entrevista realizada a Emilce Moler, sobreviviente de la noche de los lapices. ¿Porqué su nombre no se asocia con la noche de los lápices? “Pasé algo más de un año y medio en Devoto hasta que me dieron la libertad vigilada y me dijeron que me vaya de La Plata, debía ser muy peligrosa. Con mi familia decidimos irnos a Mar del Plata. La Noche de los Lápices se asocia con el boleto estudiantil, pero Ud. habla de una lucha política más amplia? “No creo que a mi me detuvieran por el boleto. La lucha fue en el año 75, además no secuestraron a miles de estudiantes que participaban en ella. Detuvieron a un grupo que participaba en una agrupación política. Todos los chicos que están desaparecidos pertenecían a la UES, es decir que había a un proyecto político al fin” Es indudable que esta información desnuda todos los argumentos de Pablo Díaz, quien se creyó el único sobreviviente de aquellos estudiantes comprometidos. palabras del hermano de Maria Claudia Falcone (en base a quien se hizo la pelicula) - “MI hermana no era una chica ingenua que peleaba por el boleto estudiantil. Ella era toda una militante convencida” - “Ni mi hermana ni yo militábamos por moda. - Nuestra casa fue una escuela de lucha”. - “¿Tu hermana y vos eran montoneros convencidos?” “SI. Nadie nos uso ni nadie nos pagó.- No fuimos perejiles como dice la película de HÈctor Olivera”. -“En el departamento donde cayo mi hermana se guardaba el arsenal de la UES de La Plata” Como veras no eran ningunos pobrecitos... A treinta y un años de la llamada "Noche de los lápices", una sobreviviente relata en esta entrevista su desgarradora historia de vida. Explica por qué decidió difundir entre los jóvenes lo que realmente sucedió en aquella trágica primavera de 1976 y polemiza con la versión cristalizada de los hechos, difundida por la literatura periodística y el cine a fines de la década del 80. Emilce es bajita, locuaz, inquieta. En sus gestos se mezclan la fuerza y el dolor. Polemiza severamente con la versión cristalizada en el libro La noche de los lápices de María Seoane y Héctor Ruiz Nuñez, y luego en la película -de Héctor Olivera-, según la cual su secuestro y el de los otros chicos estuvo relacionado con la lucha por el boleto estudiantil. "Nos detuvieron porque éramos militantes de la UES, no fuimos 'víctimas inocentes'". En esa versión, ella no aparece dentro del grupo de chicos secuestrados. "Soy una doble desaparecida. ¿Por qué, si yo fui secuestrada esa noche con todos esos chicos, no aparezco en ese relato?". Esto la llevó gradualmente a protagonizar el relato de su vida. "Era parte de lo que yo viví. No podía correrme". -¿Cuál es tu relación con el relato de La noche de los lápices? -La Noche de los lápices como tal es una construcción que salió a la luz a fines de la década del 80. Fue difícil para mí encontrar ese relato porque yo no aparezco. De todos modos, nunca quise salir a decir: "Esto no es cierto", porque les daba pie a aquellos que pueden decir: "Al final, no era cierto lo de los desaparecidos". La discusión fue porque yo quería plantear mi militancia, quería leer los manuscritos y no hubo acuerdo con la autora. Entre otras cosas, porque nuestras detenciones no se debieron solo al boleto estudiantil. Pero resultó muy doloroso que no me integraran a una historia donde estuve. -¿En qué momento tomaste la posta de tu relato? -De a poco fui poniéndome a la cabeza y dije: "Mi vida la cuento yo". Muchas de las cosas que dije públicamente fueron para contrarrestar esta historia. Para que cuando mis hijos cuenten que su madre fue detenida- desaparecida, les crean. No sé cómo hubiera sido mi vida sin este episodio. Sería una ex detenida más, estaría dando testimonio, pero no hubiera sido mi eje, porque para mí es un esfuerzo. Tuve que aprender a hablar en público, a manejarme con los medios. Yo tengo otra vida. Hice todo para no ser solo sobreviviente. Su familia era antiperonista y pertenecía a la clase media de La Plata; su padre, comisario retirado; ella hizo la primaria en un colegio de monjas y "era re gorila". Sin embargo, cuando la detuvieron, pertenecía a la agrupación peronista Unión de Estudiantes Secundarios (UES), como sus primos mayores, sus compañeros de estudio, sus amigos. -¿Cómo contás tu vida? ¿Cómo contás lo que pasó? -Yo me ubico como una militante de aquellos años. Yo empecé a militar en el 75. Estaba en cuarto año y tenía 16 años. Los mayores eran los que hablaban y llevaban las cosas adelante. Lo mío era muy chiquito, pero muy comprometido. Yo dejaba la vida. Y en el 75 decidí entrar en la UES. En julio del 76, empezaron a caer mis amigos. Y tuve que plantear la situación e irme de mi casa. Cuando estaba en la escuela, yo venía con toda la cuestión de lo religioso, hasta que me empezaron a explicar que sí era posible que no hubiera pobres. Fue la motivación más fuerte. Yo ya había estado escondida en muchas casas, ya estaba harta... Seguía yendo a la escuela; estudiar, no lo postergaba por nada. Mi viejo me explicó: "Mirá que te picanean", que era lo que le estaban contando a él. Eso me preparó para la detención y la tortura. Lo que viví después ahí adentro es inimaginable, te supera. -¿Y cómo es la experiencia de dialogar con los alumnos en las escuelas? -Desde 1985, voy a escuelas de todo el país a dar charlas. Y la recepción no es homogénea. Por ejemplo, fue terrible cuando se instaló el 16 de septiembre como fecha recordatoria en la Provincia de Buenos Aires. Nadie estaba preparado para saber qué decir. Entonces, con buena intención, me llamaban. Y yo, ¿qué soy? ¿la figurita de Billiken? Si no saben qué decir y me ponen a mí, no sirve. Ahora, trato de no ir a escuelas si no hay un trabajo previo y uno posterior. Para mí significa un desgaste muy grande ir a dar una charla. Cuestiones más complejas también... -Muchas veces me pregunto: ¿por qué me llaman a mí? Porque soy docente, universitaria, rubiecita, doctora, no anduve con armas. De la cuestión armada no se habla todavía. Yo les caigo bien a todos. Después, con ese tonito digo lo que pienso, bajo línea. No es bueno eso, porque significa que no hubo aprendizaje. Me llaman porque fuimos "víctimas inocentes". Recién ahora, con estas políticas nacionales, se habla más. Pero nadie cuestiona "La noche de los lápices" desde ningún lugar. Porque éramos unos pobres chicos del secundario, reclamando por el boleto estudiantil y nos mataron. Primero, que no éramos eso; y segundo, que no alcanza para comprender el hoy. esto demuestra, como apartaron de los castillos en el aire de ese bizarro film y el cuento del boletito escolar desenmascarando los grupos guerrilleros que ya cumplían una década de robos, asesinatos, alzamientos y barricadas y se habian aliado recientemente con los guerilleros y terroristas de latinoamerica para sembrar mas terror, lo curioso es que estos nenes eran estudiantes secundarios! increible pero real, real y repugnante, comenten y si quieren dejen puntos
Emilce Moler, sobreviviente de la noche de los lapices
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