Los secretos del expediente
Todos los lazos entre el jefe porteño y Ciro James. La escucha que ruborizó a Oyarbide y la conexión con Misiones. El rol del “Fino” Palacios.
Cuando escuchó por primera vez los casettes, Norberto Oyarbide se descompuso. Sintió tanta bronca, tanto escozor y hasta vergüenza, que decidió guardar esas grabaciones ilegales en un lugar seguro, la caja fuerte de su juzgado federal en el tercer piso de los tribunales de la calle Comodoro Py. “Esto es gravísimo, gravísimo”, repetía el juez, azorado por los insultos que Franco Macri le dedica en esas cintas a su yerno Daniel Leonardo, el marido parapsicólogo de su hija Sandra. Las escuchas provienen de una pinchadura al teléfono del yerno, ordenada por la familia Macri, que desconfía de él y lo considera un “cazafortunas”. Pero lo que enfureció a Oyarbide no es ese dato, sino las referencias despectivas de Franco a la sexualidad de Leonardo, quien para el patriarca del clan no sería lo suficientemente hombre para su hija. “La terminología que usa, por favor...”, se ruborizó el magistrado ante uno de los investigadores que lo secundan en la causa.
Los casettes –anexados al expediente, pero aún no transcriptos– los escucharon sólo tres personas, Oyarbide, su secretario Gustavo Russo y el espiado Leonardo, quien ya declaró ante el juez, reconoció las voces de esas grabaciones y mencionó los constantes aprietes de su suegro Franco para que se separara de Sandra. El cuarto, en pocos días más, puede ser Mauricio Macri, citado a indagatoria para el 28 de abril y acusado de participar en una asociación ilícita dedicada a espiar a empresarios, legisladores y hasta parientes del clan.
www.revista-noticias.com.ar
Todos los lazos entre el jefe porteño y Ciro James. La escucha que ruborizó a Oyarbide y la conexión con Misiones. El rol del “Fino” Palacios.
Cuando escuchó por primera vez los casettes, Norberto Oyarbide se descompuso. Sintió tanta bronca, tanto escozor y hasta vergüenza, que decidió guardar esas grabaciones ilegales en un lugar seguro, la caja fuerte de su juzgado federal en el tercer piso de los tribunales de la calle Comodoro Py. “Esto es gravísimo, gravísimo”, repetía el juez, azorado por los insultos que Franco Macri le dedica en esas cintas a su yerno Daniel Leonardo, el marido parapsicólogo de su hija Sandra. Las escuchas provienen de una pinchadura al teléfono del yerno, ordenada por la familia Macri, que desconfía de él y lo considera un “cazafortunas”. Pero lo que enfureció a Oyarbide no es ese dato, sino las referencias despectivas de Franco a la sexualidad de Leonardo, quien para el patriarca del clan no sería lo suficientemente hombre para su hija. “La terminología que usa, por favor...”, se ruborizó el magistrado ante uno de los investigadores que lo secundan en la causa.
Los casettes –anexados al expediente, pero aún no transcriptos– los escucharon sólo tres personas, Oyarbide, su secretario Gustavo Russo y el espiado Leonardo, quien ya declaró ante el juez, reconoció las voces de esas grabaciones y mencionó los constantes aprietes de su suegro Franco para que se separara de Sandra. El cuarto, en pocos días más, puede ser Mauricio Macri, citado a indagatoria para el 28 de abril y acusado de participar en una asociación ilícita dedicada a espiar a empresarios, legisladores y hasta parientes del clan.
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