Para algunas personas, los estudios de varios antropólogos que vieron la luz durante la década de los 60\'s, fueron una de las grandes revelaciones de la conducta humana, mientras que para otros fue el pretexto ideal. De acuerdo a lo que estos estudiosos aseveraban, el instinto sexual sigue siendo guiado por el deseo de reproducirse, por los que los varones tienden a buscar a las hembras más aptas para esta cuestión. Y dado que el varón sigue produciendo espermatozoides hasta edades muy avanzadas, mientras que ellas sólo tienen una vida reproductiva muy limitada, el hecho de que los hombres mayores buscaran a las jovencitas no sólo era una necesidad, sino que estaba plenamente justificado. Lo cierto es que, desde aquellos antiguos años a la fecha, aunque las visiones y teorías alrededor de la sexualidad han cambiado enormemente, ciertas cosas no han sido modificadas: los hombres siguen sintiéndose atraídos por las adolescentes, y si bien los japoneses pareciera que han acaparado a esta tendencia, en realidad sólo son un botón de muestra, pues prácticamente en todas partes del mundo se les sigue viendo como una gran atracción, que en una época tan mercantilista como la que ahora corre, se tornó también un excelente negocio. Y si las mujeres jóvenes son atractivas, las colegialas lo son muchísimo más, convirtiéndose casi en una clase aparte y que tiene su muy particular atractivo. En esta ocasión, nos lanzaremos a explorar los inicios de esta práctica y trataremos los integrantes del equipo, de dilucidar si se trata de un fenómeno de estos tiempos de libertad sexual, o si tiene sus raíces en prácticas mucho más antiguas.
Todavía hasta principios del siglo XX, casi todos los conceptos de sexualidad se encontraban firmemente relacionados con el matrimonio y la reproducción, aunque también existía toda una serie de reglas sociales y convencionalismos que se encargaban de marcar la conducta de la gente. En la época actual, muchas personas siguen organizando fiestas de XV años para sus hijas, pensando que es una \"presentación en sociedad\". En realidad, en su momento esta celebración era más bien un bazar: era un recurso muy común que los padres casaran a sus hijas desde los quince años - a fin de cuentas, en esos años el único destino \"decente\" de una mujer era el matrimonio, y mientras más pronto lo consiguiera, mucho mejor-. Durante esta fiesta, todos los posibles hombres en edad de casadera podían ver a la joven, y acordar con el padre si era eso lo que buscaban. No era raro, ni mal visto, que el caballero de más de treinta años acabara contrayendo nupcias con esta misma jovencita. Incluso, muchas familias lo preferían de este modo, pues ello implicaba que el marido era solvente y, por lo tanto, buen proveedor.
Esto era, claro, entre las clases mejor acomodadas, que se podían permitir el lujo de mantener una hija durante más tiempo. Entre los campesinos y clases trabajadoras, una hija era una auténtica carga económica, por lo que prácticamente desde su primer menstruación, sus padres comenzaban a buscar un marido para la niña. Incluso en esta época, existen pequeños núcleos rurales en donde las pequeñas tienen que contraer matrimonio a los 11 o 12 años.
Es a mediados del siglo XIX cuando aparece el concepto del colegio de señoritas, principalmente en Francia e Inglaterra. Dado que se trataba de instituciones en donde se les seguía preparando para ser buenas esposas, siendo uno de los aspectos principales el cómo debía vestirse correctamente una dama de sociedad, los uniformes solían ser copias al carbón de los que usaban éstas. Entre los niños, por aquella misma época, se comenzó a usar el traje de \"marinerito\", especialmente en Prusia -antiguo nombre de Alemania- que sería una de las características que marcarían al concepto de colegiala tal y como lo conocemos actualmente.
Fueron los mismos prusianos los que, al inicio del siglo XX, dieron un cambio a las cosas: desde 1866, en que Bismarck unificara a los estados alemanes en una sola nación (como se verá extensamente en el próximo bloque relacionado con los orígenes de la disciplina y su relación con la pedagogía), creó una idea de conducta y orden que todavía ahora forman parte de la idiosincrasia teutona. Por ello, todos los colegios de cierto nivel tendrían que instituir el uniforme obligatorio para todos sus educandos, y dado que la imagen de los marino sugería una atmósfera militarizada, que tanto agradaba a esa mentalidad, se tomó como el obligatorio para ambos sexos.
En la mujer, se llegó a utilizar incluso una versión idéntica a la varonil durante el primer año en que este movimiento se introdujo, pero muchas damas de sociedad encontraron \"inapropiado\" que las señoritas vistieran pantalones, por lo que se optó por una variante que, si bien conservara los elementos de la vestimenta varonil, tuviera también sus toques de femineidad. Este traje, llamado el \"terno marinero\", se puso de moda rápidamente en Europa, de modo que, para los primero años del siglo XX, casi todas las escuelas de Europa -y algunas de América- lo utilizaban de forma regular. La mayor influencia vino de Inglaterra, que sustituyó las faldas alemanas, pesadas y rectas, por las tableadas y ligeras, que se tornaron más populares en los climas más cálidos, incluso a pesar de que la Gran Bretaña suele ser un país muy extremoso en ese sentido.
Uno de los aspectos más curiosos -y que sigue siendo parte del encanto de este uniforme- es que para el varón, la llegada de los 12 años implicaba la mayoría de edad, y uno de los símbolos de la misma, era el uso del pantalón largo. Las muchachas, por otro lado, seguían usando el diseño \"infantil\" hasta que terminaban sus estudios, que usualmente era entre los 15 y los 16 años, o incluso antes si contraían matrimonio. Por ello, era perfectamente natural ver cómo un hombre con un traje perfectamente adulto y con una gran sobriedad, cortejara a una muchacha uniformada, de modo que, incluso aunque fueran casi de la misma edad, la diferencia resultaba mucho más marcada.
En esos primeros años, aunque América tenía ya instituciones de gran prestigio, seguía existiendo la tendencia entre las familias más ricas, de enviar a sus hijos a estudiar al extranjero, por lo que el uso de estos uniformes era símbolo de status entre las muchachas. Por ello, varias instituciones de este continente los adoptaron para poder equipararse a aquellos de más abolengo. De hecho, el que los colegios más caros fueran los que más los exigieran, vino a ser otro elemento importante: las jovencitas solían usar este atuendo incluso cuando no estaban en clase, pues estar en un colegio en donde se exigía el terno marinero implicaba un nivel económico que otras no podían alcanzar, por lo que acabó convirtiéndose en un símbolo de riqueza y prestigio.
Como se mencionó anteriormente, una mujer empieza a ser fértil desde que inicia su menstruación, pero para asegurar una progenie sana, es mejor que el embarazo se dé antes de los 35 años de edad, volviéndose muy riesgoso después de esta edad, y tras los 45, prácticamente imposible. De acuerdo a lo que sostienen muchos antropólogos, dado que el varón permanece fértil durante prácticamente toda su vida, su propio instinto lo guía hacia lo que sería la pareja más idónea para poder perpetuar la especie, que serían las mujeres más jóvenes. Algunos de los autores más radicales sostienen que es precisamente por este impulso que los hombres comienzan a buscar establecer relaciones con adolescentes cuando rebasan los 45 años de edad. Según éstos, su misma memoria evolutiva le indica que su actual pareja no es ya reproductivamente apta (...).
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