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Universidad de Catacumbas - Estudiar durante la dictadura

Info4/9/2010
UNIVERSIDAD DE CATACUMBAS
Cuando el pensamiento argentino se refugió en las catacumbas



Hubo en Argentina un fenómeno denominado "Universidad de Catacumbas" cuando en 1966 el inverosímil dictador Onganía intervino la Universidad de Buenos Aires y aparto de ella a miles de docentes e investigadores, muchos profesionales y estudiosos sintieron la necesidad de no perder contacto con la ciencia y la cultura.

Surgieron así los grupos de estudio, en los que un cierto número de profesionales (en ciertos casos diez, en otros sesenta), pagaban a alguno de los especialistas que habían sido apartados de la universidad para que organizaran seminarios o cursos para poder seguir estando al día en algún tema. Un estudio sobre esta cuestión permitió registrar la existencia de más de mil grupos, lo que significaba un mínimo de 10.000 alumnos, los cuales en esa época, por el profundo deseo de aprender, arriesgaban algo más que un poco de su dinero.

No se ha encontrado en ningún otro lugar del mundo semejante proceso, del que podamos estar orgullosos no solo por su originalidad, sino también por el echo de su persistencia, ya que muchos de esos grupos todavía están existiendo o permanentemente se forman.


Parte de una nota a Gregorio Klimovsky
Por Leonardo Moledo


Gregorio Klimovsky


(...)
Ongania y la Noche de los Bastones Largos

–Tuvimos una guerra continua, que perdimos. Nosotros creíamos que la universidad tenía que meterse en política en el sentido que tenía que denunciar abusos o tener solidaridad con quienes lo merecían.

Y lo hacían.

–Sí, claro. Hubo muchas cosas que ofendieron a los conservadores y ofendieron a los militares. Hay que reconocer que algunas eran razonables porque eran incidentes cometidos por esta izquierda loca que es muy especialista a veces en armar líos destructivos.

¿Por ejemplo?

–La que fue más perjudicial: en un homenaje a Roca, que organizó el Ejército, justo enfrente de la antigua facultad, en Alsina y Perú, tres pibes se subieron a la terraza y tiraron monedas donde estaba Onganía, que en aquel momento era el comandante en jefe del Ejército. Parece que eso fue una ofensa tan grande que detrás de los propósitos ideológicos que podía tener Onganía había un fastidio, una bronca negra por así decirlo.

Bueno, en la Noche de los Bastones Largos se notó.

–No fue lo único. Estuvo también el lío de Santo Domingo, y un coronel Caamaño que se había hecho presente para tomar el poder y que finalmente fue vencido por las huestes que desembarcaron desde EE.UU. La cuestión es que EE.UU. estaba muy interesado en que Argentina se metiera también en esa expedición para que la cosa tuviera un aspecto más internacional y no privativo de EE.UU., y nosotros fuimos a ver a Illia, que en aquel momento era el Presidente y que estaba prácticamente convencido de mandar una fuerza militar, pero lo convencimos de que no. El Ejército supo que hubo una entrevista con la universidad, que había convencido a Illia de que no se enviara el Ejército a Santo Domingo. Eso fue también terrible para nosotros. Y bueno, eran demasiados episodios y cuando se produjo el golpe de Estado de Onganía, pasó lo que pasó.

¿Y usted qué hizo?

–Me iba a ir del país. Ya tenía un ofrecimiento de la Universidad de Concepción en Chile y había un ligero ofrecimiento también de Uruguay a donde había ido Sadosky. Pero me sucedió una de las tantas cosas raras que pasaron en mi vida donde varias vocaciones disfrutaban una con respecto a la otra. Por eso ahora estoy escribiendo mi autobiografía y la voy a llamar Mis siete vidas.

Deberían ser 9, aunque sea para coincidir con el título de esta nota.

–Y por algo más...

La universidad de las catacumbas

¿Qué sucedió?

–Sucedió que los psicoanalistas tenían mucho interés en oír mis opiniones epistemológicas generales, tanto interés que se formaron muchos grupos de estudios que yo dirigía.

La famosa universidad de las catacumbas.

–Y así, en el año 1966, me encontré con varios grupos de estudios. Económicamente me arreglaba perfectamente y era una experiencia muy interesante, así que decidí quedarme. Además se formaron en aquel entonces los que se llamaban Centros de Estudios. Yo estaba por supuesto en el Centro de Estudios de Ciencias, y dábamos cursos paralelos a los de la universidad.

¿Eran cursos privados, pagos?

–Eran cursos libres donde algunas veces se cobraba y algunas veces no se cobraba. Desarrollamos una actividad realmente muy interesante y que solapadamente era un boicot a la universidad de aquel entonces. De manera que en realidad el haberse quedado tuvo algunos efectos positivos, muchos en particular, aunque nos ocurrieron algunos disgustos un poco inesperados.


La calle Chile

–En su momento nosotros ocupábamos, prestado por el Centro de Estudios del Hábitat, un lugar. Es un edificio bastante grande que existía en la calle Chile. Ahí estaba Rolando García, Manuel Sadosky... éramos unos cuantos de los sobrevivientes.

Oscar Varsavsky.

–Varsavsky también. Y allí empezaron algunas cosas raras que nunca pude explicarme. Varsavsky... algo le debía pasar –algo que podía tener características de enfermedad psicológica además– se puso agresivo con todos, salvo para los que inmediatamente lo rodeaban, y Rolando García empezó a tener también actitudes sospechosas.

¿Sospechosas de qué?

–De repente, con gran sorpresa para todos nosotros, dio una voltereta política y apareció en el peronismo, cosa que todavía me asombra. Y bueno, Varsavsky y Rolando García eran gente que en algunos aspectos pensaban muy parecido, pero se peleaban a muerte. Varsavsky en una ocasión lo interrumpió a Rolando García y dijo algo así como “yo considero directamente una situación de completa falta de ética que se tergiverse de tal manera mi pensamiento”, porque Rolando García lo había citado favorablemente para apoyarlo. ¿No es increíble?

Para nada. Usted sabe que Abba Ebban, el canciller israelí, decía que la gente sigue el camino racional recién después de haber probado todos los demás. ¿Y al final qué pasó?

–Pasó que terminamos un poco peleados todos. Yo tuve una polémica pública con Varsavsky que fue bastante enojosa. El decía que lo que había ocurrido durante la época de oro estaba mal, porque eso era cientificismo y que detrás de eso estaba la idea –y en eso un poquito tenía razón– de que se podía cambiar la sociedad elevando el nivel científico y académico de la universidad cuando la cosa tenía que ir por un lado diferente. Varsavsky pensaba que había que crear una especie de modelística científica para apoyar proyectos nacionales y era lo único que interesaba. Yo pienso que hay algo de interesante en esta idea, no puede ser lo único que justifique la existencia de la universidad y el desarrollo de las ciencias.

Parece excesivo, ¿no?

–Fueron experiencias duras pero en general, en lo que a mí respecta, a mi vida, yo tengo un buen recuerdo de aquella época por todo lo que pudimos hacer, salvando de alguna manera nuestro prestigio. Yo me enteré con gran sorpresa que muchas de las autoridades y personajes que uno conoció habían venido a mis cursos, sobre todo los cursos libres. Una vez vino de visita César Milstein en la Facultad de Ciencias, una especie de recibimiento amigable. Me dice Milstein: “¿Sabe una cosa? Yo le seguí en uno de los cursos de epistemología que usted dio cuando se produjo la debacle en la universidad”. No le pregunté si le había gustado el curso.

No, nunca hay que preguntar esas cosas.
(...)



http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-2625-2005-11-13.html

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