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Perros en la Magia y la Mitología

Paranormal2/28/2011
Los Perros en la Mitología y la Magia





Los perros han sufrido maltratos y penalidades en distintas culturas y épocas, pues se han considerado objetos rituales en ceremonias en las que se les inflingía dolor y que en ocasiones acababan con su sacrificio.







En china se sacrificaba a los perros con múltiples fines, incluida la elaboración de productos medicinales. Antaño se mataba a los perros de gran tamaño, como los mastines tibetanos, porque eran símbolo de lealtad y ferocidad, y las mujeres enamoradas pagaban mucho por ellos: en un conjuro para mantener fiel a su amado, las mujeres chinas invocaban a un espíritu canino para que éste no permitiera que su amado fuera a ver a otra mujer, sino que por el contrario, debía guiar al hombre hacia la mujer que había invocado su presencia. Estaban tan convencidas del poder del mastin tibetano que las damas, al parecer, estaban más dispuestas a adquirir un pedazo de mastín que un carlino u otro perro más pequeño entero.




El paso del tiempo afortunadamente relegó al olvido esta práctica, que se sustituyó por el dibujo de una cabeza de perro como amuleto: sin duda, más económico y práctico. La mujer pedía al amuleto canino su deseo, a continuación lo quemaba y finalmente frotaba las cenizas sobre su amado sin que se diera cuenta, o bien se las ponía en el té. No obstante, las tradiciones cruentas se conservaron en la costumbre de poner carne o sangre de perro en la fachada de una casa para ahuyentar las enfermedades, los insectos y los intrusos.





Perros para Sanar




Muchas otras culturas antiguas se han servido también del perro para curar males. Se decía que tres dosis de “perro frotado” curaban a un niño el dolor de estómago, y en Japón un objeto conocido como “caja de perro” era un amuleto que aseguraba un parto sin complicaciones y protegía al niño de los espíritus y bestias de la fiebre. Durante el día la caja se colocaba junto al bebé y de noche se colgaba sobre la cuna para que el niño no soñara con espíritus infernales. Durante el siglo VIII los chinos usaban un remedio relativamente inofensivo para acallar el llanto de un bebé: se arrancaba un pelo del cuello del perro, se le hacía un nudo y se ponía dentro de una bolsa roja que se colocaba entre las manos del bebé; éste, de forma infalible, dejaba de llorar.






Como parte de una ceremonia religiosa, los babilonios lanzaban al mar un perro blanco y negro; también creían que la mordedura de un can era un signo de buenaventura o por el contrario del demonio, en función del color del animal. A la entrada de las casas de Babilonia se dibujaba un mastín que hacía de guardián mágico. En la literatura hebrea, la gente no debía abandonar su hogar cuando se oían ladridos de un perro, y si el ladrido se oía de camino a una boda más valía suspender la ceremonia. Sin embargo, en algunas culturas el perro formaba parte de la ceremonia matrimonial. El novio recitaba un juramento tomando la sangre de un perro que había sacrificado y la esposa juraba su fidelidad por el perro. Los desdichados perros también se usaban como remedio para erradicar las enfermedades. Después de cortarles la cola, entre gritos de agonía, los arrastraban por todas las estancias de la casa hasta la puerta, y fuera de la casa los golpeaban brutalmente. Este ritual simbolizaba la huida de los espíritus de la enfermedad que, tras recorrer todos los rincones de la casa, abandonaban el hogar perseguidos por el perro; cuanto más lejos de la casa recibía la paliza, más lejos se ahuyentaban los espíritus, y más improbable era que volvieran.







Para las Brujas





Se cuenta de las brujas que tenían que convertirse en perros para poder utilizar los poderes que les otorgaba el diablo. En el fascinante cuadro de Goya “La transformación de las brujas” aparecen cuatro representadas en sus guaridas, realizando conjuros mientras se transforman en perros. Los perros eran espíritus animales que ayudaban a las brujas; se dice que cuando una hechicera hacía su pacto con el diablo éste le entregaba un cachorro como ayudante. El espíritu animal debía chupar la sangre de la bruja para renovar su fuerza y crear el vínculo indisoluble entre los dos. En esos casos, en lugar de transformarse a sí mismas en perros, las hechiceras invocaban a sus servidores de ultratumba.



Símbolos Religiosos




En las representaciones más antiguas de la cristiandad occidental, San Cristóbal aparece como un hombre joven con cabeza de perro. La leyenda cuenta que este apuesto soldado romano se dejaba tentar por igual por hombres y mujeres y para librarse del pecado pidió a Dios que lo colmara de fealdad, por lo que le creció una cabeza de perro. Otro ser con cabeza canina aparece materializado en las imaginaciones de unos exploradores del siglo XVIII que creyeron encontrar una criatura mezcla de pájaro, cerdo y perro. Al parecer, esa bestia los siguió, atacando a todo hombre o animal que se cruzaba en su camino. Esta criatura añadió suspenso a lo que fue una travesía segura a través de una tierra virgen llena de maravillas.





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