Estos son los nombres en clave de las familias de tarjetas gráficas, de NVIDIA la primera y AMD-ATI la segunda, diseñadas para sacar partido a las innovaciones de la última API de Microsoft. Cuando llegaron a las tiendas las primeras ATI Radeon HD de la serie 5000 solo disponíamos de un puñado de juegos diseñados para permitirnos apreciar las mejoras de las librerías DirectX11, pero en la actualidad la oferta es mucho más amplia. Stalker, Colin McRae: DiRT 2 y Battlefield Bad Company 2 son solo algunos de estos títulos.
Y durante los próximos meses llegarán más. Muchos más. La calidad gráfica de todos ellos es realmente impresionante, pero para disfrutarlos en todo su esplendor es aconsejable contar con un monitor cuya resolución nativa sea, al menos, 1.680 x 1.050 puntos. Pero éste es solo el punto de partida. Desplegar los motores gráficos de estos juegazos a resoluciones de 1.920 x 1.200 puntos o, incluso, de 2.560 x 1.200 píxeles es una experiencia sin parangón que, desafortunadamente, aún está al alcance de pocos usuarios. El hardware necesario para generar imágenes de esta calidad con una cadencia sostenida igual o superior a 60 fotogramas por segundo (es el mínimo exigible para garantizar un juego realmente fluido) debe ser muy potente. Y los últimos procesadores gráficos de NVIDIA lo son.
De momento solo llegan a la alta gama
«Diseñar GPUs es terriblemente duro». Esta afirmación de Ujesh Desai, el responsable de marketing de NVIDIA, pretende justificar los seis meses de demora que han transcurrido desde que AMD lanzó su familia de tarjetas gráficas compatibles con DirectX 11. Y estamos seguros de que es cierto. Pero lo importante en este momento no es valorar las causas que han provocado que la última iteración de la serie GeForce llegue a las tiendas varios meses más tarde que la competencia, sino determinar qué propuestas satisfacen actualmente mejor las necesidades de los jugones que necesitan comprar una tarjeta gráfica para ejecutar la última hornada de juegos.
Durante estos meses AMD ha tenido tiempo de poner a punto soluciones capaces de abarcar las tres gamas en que se fragmenta el mercado de las tarjetas gráficas: la de altas prestaciones y precio elevado (Hemlock y Cypress), la de gama media (Juniper) y el segmento de entrada y coste comedido (Redwood y Cedar). Pero NVIDIA acaba de desembarcar con Fermi, y lo ha hecho, al igual que AMD-ATI hace unos meses, con la artillería pesada.
Las novísimas GeForce GTX 480 y 470 son dos propuestas de alta gama diseñadas para convencer a los jugones más exigentes, y su precio está en consonancia con sus prestaciones. El coste de las GTX 480 de la mayor parte de los ensambladores oscila en torno a los 500 euros, mientras que las 470 cuestan alrededor de 350 euros. Aunque la arquitectura de ambas GPUs es básicamente la misma, difieren sensiblemente en varios subsistemas clave, lo que explica la diferencia de rendimiento y precio que existe entre ellas. La principal estriba en el número de unidades de procesamiento, que asciende a 480 en la GeForce GTX 480 y a 448 en su hermana pequeña.
No obstante, la microarquitectura GF100, que es la utilizada en las nuevas tarjetas, contempla la integración de 512 unidades, lo que significa que en las primeras GeForce GTX 400 que han llegado a las tiendas una parte de esos núcleos han sido desactivados. Durante los próximos meses NVIDIA lanzará nuevos modelos más y menos potentes en los que variará el número de unidades de procesamiento activas, lo que quiere decir que la GPU de las GTX 480 será superada por un procesador gráfico que contará con los 512 núcleos de procesamiento activos. Pero esta no es la única diferencia que existe entre ambos chips.
Como podéis observar en la tabla en la que indicamos las especificaciones de las GPUs, la frecuencia de reloj del núcleo y los chips de memoria es mayor en la GTX 480. Además, incorpora más unidades de texturizado, ROPs, memoria de vídeo (1.536 Mbytes GDDR5 frente a 1.280 Mbytes) y un bus de memoria de mayor «anchura» (384 bits frente a 320 bits).