Síndrome del acento extranjero.
Supón que te levantas por la mañana y empiezas a hablar con acento francés, chino o italiano. Suena divertido pero no tiene ninguna gracia para los que lo padecen, ya que habitualmente es una secuela de una apoplejía u otra grave lesión cerebral anterior. Los pacientes bajo este mal hablan su lengua materna, de forma involuntaria, como lo haría un extranjero, sin siquiera haber escuchado jamás el acento en cuestión.
Se cree que esto sucede cuando las zonas dañadas del cerebro corresponden con las encargadas del lenguaje. Este efecto es inevitable para la propia persona y, por su brusca aparición, suele traer como consecuencia problemas emocionales relacionados con la pérdida de identidad personal y del sentido de pertenencia a una comunidad.
Mal de la mano extraña
Este es otro desorden causado por un trauma cerebral. Este extraño mal hace que la victima pierda el control de una de sus manos, la cual cobra “vida propia” y puede llegar a hacer cualquier cosa, desde gesticular a desabrochar los botones que la otra mano intenta abrochar.
Esta enfermedad es también llamada síndrome de Dr. Strangelove, debido al personaje que Peter Sellers interpretaba en ‘¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú.’ Allí la mano mecánica del protagonista alternaba entre intentos de estrangularse a sí mismo y en lanzar saludos Nazi. El paciente del síndrome puede sentir tacto en la mano, pero creer que no es parte de su cuerpo y que no poseen control sobre sus movimientos (incluso no es consciente de lo que su mano realiza hasta que llama su atención). La única solución es mantenerla ocupada, por ejemplo sosteniendo algo, pero mejor que no sea el cuello.
Síndrome de Capgras: el mundo es un teatro
Trastorno infrecuente en el que el sujeto cree que las personas cercanas han sido sustituidas por dobles o se comportan como actores. La persona considerada como impostora tiene el mismo parecido físico, pero el enfermo cree que su mente no es la de la persona original.
Quienes lo padecen no sienten una relación emocional entre la imagen que ven y la persona que recuerdan, muchas veces aceptan vivir con los “impostores” sabiendo secretamente que no son quienes dicen ser. En algunos casos no se reconocen a ellos mismos en el espejo y se sienten tan perturbados al verse en el reflejo que tienen que retirar todos los espejos de la casa. Otros casos son de pacientes que tienen la convicción de que su mascota, automóvil, silla, etc. han sido cambiados por una réplica exacta. Es como estar en un universo paralelo.
Enfermedad de Alicia en el país de las maravillas
También llamada Micropsia, es un desorden neurológico que afecta la percepción visual. Los sujetos perciben los objetos sustancialmente mucho más pequeños de lo que son en realidad (como si los vieran desde el lado equivocado de un telescopio). Por ejemplo, un animal doméstico, como un perro, pude parecer del tamaño de un ratón, o un coche como un coche de juguete.
Se le debe el nombre por el personaje de ficción creado por Lewis Carrol, Alicia, quien percibía las cosas demasiado pequeñas o grandes tras la ingesta de unas medicinas mágicas. Este síndrome suele ser temporal y venir asociado con migrañas. Carrol sufría de estas, por lo que quizá simplemente describía su experiencia.
Pica
Es el apetito compulsivo por sustancias no comestibles, como carbón, tierra, tiza, ceniza del cigarro, pegamento, hielo e incluso pelo. La pica afecta a gente de todas las edades y es particularmente común en mujeres embarazadas y niños, especialmente aquellos en zonas empobrecidas que padecen desnutrición.
También afecta a personas mentalmente enfermas, en los cuales es especialmente peligroso porque tratan incluso de ingerir objetos afilados (acufagia). El riesgo más grande de este desorden son las obstrucciones gastrointestinales o roturas en el estómago.
Un mal sin dolor
No sentir dolor; puede parecer una bendición pero llega a ser letal para quienes padecen este mal que, entre otros síntomas, provoca insensibilidad al dolor. La enfermedad es causada por la mutación de un gen, con una incidencia estimada de 1 caso por cada 3,700 personas. El mal hace que sus víctimas sean excepcionalmente propensas a los accidentes, porque simplemente no advierten los avisos comunes de dolor como heridas, compresiones y quemaduras.
Los niños más pequeños incluso olvidan expirar, llegando a la pérdida de conocimiento, ya que contienen la respiración sin sentir la molestia que los niños normales tendrían. Los pacientes con Riley-Day tienden a morir jóvenes, la mitad antes de llegar a los 30, debido a sus heridas.
El síndrome de Jerusalén
En ciertas ocasiones es tan fuerte el impacto que Jerusalén causa en los turistas (personas equilibradas antes de la visita) que algunos terminan por creerse personajes bíblicos. Más de doscientos casos al año hacen que se haya catalogado a esta psicosis religiosa como “síndrome de Jerusalén” (aunque comportamientos similares se han observado en otros lugares de importancia religiosa e histórica como la Meca o Roma –el síndrome de Stendhal-).
Observada desde la época medieval, sus víctimas llegan a creer que son profetas (Sansón, La Virgen María y el rey Salomón son los preferidos) y recorren la ciudad promulgando las Santas Escrituras o exhortando a los pecadores al arrepentimiento. Suele ser un comportamiento inofensivo y desaparece al abandonar la ciudad. La excepción más importante ocurrió en agosto de 1969, cuando un turista australiano, Michael Rohan, prendió fuego a la mezquita al-Aqsa, convencido de que era “el emisario de Dios”.
Hipertricosis
El llamado “síndrome del hombre lobo” es una condición muy rara en la que todo el cuerpo, excluyendo las palmas de los pies y de las manos, está cubierto por cabello lanugo largo y sedoso. La medicina considera que se trata de un gen recesivo que al mutar lo produce.
Hay diferentes tipos de hipertricosis, y en algunos casos el paciente nace con un pequeño y peludo apéndice, llamado cola de fauno o cola falsa. Estos casos siempre han llamado enormemente la atención de público, especialmente como espectáculo circense.