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Cuidado Taringuero, informate de la combustión espontánea

Info9/3/2010
hola amigos amantes de lo paranormal, acá les dejo un poco de info sobre este misterio de la ciencia que resulta mas que formidable: la combustión espontánea. Veamos de que se trata...






¿Qué es la combustion humana espontánea?

Historia de la combustión humana espontánea

La combustión humana espontánea es lo que le sucede a un humano al quemarse sin ninguna razón identificable o aparente de ignición.
La combustión humana puede resultar en simples quemaduras en la piel, humo o puede alcanzar a la completa incineración del cuerpo.
Existe mucha especulación y controversia sobre la combustión humana espontánea (CHE). No existe una causa exacta, pero muchas teorías han intentado explicar la existencia de la CHE y como ocurre. Una de las dos teorías más comunes dice que la combustión humana espontánea es originada por una combustión no espontánea de la ropa; mientras que la otra teoría afirma que se produce por una extraña descarga estática. Aunque matemáticamente se puede demostrar que el cuerpo humano contiene suficiente energía almacenada en la grasa para generar el fuego, en circunstancias normales no puede encenderse solo y mantener la llama.

Historia de la combustión humana espontánea

Mucha gente cree que la Combustión Humana Espontánea fue documentada por primera vez en la Biblia, pero hablando científicamente, estos dichos son muy antiguos y de segunda mano como para ser tenidos en cuenta como evidencia.

En los últimos 300 años ha habido más de 200 reportes de personas quemándose hasta la muerte sin una aparente razón.

La primera evidencia histórica de combustión humana aparece en 1673, cuando el francés Jonas Dupont publicó un libro denominado De Incendiis Corporis Humani Spontaneis, el cual era una colección de casos de combustión humana. Dupont se inspiró para escribir este libro luego de conocer el caso de Nicole Millet, en el cual un hombre fue acusado de la muerte de su esposa, quien falleció, según la corte, por “combustión espontánea”. Millet, una bebedora francés empedernida, fue encontrada en su cama reducida a cenizas, dejando sólo el cráneo y sus dedos en perfecta condición. Lo más sorprendente de todo es que la cama casi no sufrió daños.
El libro de Dupont creó un nuevo mito urbano y agitó la imaginación popular.

El 9 de Abril de 1744, Grace Pett, una alcohólica de Inglaterra fue encontrada en el suelo por su hija, quien describió lo que encontró como “un pedazo de madera consumido por el fuego, pero sin llamas”. Sorprendentemente, ninguna prenda estaba dañada.

En los 1800 hay bastante evidencia de escritores que nombran dramáticas escenas de muertes. Debido a que muchos escritores de esa época eran escritores de “penny dreadfuls”, algo parecido a las tiras cómicas, no fueron tomados en cuenta. Sin embargo, dos nombres importantes de la literatura de aquella época hablaron de la combustión humana espontánea, y la usaron como recurso para sus obras.

El primero de los autores fue el Capitán Marryat quien, en su novela “Jacob Faithful”, utilizó detalles de un reporte policial de Londres de 1832 para describir la muerte de la madre del protagonista.

Veinte años más tarde, en 1852, Charles Dickens utilizó a la combustión espontánea humana para asesinar al protagonista Krook, en su novela “Bleak House”. Krook era un alcohólico sin remedio, algo que concuerda con la creencia popular de que la combustión humana era causada por un alcoholismo extremo. Una vez publicada la novela, el filósofo y crítico George Lewes declaró que la combustión humana espontánea no era más que un invento y acusó a Dickens de alimentar un mito falso. Dickens le respondió a Lewes en el prefacio de la segunda edición de su trabajo, aclarando que él investigo el tema y que conocía más de 30 casos de combustión humana espontánea.
Los detalles de la muerte de Krook en la novela son muy similares a los de la muerte de la Princesa Cornelio de Bandi Cesenate. El otro caso del cual Dickens también extrajo detalles fue el de Nicole Millet, ocurrido 100 años antes.

En 1951, el caso de Mary Reeser recapturó el interés del público en la combustión humana espontánea. La señora Reeser, de 67 años, fue encontrada reducida a cenizas en su departamento, pero con el cráneo y un pie completamente intactos. Este evento fue el puntapié inicial para que se escribieran muchos libros sobre combustión humana espontánea, entre ellos el libro de Michael Harrinson, “Fire from heaven”, que se convirtió en un estándar en el tema.

El 18 de Mayo de 1957, Anna Martin, de 68 años, fue encontrada en su casa de Philadelphia totalmente incinerada, pero dejando intactos sus zapatos y una porción de tu torso. Los médicos forenses determinaron que las temperaturas debieron alcanzar los 2.000º C para causar ese daño en su cuerpo, pero increíblemente un periódico que estaba a treinta centímetros de distancia se encontraba en perfectas condiciones.

El 5 de Diciembre de 1966, las cenizas del Doctor Irving Bentley, de 92 años, fueron encontradas en Pennsylvania. Aparentemente, el cuerpo de Bentley se incendió mientras que estaba en el baño, dejando un agujero de 1 metro de diámetro en el piso y una pierna intacta. Nada de la pintura del baño fue afectada.

Por último, un sobreviviente de este fenómeno en 1944, Peter Jones, declaró no haber tenido sensación de calor ni había visto llamas, sólo humo. Tampoco sintió dolor.

Mecanismo de la combustión espontánea:

Las versiones de combustión espontánea nos hablan de que una víctima cae inesperadamente en llamas sin causa explicable. Se trata de un fuego muy intenso y rápido, que destruye totalmente el cuerpo, sin que la víctima tenga oportunidad de pedir ayuda. Los objetos que lo rodean, resultan prácticamente indemnes. En ocasiones, algunas partes del cuerpo resultan casi sin daños, generalmente las piernas y pies. Una capa de hollín grasiento suele depositarse en las paredes y techo de la habitación.

Análisis de la combustión espontánea:


El cuerpo humano es muy difícil de quemar, ya que más del 75% está compuesto por agua. Un horno crematorio requiere de temperaturas de 750-1100°C, durante dos o tres horas, para quemar completamente un cuerpo, con 1.800-3.600gr de residuos sólidos. Pero los huesos quedan en fragmentos de tamaños irregulares, que requieren de un proceso mecánico para su destrucción.

En el caso de la combustión espontánea, debemos tomar en cuenta estos y otros datos, antes de aventurarnos a hipótesis sobrenaturales. Hay algunos detalles comunes a todos los casos de combustión espontánea, que suelen pasarse por alto en la investigación de estos fenómenos.
• La víctima de combustión espontánea siempre está sola cuando ocurre el hecho. Por lo tanto, no existe ningún testigo de este fenómeno.
• El suceso siempre tiene lugar dentro de recintos cerrados. Generalmente sobreviene en el dormitorio de la víctima.
• La víctima siempre ha permanecido sola durante al menos, unas cuantas horas. Y el cuerpo se descubre siempre horas o días después.
• Las quemaduras suelen ser más severas que las que provocaría un fuego normal, y no se distribuyen uniformemente por el cuerpo, siendo más afectados generalmente el torso y los muslos, incluso quedan reducidos a cenizas (incluso los huesos), pero las extremidades no resultan afectadas.
• La combustión es localizada, se quema el cuerpo y los objetos inmediatos, como ropa, camas, asientos, el piso donde yace, etc. Pero el resto de la habitación permanece relativamente intacto.
• El piso está cubierto alrededor del cuerpo, por una sustancia grasosa y maloliente.
• Los objetos que rodean al cuerpo y están ubicados por encima de un metro de altura, presentan signos de exposición al calor, pero los que están por debajo de esta línea, no.
• Aproximadamente el 80% de las víctimas son mujeres, la mayoría con sobrepeso. Muchas de ellas son alcohólicas o bebieron antes del accidente. Las víctimas suelen ser de edad avanzada o presentan enfermedades crónicas, por tanto presentan riesgo de muerte, por su condición.
• Siempre hay una fuente externa de combustión en la habitación y cerca de la víctima. Además, muchas víctimas son fumadoras crónicas y de hábitos desordenados.



ANALICEMOS UN CASO ESPECÍFICO:

Analizamos el fenómeno de la combustión espontánea. El 24 de agosto de 1998, mientras realizaba unas compras, Jackie Park dejó a su madre, de 82 años, en el coche. Minutos después el vehículo comenzó a arder misteriosamente. La policía no pudo identificar el origen del fuego. Este suceso, ocurrido en Australia, es uno de los últimos casos conocidos de combustión humana espontánea, un fenómeno del que existen numerosos episodios documentados, pero ninguna explicación convincente.



El 1 de julio de 1951, a las 21.00 horas, el doctor Richard Reeser se despidió de su madre, la señora Mary Hardy Reeser, de 67 años, que vivía sola en una habitación alquilada en casa del matrimonio Carpenter, en la calle Cherry de St. Petersburg (Florida, EE.UU.). Una hora más tarde, la señora Carpenter y una vecina entraron en su cuarto para desearle buenas noches. Mary estaba sentada en un sillón y fumaba un cigarrillo.
A las 8 de la mañana, un mozo trajo un telegrama para la señora Reeser. Cuando la señora Carpenter fue a entregárselo y puso su mano sobre el pomo de la puerta, la retiró con un grito, pues se había quemado. Asustada, salió corriendo y pidió ayuda a unos obreros. Al echar la puerta abajo éstos se encontraron con un espectáculo que les llenó de horror. Dentro de un círculo apenas mayor de un metro, en el suelo, cerca de la ventana abierta, aparecían algunos muelles de acero del sillón y los restos de la señora Reeser: fragmentos de hígado adheridos a un trozo de columna vertebral, el cráneo reducido al tamaño de una pelota de tenis, un pie enfundado en una zapatilla negra y un montón de cenizas.
Fuera de este círculo ningún elemento del mobiliario había ardido. La policía llegó enseguida y poco después los bomberos y el cuerpo médico. Las paredes estaban cubiertas de un hollín grasiento a partir de un metro del suelo y hasta el techo. También en el círculo del suelo se encontró una capa de grasa. No había el característico olor a carne quemada, pero sí señales de un calor intenso. Las cenizas fueron enviadas al FBI, pero los análisis no revelaron la existencia de producto alguno que pudiese iniciar o acelerar la combustión.
El doctor Wilton M. Krogman, profesor de antropología en la Universidad de Pennsylvania, que investigó el caso, tampoco encontró explicación: “Es la cosa más misteriosa que he visto. Si estuviéramos en la Edad Media casi se hablaría de magia negra”. Jamás había visto fuera de un crematorio un cuerpo tan carbonizado, ni un cráneo reducido por el fuego: “Nunca he visto que un cráneo humano se encoja debido al calor intenso. Siempre sucede lo contrario: se infla o estalla”. Los periódicos se refirieron a este suceso como el “caso de la mujer de cenizas”.

Algunas fotos más de este enigmático caso:










Los primeros casos de combustión espontánea

La extraña muerte de la señora Reeser es uno de los ejemplos mejor documentados de combustión humana espontánea (SHC, según sus siglas en inglés), de la que entre 1600 y 1900 se notificaron 97 casos en Europa occidental y EE.UU. En el libro Spontaneous Human Combustion, de Jenny Randles y Peter Hough, se recogen al menos 25 casos comprobados de este fenómeno durante el siglo XX. El primero en recopilar estos extraños sucesos fue el francés Jonas Dupont, quien en 1763 publicó De Incendiis Corporis Humani Spontaneis.
Dupont se inspiró en un caso de la época, la extraña muerte de Nicole Millet, una anciana alcohólica a la que su marido, Jean Millet, propietario de una taberna en Reims (Francia) encontró calcinada. Sólo las piernas, parte de la cabeza, algunas vértebras dorsales y otros huesos largos pudieron ser identificados. El resto de madame Millet había quedado reducido a una masa negruzca y grasienta. Como Jean mantenía una relación amorosa con una joven camarera, la policía le acusó de asesinato. Fue sentenciado a muerte, pero en el último momento el joven cirujano Nicholas Le Cat convenció al jurado de su inocencia al aportar numerosos informes sobre SHC.
Otro caso muy famoso fue el de la condesa Cornelia de Bandi, ocurrido en Cesena (Italia). La mañana del 14 de marzo de 1731 una doncella encontró junto a su cama un montón de cenizas que envolvían las piernas de la anciana con los calcetines intactos, su cráneo y tres dedos ennegrecidos. Ninguno de los muebles de la habitación había sufrido el más mínimo daño.

¿FUEGO INTERNO?

Aunque los estudios realizados a mediados del siglo XVIII determinaron que los tejidos animales impregnados de alcohol no pueden reducirse a cenizas ni siquiera aplicándoles una llama extrema, la SHC siguió siendo aceptada y apoyada por nuevas teorías.
F. J. A. Strubel, un médico alemán que en 1848 dedicó su tesis doctoral al estudio de este fenómeno, sugirió que corrientes eléctricas generadas dentro del cuerpo podían transformar el agua en gases de hidrógeno y oxígeno, altamente inflamables. Otros especularon con la posibilidad de que un “fuego interno” fuera desencadenado por la electricidad estática creada al colisionar entre sí los componentes de la sangre.
Pero el 13 de junio de 1847 un hecho cambió la visión del fenómeno. Ese día la condesa de Görlitz fue encontrada calcinada en su dormitorio en Alemania. En un principio el suceso se catalogó como un caso más de SHC, hasta que las investigaciones policiales averiguaron que había sido asesinada y posteriormente quemada por su ayuda de cámara, Johan Stauff.
La publicidad del caso y el ridículo hecho por los forenses hizo que los médicos pensaran que tal vez todos los casos de SHC podrían tener una explicación tan racional como la de éste. Para mediados del siglo XX la clase médica consideraba la SHC como una superstición del pasado. Sin embargo, el “caso de la mujer de cenizas” hizo que se reavivaran las llamas.



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