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Conoce el castillo de los zombies,Buenos Aires

Paranormal1/25/2017

Si no fuera por la imaginación y las habladurías, la vida sería muy aburrida. Es para eso que existe la tradición oral; el problema es que la documentación desarma las mejores historias.

En la esquina de la Av. Luis María Campos y José Hernández, barrio de Belgrano (Buenos Aires), en los comienzos del siglo pasado, se construyó el llamado «Palacio de los Leones», una excentricidad de un italiano muy rico.

Era una construcción con reminiscencias medievales, rodeada de jardines y un pórtico con dos leones. La vista era inmejorable, el Rio de la Plata llegaba a pocos metros. Lamentablemente, no existe más. Se dice que fue mandado construir por el conde Patrizio Ernesto di Castiglioni, oriundo de Savigliano (Piamente), Italia en 1907. Siendo joven había luchado contra los austriacos como oficial de artillería. Estando cautivo en Austria y a fin de evitar los trabajos pesados propios de un prisionero de guerra, comenzó a mostrar sus habilidades como mago y nigromante (invocación de los espíritus).

En 1867 inició una gira por México y Estados Unidos. En 1873 viajó a Haití en busca de los secretos ocultos del vudú negro y el consiguiente poder de revivir a los muertos. En 1875 llegó a Argentina.



Ubicacion cerca de la Estación Barrancas de Belgrano


Asi estaba en 1932


Continúa “la Historia”

Cuando el italiano desapareció, la mansión fue subastada y la adquirió el Dr. Teófilo Lacroze, hijo de Federico (creador de la primera línea de tranvías de la ciudad de Buenos Aires). Se desconocen las razones, pero los Lacroze la abandonaron enseguida, y la tapiaron. Allí comenzaron los rumores de quejidos y ruidos extraños, chistidos al pasar y una mujer vestida de celeste que se asomaba por entre la vegetación casi selvática que había invadido el parque e incluso salía a la vereda. Empezó a correr el rumor de que había muerto uno de los serenos y entonces ni siquiera los policías se atrevían a vigilar hasta la casa “del mago italiano”.



La tradición oral del Palacio

Desde su arribo a Buenos Aires, Patrizio di Castiglione, se codeó con lo más granado de la sociedad porteña. En noviembre de 1906, en el palacio de la familia Miró, conoció a la joven Amalita Oromí, comprometida en matrimonio con Daniel Requijo. Patrizio, inició un asedio constante de Amalita, que por ese entonces no superaría los 20 años de edad. Era de esas niñas que adoraba la sociedad porteña de comienzos del siglo XX. Alegre, candorosa, lectora de novelas rosadas. Era delgada y pálida, de cabello profundamente oscuro, con ojos claros y penetrantes. Claramente se contraponía con el modelo de mujer de la época, robusta y rozagante, ingredientes propios de la buena salud por aquel entonces.

Castiglione intentó todo para conquistarla. La joven rechazaba cada avance del noble piamontés. Alhajas, flores, vestidos, nada lograba convencer el espíritu de Amalita Oromí. Harto del hostigamiento y de lo que consideraba una ofensa a su honor, Requijo, en un acto caballeresco, desafió a duelo al propio Patrizio. El lugar elegido para el lance fueron unos terrenos de la costa de Tigre. Daniel Requijo apareció ahogado en las aguas del Río de la Plata. Se supone que iba camino a Tigre, a encontrarse con el Conde. Nunca cayeron sospechas oficiales sobre el mago Castiglione por el hecho. En cambio, muchos hablaron de la “maldición del italiano” y atribuyeron la muerte de Requijo a sus poderes sobrenaturales.

Libre de Requijo, a los pocos meses, el conde reinició el asedio amoroso sobre Amalia. Así, concertó con su padre, Don Eugenio Oromí, el matrimonio con ella. De nada valieron las resistencias de la joven. Se impuso la fecha de la boda para el 28 de septiembre de 1907.La semana antes de la boda, Amalia Oromí cayó enferma. Nada pudieron hacer los facultativos y el 28 de septiembre, Amalita Oromí murió.

La prima de la difunta, Virginia Acosta Oromí, acusó abiertamente al conde de Castiglione de tener tratos con el Diablo y ofrecer la vida de Amalia como una suerte de macabro sacrificio. Amalia Oromí, envuelta en un negligé celeste, recibió su cristiana sepultura en la tumba familiar del Cementerio de la Recoleta.




Oscurantismo

La tradición oral asevera que Patrizio de Castiglione logró revivir a su amada. La misma noche en que Amalita Oromí fue enterrada, “il conte Patrizio” se presentó en la Recoleta, invocó a las fuerzas del Espíritu de Luz e hizo que la muchacha abandonara el féretro. Amalia Oromí era una muerta viva, sin voluntad, sujeta a los designios del conde de Castiglione. Sus ojos claros y penetrantes habían desaparecido. Sólo quedaban dos cuencos blancos, reflejo de la posesión de su alma por el piamontés. Ahora sería su esclava. Aquello que no había podido tener en vida, lo tendría en la muerte. La leyenda dice que Amalia fue llevada a vivir por Patrizio al Palacio de los Leones. Era la Zombi Blanca.

De noche, solía vérsela deambular sin compañía, sin sentido, por el extenso jardín que tenía la propiedad. Incluso, se asomaba a la vereda. En determinadas ocasiones gritaba, aunque algunos afirmaban haber escuchado, también, un lamento profundo, gutural, que venía del interior del Palacio. Los padres y hermanos de Amalita, alertados por los rumores, fueron un día hasta el cementerio y abrieron la sepultura. A todos los invadió el horror cuando encontraron el féretro vacío.




Película alusiva a una novia zombie

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