Aves Vs. Aviones
El vuelo de las aves inspiró en el hombre el deseo de volar. Probablemente dicho deseo fue originado en tiempos prehistóricos. En la Cueva del Tajo de las Figuras, en la Península Ibérica (España), se han encontrado abundantes pinturas rupestres representando aves de distintas formas y tamaños.
La historia de las civilizaciones registra abundantes relatos de corte mitológico, fantástico, e inclusive religioso, sobre el deseo humano de imitar a las aves.
La historia de Dédalo e Ícaro es una de las narraciones mitológicas más conocidas: queriendo escapar del rey Minos, el ingenioso Ícaro construyó unas alas de plumas y cera para él y para su hijo Dédalo. Sin embargo, el joven se acercó demasiado al Sol y el calor derritió la cera. Las alas se despegaron y el hijo de Ícaro murió al precipitarse sobre el mar.
Por otra parte, todas las culturas de la Antigüedad cuentan con un imaginario de seres fantásticos que poseen alas. En muchas ocasiones, éstos también tienen características humanas, como por ejemplo las hadas.
Las leyendas indígenas de la Patagonia suelen contar con enormes cóndores que conducen a los protagonistas entre ríos y montañas.
En la Biblia, ángeles, arcángeles y querubines son descritos con una cantidad de alas que aumenta a la par de la jerarquía divina. El profeta Elías se presenta en un carro de fuego volador. Probablemente es uno de los primeros registros en los cuales aparece la idea de volar sin alas, es decir, utilizando un artefacto.