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La verdadera abundancia es mucho más que dinero

Salud Bienestar6/6/2017
Es sorprendente la cantidad de talleres y charlas que hay donde nos ofrecen conectarnos con la prosperidad y la abundancia. La mayoría interpreta eso como una herramienta energética o espiritual para resolver apremios económicos como los hemos tenidos todos, mirado así sin duda es un anzuelo tentador para cualquier pececillo distraído. Obvio, quién no va a querer tener la tranquilidad de ver sus finanzas personales en niveles saludables. La prosperidad y la holgura económica están bien, son energía que nos permiten movernos en el plano más terrenal de la vida, y darnos ese margen tan necesario para desarrollarnos en otras áreas. Abundancia es actitud Sin embargo hay muchas otras formas de entender la abundancia, sin tener que asociarla necesariamente a lo económico, por eso es bueno partir destacando que desde una mirada transpersonal, la abundancia no es un monto, sino una actitud. En un sentido profundo de la palabra, el estado de abundancia tiene muy poco que ver con nuestros ingresos y posesiones materiales, y mucho que ver con el significado que le atribuimos a lo que tenemos, y sobre todo con nuestra percepción de no necesitar más de lo que hay. El Universo es generoso; a través de la naturaleza, nuestro trabajo, la solidaridad y un modelo de vida más colaborativo que competitivo, es capaz de proveernos de todo aquello que necesitamos, y no sólo en el contexto de lo material. Ser abundantes es sentirnos plenos, conectados con el aquí, el ahora, con nuestro entorno, y en sintonía con quienes somos realmente. Podemos ser (y lo somos) abundantes en el amor, en la paz, la quietud, en el optimismo, en la risa, en la riqueza de nuestras relaciones con los demás, en los vínculos familiares saludables, en nuestra capacidad para empatizar; podemos ser abundantes en nuestra fortaleza para abordar las adversidades, en nuestra capacidad de trabajar, de crear, de resolver situaciones, y de aportar valor social a lo que hacemos. Hay mil formas. Por eso, cuando pensemos en abundancia, pensemos en todos aquellos aspectos que hacen que nuestra vida sea rica en recursos y en posibilidades, pero sobre todo pensemos que esos recursos y posibilidades vienen principalmente de nuestro interior, es decir, de nuestra forma de ver, de interpretar y de abordar la vida. La actitud hace referencia a la forma de actuar de una persona o al comportamiento que empleamos a hacer las cosas, por lo tanto es algo que también podemos elegir. Cómo actuar ante diferentes situaciones también depende de nosotros mismos. Actitud de escasez: Victimismo, la vida es injusta, está llena de cosas malas. No actuar, aun a pesar de querer algo, no hacer lo que hay que hacer para conseguirlo, quedarnos en la comparación y no perseguir nuestros sueños. Hablar y confiar en la suerte, dejarlo todo al azar. Etiquetarnos con frases hechas cómo soy un desgraciado/a, todo me sale mal, no me quiero. No ver lo grandes que somos, no ver nuestros logros. Creer que no tenemos poder de decisión sobre nuestra vida económica, que no podemos elegir. Estos rasgos nos inspiran tristeza, frustración, desesperación, impaciencia, mal humor, etc. que nos hace perder oportunidades, vivir inmersos/as en la queja y en el no hacer. Para que la actitud de la abundancia predomine en tu vida y puedas conseguir el éxito que necesitas. Contar con ésta actitud te ayudará a obtener resultados, vivir más lleno/a, más en paz, y en definitiva, más feliz… Centra tus pensamientos y tu corazón hacia una actitud de abundancia: La vida en sí, está llena de cosas buenas, de recursos que todos merecemos. Trabaja, crea y diseña tu propia vida. Se el protagonista principal de tu vida, no dejes que los demás tomen decisiones por ti. Confía. Confía en tus capacidades, en tus habilidades, en tus decisiones, confía en tus experiencias. Acepta. Acepta lo que vives y lo que eres. No te quedes enganchado/a en el dolor, en situaciones, en pensamientos. Agradece. Aprende a recibir y a agradecer. Da la gracias por lo que tienes, por lo que te llega, por los regalos que cada día vas recibiendo, aunque sean pequeños, agradece. Pide lo que necesites, sin miedos, sin escusas. Valórate y valora. Brilla y haz brillar. Comparte lo que sabes, lo que eres y lo que tienes.
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