Todavía caminan por los pasillos, todavía los torturan en esa oscuridad de estar tan solos. Todavía caminan ellas, las que a plena luz del día solo vieron las nubes de la ausencia de sus hijos. Todavía caminamos nosotros, los salvados, los redimidos, los que no “hicimos nada” y por eso estamos vivos.
Caminamos un país con sangre derramada en la tierra y sueños ahogados en los ríos. Por eso tenemos recordatorios, memorias abiertas en algunos, exigidas según las circunstancias en otros, acallada en muchos, como un relato del pasado en los jóvenes, como una herida en los padres que perdieron sus hijos, como un lamento en los que todavía no dan con su historia, como una mala palabra en los que aun no se comprometen.
Todavía escuchamos que fue una guerra, una muy particular en donde un bando perdió todo y el otro ganó todo. Todavía se dice que el primero no perdió, que anda paseando por otros países. Una guerra en donde murió el hermano Down, la hermanita de 8 años, la abuela de 88, el bebé recién nacido y un chico de 14 fue tirado desde un avión. Una guerra extraña en donde el ganador se quedó con los bienes, con los hijos, con los títulos, con la vida y con la felicidad de los vencidos.
Todavía camino este país con gente maravillosa a veces y que otras veces todavía quiere que vuelvan los milicos, porque durante el proceso no había tanta delincuencia, se vivía en paz, no había ladrones, los chicos no se drogaban y no se alcoholizaban y se ganaba mejor que ahora. No había tanta delincuencia porque los que te robaban y mataban eran del gobierno, no había ladrones, había depredadores, los chicos no se drogaban, se morían en las cárceles y se ganaba bien (¿se ganaba bien?) a costa de una hipoteca que no se pudo pagar nunca.
Todavía amo a esta gente, piense como piense, aun cuando digan que esas mujeres que rondaban la plaza y ahora ocupan lugares visibles, son unas locas de remate, aun cuando digan que todos los desaparecidos eran unos guerrilleros que merecían morirse porque ponían bombas, como si la única ley que existe fuera la pena de muerte, y bajo este lema deben morir culpables e inocentes.
Amo este país y esta gente porque aun tiene memoria, porque mal o bien tiene historia, y en las historias están los acertados y los equivocados, todos son parte de esa historia, y por eso hoy están los que dicen que no debería ser feriado, están los que recuerdan a sus muertos, están los que no saben qué carancho se conmemora. Pero todos pisamos este suelo, dolorido, donde nos dividimos en bandos, donde seguimos despotricando contra el gobierno, sea quién sea, donde ser oficialista es mala palabra, donde están los que piensan y los preconcebidos, los que opinan y los que callan, los que reconocen y los necios. Pero seguimos siendo una sociedad en donde no quiero dejar de vivir, porque los que piensan igual y los que piensan distinto me recuerdan todo el tiempo que es el lugar al que pertenezco.
Quisiera que nunca más un gobierno decida, bajo tamaña hipocresía y soberbia, quién vive y quién muere, qué ideología se debe tener o qué camino se debe recorrer. Que nunca más tengamos que vivir fuera del sistema democrático, sigo pensando que el peor gobierno democrático es infinitamente mejor que el mejor terrorismo de estado.
Para reflexionar
¡SALUDOS!