Terror en la ruta:
Una de las historias populares más macabras entre las creadas en el siglo XX es la que hace referencia a un conductor que en el último momento decide no recoger a un viajante. Generalmente el narrador comienza diciendo: "¿Te conté lo que le ocurrió a mi amigo? Bueno, de hecho fue a su primo..." Y continúa así: Un automovilista va conduciendo por una carretera, cuando ve a un hombre joven con el pulgar levantado. Al disminuir la velocidad para recogerlo queda consternado al ver que detrás de los arbustos o árboles de la carretera asoman dos o tres compañeros suyos.
Considerando quizá que están abusando de su generosidad, o tal vez alarmado ante la posibilidad de que se trate de una banda de ladrones, el conductor decide en el último momento no recogerlos. Los viajantes se encuentran ya bastante cerca del coche, pero el conductor pisa el acelerador a fondo y se aleja tan rápido como puede. Los viajantes parecen enojados: gritan y chillan mientras el automovilista se aleja. Feliz de haber logrado escapar a tiempo, el conductor sigue su camino unos kilómetros sin detenerse. Después, al comprobar que el indicador de la gasolina se acerca al cero, se para en una estación de servicio.
Acto seguido observa que el operario de la estación de servicio, lívido como la cera, se aparta horrorizado del coche. El conductor baja para ver qué es lo que pasa, y queda paralizado de horror ante lo que ven sus ojos.
Atrapados en una de las manijas de la puerta hay cuatro dedos humanos.
El Yasiyatere:
Tal el nombre de un pajarito que vive en las selvas del nordeste argentino, cuyo silbido monótono se oye al amanecer y anochecer.
En noches de luna, en Enero, se oye un silbido: yateré…yateré… cada vez más cercano, cada vez más fuerte; entonces, las madres cuidan de no dejar solos ni un sólo momento a sus hijos pequeños.
Es un criatura de entre 2 y 6 años, de cara bonita, rubio, ojos azules o amarillos, sin orejas. Tiene un olor muy fuerte y desagradable.
Rapta niños que encuentra solos al mediodía o a la siesta. Sólo se lleva a los varones, a las mujercitas, por lo general las deja pues tienen el pelo tan largo como él. Lame sus frentes para quitarles el bautismo. Al rato de jugar un rato con ellos, los abandona envueltos en lianas y enredaderas, y los niños quedan mudos, atontados presa del su encantamiento.
Todos los años, para el aniversario del rapto, los chicos sufren ataques de epilepsia, para curarlos hay que bautizarlos de vuelta, cosa que no siempre funciona.
El Yasíyateré usa un gorro o boina roja. Su ropa es amarilla. Alrededor de su cuello tiene muchas llaves de oro y cinco anillos en los dedos. Lleva una varillita mágica, un bastoncito de oro muy brillante en el cual reside todo su poder; si alguien logra quitárselo comienza a llorar, pidiéndolo. Sin su bastón se debilita.
Cuando camina queda solo la huella del pie izquierdo, el derecho no se ve. Vive en lo profundo de la selva y come solamente huevos, miel y fruta. Es dueño de muchísimas alhajas y de tesoros.
El Colectivero:
Una noche en Rosario (provincia Argentina), enfrente del cementerio "El Salvador", un colectivero (chofer de ómnibus) de la línea "114" iba conduciendo de noche medio dormido, de pronto, ve impotente como una chica se le cruza velozmente frente al ómnibus y este la arroya.
El colectivero asustado por lo sucedido y lo tétrico de el lugar decide retroceder, esquivar el cadáver de la chica y escapar. Luego de unos minutos de ir a toda velocidad y no detenerse en sus paradas normales, completamente histérico ve por el espejo retrovisor, que la chica que había arrollado está sentada en el ultimo asiento mirándolo fijo y llorando.
El Diablo en el espejo:
Esta historia ocurre en Villa Carlos Paz, y quien la cuenta afirma que le ocurrió al amigo de un primo suyo.
Estábamos todos tomando unas cervezas en un bar de mi ciudad. estábamos entre risas y tomando lo normal, cuando apareció un flaco moreno, con vestimenta gótica, de unos 21 años, como nosotros. Pablo, uno de mis amigos que allí se encontraban, lo saludó, puesto que eran amigos. Se sentó con nosotros y hablamos durante unas horas.
Al cabo de unas, más o menos, 3 horas, el tema de conversación pasó a ser historias de miedo, como que ya había anochecido y nos encontrábamos ahora en un descampado. Nos contábamos historias terroríficas y acabamos realmente asustados. Entonces Geronimo, el pibe gótico, dijo que conocía una forma de ver al Diablo. Lo escuchamos, la verdad, con la misma atención de cuando te cuentan un chiste. El procedimiento que hay que seguir es el siguiente:
(Textualmente)"En Nochebuena, justamente a las 12 de la noche, el Diablo hace la inspección en la Tierra, la única en el año, así que si queremos verlo tiene que ser ese mismo día a esa misma hora. Vete al baño, puesto que es el lugar más propicio para realizar el evento, y cerra la puerta. Encendé 12 velas, al poder ser negras, y cuando quede poco para que sean las 12, cerras los ojos y te paras frente al espejo. Manténlos cerrados hasta que quede solo una campanada de las doce que debe sonar. En ese segundo verás al Diablo en el espejo"
Todos nos lo tomamos en joda, pero David, otro amigo, dijo que lo haría sin problema. estábamos a 20 de Diciembre, así que en cuatro días lo haría, solo pedía que hubiese un testigo, y que sería en su casa. Ese testigo fui yo.
24 de Diciembre, las 23:55. Todo estaba preparado y nadie nos molestaría. Entró David solo, yo tengo mucho miedo a esas cosas. Se cerró la puerta y esperé sentado afuera. Las campanadas sonaron, y yo estaba al acecho de que alguien estuviese espiando para darme un susto, pero no pasó nada. Suspiré, aliviado, llamé a David. No contestó. Atemorizado, abrí la puerta de un golpe, y lo encontré en el suelo, agarrándose el corazón. Y en el aire se olía el inconfundible rastro del azufre. Llamé a la ambulancia y se lo llevaron al hospital.
Le diagnosticaron un infarto al corazón a causa de un sobresalto, una crisis nerviosa. Yo no pude dormir durante meses, hasta que fui tratado por un psicólogo. Cuando por fin David se recuperó, me dijo a mí sus primeras palabras:
"Lo vi. . . Tengo mucho miedo"
Ahora ya conseguí dormir, pero David no es ya el mismo. Recuperó algo de su vitalidad, pero aún se le nota muy apagado, triste. Dicen que es porque el infarto lo deja a uno mal. No fue eso: fue lo que vio en el espejo. Y estará así hasta que se muera.
Los Fantasmas del Subte:
Varias historias circulan en torno a los subterráneos de la ciudad de Buenos Aires, que tienen como escenario principal las estaciones de la línea A, la primera de la red inaugurada en 1913, que actualmente une Plaza de Mayo con Primera Junta.
Una de ellas cuenta que un antiguo operario de la estación Sáenz Peña concurrió a los sanitarios en horas de servicio y encontró en ellos a un hombre degollado sobre un charco de sangre. De inmediato el atribulado empleado dio el alerta al personal de seguridad de la estación, quien acudió rápidamente a inspeccionar el lugar, encontrando el sitio en perfectas condiciones y sin ningún rastro de violencia. El veredicto fue unánime: se trataba de una alucinación.
Al día siguiente, volvió a repetirse la situación, aunque el protagonista fue esta vez otro empleado. Durante largo tiempo, muchos fueron los trabajadores que afirmaban haber visto al degollado en el baño de esa estación.
Otra historia de aparecidos tiene como escenario el tramo comprendido entre las estaciones Alberti y Pasco, aunque su figura central esta vez es una extraña mujer en traje de novia. Cuentan los dichos que se trata del fantasma de una joven a la que su prometido abandonó ante el altar, circunstancia por la cual la muchacha habría salido intempestivamente de la iglesia y se habría arrojado a las vías del tren. Otra versión, más romántica aún, señala que la ceremonia del casamiento se realizó pero al tratarse de una unión concertada por los padres de los novios, la muchacha prefirió suicidarse al salir de la iglesia antes de contrariar su propia voluntad.
La Salamanca:
Es una fiesta organizada en honor al macho cabrío en algún socavón de roca alejado del poblado. En ella se sirven exquisitos manjares y bebidas y se baila y canta hasta la primera luz del amanecer.
En la Salamanca se encuentran brujas, almas condenadas, y demonios de los infiernos.
En Tucumán se han encontrado Salamancas en las localidades de Las Cejas, Monteros, Tafí (Salamanca del Siambón) y en otros lugares no tan conocidos (Valles Calchaquíes). Se dice que a la Salamanca pueden ingresar todos aquellos que deseen hacer un pacto con el Diablo o adorarlo. Al ingresar al socavón se debe besar los cuartos traseros de un carnero y luego entregarse a la orgía.
En las noches suele oírse el estruendo de la música y carcajadas de los condenados. Si alguien pasa cerca de la Salamanca y no desea ser tentado a ingresar, debe llevar un Rosario en la mano o bien ser un hombre de mucha Fe. La gente que participa de la Salamanca puede estar varios días sin dormir y no se les nota el cansancio, además son "agraciados" con algunas virtudes como la ejecución de instrumentos, la capacidad de canto, la oratoria, etc. signos estos característicos de haber firmado un contrato con el Diablo.
La Umita:
Está historia es conocida mayormente en el noroeste argentino, con menos influencia en el norte de Jujuy. Entre varias versiones (Colombres, Coluccio, etc.), transcribiré la de Paleari, que en cierto modo comprende a las otras…
Se cree que el nombre de Umita es un diminutivo castellanizado del vocablo quichua UMA que significa cabeza y, efectivamente, la leyenda se refiere a una cabeza de hombre (algunos obvian el sexo) con abundante y larga cabellera, ojos desorbitados, y tremenda dentadura que flota en el aire por las noches, gimiendo, llorando y provocando el terror entre quienes tienen la triste suerte de encontrarla.
Es un “alma en pena”, sin duda, que paga sus culpas con el errabundo y eterno vagar por los caminos solitarios. Nadie sabe por qué fue condenada al Purgatorio, ni por qué se empeña en provocar el susto. Alguna vez un paisano valeroso la enfrentó y lucharon toda la noche, hasta el alba. Ganó y la Umita se transformó en toro o en ternero. Previamente narró su culpa al vencedor pero éste, a sus vez, no pudo contarle a nadie, pues como precio a su hazaña perdió el habla para siempre.
La que se Murió de Amor:
Este mito tiene raíces en la historia del país. Cuenta la tradición que cuando la joven Felicitas Guerrero se casó en 1862 con Martín de Álzaga, un hombre mayor y acaudalado, era una de las mujeres más bellas de la sociedad porteña. Al año siguiente de la boda y tras perder a su único hijo, Felicitas quedó viuda con apenas 26 años. A su hermosura sumaba el hecho de ser una de las fortunas más grandes de la Ciudad de Buenos Aires, lo que la convirtió en objeto de admiración y requerimiento de muchos pretendientes. Entre ellos estaba el celoso Enrique Ocampo, a quien la viuda rechazó sin miramientos. Quiso el destino que el enamorado descubriera que la causa de tal rechazo era la preferencia de Felicitas por el estanciero Samuel Sáenz Valiente. Enfermo de rabia, Ocampo mató a la muchacha con un disparo en la espalda y al instante se suicidó. Los Guerrero mandaron construir, en homenaje a su hija, una capilla ubicada en la calle Isabel La Católica, entre Brandsen y Pinzón. Los vecinos del lugar sostienen que cada 30 de enero, fecha de la muerte de Felicitas, aparece su fantasma con el torso ensangrentado, vagando errante durante toda la noche hasta el amanecer. Es frecuente –agregan– que muchas mujeres se encomienden a ella para encontrar un gran amor o para conservar el que ya tienen.
La Criatura Acechante:
Cuentan los vecinos de Ciudadela, Provincia de Buenos Aires, que cierta noche un colectivo de la –por entonces– línea 237 pasaba en su habitual recorrido por la Avenida Alvear. Al llegar a la altura del Cementerio Israelita, uno de los pocos pasajeros que viajaban a esas horas, vio una nube blanca que provenía del camposanto y que se acercaba hacia el vehículo. Cuanto más se aproximaba, se definían y perfilaban nítidamente sus rasgos de mujer. Durante un breve lapso, la extraña criatura acompañó el paso del transporte, flotando a la par, hasta que finalmente se desvaneció ni bien el colectivo abandonó la zona del cementerio.
Niñito Moro:
Cuentan que en cierto lugar en la región cuyana existía, hace muchos años, un bosque impenetrable donde habían hecho su guarida unos temibles bandoleros.
Un día, pasó por las cercanías del bosque un matrimonio de paisanos que iban haciendo un largo viaje a caballo y llevando consigo un niñito de pocos meses. El niñito era moro, es decir, todavía sin bautizar.
De improviso, fueron sorprendidos los viajeros, por cuatro forajidos, los que sin hacer caso a las súplicas del matrimonio, dieron fin con ellos asesinándolos bárbaramente. En los últimos instantes la madre les había rogado que respetaran la vida del niño, pues era moro, sin lograr conmoverlos. Al contrario, tomando uno de ellos al niño por las piernitas lo estrelló contra un árbol. Entonces se oyó desgarrador, un ¡ay! que lanzó al expirar el niñito.
Internáronse los bandoleros en el bosque y al comenzar a repartirse el botín, vieron aparecer entre las sombras de la tarde que caía un enorme pájaro negro, totalmente desconocido para ellos y el que, luego de describir enormes círculos sobre sus cabezas, lanzó un grito que era como el de un ser humano, repitiendo por tres veces el ¡ay! desgarrador del niñito que acababan de ultimar.
Paralizados de espanto quedaron los bandoleros. Y cuando quisieron reaccionar, ya el pájaro había desaparecido.
Cuentan que los bandidos ya no tuvieron sosiego: que a toda hora los perseguía el ¡ay! del niñito moro. Y que, enloquecidos, fueron muriendo uno tras otro, agotados por la sed, el hambre y los remordimientos sin atinar a otra cosa que a taparse los oídos con sus manos para no oír el grito del niñito sin bautismo al que, junto con sus padres, tan bárbaramente asesinaron.
El buceador chamuscado:
En un pequeño pueblo perdido en mitad de una gran montaña se declarón un día no muy lejano un tremendo incendio forestal que amenazaba con destruir todos los recursos naturales de la zona.
Para evitar tamaño desastre ecológico, se movilizaron todos los medios técnicos y efectivos humanos disponibles para situaciones de emergencia, empleando en las labores de extinción a más de cien voluntarios residentes en la zona, cuarenta bomberos profesionales, ocho motobombas, cinco helicópteros y un gran hidroavión.
Procura ir un poquito más profundo cuando buceas para que no te ocurra ésto
La historia en sí es muy simple, se emplearon cuatro días en controlar el incendio, y dos más en sofocarlo completamente, tras los cuales un equipo de técnicos se desplazó al lugar con el objetivo de evaluar los daños para declarar zona catastrófica a la comarca y recibir ayudas gubernamentales para su recuperación. Hasta ahí todo normal, pero la sorpresa de los técnicos fue mayúscula cuando, al llegar al paraje conocido como la Tranca del Lobo, uno de los de más difícil acceso, encontraron el cadáver de un submarinista chamuscado y completamente equipado para la práctica de su deporte (el submarinismo, no el chamuscamiento).
Nadie podía dar crédito a lo que veían sus ojos, ya que la playa más cercana estaba a más de cuatrocientos kilómetros, y la única explicación plausible que se les ocurrió fue que el hidroavión, al acudir al mar a llenar sus depósitos de agua para luego vaciarlos encima del incendio, absorbiera en la maniobra a un incauto submarinista que se encontraba practicando pesca submarina a escasa profundidad. El caso nunca llegó a aclararse completamente.
Cucarachas de correo:
Todo el mundo ha enviado alguna vez una carta por correo, y para esta cotidiana labor, seguro que ha debido pasar su húmeda lengua por la parte del sobre que contiene pegamento para, de esta manera, cerrar la carta para su envío.
Pues bien, aparte del sabor tan desagradable que tiene dicho pegamento (¿Por qué no inventa alguien un sobre con sabor a fresa?),parece ser que esconde más de una sorpresita...o al menos este rumor es el que circula de boca en boca por la ciudad.A continuación la reproducimos:
Cuidadito con dónde metes tu lengua, no sea que te conviertas en Alien.
Una mujer trabajaba en una oficina de correos en California (obsérvese la lejanía del lugar donde acontació el suceso, típico de toda leyenda que se precie). Un día lamió los sobres y las estampillas en lugar de utilizar una esponja. Ese mismo día se cortó la lengua lamiendo un sobre.
Una semana más tarde notó una rara hinchazón en su lengua. Fue al médico, pero no le encontró nada raro. Su lengua no estaba dolorida ni enrojeccida ni nada. Unos días más tarde, su lengua comenzo a hincharse más y le empezo a doler muchísimo, a tal punto que no podía comer. Regresó al hospital y exigió que le hicieran algo. El médico le tomó una radiografía de la lengua y notó un bulto en su interior. La preparó para una cirugía menor y cuando le abrió la lengua, una cucaracha viva salió arrastrándose. La explicación es que había huevos de cucaracha en la franja donde se sella el sobre. El huevo pudo incubarse dentro de la lengua debido a la saliva y a que estaba caliente y húmedo.
La llorona:
Cuenta la leyenda que en un lejano pueblo vivía una joven mujer junto con sus tres hijitos, todo iba muy bien, los niños eran muy felices y su madre los quería muchísimo. pero una noche lluviosa de invierno ocurrió algo terrible.
como os digo, aquella noche, llegó a casa el padre, quien los había abandonado tiempo atrás. sin él la familia era feliz y esa noche sus gritos y borracheras se volverían a notar en la casa, por no hablar de las brutales palizas que tanto los niños como la madre sufrirían. la mujer siempre había rezado para que no regresara nunca más, pero el destino quiso otra cosa.
con su odio, el hombre botó de un puñete la puerta y entró gritando que todos fueran a recibirlo, los niños, espantados, se escondieron y la madre, por amor a sus hijos, se enfrentó cara a cara con su marido. la mujer sufrió un golpe que la dejó sin sentido durante varias horas. cuando despertó, buscó a sus hijos por todos los rincones de la casa pero ni los niños ni su marido se hallaban por ninguna parte, desesperada, corrió bajo la tormenta llorando y gritando sus nombres, pasaron días, meses, años, muchos años...
hasta que una noche murió de tristeza, nadie supo nada de los niños, nadie los vio nunca más, no aparecieron sus cuerpos o alguna señal del hombre que se los llevó.
desde entonces se dice que su espíritu no descansa en paz y todas las noches se le oye llorar y lamentar con tristeza por los alrededores de un estero. las mujeres corren tras sus hijos para esconderlos, ya que cuentan que se los puede llevar la llorona, para volver a ser feliz.
dijo:Visiten mi otro post de leyendas urbanas argentinas