UN PAÍS FICCIONAL
Alta reflexión en La Venganza del pasado jueves.
Dolina: Un formador de opinión, ¿es un formador de opinión ajena, no? Imagínese, yo estoy en dificultades para formar siquiera una opinión propia, mal puedo formarle opinión a los vecinos.
Dorio: Un formador de opinión es un vendedor de esos que pasaban por la casa de uno y decían "Se me va el barco, le vendo esto": convencer a alguien de una cosa inverosímil.
Dolina: Bueno, todo el pensamiento, lo que se llama "opinión pública" es un poco eso que ud. acaba de decir: convencer a las personas de algo absolutamente imposible de creer.
Dorio: Y además, el hecho de sostener cierta idea en boga ... esto de "se dice por ahí", "se comenta": en eso consiste la cosa. Un tipo dice: "A todos nosotros nos parece que está pasando algo raro". Bueno, a vos te parece.
Dolina: Probablemente, amigos queridos, el país viva una especie de ficción, donde todo es absolutamente ficcional, inventado y atribuido a una fuente que no existe. "Andan diciendo por ahí", "he oído decir", "como todo el mundo sabe", etc. Yo no voy a decir ahora que hay diarios que dicen cosas que no son ciertas, porque bueno, eso ha ocurrido siempre, probablemente ahora ocurra más que antes, pero no es el asunto. El asunto es que hay, en el mundo mediático, una especie de acuerdo, de acuerdo perverso, conforme al cual se puede decir algo falso y todos aceptaremos el código como válido. Es decir: cuando en la publicidad comercial a ud. se le dice que con dos gotas de Glostora tendrá cien admiradoras, evidentemente se trata de una falsedad, como puede comprobarlo cualquiera que haga el experimento, ya que no está ligado en forma causal el uso de un fijador determinado con el éxito amoroso. Todos sabemos que eso es mentira. Pero en algún punto lo aceptamos. En algún punto de la historia de la comunicación lo aceptamos, lo toleramos y a veces incluso lo compartimos. Bueno, esto que pasa con la publicidad —que a mi juicio no es muy bueno— es mucho peor cuando involucra los asuntos periodísticos. Porque también allí se ha aceptado al menos que uno pueda decir algo sin necesidad de demostrarlo ni de sustentarlo de ninguna manera. De modo que se ha creado un país ficcional. Ficcional. Donde alguien hace acusaciones, el otro las contesta, el otro las retruca... y nunca se sabe cuál es la verdad, hasta que caemos en la peor de las cuentas: que es que no importa.
Dorio: Es tremendo eso. Y además, convengamos que el chiste aquel que implica el suponer que con dos gotitas de fijador uno tiene cien minas, más allá de esa especie de pacto donde uno empieza a creer un poquito o lo acepta, en estas cosas de lo cotidiano, de la realidad, pueden desembocar en tremendas tragedias. Hemos tenido varias veces en la Argentina ocasiones así, y una muy brutal fue la guerra del Paraguay, donde primero se hablaba de la Patria, de la argentinidad que necesitaba "salir a defender la democracia contra el Tirano", cuando en realidad nadie sabía quién era el hombre que comandaba los destinos del Paraguay, que por cierto lo estaba haciendo muy bien, en contra de los imperios. Y después se decía que la guerra era una cosa buena, y que además iba a ser corta, porque cómo la Argentina y Brasil juntos no le iban a ganar a Paraguay.
Dolina: Y entonces gente que nunca había oído hablar de Redrado, empieza de golpe a auspiciar la invasión del Paraguay.
http://notevayasestupida.blogspot.com/2010/03/un-pais-ficcional.html
Tener cuidado con lo que se expresa, por favor...
Alta reflexión en La Venganza del pasado jueves.
Dolina: Un formador de opinión, ¿es un formador de opinión ajena, no? Imagínese, yo estoy en dificultades para formar siquiera una opinión propia, mal puedo formarle opinión a los vecinos.
Dorio: Un formador de opinión es un vendedor de esos que pasaban por la casa de uno y decían "Se me va el barco, le vendo esto": convencer a alguien de una cosa inverosímil.
Dolina: Bueno, todo el pensamiento, lo que se llama "opinión pública" es un poco eso que ud. acaba de decir: convencer a las personas de algo absolutamente imposible de creer.
Dorio: Y además, el hecho de sostener cierta idea en boga ... esto de "se dice por ahí", "se comenta": en eso consiste la cosa. Un tipo dice: "A todos nosotros nos parece que está pasando algo raro". Bueno, a vos te parece.
Dolina: Probablemente, amigos queridos, el país viva una especie de ficción, donde todo es absolutamente ficcional, inventado y atribuido a una fuente que no existe. "Andan diciendo por ahí", "he oído decir", "como todo el mundo sabe", etc. Yo no voy a decir ahora que hay diarios que dicen cosas que no son ciertas, porque bueno, eso ha ocurrido siempre, probablemente ahora ocurra más que antes, pero no es el asunto. El asunto es que hay, en el mundo mediático, una especie de acuerdo, de acuerdo perverso, conforme al cual se puede decir algo falso y todos aceptaremos el código como válido. Es decir: cuando en la publicidad comercial a ud. se le dice que con dos gotas de Glostora tendrá cien admiradoras, evidentemente se trata de una falsedad, como puede comprobarlo cualquiera que haga el experimento, ya que no está ligado en forma causal el uso de un fijador determinado con el éxito amoroso. Todos sabemos que eso es mentira. Pero en algún punto lo aceptamos. En algún punto de la historia de la comunicación lo aceptamos, lo toleramos y a veces incluso lo compartimos. Bueno, esto que pasa con la publicidad —que a mi juicio no es muy bueno— es mucho peor cuando involucra los asuntos periodísticos. Porque también allí se ha aceptado al menos que uno pueda decir algo sin necesidad de demostrarlo ni de sustentarlo de ninguna manera. De modo que se ha creado un país ficcional. Ficcional. Donde alguien hace acusaciones, el otro las contesta, el otro las retruca... y nunca se sabe cuál es la verdad, hasta que caemos en la peor de las cuentas: que es que no importa.
Dorio: Es tremendo eso. Y además, convengamos que el chiste aquel que implica el suponer que con dos gotitas de fijador uno tiene cien minas, más allá de esa especie de pacto donde uno empieza a creer un poquito o lo acepta, en estas cosas de lo cotidiano, de la realidad, pueden desembocar en tremendas tragedias. Hemos tenido varias veces en la Argentina ocasiones así, y una muy brutal fue la guerra del Paraguay, donde primero se hablaba de la Patria, de la argentinidad que necesitaba "salir a defender la democracia contra el Tirano", cuando en realidad nadie sabía quién era el hombre que comandaba los destinos del Paraguay, que por cierto lo estaba haciendo muy bien, en contra de los imperios. Y después se decía que la guerra era una cosa buena, y que además iba a ser corta, porque cómo la Argentina y Brasil juntos no le iban a ganar a Paraguay.
Dolina: Y entonces gente que nunca había oído hablar de Redrado, empieza de golpe a auspiciar la invasión del Paraguay.
http://notevayasestupida.blogspot.com/2010/03/un-pais-ficcional.html
Tener cuidado con lo que se expresa, por favor...