Salud, salud y más salud. Los gérmenes con los que convivimos deberían preocuparnos si queremos mantener esta tan valorada salud. Jason Tetro, un experto en gérmenes de The Huffington Post Canadá, ha realizado un estudio en el que valora los gérmenes de los objetos que usamos todos los días. El experto asegura que aunque la mayoría de artículos que utilizamos no nos conllevan un riesgo de enfermedades mortales, sí que pueden llevarnos a sufrir infecciones moderadas si no se sustituyen cuando hay que hacerlo. Vamos a ver algunos de estos artículos que hay que cuidar. Cepillo de dientes Al cepillo de dientes hay que tenerle mucho respeto, ya que puede ser un foco de gérmenes, incluyendo aquí bacterias intestinales y gérmenes fecales. Es importante también en qué lugar se guarda y cómo se guarda, hay que tener en cuenta los microorganismos de las cerdas que después van a entrar en la boca. En la cavidad oral viven cientos de distintos microorganismos que se pueden transferir al cepillo de dientes durante el uso. Algunos de ellos son estafilococos, bacterias coliformes, pseudomonas, levadura, bacteria intestina y gérmenes fecales. Como la mayoría de los cepillos se guardan en los baños, están expuestos a microrganismos intestinales. El experto Jason Tetro asegura que las cerdas empiezan a perder fuerza con el tiempo, lo qu hace que el cepillado sea menos efectivo. Hay que cambiarlo como mínimo cada tres meses por higiene y efectividad. Mucho ojo también con los cepillos del pelo. El bienestar de tu cabello depende del cuidado directo que le des, y de cómo limpies los accesorios que utilizas. Lo mejor es que recuerdes limpiar tu cepillo dos veces al mes para decir adiós a los gérmenes. Es lógico que muchos productos que utilizamos en el cabello pueden dejar residuos en el cepillo, acondicionadores, tintes o fijadores y con el tiempo pueden generar bacterias o dejar sucio el pelo, así que eso es importante mantenerlos limpios. Tú decides cada cuanto tiempo quieres reemplazar tu cepillo del pelo, pero lo que sí debes hacer es lavarlo con agua caliente y jabón dos veces al mes. Sin un mantenimiento adecuado, la incidencia de hongos y otras bacterias pueden aumentar en él y pasarse a tu cuero cabelludo. La sal y la pimienta son interesantes porque pueden permanecer en el salero durante meses, a no ser que se ponga arroz en la sal para evitar los grumos (el arroz puede humedecer el salero). En estos alimentos las bacterias no encuentran lo que necesitan para crecer. Así que si has decidido poner sal en tu salero tienes que tener esto en cuenta. Los tienes que cambiar cuando te hartes de ellos menos si llevan arroz para evitar los grumos, en ese caso, cámbialos cada tres meses. Pero recuerda que en general, los recipientes para la sal y la pimienta son bastante seguros. Las bacterias siempre necesitan agua y nutrientes para sobrevivir, y en un salero les resultaría imposible. Imagina un sitio en el que haya humedad y restos orgánicos, como piel muerta. En la toalla conviven estos dos factores. Así que si las analizaras encontraría colonias de microorganismos que se alimentan de los restos de pieles muertas. Algunos de estos microorganismos están preparados para provocarte una erupción, y cosas peores. Un estudio realizado por la Universidad de Arizona asegura que el 26% de las toallas de baño y el 89% de los paños de cocina contienen bacterias fecales y ‘E.coli’, una bacteria que vive en el intestino humano, además de hongos. Esto se produce porque hay mucha humedad, una temperatura cálida y el PH neutro de tu ropa. Lávalas cada dos semanas incluso aunque solo las hayas usado una vez. Las toallas personales hay que lavarlas una vez a la semana, y tirarlas cuando se desgasten. Si utilizas en el baño diario alguna esponja, estropajo o guante para mantener la piel lisa y libre de impurezas ¡mucho cuidado! Y es que son un hogar perfecto para las bacterias. Un estudio publicado en el Journal of Clinical Microbiology lo ha demostrado. Esther Angert, una investigadora del departamento de microbiología de la Universidad de Cornell, en Nueva York asegura que estos accesorios de baño -sobre todo los de origen vegetal- pueden albergar y transmitir microorganismos, entre ellos la pseudomonas aeruginosa, causante de diversas enfermedades. Son un caldo de cultivo con el uso. Las células muertas de la piel quedan atrapadas en los rincones de estas esponjas que quedan mojadas y sin moverse hasta que se usen de nuevo. Las bacterias se cultivan, y los restos de piel sirven como alimento para los gérmenes. Debes cambiarlas como mínimo cada tres meses. La esponja y estropajo con la que limpias los platos y utensilios de cocina pueden ser un verdadero enemigo de la limpieza, justo lo que tratas de lograr con ellos cuando los usas. La humedad y las grietas que se forman en las esponjas hacen que sean un hogar perfecto para bacterias patógenas difíciles de eliminar. E.coli, Salmonella y Campylobacter son las amenazas más grandes que viven en estos estropajos. Pueden sobrevivir hasta dos semanas si está húmedo. Fregar platos con una esponja contaminada puede hacer que lleves y repartas patógenos entre distintos utensilios. Si utilizas el mismo estropajo durante meses, el número de bacterias aumenta con rapidez, y la esponja podría extenderlas por los platos e incluso podrías llegar a sufrir problemas o infecciones gastrointestinales. Cámbialos cada mes. Los filtros de aire eliminan los patógenos de la atmósfera, pero si no los cambias una vez al año, pueden acumular bacterias y hasta tener hongos. En realidad no suponen graves riesgos de infección, pero sí son peligrosos para personas con asma o problemas respiratorios. Además de cambiarlos una vez al año puedes limpiarlos. Limpiar los filtros de aire, como los del acondicionado es una tarea muy fácil. Solo hay que desmontarlos y enjuagarlos con agua templada, frotándolos con la manos para quitar la suciedad. Se puede utilizar algún jabón neutro o suave, como por ejemplo el jabón de las manos. Importante es no utilizar nunca productos abrasivos, ya que podemos estropear los materiales de los que están construidos. El jabón de baño también hay que vigilarlo de cerca. Cuando la pastilla de jabón se rompa o si el gel se solidifica, o se seca en el bote es el momento idóneo para renovarlo, cambiarlo por uno nuevo que esté en buenas condiciones y pueda cumplir todas sus funciones. Los geles y los champús suelen tener una larga vida útil y normalmente los terminamos sin problemas, además las bacterias normalmente son capaces de sobrevivir en el jabón, pero esto será siempre cantidades inferiores a las necesarias para provocar infecciones. Así que céntrate en la pastilla de jabón de manos que se acaba cuarteando o rompiendo y te está pidiendo a gritos que la cambies ya. Renuévala por salud y por higiene. GIF
8 objetos de tu casa llenos de gérmenes q deberías tirar ya!
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