La Casa de Nicolas Flamel, el maestro de Harry Potter.
Hace unas semanas escribí un post dedicado a la que se suponía "casa más antigua de París" que está situada en el número 3 de la Rue Volta.
Aunque se pensaba que era una casa construída en los siglos XII o XIII, vimos que unos descubrimientos recientes decían que, realmente, era una casa que se había construído en el siglo XVII aunque con los materiales y conceptos arquitectónicos y artísticos del siglo XIII.
Fue una falsificación que sirvió para que otra casa de París tomara el relevo, en atigüedad, de ésta y fuera conocida actualmente como la casa más vieja de París.
Esta casa, en el número 51 de la Rue Montmorency, muy cerca de la anterior y en el mismo distrito, curiosamente era el hogar familiar de uno de los alquimistas más conocidos en el mundo en el siglo XIV: el señor Nicolas Flamel.
Y su construcción data de 1407.
Nicolás Flamel fue un personaje histórico que ha sido mundialmente conocido a raiz de ser mencionado en libros como "El Código Da Vinci", de Dan Brown, "El Péndulo de Foucault" de Umberto Eco o "El Secreto Egipcio" de Javier Sierra, pero sobre todo, ha sido esta consideración ha ido in crescendo tras aparecer en el capítulo 13 de la obra "Harry Potter y la Piedra Filosofal".
Albus Dumblendore, director de la Escuela Hogwarts para magos, presume de su amistad con Nicolás Flumel quien descubrió y dio conocer a éste la Piedra Filosofal, o sea, el secreto de la vida eterna. Y de su sabiduría bebió Harry Potter y sus amigos.
Nicolás Flamel nació en 1330 y murió en 1417, aunque dice la leyenda que esta muerte, como la de su amada esposa, fue fingida, pues llegaron a vivir ambos más de 660 años gracias a esta piedra filosofal. Pero conozcamos un poco mejor esta historia.
La historia de Nicolas Flamel.
Tal como en los cuentos, en los que personajes muchas veces insignificantes, son tocados por la fortuna.
Flamel, un notario oculto en la París del siglo XIV, recibe en el año 1357 por designios que, en principio, él mismo no logra comprender, un misterioso libro que le cambiaría la vida.
Este es "El libro de las figuras jeroglíficas", el libro jeroglífico de Abraham el judío. De esta manera comienza un recorrido que lo llevará a la concreción de la gran obra y la obtención de la piedra filosofal, el tesoro buscado por todos los alquimistas de todos los tiempos.
El libro que le fue entregado a Flamel estaría inspirado en las Claves del Tarot, con el cual posee profundas analogías y sería así mismo una traducción jeroglífica del cabalístico Sepher Yetzirah.
Como lo relata el mismo alquimista, éste adquiere el libro por un pequeño precio, dos guineas.
El mismo estaba escrito en una lengua que él no logra comprender sobre hojas de finas cortezas de árboles jóvenes.
Así, tratando de descifrar el sentido de las figuras que éste contenía, pasa 21 años de su vida, junto con su esposa Perenelle, hasta partir, al igual que muchos alquimistas de entonces, en peregrinación hacia la tumba de Santiago Apóstol en Compostela.
Es de regreso de este viaje iniciático que Flamel conoce a quién le revela el sentido operativo de su libro.
Flamel se cruza, en León, por otra de las misteriosas vueltas del destino, con un médico de ascendencia judía que profesaba el cristianismo, el maestro Canches, quien le acompaña hasta París para traducirle el libro.
Pero el judío era muy anciano, y su cuerpo no resistió más allá de Orleáns. Murió sin llegar a traducir jamás el libro de Abraham que Flamel había adquirido.
Pero habiendo dominado los secretos del texto, Flamel regresó a París, donde en 1382 logró por primera vez transmutar el mercurio, el cobre y luego el plomo en oro.
Gracias a la riqueza que acumuló de este modo, se convirtió en un filántropo, haciendo grandes donaciones a hospitales e iglesias.
En 1407 se hizo construir una casa, aún en pie, en el actual 51, Rue de Montmorency, además de financiar capillas, asilos y hospitales.
Además el rey francés Carlos VI de Francia le pidió que le aportara oro a las arcas reales mediante su sistema de transmutación. Flamel es desde entonces la imagen fiel del autentico alquimista.
Se asegura que durante esos años elaboró también una tintura, gracias a la cual él y su mujer, Perenelle, obtuvieron la inmortalidad.
A todas luces fallecieron y fueron enterrados entre 1410 y 1415 en el cementerio de St. Jacques de la Boucherie. Posteriormente hubo un intento de exhumarlo y al abrir la tumba se encontró que estaba vacía.
En el libro de "Harry Potter y la Piedra Filosofal", Albus Dumblendore dice que el propio Flamel y su esposa han renunciado a seguir viviendo después de más de 600 años de anonimato.
Y tras la muerte de ambos, el número 51 de la Rue Montmorency, pasó a sus herederos.
La Casa de Nicolas Flamel.
Nicolas Flamel ordenó construir esta casa en el año 1407 e hizo dos dependencias muy diferenciadas, una planta baja donde se estableció una taberna que hoy en día se llama "Auberge Nicolas Flamel" y varias plantas altas dedicadas a la propia vivienda, entre ellas algunas en las que albergaban gratuitamente a personas pobres mientras rezaban un Padrenuestro y un Ave María por la mañana y por la noche.
En la fachada de la vivienda hay una tallas originales, unos ángeles, las iniciales N y F de Nicolás Flamel y una inscripción latina que invoca los rezos de los habitantes:
"Nous homes et femes laboureurs demourans ou porche de ceste maison qui fut fet en lan de grace mil quatre cens et sept somes tenus chascun en droit soy dire tous les jours un patenostre et un ave maria en priant Dieu q de sa grace face pardo aus povres pescheurs trepassés Amen".
Extracto del libro "Harry Potter y la Piedra Filosofal" donde se habla de Nicolas Flamel:
Harry buscó en los bolsillos de su túnica y sacó una rana de chocolate, la
última de la caja que Hermione le había regalado para Navidad. Se la dio a
Neville, que parecía estar a punto de llorar.
—Tu vales por doce Malfoys —dijo Harry—. ¿Acaso no te eligió para
Gryffindor el Sombrero Seleccionador? ¿Y dónde está Malfoy? En la apestosa
Slytherin.
Neville dejó escapar una débil sonrisa, mientras desenvolvía el chocolate.
—Gracias, Harry.. Creo que me voy a la cama... ¿Quieres el cromo? Tú los
coleccionas, ¿no?
Mientras Neville se alejaba, Harry miró el cromo de los Magos Famosos.
—Dumbledore otra vez —dijo— Él fue el primero que...
Bufó. Miró fijamente la parte de atrás de la tarjeta. Luego levantó la vista
hacia Ron y Hermione.
—¡Lo encontré! —susurró—. ¡Encontré a Flamel! Os dije que había leído
ese nombre antes. Lo leí en el tren, viniendo hacia aquí. Escuchad lo que dice:
«El profesor Dumbledore es particularmente famoso por derrotar al mago
tenebroso Grindelwald, en 1945, por el descubrimiento de las doce aplicaciones
de la sangre de dragón ¡y por su trabajo en alquimia con su
compañero Nicolás Flamel!».
Hermione dio un salto. No estaba tan excitada desde que le dieron la nota
de su primer trabajo.
—¡Esperad aquí! —dijo, y se lanzó por la escalera hacia el dormitorio de
las chicas. Harry y Ron casi no tuvieron tiempo de intercambiar una mirada de
asombro y ya estaba allí de nuevo, con un enorme libro entre los brazos.
—¡Nunca pensé en buscar aquí! —susurró excitada—. Lo saqué de la
biblioteca hace semanas, para tener algo ligero para leer.
—¿Ligero? —dijo Ron, pero Hermione le dijo que esperara, que tenía que
buscar algo y comenzó a dar la vuelta a las páginas, enloquecida, murmurando
para sí misma.
Al fin encontró lo que buscaba.
—¡Lo sabía! ¡Lo sabía!
—¿Podemos hablar ahora? —dijo Ron con malhumor. Hermione hizo caso
omiso de él.
—Nicolás Flamel —susurró con tono teatral— es el único descubridor
conocido de la Piedra Filosofal.
Aquello no tuvo el efecto que ella esperaba.
—¿La qué? —dijeron Harry y Ron.
—¡Oh, no lo entiendo! ¿No sabéis leer? Mirad, leed aquí. Empujó el libro
hacia ellos, y Harry y Ron leyeron:
El antiguo estudio de la alquimia está relacionado con el
descubrimiento de la Piedra Filosofal, una sustancia legendaria que
tiene poderes asombrosos. La piedra puede transformar cualquier
metal en oro puro. También produce el Elixir de la Vida, que hace
inmortal al que lo bebe.
Se ha hablado mucho de la Piedra Filosofal a través de los siglos,
pero la única Piedra que existe actualmente pertenece al señor Nicolás
Flamel, el notable alquimista y amante de la ópera. El señor Flamel,
que cumplió seiscientos sesenta y cinco años el año pasado, lleva una
vida tranquila en Devon con su esposa Perenela (de seiscientos
cincuenta y ocho años).
—¿Veis? —dijo Hermione, cuando Harry y Ron terminaron—. El perro
debe de estar custodiando la Piedra Filosofal de Flamel. Seguro que le pidió a
Dumbledore que se la guardase, porque son amigos y porque debe de saber
que alguien la busca. ¡Por eso quiso que sacaran la Piedra de Gringotts!
—¡Una piedra que convierte en oro y hace que uno nunca muera! —dijo
Harry—. ¡No es raro que Snape la busque! Cualquiera la querría.
—Y no es raro que no pudiéramos encontrar a Flamel en ese Estudio del
reciente desarrollo de la hechicería —dijo Ron—. Él no es exactamente
reciente si tiene seiscientos sesenta y cinco años, ¿verdad?
A la mañana siguiente, en la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras,
mientras copiaban las diferentes formas de tratar las mordeduras de hombre
lobo, Harry y Ron seguían discutiendo qué harían con la Piedra Filosofal si
tuvieran una. Hasta que Ron dijo que él se compraría su propio equipo de
quidditch y Harry recordó el partido en que tendría a Snape de árbitro.
Sin embargo, a medida que se acercaba el día del partido, Harry se ponía más
nervioso, pese a todo lo que le había dicho a sus amigos. El resto del equipo
tampoco estaba demasiado tranquilo. La idea de alcanzar a Slytherin en el
torneo de la casa era maravillosa, nadie lo había conseguido en siete años,
pero ¿podrían hacerlo con aquel árbitro tan parcial?
Harry no sabía si se lo imaginaba o no, pero veía a Snape por todas
partes. Por momentos, hasta se preguntaba si Snape no lo estaría siguiendo
para atraparlo. Las clases de Pociones se convirtieron en torturas semanales
para Harry, por la forma en que lo trataba Snape. ¿Era posible que Snape supiera
que ellos habían averiguado lo de la Piedra Filosofal? Harry no se
imaginaba cómo podía saberlo... aunque algunas veces tenía la horrible
sensación de que Snape podía leer los pensamientos.
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