilo vive y vivirá en el pueblo”.
El comandante Ernesto Che Guevara dijo de él:
“Camilo fue el compañero de cien batallas, el hombre de confianza de Fidel en los momentos difíciles de la guerra y el luchador abnegado que hizo siempre del sacrificio un instrumento para templar su carácter y forjar el de la tropa”.
“... Camilo era Camilo, señor de la vanguardia, guerrillero completo que se imponía por esa guerra con colorido que sabía hacer... Ya lo dijo Fidel, no tenía la cultura de los libros, tenía la inteligencia natural del pueblo que lo había elegido entre miles para ponerlo en ese lugar privilegiado donde llegó con golpes de audacia, con tesón, con inteligencia y con devoción”.