El subte, una plaza o un baño público son los lugares recomendados por el programa que desató la polémica. En la piel de un violador, el jugador podrá abusar hasta de una menor de doce años. Una aberración.
El negocio de los videojuegos pornográficos no es nuevo, ya en las primeras consolas se podía conseguir juegos de este tenor aunque la falta de calidad gráfica ayudaban para que los grotescos entretenimientos parecieran más una broma que un peligro. Sin embargo con los avances en la tecnología y en la capacidad gráfica de las consolas y las computadoras los juegos alcanzan hoy en día imágenes casi reales.
El Rapelay, un juego de origen japonés, aprovecha las capacidades graficas para plantear, bajo la estética del Hentai, la historia de un violador serial que luego de salir de prisión vuelve a sus andadas. Así el jugador puede elegir distintos escenarios y distintas mujeres donde cometer los crímenes. Jugar a violar mujeres puede incitar a lanzarse en la vida real a repetir lo aprendido en el juego, según sus mayores detractores.
El lanzamiento del video juego en 2006 generó el repudio mundial, sin embargo fue un éxito en ventas y descargas. Ahora la discusión llegó a la Argentina donde se lo consigue en sitios de subastas y redes sociales comunes.
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