Última carta de despedida
Veinte segundos pasaron aproximadamente luego de acostarme, para darme cuenta de que no seria una noche igual que las demás. Francamente, ninguna mis noches son lo que puede considerarse como “normales”, siempre en mis sueños se encuentra la tétrica manta de mis oscuras pesadillas, que me hacen despertar cubierta de sudor en la madrugada. No importa cuanto lo haya intentado, o cuantas noches me haya quedado despierta tratando de distraer mi mente con pensamientos forzados, ellas siempre vuelven. ¿Aficionada a lo sobrenatural? Puede ser. Pero esto que me sucede cada noche excede los límites.
Todo indicaba que, como otras veces, me seria difícil conciliar el sueño, entrar en ese túnel oscuro, donde mis más grandes miedos se hacían lugar, para luego despertar y encontrarme nuevamente con la oscuridad rodeándome.
Pensamientos enredados y fuera de lugar daban vueltas por mi cabeza, como millones de mariposas negras volando sin detenerse, y golpeando los muros que rodean mi subconsciente.
Finalmente me dispuse a cerrar los ojos, y tratar de hacer lo que tantos días me fue imposible. Nada. Nada puede arrebatar de mi cabeza tan macabros pensamientos. Pensé en ponerle fin a mi vida, para entrar en un descanso eterno donde las pesadillas no serían bienvenidas, pero estaría jugando su mismo juego. Haría lo que ellas esperan que haga. No, debo seguir. Debo vencer mis miedos y volver a mi vida antes de que todo esto comenzara a suceder. ¿Por qué me resulta tan difícil? Estoy agotada de esperar a que esto termine. Ya me estoy quedando sin fuerzas. Cada día que pasa me debilito más y más. No espero un milagro, solo un mañana. Pero aquí estoy, luchando por mi vida. Sé que nadie me entiende, esos psicólogos que me aconsejaron mis familiares y amigos, solo sirvieron para empeorar mi estado, para que todos comiencen a pensar que estaba perdiendo el juicio. Pero no, solo mi almohada y yo conocemos lo que realmente sucede.
Ni siquiera aquí, donde nadie puede escucharme, ni intentar comprenderme, donde todos me tratan como si realmente estuviera loca, esas pesadillas dejan de atormentarme noche tras noche. Minuto a minuto. Pensaron que con un chaleco podrían evitar que en mi piel aparecieran esas marcas de rasguños y cortaduras. Fue en vano, les advertí que no era yo la que las causaba. No me escucharon. Nunca lo han hecho. Ahora ya es tarde. Las sombras lograron atravesar lo más profundo de mi interior, donde se refugiaban mis últimas fuerzas que me mantenían con vida. Me despido con esta carta que escribo pese a mi estado, relatando mis últimos momentos de vida, mientras me encuentro dentro de esta prisión de cuatro paredes blancas y acolchadas, donde lo único que puede penetrarlas son las pesadillas que me agobian cada noche.
FIN :O
Gracias por leer :B
Veinte segundos pasaron aproximadamente luego de acostarme, para darme cuenta de que no seria una noche igual que las demás. Francamente, ninguna mis noches son lo que puede considerarse como “normales”, siempre en mis sueños se encuentra la tétrica manta de mis oscuras pesadillas, que me hacen despertar cubierta de sudor en la madrugada. No importa cuanto lo haya intentado, o cuantas noches me haya quedado despierta tratando de distraer mi mente con pensamientos forzados, ellas siempre vuelven. ¿Aficionada a lo sobrenatural? Puede ser. Pero esto que me sucede cada noche excede los límites.
Todo indicaba que, como otras veces, me seria difícil conciliar el sueño, entrar en ese túnel oscuro, donde mis más grandes miedos se hacían lugar, para luego despertar y encontrarme nuevamente con la oscuridad rodeándome.
Pensamientos enredados y fuera de lugar daban vueltas por mi cabeza, como millones de mariposas negras volando sin detenerse, y golpeando los muros que rodean mi subconsciente.
Finalmente me dispuse a cerrar los ojos, y tratar de hacer lo que tantos días me fue imposible. Nada. Nada puede arrebatar de mi cabeza tan macabros pensamientos. Pensé en ponerle fin a mi vida, para entrar en un descanso eterno donde las pesadillas no serían bienvenidas, pero estaría jugando su mismo juego. Haría lo que ellas esperan que haga. No, debo seguir. Debo vencer mis miedos y volver a mi vida antes de que todo esto comenzara a suceder. ¿Por qué me resulta tan difícil? Estoy agotada de esperar a que esto termine. Ya me estoy quedando sin fuerzas. Cada día que pasa me debilito más y más. No espero un milagro, solo un mañana. Pero aquí estoy, luchando por mi vida. Sé que nadie me entiende, esos psicólogos que me aconsejaron mis familiares y amigos, solo sirvieron para empeorar mi estado, para que todos comiencen a pensar que estaba perdiendo el juicio. Pero no, solo mi almohada y yo conocemos lo que realmente sucede.
Ni siquiera aquí, donde nadie puede escucharme, ni intentar comprenderme, donde todos me tratan como si realmente estuviera loca, esas pesadillas dejan de atormentarme noche tras noche. Minuto a minuto. Pensaron que con un chaleco podrían evitar que en mi piel aparecieran esas marcas de rasguños y cortaduras. Fue en vano, les advertí que no era yo la que las causaba. No me escucharon. Nunca lo han hecho. Ahora ya es tarde. Las sombras lograron atravesar lo más profundo de mi interior, donde se refugiaban mis últimas fuerzas que me mantenían con vida. Me despido con esta carta que escribo pese a mi estado, relatando mis últimos momentos de vida, mientras me encuentro dentro de esta prisión de cuatro paredes blancas y acolchadas, donde lo único que puede penetrarlas son las pesadillas que me agobian cada noche.
FIN :O
Gracias por leer :B