ADICCIÓN AL SEXO: MODA Y PROBLEMA
La enfermedad que dijeron tener Michael Douglas o Tiger Woods ya llegó a los consultorios mendocinos. Aunque no figura en los manuales, el problema cada vez es más común.
domingo, 10 de enero de 2010
Los tiempos cambian, la medicina avanza y las excusas, ante una infidelidad, no son las mismas. Hoy si un hombre o una mujer es descubierto por su pareja siéndole infiel, en vez de decir: “Esperá mi amor, esto no es lo que vos estás pensado, yo te lo puedo explicar”; podrá cambiar esas palabras apelando a una patología y sentenciar: “Necesito ayuda, entendeme, soy adicto al sexo”.
Distintos sexólogos locales reconocen que llegan a sus consultorios personas con patologías de estas características y hasta funcionan grupos de autoayuda. Recientemente el golfista Tiger Woods admitió padecer ese mal y lo mismo hizo años atrás el actor Michel Douglas. ¿Excusa para zafar o enfermedad?
¿Existe esta enfermedad?
La comunidad científica está discutiendo si existe la adicción al sexo como tal. En el DSM4, una suerte de manual de clasificaciones y diagnósticos estadísticos que contiene los trastornos o desórdenes mentales, no figura. Por eso es que se debate ahora fuertemente si la adicción al sexo es una enfermedad, para ser incluido en el DSM5 que aparecerá en 2012.
Si bien todavía no podemos hablar científicamente de adicción al sexo, sí hay otras patologías que afectan la conducta sexual de cualquier persona. “A nivel científico no hay unicidad de criterio sobre si es un trastorno obsesivo compulsivo (TOC), si es un trastorno del impulso sexual que es diferente porque es incontrolable y no estaría el componente obsesivo, o si es un trastorno adictivo. Esto es lo que discute la ciencia hoy”, indica el médico sexólogo Miguel Palmieri, quien agrega: “Lo cierto es que este trastorno existe. Para mí es un trastorno del comportamiento sexual que tiene muchas veces componentes que lo asemejan a un trastorno obsesivo compulsivo”.
Sexo y adicciones
Juan Martín Oscos, psicólogo y sexólogo dice: “Se puede ser adicto a cualquier cosa. Cuando uno es adicto a una droga es porque no puede decir algo y lo expresa a través de una droga. También lo puede hacer a través del sexo porque produce distensión, placer, relajación y escape frente a lo que no pueden decir o expresar porque le genera dolor y lo ponen en esa conducta compulsiva como el juego o el trabajo”.
Por su parte, la psicóloga Laura Schuster, considera: “Es interesante hablar de adicción al sexo, ya que nos ayuda a pensar que para hablar de adicción no hace falta hablar de droga. Es decir se puede ser adicto a cualquier objeto y a su vez ese objeto va a depender de cada persona en particular, de su historia y su realidad”. En este sentido destaca: “La práctica sexual no es un universal, va a depender de cada uno, y el modo de relacionarse con ella puede ser para disfrutarlo, o también puede volverse problemático.
Se puede ‘consumir sexo’ pero el desafío es pensar el modo de ubicarse frente a ese consumo”. Schuster no duda en afirmar que si la adicción implica: no poder parar, acciones compulsivas y modos de búsqueda patológicos; “podemos pensar que no es el sexo el problema, sino la relación que la persona establece”.
Oscos entiende que los adictos “no pueden controlar el impulso ni el deseo y sufren si no lo logran a pesar de que una vez que lo consiguieron sienten dolor”. También señala que la adicción al sexo para ser considerada como tal, deberá además desordenar la vida de la persona a nivel laboral, afectivo y familiar. “Tuve una pacienta que padecía esa patología, la pasaba muy mal, tenía problemas en el trabajo y en su vida”, recuerda.
El comienzo
Para Palmieri el trastorno comienza cuando la persona piensa recurrentemente en determinadas fantasías sexuales que quiere cumplir, quizás las puede realizar o no pero “la atormenta”, destaca el médico sexólogo.
A veces, esa fantasía o rito puede involucrar a otra persona y aclara: “No toda acción de búsqueda externa de placer sexual fuera de la pareja es una adicción al sexo”. Del pensamiento se pasa al de las sensaciones y “quiere concretar esa idea que lo atormenta”, señala Palmieri. El trastorno también puede manifestarse a través de masturbaciones compulsivas, mucho consumo de pornografía y demás alternativas. Además descarta que una persona pueda diagnosticar si es adicto al sexo o no, a través de los test que se ofrecen en internet.
No la pasan bien
Palmieri ha tratado a varios pacientes con estas características y cuenta que no la pasan bien porque “luego de haber concretado sus ideas sexuales, no sienten el bienestar que genera una relación sexual normal; sienten culpa o vergüenza. Además comienzan a tener problemas en el trabajo en su casa, con sus hijos y con toda su familia. Sufren mucho las personas que tienen un trastorno en el comportamiento sexual con características compulsivas”.
Tratamiento
Las personas que padecen este trastorno en su conducta sexual deberán someterse a un tratamiento que implicará “el consumo de psicofármacos similares a los que consumen los que tienen un trastorno obsesivo compulsivo (TOC)”, remarca Palmieri. También hará falta psicoterapia y en algunos casos se refuerza participando en grupos de autoayuda que están comenzando lentamente a formarse.
Diferenciar
La clave para diferenciar al infiel del adicto pasa por el sufrimiento. “Hay que sacarse de la cabeza la idea de que una persona que tuvo 10 o 15 amantes sexuales ya es un adicto sexual, no es así porque hay personas que pueden tener esta características y no sufren. En ese caso habrá que ver cuáles son sus patrones éticos y morales”, explica Palmieri porque además se relaciona con otros síndromes (Ver aparte). Oscos coincide con Palmieri: “Si no molesta tener varias amantes no hay trastrono ni adicción, el tema pasa por otro lado”.
También señalan ambos que reciben parejas en su consultorio con deseo sexual diferente, quizás la mujer tiene más ganas de tener relaciones que el hombre, o a la inversa: “Eso es discronaxia sexual, hay diferencia en los tiempos. El que tiene más deseo no es un adicto”. En cualquier caso, si hay sospechas lo más aconsejable es que la pareja pida ayuda profesional.
“Si alguno de los miembros de la pareja fue infiel porque no tiene buena relación con su mujer, será una buena excusa alegar una adicción al sexo. Habrá que ver si su pareja lo entiende, pero lo más aconsejable frente a la duda es comenzar un tratamiento o consultar a un profesional”, señala Oscos.
La enfermedad que dijeron tener Michael Douglas o Tiger Woods ya llegó a los consultorios mendocinos. Aunque no figura en los manuales, el problema cada vez es más común.
domingo, 10 de enero de 2010
Los tiempos cambian, la medicina avanza y las excusas, ante una infidelidad, no son las mismas. Hoy si un hombre o una mujer es descubierto por su pareja siéndole infiel, en vez de decir: “Esperá mi amor, esto no es lo que vos estás pensado, yo te lo puedo explicar”; podrá cambiar esas palabras apelando a una patología y sentenciar: “Necesito ayuda, entendeme, soy adicto al sexo”.
Distintos sexólogos locales reconocen que llegan a sus consultorios personas con patologías de estas características y hasta funcionan grupos de autoayuda. Recientemente el golfista Tiger Woods admitió padecer ese mal y lo mismo hizo años atrás el actor Michel Douglas. ¿Excusa para zafar o enfermedad?
¿Existe esta enfermedad?
La comunidad científica está discutiendo si existe la adicción al sexo como tal. En el DSM4, una suerte de manual de clasificaciones y diagnósticos estadísticos que contiene los trastornos o desórdenes mentales, no figura. Por eso es que se debate ahora fuertemente si la adicción al sexo es una enfermedad, para ser incluido en el DSM5 que aparecerá en 2012.
Si bien todavía no podemos hablar científicamente de adicción al sexo, sí hay otras patologías que afectan la conducta sexual de cualquier persona. “A nivel científico no hay unicidad de criterio sobre si es un trastorno obsesivo compulsivo (TOC), si es un trastorno del impulso sexual que es diferente porque es incontrolable y no estaría el componente obsesivo, o si es un trastorno adictivo. Esto es lo que discute la ciencia hoy”, indica el médico sexólogo Miguel Palmieri, quien agrega: “Lo cierto es que este trastorno existe. Para mí es un trastorno del comportamiento sexual que tiene muchas veces componentes que lo asemejan a un trastorno obsesivo compulsivo”.
Sexo y adicciones
Juan Martín Oscos, psicólogo y sexólogo dice: “Se puede ser adicto a cualquier cosa. Cuando uno es adicto a una droga es porque no puede decir algo y lo expresa a través de una droga. También lo puede hacer a través del sexo porque produce distensión, placer, relajación y escape frente a lo que no pueden decir o expresar porque le genera dolor y lo ponen en esa conducta compulsiva como el juego o el trabajo”.
Por su parte, la psicóloga Laura Schuster, considera: “Es interesante hablar de adicción al sexo, ya que nos ayuda a pensar que para hablar de adicción no hace falta hablar de droga. Es decir se puede ser adicto a cualquier objeto y a su vez ese objeto va a depender de cada persona en particular, de su historia y su realidad”. En este sentido destaca: “La práctica sexual no es un universal, va a depender de cada uno, y el modo de relacionarse con ella puede ser para disfrutarlo, o también puede volverse problemático.
Se puede ‘consumir sexo’ pero el desafío es pensar el modo de ubicarse frente a ese consumo”. Schuster no duda en afirmar que si la adicción implica: no poder parar, acciones compulsivas y modos de búsqueda patológicos; “podemos pensar que no es el sexo el problema, sino la relación que la persona establece”.
Oscos entiende que los adictos “no pueden controlar el impulso ni el deseo y sufren si no lo logran a pesar de que una vez que lo consiguieron sienten dolor”. También señala que la adicción al sexo para ser considerada como tal, deberá además desordenar la vida de la persona a nivel laboral, afectivo y familiar. “Tuve una pacienta que padecía esa patología, la pasaba muy mal, tenía problemas en el trabajo y en su vida”, recuerda.
El comienzo
Para Palmieri el trastorno comienza cuando la persona piensa recurrentemente en determinadas fantasías sexuales que quiere cumplir, quizás las puede realizar o no pero “la atormenta”, destaca el médico sexólogo.
A veces, esa fantasía o rito puede involucrar a otra persona y aclara: “No toda acción de búsqueda externa de placer sexual fuera de la pareja es una adicción al sexo”. Del pensamiento se pasa al de las sensaciones y “quiere concretar esa idea que lo atormenta”, señala Palmieri. El trastorno también puede manifestarse a través de masturbaciones compulsivas, mucho consumo de pornografía y demás alternativas. Además descarta que una persona pueda diagnosticar si es adicto al sexo o no, a través de los test que se ofrecen en internet.
No la pasan bien
Palmieri ha tratado a varios pacientes con estas características y cuenta que no la pasan bien porque “luego de haber concretado sus ideas sexuales, no sienten el bienestar que genera una relación sexual normal; sienten culpa o vergüenza. Además comienzan a tener problemas en el trabajo en su casa, con sus hijos y con toda su familia. Sufren mucho las personas que tienen un trastorno en el comportamiento sexual con características compulsivas”.
Tratamiento
Las personas que padecen este trastorno en su conducta sexual deberán someterse a un tratamiento que implicará “el consumo de psicofármacos similares a los que consumen los que tienen un trastorno obsesivo compulsivo (TOC)”, remarca Palmieri. También hará falta psicoterapia y en algunos casos se refuerza participando en grupos de autoayuda que están comenzando lentamente a formarse.
Diferenciar
La clave para diferenciar al infiel del adicto pasa por el sufrimiento. “Hay que sacarse de la cabeza la idea de que una persona que tuvo 10 o 15 amantes sexuales ya es un adicto sexual, no es así porque hay personas que pueden tener esta características y no sufren. En ese caso habrá que ver cuáles son sus patrones éticos y morales”, explica Palmieri porque además se relaciona con otros síndromes (Ver aparte). Oscos coincide con Palmieri: “Si no molesta tener varias amantes no hay trastrono ni adicción, el tema pasa por otro lado”.
También señalan ambos que reciben parejas en su consultorio con deseo sexual diferente, quizás la mujer tiene más ganas de tener relaciones que el hombre, o a la inversa: “Eso es discronaxia sexual, hay diferencia en los tiempos. El que tiene más deseo no es un adicto”. En cualquier caso, si hay sospechas lo más aconsejable es que la pareja pida ayuda profesional.
“Si alguno de los miembros de la pareja fue infiel porque no tiene buena relación con su mujer, será una buena excusa alegar una adicción al sexo. Habrá que ver si su pareja lo entiende, pero lo más aconsejable frente a la duda es comenzar un tratamiento o consultar a un profesional”, señala Oscos.