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Secretos del mundo aqui revelados!!! parte 4

Paranormal3/5/2011
Esta es la continuacion de la parte 3 en la cual me quede corto aqui el link Parte 3 ¿Fue Hitler Un Nigromante? Adolf Hitler poseía una extraordinaria habilidad para influir en los demás. Pero, ¿a qué se debía su carisma? ¿A la fuerza de su personalidad, al hipnotismo... o a la magia negra? ¿Podía embrujar a la gente? Karl Dönitz, comandante de la flota de submarinos, intentaba encontrarse con Hitler lo menos posible, porque sentía que el «poder de sugestión» del Führer le perjudicaba. La finalidad de todos los magos los magos es actuar sobre las fuerzas naturales. Se proponen dominar las infinitas fuerzas del cosmos y utilizarlas, como una espada, para sus propios fines. Por definición, un mago que intenta servirse de esas fuerzas en beneficio propio, sin un propósito más elevado, practica la magia «negra». Según la mayoría de las escuelas de pensamiento mágicas, termina pagando un precio muy alto por su orgullo. Con frecuencia acaba siendo poseído por los espíritus que invoca y resulta destruido por ellos. En opinión de varios ocultistas, Adolf Hitler era un poderoso mago negro. Según contó uno de los pocos amigos que tuvo Hitler durante su juventud en Linz, su poder personal ya se había desarrollado cuando tenía quince años. En una ocasión, Adolf Hitler se puso de pie frente a mí, agarró mis manos y las apretó con fuerza... Las palabras no salían con facilidad de su boca, como de costumbre, sino que surgían roncas y ásperas... Era como si otro ser hablara desde su cuerpo y lo conmoviera tanto como me conmovía a mí. No era el caso de un orador arrebatado por sus propias palabras. Por el contrario, sentí que él mismo escuchaba atónito y emocionado lo que brotaba de su interior con una fuerza elemental... El autor de ese fragmento era August Kubizek. Describía allí un paseo a medianoche con un Hitler de quince años tras asistir a una representación de la ópera de Wagner Rienzi, que narra la historia de la meteórica grandeza y decadencia de un tribuno romano. El inspirado discurso de Hitler versaba sobre el futuro de Alemania y «un mandato que, un día, recibiría del pueblo, para sacarlo de la esclavitud... ». Según Kubizek, Hitler pasó mucho tiempo estudiando misticismo oriental, astrología, hipnotismo, mitología germánica y otros aspectos del ocultismo. En 1909 había entrado en contacto con el doctor Jörg Lanz von Liebenfels, un ex monje cistercense, que dos años antes había creado un templo de la «Orden de los nuevos templarios» en el semiderruido castillo de Werfenstein, en las riberas del Danubio. El aristocrático nombre de Von Liebenfels era ficticio: cuando nació era sólo Adolf Lanz, y procedía de una familia burguesa. Sus seguidores eran pocos, pero ricos. Discípulo de Guido von List, hacía flamear una bandera con una svástica en sus almenas, practicaba ritos mágicos y publicaba una revista llamada Ostara, en la que hacía propaganda del ocultismo y del misticismo racial; el joven Hitler era un ávido suscriptor. En 1932, Von Liebenfels escribió a un colega: Hitler es uno de nuestros discípulos... algún día comprobará usted que él, y nosotros a través de él, triunfaremos y crearemos un movimiento que hará temblar al mundo. Mussolini visitó a Hitler en Alemania en 1943, mentalmente agotado y muy deprimido. Sin embargo, la influencia de Hitler y la fuerza de su personalidad eran tan grandes que, según Josef Goebbels, al cabo de sólo cuatro días con él Mussolini sufrió una transformación completa. Una de las afirmaciones de este ex monje fue que habría que establecer granjas de cría humanas para «erradicar los elementos eslavos y alpinos de la herencia germana», adelantándose en más de 20 años a la idea que concibió Himmler de una granja con sementales SS. Cuando empezó la primera guerra mundial, Hitler parecía poseer ya una firme convicción acerca de su elevada misión; como mensajero, en el frente corrió enormes riesgos, como si supiera que el destino aún no le permitiría morir. Cuando terminó la guerra había desarrollado un curioso poder impersonal sobre quienes le rodeaban, poder que le sería sumamente útil hasta el final de su camera. Una y otra vez, la idea de que Hitler estaba «poseído» aparece en los escritos de quienes le rodeaban. Su misterioso poder constituía una pesadilla para los altos cargos del estado. Una vez, por ejemplo, el doctor Hjalmar Schacht, el mago financiero de Hitler, pidió a Hermann Göring que hablara con el Führer acerca de un detalle secundario de política económica. Pero, una vez en presencia de Hitler, Göring descubrió que no podía plantear el asunto. Le dijo a Schacht: «Con frecuencia decido hablarle de algo, pero cuando estamos frente a frente me desanimo... » El almirante Dönitz, que estuvo al frente de la flota de submarinos del Reich y que llegó a ser comandante supremo de la marina de guerra, tenía tanta conciencia de la influencia del Führer, que evitaba su compañía para conservar intacto su propio juicio: No iba muy a menudo a su cuartel general, y lo hacía adrede, ya que tenía la sensación de que preservaría mejor mi capacidad de iniciativa, y también porque, tras varios días en el cuartel general, siempre tenía la sensación de que debía liberarme de su poder de sugestión... Sin duda, yo tenía más suerte que su estado mayor, constantemente expuesto a su poder y personalidad. El 7 de abril de 1943, Josef Goebbels registró en su diario un ejemplo notable del uso que hacía Hitler de su personalidad. Mussolini, el dictador italiano, visitaba Alemania en un estado de profunda depresión y agotamiento: En enero de 1934 el arquitecto del edificio, Paul Ludwig Troost falleció, y los temores de Hitler se disiparon; consideró que el incidente había sido una advertencia de la muerte de Troost. Hitler presidiendo la colocación de la primera piedra de la Casa del Arte Germano en Munich, en 1933. El martillo que usó en la ceremonia se rompió; Hitler consideró que eso era un mal presagio. Poniendo hasta la última gota de energía nerviosa en el esfuerzo, logró volver a encaminar a Mussolini. En el curso de esos cuatro días, el Duce sufrió un cambio completo. Cuando bajó del tren, al llegar, el Führer pensó que parecía un anciano derrotado. Cuando se marchó, estaba de nuevo en buenas condiciones, listo para lo que viniera. En marzo de 1936 Hitler hizo una declaración que resumía con precisión las impresiones de quienes lo conocían mejor: «Voy por donde la Providencia me dicta -dijo-, con la seguridad de un sonámbulo.» Este espíritu rector -si eso es lo que era- no siempre respetaba a su anfitrión. Son bien conocidos los ataques de furia de Hitler, durante los cuales echaba espuma por la boca y caía al suelo. El relato de su confidente, Hermann Rauschning, en su libro Habla Hitler es aún más impresionante: Despierta por la noche, gritando y sufriendo convulsiones. Pide ayuda y parece semiparalizado. Es presa de un pánico que le hace temblar hasta el punto que la propia cama se agita. Emite sonidos confusos a ininteligibles, jadeando como si estuviera al borde de la sofocación... Hitler no siempre estaba seguro de las intenciones de su «espíritu guía». Tenía pánico a los malos presagios. Albert Speer, que fue el arquitecto personal de Hitler y su ministro de Producción bélica, contó un incidente, acaecido en octubre de 1933, que hizo que el Führer se sintiera profundamente inseguro. Estaba presidiendo la colocación de la primera piedra de la Casa del Arte Germano, en Munich, que había sido diseñada por su amigo Paul Ludwig Troost y que, para Hitler, encarnaba los más elevados ideales de la arquitectura teutónica. Mientras golpeaba la piedra con un martillo de plata, la herramienta se rompió en su mano. Durante casi tres meses, Hitler fue aquejado de melancolía; más tarde, el 21 de enero de 1934, Troost murió. El alivio de Hitler fue inmediato. Le dijo a Speer: «Cuando el martillo se rompió supe que se trataba de un mal presagio. Algo va a suceder, pensé. Ahora sabemos por qué se rompió. El arquitecto estaba destinado a morir.» Un Aprendiz De Brujo Heinrich Himmler Josef Goebbels fingía interesarse por el ocultismo y la astrología para complacer al Führer; hasta aprendió a montar horóscopos. Tal vez Rudolf Hess fuera también un aficionado. Pero sólo había un verdadero «aprendiz de brujo» en el círculo íntimo de Hitler: Heinrich Himmler. Heinrich Himmler nació en un hogar de clase media en Munich en 1900. Himmler, que fue un joven débil, pálido y sin carácter, cuya miopía le obligaba a llevar gafas de gruesos cristales, se transformó en un nazi fervoroso a comienzos de los años veinte, y fue nombrado secretario de la oficina de propaganda del partido en la Baja Baviera. Allí, en su despachito, hablaba con una fotografía de Hitler que había en la pared, mucho antes de conocerle en persona. Aunque, sin duda, tenía dotes de organizador, el aspecto de Himmler provocaba burlas, y fue casi en broma que Hitler lo nombró Reichsführer de las SS -siglas de Schutzstaffel, fuerza protectora -un grupo de unos 300 hombres con misión de guardaespaldas. Pero ya en 1933 Himmler había transformado las SS en una organización tan fuerte, que se permitió el lujo de purgarla, reteniendo sólo a hombres con las mejores características físicas «germanas» e insistiendo en que sus oficiales debían probar la inexistencia de judíos entre sus antecesores por lo menos hasta 1750. Tras un largo noviciado casi místico, a los reclutas se les entregaba una daga ceremonial y quedaban autorizados a llevar el uniforme negro de las SS con una calavera de plata. Desde ese momento quedaban obligados a asistir a lo que Francis King, autor de Satan and the Swastika (Satanás y la svástica) describe como «ceremonias neopaganas de una religión específica de las SS, creada por Himmler y derivada de su interés por el ocultismo y la adoración de Woden». Himmler había abandonado su fe católica por el espiritismo, la astrología y el mesmerismo al final de su adolescencia. Estaba convencido de ser la reencarnación de Enrique el Cazador, fundador de la casa real de Sajonia, muerto en 936. Todos esos elementos fueron puntualmente incorporados a su «religión» destinada a las SS. Himmler creó nuevas festividades en el puesto de fiestas cristianas, como Navidad y Pascua; redactó ceremonias de matrimonio y bautismo -aunque creía que la poligamia servía mejor los intereses de la élite SS- y hasta dio públicas instrucciones acerca de la forma correcta de suicidarse. La presencia de la caravana de gitanos tan cerca del santuario nazi no sería tolerada por mucho tiempo, ya que los gitanos figuraron entre los millones de no arios exterminados por Himmler en su intento de «purificar» la raza germánica. El castillo de Wewelsburg, en el noroeste de Alemania, fue comprado por Heinrich Himmler en 1934, y se transformó en el templo de su culto SS. El centro del «culto» de las SS fue el castillo de Wewelsburg, en Westfalia, que Himmler compró en ruinas en 1934 y reconstruyó durante los 11 años siguientes, con un coste de 13 millones de marcos. El vestíbulo central, donde se celebraban los banquetes, contenía una enorme mesa redonda con 13 sillones que parecían tronos, en los que se sentaban Himmler y doce de sus «apóstoles» más queridos. Debajo de este vestíbulo se encontraba el «vestíbulo de los muertos» donde se levantaban trece peanas en torno a una mesa de piedra. A medida que los integrantes del círculo íntimo de las SS morían, se quemaba su escudo de armas que, junto con sus cenizas, era colocado en una urna sobre una de las peanas, donde era venerado. Desde esta atmósfera grotesca y teatral, Himmler instigó el genocidio sistemático que el Tercer Reich emprendió en sus últimos años. Millones de judíos, gitanos, homosexuales y personas que, en general, no se adaptaban a las ideas del Führer y a las suyas, fueron asesinados. Muchas de esas atrocidades tenían su origen en las extrañas teorías de Himmler. Por ejemplo, su creencia en el poder del «calor animal» hizo que se realizaran experimentos en que las víctimas eran sumergidas en agua helada y después revividas -si tenían suerte siendo colocadas entre los cuerpos desnudos de prostitutas. En otra ocasión, decidió que había que realizar una estadística sobre la medida del cráneo de los judíos, pero como sólo valían los cráneos de los muertos recientes, cientos de personas fueron decapitadas con este fin. Menos horrorosas pero igualmente demenciales fueron las investigaciones sobre el movimiento Rosacruz, el significado ocultista de las torres góticas y el sombrero de copa de Eton y el poder mágico de las campanas de Oxford que, según decidió Himmler, habían hechizado a la Luftwaffe, impidiéndole infligir daños serios a la ciudad. El escritor ocultista J. H. Brennan llegó a sugerir que Himmler era una «no persona», un zombi sin mente ni alma propias, que absorbía la energía de Hitler como una sanguijuela psíquica. Francis King ha señalado que los grandes mítines de Nüremberg, presididos por Hitler en sus momentos de máxima «posesión» , reunían las condiciones necesarias para lo que algunos cultos mágicos describen como un «cono de poder»: los reflectores iluminaban el cielo nocturno formando un dibujo cónico sobre las enormes multitudes, lo cual generaba un gigantesco brote de emoción centrado en la figura glorificada de Hitler. Pero si Himmler era influenciado por la magia maligna, también podía ser influenciado para hacer el bien. El inverosímil instrumento de ese bien fue un masajista gordo y rubio que también era ocultista y se llamaba Félix Kersten. Había aprendido osteopatía y técnicas asociadas con un misterioso médico chino, el doctor Ko, un ocultista y místico que, al parecer, desarrolló los latentes poderes psíquicos de Kersten. Kersten se hizo famoso y, en 1938, tuvo que atender a Himmler, quien sufría de calambres crónicos en el estómago. Desde ese momento, el jefe de las SS dependió casi totalmente de Kersten, quien en varias ocasiones pudo salvar las vidas de cientos de judíos gracias a su dominio sobre la mente de Himmler. En la postguerra, una comisión investigadora llegó a la conclusión de que los servicios que Kersten había prestado a la humanidad y a la causa de la paz eran «tan destacados, que no se encuentran precedentes comparables en la historia». Un Poder Impresionante Utilizando simplemente su fuerza de voluntad, por ejemplo, Kersten persuadió a Himmler en más de una ocasión de que postergara el exterminio de prisioneros en campos de concentración. Kersten insistía e insistía hasta que Himmler dejaba de lado el asunto. El masajista también logró influir, al menos en parte, en Himmler, interpretando mal algunos horóscopos, en los que Himmler creía con más fervor que el propio Hitler. Desde mediados de 1942, Kersten se preocupó por sembrar en la mente de Himmler la idea de que debía intentar firmar la paz con los aliados occidentales y, aunque en varias ocasiones el Reichsführer estuvo casi convencido, no pudo contrarrestar el enorme poder de la autoridad de Hitler. Como ha señalado Francis King, la política de Hitler cuando Alemania se acercaba al colapso se correspondió exactamente con lo que podía esperarse del pacto de un mago con los poderes del mal. La esencia de ese pacto reside en el sacrificio: una orgía de sangre y destrucción. «Las bajas -dijo Hitler al mariscal de campo Walther von Reichenau-, nunca son demasiado grandes. Son la semilla de la futura grandeza.» Y el historiador Hugh Trevor-Roper dijo: «Como un héroe antiguo, Hitler deseaba bajar a la tumba acompañado de sacrificios humanos.» Aunque sabía que ya no había esperanzas, Hitler aguardó en su bunker hasta el 30 de abril de 1945 para suicidarse con Eva Braun, con quien acababa de casarse. La fecha no puede ser una coincidencia: desde el punto de vista ocultista, resulta enormemente significativa. Se trata del día que termina en la noche de Walpurgis, la más importante festividad de los poderes de las tinieblas. Erik Hanussen: El Astrólogo De Hitler Pocas personas influyeron tanto en la vida de Adolf Hitler como el misterioso Erik Hanussen, a quien durante muchos años se consideró el mejor vidente de Berlín. Predijo fechas exactas de acontecimientos tan importantes como el acceso a la cancillería de Hitler, la matanza de Rohem y los suyos, el incendio del Reichstag, la conquista de la presidencia... ¿De dónde provenían sus facultades? ¿Qué papel jugó en el destino de la Alemania nazi? Adolf Hitler sosteniendo la bandera nazi. Erik Hanussen era un hombre extraño. Empezó recorriendo los pueblos de Centroeuropa en distintos circos de baja ralea. Un día, cansado de dar volteretas, cabriolas y de hacer reír a la gente, abrió un pequeño gabinete de «orientación y videncia» en un desvencijado piso situado en el barrio antiguo de Praga, la ciudad que muchos consideran la capital de la magia europea. Según el investigador austriaco Hans Perling, el gabinete estaba situado muy cerca de la antigua abadía de los Premostratenses, donde hacia el año 1510 Johannnes Fausto, Teofastro Bombasto (más conocido por Paracelso) y Enrique Cornelio Agripa se iniciaron en la alta magia y combinaron los viejos saberes esotéricos con los placeres más mundanos. Por aquel gabinete esotérico pasaron algunos de los últimos kabalistas que quedaban en la milenaria ciudad. Günter Bailer cree que durante aquellos años, alrededor de Hanussen, se creó un pequeño grupo de estudios esotéricos, pero su economía no debió ir demasiado bien y su fama fue muy relativa. Revistas Reclamo Gurdjieff era considerado por Hunussen su maestro espiritual. También lo fue de Karl Haushofer, otro ocultista que influyó mucho en Hitler y Himmler. En un momento dado, a mediados de los años veinte, Hanussen huye de Praga posiblemente por problemas con la justicia y se traslada a Berlín donde sin apenas medios económicos (aunque algunos autores aseguran que conocidos personajes del mundo oculto alemán lo financiaron y que quizá tuvo algún "amigo íntimo" de acomodada economía), funda dos revistas que en poco tiempo alcanzan una interesante tirada. La primera, Die Hanussen Zeitung (El diario de Hanussen), tuvo una aceptación media, pero la segunda, Die Andere Welt (El Más Allá), recogió entre sus lectores a la mayoría de personas ávidas de sensacionalismo y de interés por el mundo de lo oculto, y según el matemático ruso y filósofo esotérico P.D. Ouspenski, su maestro espiritual era el mismísimo George Ivanovitch Gurdjieff (posiblemente mentor de la Thule y profesor de otro gran "maestro" de Adolf Hitler: el general y ocultista Karl Haushofer). Una publicación de esta índole tenía que ser por fuerza un reclamo para gente "muy especial" de la cultura alemana, y así, desde un principio, contó entre sus colaboradores con un extraño personaje, esoterista y conferenciante, que se hacía llamar Hans Einz Ewers, persona harto misteriosa de la que nadie sabía con certeza dónde vivía ni de dónde provenían sus suculentos ingresos. Aficionado a la geopolítica y a la mitología racial sus artículos encajaban perfectamente en el ámbito social que se daba en aquellos años en Alemania. Es este enigmático personaje quien presentó una tarde al futuro Führer y al mítico Hanussen. W. Brauder dice que sólo conocerlo, el astrólogo le auguró que: «se haría con el poder total de Alemania y que la nación germana estaría a su merced» y todo ello gracias al «dominio gradual de los poderes psíquicos latentes». Como era de esperar, aquella "profecía" tenía que calar muy hondo en la psique de Hitler. Distinguidos Discípulos Einz poseía un magnetismo como pocos, y tenía embelesado a Hitler (principalmente por sus escritos mítico-esotéricos), así como a sus compañeros ideológicos Rudolf Hess, Goebbels y Heydrich, que formaban una pequeña «promoción» de estudiantes de ocultismo. Era tanta la afición de dichos personajes por el ocultismo, que en palabras de Otto Sirasser: "Hitler, Hess y Goebbels, eran incapaces de llevar a cabo una decisión política, sin consultar con sus astrólogos y videntes". Cuando todos ellos conocieron a Hanussen, pasaron así mismo a ser sus "discípulos", los cuales se interesaron en profundizar en el difícil campo del magnetismo, en el cual Hitler llegaría a ser un verdadero maestro. Son muchos los historiadores y políticos que aseguran que su dominio de las masas se debía a este «saber oculto». Los dirigentes nazis empezaron a frecuentar su consultorio astrológico y de videncia por el que pasaron, antes que ellos, gentes de la importancia del conde Helldorf, que llegó a ser jefe supremo de las S.A. de Berlín y prefecto de la policía en Postdam, el fanático general Hermann Niehoff, que en mayo de 1945 fue el último general en rendirse pues se había atrincherado en la inaccesible y mítica fortaleza de Breslau, y el sanguinario Wimmer que llegó a alcanzar de manera mefistofélica el cargo de Comisario General de Administración y Justicia. Por las noches se reunían en la lujosa casa de Hanussen el misterioso libanés Ismet Dzino y Hitler con altos dirigentes nazis y políticos berlineses y practicaban las artes ocultas. Werner Gerson aseguró en un escrito que «Hanussen es el Rasputín germánico, y sus sesiones secretas terminan en tenebrosas orgías». Se sabe con seguridad que practicaba regularmente el tantrismo y que machos jóvenes berlineses acudían a dichas sesiones. Era de dominio público que se interesaba preferentemente por la magia sexual y en más de una ocasión se había podido observar que algunos orientales, siempre hombres, visitaban su consultorio. La Dependencia Del Führer Erik Hanussen al conocer a Hitler le auguró que: "se haría con el poder total de Alemania y que la nación germana estaría a su merced". Poco a poco Hitler fue dependiendo cada vez más de aquel carismático astrólogo y paragnosta, hasta el punto de que llegó a crear un cierto poso de envidias entre el resto de compañeros del Führer, hasta que un día y tras una desagradable confrontación entre el mago y alguno de sus discípulos, uno de ellos empezó a investigar sobre su oscuro pasado, y así afloró que su verdadero nombre era Harschel Steinschneider y que si bien no era claro su origen semita, sí que lo era que había estado casado con una bella judía de nombre Ignaz Popper, a la que había abandonado años después de la boda, a raíz de un serio incidente entre Erik y otro mago oriundo de Viena, en plena Primera Guerra Mundial (posiblemente diciembre de 1914). Los jefazos nazis decidieron seguir la investigación para hundir al astrólogo, a lo que se opuso tenazmente Hitler que lo defendió de manera visceral e incluso amenazó a quien osara importunar al astrólogo. El líder alemán lo acogió bajo su tutela hasta un fatídico 26 de febrero de 1933, en que aconteció un extraño suceso. El astrólogo inauguró unas nuevas salas con dineros de origen incierto (aunque por aquellos tiempos su economía ya era más que brillante), en el "Palacio del Ocultismo", situado en el número 16 de la Lietsenburgerstrasse, donde antigüedades y símbolos esotéricos alternaban por igual (principalmente extrañas insignias esotérico-castrenses); para aquella celebración, había invitado a la flor y nata de la sociedad berlinesa, que acudió en masa para conocer al mago, aunque muchos de ellos, aristócratas y militares de alta graduación incluidos, ya eran clientes suyos. Hanussen, sintiéndose protagonista de la fiesta, decidió "auto hipnotizarse" delante de la crème de la crème germánica. De pronto, tras cerrar los ojos y ponerse muy pálido, empezó a gritar y gesticular de manera teatral diciendo: «Veo quemarse una gran casa. Una multitud camina, hay un gran gentío en las calles, es una noche desgarrada por el fuego, veo antorchas encendidas, hogueras de alegría y la cruz gamada se mueve como un gran remolino de fuego, es sin duda la llama de la liberación alemana, y las llamas salen por la ventana, una gran cúpula se viene abajo, y se hundirá todo el edificio, es sin duda la cúpula del Reichstag que arde en la noche». Seguidamente cayó al suelo, y entre algunos asistentes lo llevaron a su despacho particular, donde se podían observar dos Mapamundis extremadamente luminosos y de distinto tamaño, uno a la derecha y otro a la izquierda, el primero más pequeño saliendo de dentro de un inmenso candelabro y el otro de un extraño tintero, o de algo que se le parecía y que contenía un extraño líquido. Costó mucho de despertar e incluso por unos momentos se llegó a temer por su vida. Al recobrar la conciencia parece ser que apenas recordaba nada de lo sucedido pocos minutos antes. Aquellas palabras llenaron de temor a los dirigentes nazis, principalmente a Goebbels que ya lo tenía bajo sospecha, pues era un secreto sabido por pocos (entre los que no se contaba Hanussen), que estaba preparado para muy pocos días después el incendio del legendario y mítico edificio. Exactamente cuarenta y ocho horas después (a las nueve en punto de la noche), la inmensa mole del Reichstag ardía como una pavesa, y Adolf Hitler, su protector desde hacía años, jamás le perdonó aquella revelación tan inoportuna como anticipada. Del Amor Al Odio Aquello le había granjeado el odio de la mayoría de mandos nazis y la pérdida definitiva de confianza de Hitler. El formidable Palacio del Ocultismo quedó clausurado, y las reuniones y conferencias que organizaba el astrólogo fueron prohibidas. Algunos de sus discípulos "desaparecieron" y de su bien abastecida biblioteca de temas ocultos, nunca más se supo. Hanussen, al contrario de lo que hubieran hecho otros más cautelosos, se enfureció y tuvo la mala ocurrencia de publicar un artículo en la revista de su propiedad Hanussen Wochenschau (número de marzo de 1933) en la que recordaba lo que él había predicho gracias a sus "poderes" y lo que en realidad había sucedido. El escándalo estalló y una noche la policía secreta fue a buscar a Hanussen a una pensión (por seguridad había cambiado de residencia varias veces en pocas semanas), y se lo llevaron para interrogarle. Se le acusó de recibir información de altos mandos de las S.A. a los cuales se tachó de "traidores", incluso el influyente doctor Franz Hollring, del nefasto Berliner l2 Uhr Blatt, aseguró tras el interrogatorio, que Hanussen estaba bien informado de los movimientos de la cúpula nacional socialista gracias a sus relaciones profesionales con el anteriormente citado conde Helldorf y otros mandos de las S.A. que frecuentaban desde hacía años su consultorio. Se intentó en un momento concreto cargarle el muerto a los comunistas o a los judíos, pero las pruebas sobre la culpabilidad de Hitler eran demasiadas gracias a la "videncia" de Hanussen. El resultado de su caída en desgracia ante los ojos del que durante años fue su principal valedor eran fáciles de adivinar. Un artículo del Volkischer Beobatcher de fecha 8 de abril de 1933 (poco después del apresamiento de Hanussen) decía: «En un bosquecillo de pinos entre las localidades de Nehuof y Baruth, unos leñadores han descubierto entre unas zarzas y medio devorado por los animales salvajes de la zona, el cadáver de un desconocido. No se ha encontrado sobre su cuerpo ningún papel o documento que ayuden a su identificación. Los servicios de la policía criminal de Berlín han podido establecer que el cadáver ha debido permanecer entre estas zarzas varios días. Se sospecha de todos modos que puede tratarse del cadáver de Erik Hanussen, famoso por sus experiencias de videncia y telepatía». Un Pasado Oscuro Erik Hanussen (el hombre de la foto) huyó de Praga a Berlín, donde fundó dos revistas de marcado carácter esotérico que llamarón la atención de los dirigentes nazis del momento. Cuando la policía empezó a investigar averiguó que aquel extraño personaje había nacido en Viena (sobre el 1880) y que era de origen judío. En los últimos tiempos algunos investigadores aseguran que el vidente y astrólogo estuvo preso por motivos desconocidos en algún ignoto refugio en las montañas austriacas y que en plena II Guerra Mundial, fue trasladado a algún campo de exterminio para prisioneros (quizá Dachau) donde terminaría gaseado al igual que muchos millones de judíos. Fuera cual fuera su final, la verdad es que aquel mago-astrólogo predijo e incluso muy probablemente aconsejó en ocasiones las fechas exactas de acontecimientos tan importantes como el acceso a la cancillería de Hitler, la matanza de Rohem y los suyos, durante la famosa y sanguinaria "Noche de los cuchillos largos", el incendio del Reichstag, la conquista de la presidencia, etc. El desaparecido periodista argentino Alejandro Vignati comentaba que el astrólogo aconsejó a Hitler que las grandes decisiones las tomara siempre en sábado y mejor de noche (curiosamente el día sagrado para los judíos). Durante años, Hitler se movió y actuó de forma que las predicciones y "consejos" de Hanussen eran órdenes para el "Guía" germano. Hace algunos años el investigador galo François Ribedau Dumas escribió que durante el Congreso Judío de Praga, celebrado a mediados de los años veinte, Hanussen aseguró ser hijo legítimo del milagrero rabino de Prossnitz. Parece ser que el Führer conocía desde el principio el origen judío de Hanussen (no se puede descartar que él mismo se lo hubiera confesado en un principio), así como su nacionalidad austriaca ¡igual que el propio Hitler!, y quizá por esa razón intimó con él y lo acogió durante años como astrólogo personal y asesor. Por lo que sabemos, Hanussen además de ser un buen astrólogo, poseía unos poderes de videncia extraordinarios, y por esta razón nos preguntamos: ¿Conocía su trágico final a manos de los torturadores de la policía secreta?, en este caso ¿por qué no lo evitó? Círculos Ingleses: ¿Una Prueba Definitiva? La fecha del 15 de Agosto del año 2002 en Crabwood Farm House, NR Winchester, Hampshire, Inglaterra, se puede considerar histórica para toda la humanidad, pues de demostrarse la autenticidad de esta figura que apareció el pasado 15 de agosto del año 2002, sobre los campos de trigo de la comunidad de Winchester, Hampshire, en Inglaterra. Considerando ésta la más impresionante hasta ahora de todas las aparecidas hasta el momento, esto por la complejidad de la misma figura, y aún más que eso, el círculo que parece mantener el ser en su mano, algo que seguramente es un mensaje cifrado en algún tipo de código, que pudiera ser código binario ó código morse, que ya hemos empezado a tratar de descifrar. Uno de los últimos círculos aparecidos misteriosamente en Crabwood Farm House, Inglaterra. Es el agrograma más impresionante aparecido hasta la fecha. Recordemos que hace precisamente 1 año, apareció en los mismos campos de trigo, concretamente en Chilbonton, Inglaterra, la supuesta respuesta extraterrestre, que revelaba un ADN alienígena, en respuesta a la información sobre la humanidad que se envió al espacio a principios de los 70's, por parte de los astrónomos Carl Sagan y Frank Drake, a bordo de las sondas Viking, aparte de la figura que mostraba un rostro, dónde podemos pensar, que todo esto, aparte de tener una relación y una secuencia entre sí, son mensajes que están ligados entre sí, la cuestión es llevar esta investigación hasta sus últimas consecuencias, en pro de la verdad. A continuación, les mostramos las fotografías oficiales que se han tomado de la figura, que en la misma Inglaterra, han hecho toda esta excelente investigación los investigadores Mark Fussel y Stuart Dike, quiénes forman parte de la comunidad de investigadores ingleses especializados en agrogramas ó círculos de trigo, o como también son conocidos, crop circles. Junto a las imágenes, anexamos un pequeño comentario sobre la misma. Esta investigación aún se encuentra en un principio, por lo que esperamos que quién así lo desee y quiera investigar por su cuenta, se comunique con nosotros, puesto que esta investigación puede ser la más grande y cercana a las auténticas respuestas sobre todos estos temas, ya que lo que estamos observando, es un auténtico mensaje, por lo que debemos de unir esfuerzos a nivel mundial, por tratar de descifrar dicho mensaje, ya que esto puede significar aparte del mensaje esperado, un antes y un después en la humanidad. La verdad está ahí afuera. Con esto termina el post el superpost de secretos del mundo Saludos y comenten
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