Esta imagen se ha convertido en Estados Unidos en un símbolo de una de las peores secuelas de la guerra de Irak: los veteranos que regresan vivos pero con graves secuelas físicas. Se trata de una fotografía de la boda de Ty Ziegel, sargento de los marines, con su novia de toda la vida, Renee Kline. La fotografía fue galardonada con el premio Word Press Photo de 2006.
El sargento Ziegel fue gravemente herido en Irak en 2004, y tras 19 operaciones quirúrgicas y una larga recuperación, pudo casarse con su prometida.
La medicina actual consigue salvar la vida a miles de soldados americanos cuyas heridas habrían resultado mortales hace sólo un par de décadas, pero no puede evitar las secuelas físicas severas que esas graves heridas dejan.
Son resultado de una guerra irregular en la que la mayoría de las bajas no las causa el enfrentamiento directo con el enemigo, sino las bombas-trampa, los IED, artefactos explosivos improvisados, que son el arma más habitual empleado contra las fuerzas de la Coalición en Irak: más de 81.000 IED han detonado a lo largo del conflicto, causando dos terceras partes de las más de 3.000 muertes de militares americanos, y un porcentaje incluso superior de los más de 21.000 heridos.
No es el tipo de guerra que preferirían librar los militares norteamericanos, y los resultados son notorios: de los graduados en West Point en el año 2.000 el 54% ya ha abandonado el Ejército, hay un déficit de oficiales de un 17%, lo que obliga a entregar mandos a oficiales sin suficiente formación y experiencia. A nivel de tropa el Ejército americano ha tenido que aumentar la edad máxima de reclutamiento de 35 a 42 años, ofrece a los nuevos reclutas una prima extra de 5.000 dólares y ha reducido el tiempo de permanencia mínimo en filas a sólo dos años. Muchas familias de veteranos gravemente heridos denuncian que las Fuerzas Armadas americanas no están preparadas para atender las necesidades sanitarias y sociales de este tipo de heridos, y que una vez que la sanidad militar considera que ya no puede hacer más por ellos reduce sus prestaciones al pago de las pensiones, cuando lo cierto es que su tratamiento precisa de un tiempo mucho más prolongado de lo que hasta ahora parecía necesario.
Las formas de la guerra están cambiando, y si esos cambios plantean tales problemas en una sociedad profundamente patriótica como la americana, que respeta e incluso venera a sus veteranos, ¿podemos imaginar lo que ocurriría en sociedades menos concienciadas de la dignidad que entraña el servir a la patria en el oficio de las armas?
http://jeffkrimmel.com/2007/03/10/the-iraq-war-is-for-real/
Artículo de Rick Atkinson en el Washington
http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2007/09/29/AR2007092900750_pf.html
Artículo de Moisés Naím en El País