EL CUERPO NEGRO EN EL PARADERO DEL BUS
Daban las seis de la tarde cuando culminada la jornada normal de mi trabajo, cerca de la entrada que conduce a nuestros puestos de trabajo de oficinistas, justo ahí decidí quedarme para tratar de impresionar a esa chica que me gustaba tanto del trabajo, con platicas agradables que había ensayado en la privacidad de mi casa, pero a pesar de que mi aliento fue grande como para intentar cambiar mi vida mi desaliento fue más grande al saber que ella se había ido a pesar de que habíamos quedado en irnos juntos a casa.
Me quede hasta que la luna llena se posó en mi cabeza, mientras tanto me emboba pensando en cosas redundantes e insignificantes acerca de la vida y fui inconsciente del tiempo que ello me tomo, no obstante, el paso casi deshabitado de mi entorno me hizo entrar en razón, por lo que mire mi reloj y vi que eran las nueve y treinta de la noche, tome mis pocas pertenencias entre ellas estaba un morral con dos libretas, una caja de jugo de mora y un lapicero, además de mi propio atuendo de oficinista llevo una billetera que mi padre me dejo de herencia, soy consciente de lo poco que llevo encima, pero hasta ahora es todo lo que he necesitado cuando salgo al centro de la ciudad a laburar, y por ultimo, llevo en una bolsa pequeña una manzana y una promesa de comerla que nunca cumplo.
Salí entonces rumbo al paradero, son cuatro cuadras camino al sur para llegar al destino, donde los buses pasan, una vez llegue al lejano sitio me percaté de que el lugar era más oscuro de lo que recordaba, mire mi reloj y tome asiento, eran las nueve y cuarenta y cinco, me quede sentado esperando hasta que dieron las diez, vi entonces que mi entorno era más oscuro, las luces que habían cerca de mi costado se encendieron proyectando más sombra, pues el poco brillo que había, cedió ante la completa oscuridad del entorno al apagarse la luz de los edificios cercanos a mí y entonces un miedo me invadió.
Eran las diez y media y no había bus en el horizonte, pensé en tomar un taxi rumbo a casa, pero esos aparatos dejaron de aparecer desde hacía tan solo diez minutos, estaba completamente solo, no había nadie que mis ojos pudieran divisar, no se escuchaban los pasos del transeúnte, así que me relajé y decidí seguir esperando.
Cuando dieron las once en punto mi cuerpo sintió un escalofrió, y eso fue lo que me hizo tomar la decisión de caminar rumbo a casa, pero apenas me levante pude sentir un hedor nauseabundo, me tape la nariz y divise el horizonte, no vi nada, así que cogí mis pocas pertenencias las cuales había acamado en el asiento anexo mientras esperaba el bus y fue justo cuando un recuerdo me vino a la memoria del momento de hace tan solo unos segundos.
En el recuerdo de mi divisé alrededor pude ver una sombra acostada tan solo atrás de mi puesto, por alguna extraña razón mi mente no me aviso de la amenaza en su momento, así que volví a revisar con mi mirada aquel lugar y efectivamente, había una sombra siniestra en el lugar.
Me petrifique mientras la sombra se levantaba y se acercaba, mis latidos se desenfrenaron, mi respiración se aceleró, y mi cuerpo ya paralizado no respondía hacia la amenaza pues estaba hecha un caos al igual que mi mente, no venía nada de ella salvo el terror.
La sombra se acercaba cada vez más, mientras que en mi mente los peores temores de una criatura infernal los invadía, con cada paso que daba el miedo se hacía mayor, el hedor de putrefacción era cada vez más evidente, pues aquel espectro que se divisaba lo desprendía y lo peor era que parecía no importarle como si estuviese acostumbrado a su nauseabundo hedor.
Cada paso que daba hacia la luz que había a mis costados lo revelaba, conforme avanzaba su vil aspecto se hacía cada vez más evidente, mis miedos se hicieron realidad cuando este finalmente se posó a la luz, era una figura masculina, tenía la mitad del torso desnudo, un pantalón destrozado, y estaba descalzo, su apariencia negruzca lo cubría por completo, sus labios grandes y carnosos dijeron algo en un lenguaje coloquial al que no estoy acostumbrado, no estaba preparado para aquel ser, mis ojos se fijaron es su figura escuálida, su propensa barba y pelo mal cuidados, no era capaz de reaccionar, inclusive la presencia de un ser rojo gigantesco con cuernos y colmillos hubiese sido más llevadero pero este no era el caso.
Se acercó más, cuando recobre mis sentidos su hedor nauseabundo volvió otra vez a bloquear mi mente, se dirigió de nuevo hacia mí con su lenguaje coloquial, más no lo entendía, su extraño lenguaje era algo con lo que no estaba familiarizado, decía algo como “llave tiene pa’ la guilla”, lo mire fijamente y en silencio esperando que no me volviera hablar, pero fue peor, se acercó tanto a mí que invadió por completo mi espacio personal, volvió otra vez a citar su lenguaje vulgar y al no haber respuesta hacia mi saco de algún lugar de su cuerpo un objeto pulsante que no alcance a ver, el primer golpe que me dio con aquel objeto fue certero, cogí mi morral con la esperanza de bloquear sus siguientes ataques, no obstante fue inútil, no pude contar la cantidad de golpes que me acertó antes de sucumbir y caer al suelo donde pudo divisar un hedor diferente pero igual de asqueroso como el que sentía antes proyectándose de sus pies.
Cuando estaba en el piso pude sentir como abría mi morral, toma la caja de jugo y la tiro al ver que la había perforado, tomo la manzana e igualmente la tiro, al ver que no había nada interesante empezó a tocar mi cuerpo impregnándome de su suciedad y parte de su hedor, sus toques eran cada vez más personales, volteo mi cuerpo manoseando todo el torso y finalmente mi pantalón rozando mis genitales, pude sentir desde el principio hasta el fin como aquella figura negra me había destruido tanto física como mentalmente, era el peor día y mi último también.
Le tomo solo unos minutos hasta encontrar mi billetera donde saco el poco dinero que tenía y luego me dejo solo, observe por última vez mi reloj, si se preguntan porque no se lo llevo es posible que se deba a que estaba hecho de materiales poco cotizados y tenia de portada la imagen de un gato cósmico.
Eran las doce, vi la luna una última vez luego me voltee aceptando mi destino y haciendo una competencia tonta donde medía mi resistencia final, en cuando mi sangre toque el líquido de aquel jugo de mora es entonces cuando finalmente moriré, me quede observando como aquellas dos sustancias se mezclaban, hice el gesto de morir la primera vez que se mezclaron, pero luego abrí los ojos, viví alrededor de dos horas más o eso creo, no las conté.
Daban las seis de la tarde cuando culminada la jornada normal de mi trabajo, cerca de la entrada que conduce a nuestros puestos de trabajo de oficinistas, justo ahí decidí quedarme para tratar de impresionar a esa chica que me gustaba tanto del trabajo, con platicas agradables que había ensayado en la privacidad de mi casa, pero a pesar de que mi aliento fue grande como para intentar cambiar mi vida mi desaliento fue más grande al saber que ella se había ido a pesar de que habíamos quedado en irnos juntos a casa.
Me quede hasta que la luna llena se posó en mi cabeza, mientras tanto me emboba pensando en cosas redundantes e insignificantes acerca de la vida y fui inconsciente del tiempo que ello me tomo, no obstante, el paso casi deshabitado de mi entorno me hizo entrar en razón, por lo que mire mi reloj y vi que eran las nueve y treinta de la noche, tome mis pocas pertenencias entre ellas estaba un morral con dos libretas, una caja de jugo de mora y un lapicero, además de mi propio atuendo de oficinista llevo una billetera que mi padre me dejo de herencia, soy consciente de lo poco que llevo encima, pero hasta ahora es todo lo que he necesitado cuando salgo al centro de la ciudad a laburar, y por ultimo, llevo en una bolsa pequeña una manzana y una promesa de comerla que nunca cumplo.
Salí entonces rumbo al paradero, son cuatro cuadras camino al sur para llegar al destino, donde los buses pasan, una vez llegue al lejano sitio me percaté de que el lugar era más oscuro de lo que recordaba, mire mi reloj y tome asiento, eran las nueve y cuarenta y cinco, me quede sentado esperando hasta que dieron las diez, vi entonces que mi entorno era más oscuro, las luces que habían cerca de mi costado se encendieron proyectando más sombra, pues el poco brillo que había, cedió ante la completa oscuridad del entorno al apagarse la luz de los edificios cercanos a mí y entonces un miedo me invadió.
Eran las diez y media y no había bus en el horizonte, pensé en tomar un taxi rumbo a casa, pero esos aparatos dejaron de aparecer desde hacía tan solo diez minutos, estaba completamente solo, no había nadie que mis ojos pudieran divisar, no se escuchaban los pasos del transeúnte, así que me relajé y decidí seguir esperando.
Cuando dieron las once en punto mi cuerpo sintió un escalofrió, y eso fue lo que me hizo tomar la decisión de caminar rumbo a casa, pero apenas me levante pude sentir un hedor nauseabundo, me tape la nariz y divise el horizonte, no vi nada, así que cogí mis pocas pertenencias las cuales había acamado en el asiento anexo mientras esperaba el bus y fue justo cuando un recuerdo me vino a la memoria del momento de hace tan solo unos segundos.
En el recuerdo de mi divisé alrededor pude ver una sombra acostada tan solo atrás de mi puesto, por alguna extraña razón mi mente no me aviso de la amenaza en su momento, así que volví a revisar con mi mirada aquel lugar y efectivamente, había una sombra siniestra en el lugar.
Me petrifique mientras la sombra se levantaba y se acercaba, mis latidos se desenfrenaron, mi respiración se aceleró, y mi cuerpo ya paralizado no respondía hacia la amenaza pues estaba hecha un caos al igual que mi mente, no venía nada de ella salvo el terror.
La sombra se acercaba cada vez más, mientras que en mi mente los peores temores de una criatura infernal los invadía, con cada paso que daba el miedo se hacía mayor, el hedor de putrefacción era cada vez más evidente, pues aquel espectro que se divisaba lo desprendía y lo peor era que parecía no importarle como si estuviese acostumbrado a su nauseabundo hedor.
Cada paso que daba hacia la luz que había a mis costados lo revelaba, conforme avanzaba su vil aspecto se hacía cada vez más evidente, mis miedos se hicieron realidad cuando este finalmente se posó a la luz, era una figura masculina, tenía la mitad del torso desnudo, un pantalón destrozado, y estaba descalzo, su apariencia negruzca lo cubría por completo, sus labios grandes y carnosos dijeron algo en un lenguaje coloquial al que no estoy acostumbrado, no estaba preparado para aquel ser, mis ojos se fijaron es su figura escuálida, su propensa barba y pelo mal cuidados, no era capaz de reaccionar, inclusive la presencia de un ser rojo gigantesco con cuernos y colmillos hubiese sido más llevadero pero este no era el caso.
Se acercó más, cuando recobre mis sentidos su hedor nauseabundo volvió otra vez a bloquear mi mente, se dirigió de nuevo hacia mí con su lenguaje coloquial, más no lo entendía, su extraño lenguaje era algo con lo que no estaba familiarizado, decía algo como “llave tiene pa’ la guilla”, lo mire fijamente y en silencio esperando que no me volviera hablar, pero fue peor, se acercó tanto a mí que invadió por completo mi espacio personal, volvió otra vez a citar su lenguaje vulgar y al no haber respuesta hacia mi saco de algún lugar de su cuerpo un objeto pulsante que no alcance a ver, el primer golpe que me dio con aquel objeto fue certero, cogí mi morral con la esperanza de bloquear sus siguientes ataques, no obstante fue inútil, no pude contar la cantidad de golpes que me acertó antes de sucumbir y caer al suelo donde pudo divisar un hedor diferente pero igual de asqueroso como el que sentía antes proyectándose de sus pies.
Cuando estaba en el piso pude sentir como abría mi morral, toma la caja de jugo y la tiro al ver que la había perforado, tomo la manzana e igualmente la tiro, al ver que no había nada interesante empezó a tocar mi cuerpo impregnándome de su suciedad y parte de su hedor, sus toques eran cada vez más personales, volteo mi cuerpo manoseando todo el torso y finalmente mi pantalón rozando mis genitales, pude sentir desde el principio hasta el fin como aquella figura negra me había destruido tanto física como mentalmente, era el peor día y mi último también.
Le tomo solo unos minutos hasta encontrar mi billetera donde saco el poco dinero que tenía y luego me dejo solo, observe por última vez mi reloj, si se preguntan porque no se lo llevo es posible que se deba a que estaba hecho de materiales poco cotizados y tenia de portada la imagen de un gato cósmico.
Eran las doce, vi la luna una última vez luego me voltee aceptando mi destino y haciendo una competencia tonta donde medía mi resistencia final, en cuando mi sangre toque el líquido de aquel jugo de mora es entonces cuando finalmente moriré, me quede observando como aquellas dos sustancias se mezclaban, hice el gesto de morir la primera vez que se mezclaron, pero luego abrí los ojos, viví alrededor de dos horas más o eso creo, no las conté.